revista


Edición No. 22 / enero - junio 2010

22

Créditos:

ANIDE - Única revista de Literatura escrita por mujeres en Centroamérica
Año 9, Edición № 22 Enero - Junio 2010

POESIA: Selección de Isolda Hurtado - Poesía de CENTROAMÉRICA
NICARAGUA: Yaoska Tijerino, Gloriantonia Henríquez, Milagros Terán, Linda Wong Valle, Isolda Rodríguez Rosales
GUATEMALA: Ana María Rodas
EL SALVADOR: Lauri García Dueñas
COSTA RICA: Magda Zavala
Poema en cornisa: Vivas estamos de Vidaluz Meneses

NARRATIVA: Cuentos de Rosario Aguilar, Martine Dreyfus, Ángela Saballos.

CONVERSACIONES/Entrevistas: Ángela Saballos entrevista a Rosario Aguilar y Yolanda Rossman, Helena Ramos entrevista a Ángela Saballos

LA MUJER EN EL ARTE: María Antonieta Díaz-Lugo ilustra la portada, contraportada y ANIDE presenta sus pinturas en la bisagra a full color con una reseña de la crítica de arte: Maricela Kauffman

ESCRITORAS EN EL TIEMPO: Sor Juana Inés de la Cruz por María Esperanza Morales

MIRADA CRITICA Selección de Nydia Palacios Rivas: Mito, religión y autobiografía en los Cantos de Ifigenia (1991) de Michele Najlis por Sandra Gondouin y Sangre Atávica de Gloria Elena Espinoza de Tercero por Isidro Rodríguez Silva

LIZZIE NELSON: Pionera deI Folklore de la Costa Caribe (Fragmento de autobiografía de la autora)

ENSAYOS: Vidaluz Meneses: ANIDE: Cuarto propio y Martha Cecilia Ruiz: Identidad femenina y violencia de género en la narrativa y poesía escrita por mujeres en Nicaragua)

AGENDA CULTURAL (Libros, Congresos, Ferias y más) por Isolda Hurtado

VITRINA DE LIBROS: 20 libros recientes de las escritoras son reseñados por Helena Ramos.

Editorial nueva Directora de la revista

Un cuarto propio para la creación literaria de la mujer
ANIDO, ANIDAS, ANIDA, ANIDEMOS, ANIDAN, ANIDE por Ángela Saballos

Es difícil pensar en mejor nombre para una publicación de escritoras, que éste que posee la revista ANIDE. Es un mandato, el imperativo del verbo anidar que también significa habitar, vivir, residir, arraigar, acoger, abrigar, albergar, instalar, guardar, establecer, crear. Y todo eso somos. El vocablo ANIDE nos describe perfectamente porque nosotras habitamos, vivimos, residimos, arraigamos, acogemos, abrigamos, albergamos, instalamos, guardamos, establecemos y crea¬mos esta revista y en esta revista.

Ser escritora es ser sensible, crear, escribir conceptos y palabras que otras personas repiten y citan al reconocer¬las bellas, cautivantes, inquietantes, diferentes. Ser escri¬tora es ser iconoclasta, romper y a la par, construir. Si la palabra en sí crea realidad, la palabra aplicada a la poesía, al cuento, a la novela, a la dramaturgia, crea un mundo individual, nuevo, fantástico, mágico. La creación literaria es un refugio, un nido, un espacio personal para quienes no tienen un cuarto propio. Porque para escribir, nos decía Virginia Woolf, la mujer necesita un ingreso económico y su cuarto propio con llave.

ANIDE es para las escritoras ese cuarto propio del que habló Woolf. Es la celda de Sor Juan Inés de la Cruz, es el convento de Santa Teresa de Ávila. ANIDE es nuestro cuarto propio de la creación que estamos construyendo las escritoras anidadas en la Asociación Nicaragüense de Escritoras para abrirlo a todas aquellas creadoras nacionales e internacionales que quieran dar a conocer su obra.
Mi insistencia sobre el ingreso personal de la mujer que le genere su cuarto propio parecería sobrancera en esta época en la que hemos ganado muchos espacios, pero debo decir que siempre hay que ser valiente para reclamarlos, para insistir en el trabajo, para persistir, para enarbolar la bandera propia, para izarla.

¿Cuáles son las condiciones en las que vivimos las muje¬res en general? ¿Cuántas podemos dedicarnos entera¬mente a la labor creativa? ¿Cuántas logramos producir ese dinero que puede independizarnos para dedicarle más tiempo a nuestra propia instrucción, a la lectura, a la escritura? ¿Cuántas nos damos permiso de escribir mien¬tras el trabajo nos exige jornadas de ocho horas y en casa la comida espera para cocinarse, la ropa para lavarse y plancharse, la casa para limpiarse, y la familia nos llama para cuidarle, para que ejerzamos nuestra labor de madre y esposas? ¿Cuántas nos hemos acostumbrado a ejercer nuestra libertad y a decir y a escribir lo que decidimos? ¿Cuántas logramos el cuarto propio?

Soy la nueva Directora de la revista ANIDE gracias a un concurso que me escogió como tal y que me da la opor¬tunidad de trabajar en el número veintidós de esta publi¬cación iniciada y mantenida por las dos directoras previas, las magníficas Christian Santos y Vilma Gloria de la Rocha, a quienes agradezco su amistad. Igualmente agradezco la hermosa acogida de las socias de ANIDE: Claribel Alegría, Vidaluz Meneses,María Amanda Rivas, Christian Santos, Isolda Rodriguez, Michele Najlis, Maria Elsa Vogl, Milagros Terán, Isolda Hurtado, Helena Ramos, Martine Dreyfus, Elisa Maturana, Aura Violeta Aldana, María Lourdes Pallais, Linda Wong-Valle, Vilma de la Rocha, Ninozka Chacón, Daysi Zamora, Elioconda Cardoza, María Dolores Torres, Gina Sacasa-Ross, María Esperanza Morales, Brigitte Zacarías, Yaoska Tijerino; sus bellas palabras de ánimo y confianza me comprometen, aún más, con la misión de continuar con la revista.

En este número, la escritora Vidaluz Meneses nos amplía el tema de ANIDE como cuarto propio, mientras la poeta Martha Cecilia Ruiz nos habla de escritoras nicaragüenses que se refieren a la violencia en contra de la mujer. La poeta María Esperanza Morales escribe sobre la precur¬sora feminista Sor Juana Inés de la Cruz en Escritoras en el Tiempo. En la sección de Poesía la poeta Isolda Hur¬tado selecciona muestras de la producción poética de Yaoska Tijerino, Milagros Terán, Gloriantonia Henríquez, Isolda Rodríguez Rosales, Linda Wong-Valle, Ana María Rodas de Guatemala, Lauri García-Dueñas de El Salvador y Magda Zavala, de Costa Rica. Isolda Hurtado tam¬bién realiza un recuento de las actividades principales de socias de ANIDE en Agenda Cultural. La Mujer en el Arte, escrita por la crítica de arte Marisela Kauffman, presenta a la joven pintora Marian Díaz-Lugo. La académica Nydia Palacios en Mirada Crítica reunió ensayos sobre obras de la poeta Michèle Najlis y de Gloria Elena Espinoza. En la sección de Narrativa, esta dirección escogió cuentos de Martine Dreyfus, Rosario Aguilar, y Ángela Saballos y pu¬blica entrevistas a estas últimas junto a Yolanda Rossman. En Vitrina de Libros, la crítica literaria y escritora Helena Ramos reseña veinte libros de once autoras y presenta tres revistas literarias.

ANIDE es un hermoso proyecto en beneficio de la mujer creadora, y por tanto de su crecimiento como tal, de su empoderamiento y de la contribución a la cultura nacio¬nal e internacional. Les entregamos la edición veintidós gracias a HIVOS y a otros patrocinadores nacionales. Para este caminar, es fundamental el aporte de todas nosotras. El lema “ANIDE, nuestro cuarto propio” es el mantra para anidar nuestra propia creación, sabiéndonos solida¬rias, conociéndonos escritoras en nuestro propio nido. ¡ANIDE, nuestro cuarto propio!

Julio, 2010

ANIDE: NUESTRO CUARTO PROPIO por Vidaluz Meneses

Ensayo

Pertenezco a la generación de los años sesenta. Esta generación surgió en una época reconocida en el continente americano, como la de “los artistas e intelectuales comprometidos”, definición que a estas alturas, me la sigo adjudicando pues el ejercicio literario en mi caso, además de la natural vocación personal, fue la toma de conciencia sobre mi entorno y las posibilidades reales de transformación que me rodearon en mi primera juventud y que me llevaron a escribir y a encontrar en el oficio, un instrumento eficaz para contribuir al cambio.

Así en la práctica, he vivido escindida entre el quehacer social y el literario, tratando de encontrar esos vasos comunicantes que me permitan conciliar ambas esferas para lograr mi objetivo.

A la luz de las maestras ineludibles, parto de la habitación propia que Virginia Wolf demandaba como condición indispensable para que las mujeres nos dedicáramos a la creación. Veamos, entonces, cuál es el cuarto propio de la mujer nicaragüense en el resumen siguiente:

De acuerdo a un estudio* que publicamos hace un año en ocasión del Día Internacional de la Mujer, en Nicaragua las mujeres representamos el 51.9% del electorado nacional y aportamos el 40% a la riqueza del país, no obstante, ganamos cuatro veces menos que los hombres, tenemos cuatro veces menos acceso al crédito y a la propiedad y trabajamos tres veces más. En Nicaragua, la violencia contra la mujer ha sido reconocida como un problema de salud pública mediante el decreto ministerial 67-96 del Ministerio de Salud. Una de cada 7 mujeres es víctima de violencia. Por otra parte, la penalización del aborto terapéutico, legitimado en nuestro país hace más de ciento veinte años, significa un enorme retroceso para la salud de las mujeres ya que de cada 100,000 partos, mueren 200 madres. Esta es una cifra estimada ya que no siempre se registra oficialmente la causa específica de dichas muertes durante el parto.

En cuanto al aspecto económico, debido a la irresponsabilidad paterna, el 34% de los hogares más pobres de nuestro país tiene como jefas de hogar a mujeres. Otro factor es la migración provocada por la búsqueda de oportunidades laborales en otros países, fenómeno que también empieza a observarse en las madres que han comenzado a partir. Estas dejan a las abuelas al frente de la familia.

El ingreso per cápita en Nicaragua es de 700 dólares de acuerdo a últimos ajustes. Según datos del PNUD y CEPAL el 71 % de nicaragüenses vive con 2 dólares al día. El 8% de las familias reporta capacidad de ahorro; el 92% gana sólo para consumir.

De catorce ministros del gabinete actual, seis son mujeres. Igualmente, de 154 alcaldes, 18 son mujeres, ámbito en el que aumentó la proporción aún cuando la corrupción electoral frustró el nombramiento de muchas más mujeres. A pesar de ese incremento con relación a anteriores administraciones, la rotación es notable, pues en tres años de gobierno, ha habido siete ministras-directoras del Instituto de la Mujer.

En ponencias anteriores he planteado que la generación de poetas mujeres que surgimos en las décadas de los sesenta y setenta, es considerada por diversas valoraciones críticas, como un grupo de especial significación en el devenir de las letras nicaragüenses. Algunas características y condiciones afines entre nosotras han sido el acceso a la universidad y el compromiso social y político.

El Dr. Nicasio Urbina, Director de Estudios de Posgrado de la Universidad de Cincinnati, USA, se refería a la producción literaria de las mujeres de la región centroamericana a partir de los años cuarenta, calificándola como una muestra de conciencia y afirmación. Él destaca, entre las precursoras nicaragüenses, a María Teresa Sánchez en los años cincuenta y en los años sesenta y setenta a Rosario Aguilar , Michele Najlis, y Gioconda Belli.

Igualmente he consignado que nuestra generación, al asumir iguales responsabilidades que los hombres en la etapa de liberación nacional, pospuso sus particulares intereses de género y, que, a la par, tuvo el mérito de estar produciendo literatura de calidad, empresa sumamente difícil, en un país como el nuestro de altos parámetros como los de Rubén Darío. Darío, como sabemos, inauguró una tradición que se destaca como la de mayor desarrollo en el campo del arte y de la cultura nacional, elevada por él mismo a nivel universal. Esta tradición cultural no ha decaído sino que ha sido prolongada en la literatura contemporánea por destacados continuadores cuya actual cabeza visible a nivel internacional es Ernesto Cardenal, actualmente candidato al Premio Nóbel de Literatura.

También es fundamental mencionar la contribución decisiva de las escritoras nicaragüenses con el movimiento de liberación de la mujer, a través de su temática y de su actitud transformadora de la realidad. Y esto lo digo porque el itinerario que iniciamos las escritoras a mediados del siglo recién pasado, está signado por el propósito de escribir bien, en primer lugar, y de forma preponderante poesía, (género cultivado por ambos sexos en nuestro medio). Esta preferencia se ha querido explicar a partir del fenómeno Darío, el gran arquetipo, aunque en las dos últimas décadas la narrativa ha cobrado auge.

Se debe tomar en cuenta, además, la notable incorporación activa de la mayoría de las escritoras a la vida política y social del país, contribuyendo de manera directa con el movimiento de liberación nacional desde los años previos a los ochenta.

Fruto del mismo proceso de desarrollo social, de la práctica revolucionaria y de las influencias externas del feminismo, las mujeres en Nicaragua tomamos conciencia de género, de los roles que nos ha asignado la sociedad patriarcal y esto se ha reflejado de forma explícita o implícita en nuestra obra literaria.

Es cierto que en los años ochenta, Nicaragua se proyectó como la tierra de promisión, y su arte y su literatura tuvieron amplia promoción y difusión. Tanto la obra de varones como de mujeres fue traducida a múltiples idiomas y llenaron antologías y revistas, por lo que ahora sólo habría que esperar, para verificar cuántas de esas obras trascienden a la posteridad.

Como un elemento que objetivamente ha contribuido a la cohesión de los escritores en Nicaragua, debo mencionar la efectiva gestión de la poeta Michele Najlis en el convenio suscrito entre la Asociación de Escritores Noruegos y el Centro Nicaragüense de Escritores (CNE), mediante el cual se garantiza la publicación de 8 a 12 obras anuales que son seleccionadas por una Comisión de Lectores. Una de las situaciones que afecta tanto a los escritores, como a las escritoras, es la falta de acceso a la publicación de sus obras.

El CNE fue fundado en los años noventa bajo la presidencia del poeta Ernesto Cardenal y convocó tanto a hombres como a mujeres para asociarse sin distingos de colores políticos, sociales o étnicos. Sin embargo, en el Centro Nicaragüense de Escritores, desde su fundación, la membresía de los varones superó en número a la de mujeres, lo que produjo comisiones de lectores integradas, en su mayoría, por hombres. Tal situación empezó a crear malestar entre las escritoras que dudábamos si las selecciones eran tendenciosamente masculinas, aunque no podíamos negar la calidad de las obras presentadas. A la par, se fue notando que las convocatorias, a pesar de su divulgación, no lograban la participación de las autoras, o potenciales autoras.

Empezamos a considerar entonces, la creación de nuestra propia asociación sin retirar nuestra membresía del CNE. Al hacer las consultas, escuché el criterio de Gioconda Belli, la compatriota con mayor cartel internacional actualmente. Ella me decía que no estaba segura de la efectividad del paso, que si no era mejor permanecer en el seno del CNE y hacer válida nuestra presencia y participación. Creo que no dejaba de tener razón, pero como decía anteriormente, no se trataba de dejar otros espacios, sino el de lograr “el cuarto propio“. Fue así que en el año 2000, un grupo de dieciséis escritoras, fundamos la Asociación Nicaragüense de Escritoras (ANIDE), bajo la presidencia honoraria de nuestra gran poeta centroamericana, Claribel Alegría, y de las socias honorarias, Carmen Naranjo, costarricense y Gloria Guardia, panameña, a las que sumamos a la nicaragüense Gioconda Belli, en reconocimiento a su extraordinaria trayectoria y establecimiento como escritora profesional.

Observando los positivos resultados del Convenio CNE-ANE, nos dimos a la tarea de buscar financiamiento, el cual obtuvimos, bajo la eficiente gestión de la Directora Ejecutiva, Poeta Isolda Hurtado, con el Instituto Humanista de Cooperación al Desarrollo Holandés “Hivos“, que manifestó su interés de apoyar un evento de impacto relevante. Nos propusimos y realizamos con éxito un Congreso a nivel de la región centroamericana, anticipándonos así, a la pujante integración de la región, por una necesidad histórica y de cara al nuevo orden geográfico mundial. Igualmente involucramos a la academia, coordinando la actividad con la Universidad Centroamericana de los jesuítas, en cuya sede se realizó el evento e incluimos a catedráticas de las universidades nacionales, hecho que nos posibilitó motivar al personal docente que desarrolla su labor con creatividad, el cual es afectado muchas veces, por la limitada proyección que tienen sus trabajos cuando se quedan dentro del recinto universitario.

Para responder a las expectativas de publicación de las escritoras mujeres, se creó la revista que lleva el nombre de la asociación ANIDE, con un Consejo Editorial de prestigio. Este órgano permite divulgar la obra de las nacionales y centroamericanas, lanzar a noveles escritoras, incorporar a las artistas plásticas que ilustran la portada y diversas secciones, acompañada de una valoración de reconocidas críticas de arte y divulgar y ponernos en contacto con creadoras de todos los tiempos cuyas obras no han sido traducidas, o no han llegado a nuestra región.

Igualmente se crearon tres premios a través de Concursos Literarios: dos a nivel nacional de poesía y narrativa bajo el nombre de las precursoras Mariana Sansón Arguello y María Teresa Sánchez y otro a nivel regional, para todos los géneros literarios rotativo anualmente. Este lleva el nombre de la primera esposa de Rubén Darío, Rafaela Contreras, narradora inédita, que al morir en su primer parto, dejó siete relatos. El premio centroamericano Rafaela Contreras cuenta con la colaboración de la editorial nicaragüense “Amerrisque“ que garantiza la publicación de la obra y el apoyo de Hivos para un premio de dos mil dólares.

Por su parte, el premio Mariana Sansón Argüello ha sido posible por el apoyo de Hivos en la publicación de la obra bajo el sello editorial Anide y la contribución de la Fundación privada Ortiz-Gurdián que aporta los mil dólares del premio . El María Teresa Sánchez fue apoyado por la Distribuidora Cultural Nicaragüense.

Un hecho interesante, es que ambos Certámenes convocan a mujeres creadoras de toda la diversidad geográfica, étnica y de edades en el país, lo que se confirma en las merecedoras de los premios. Estos resultados compensan el sentimiento que existe muchas veces, que son las metrópolis las que acaparan o desarrollan la mayor actividad cultural.

La realidad social mencionada al comienzo de mi escrito, ha generado una intensa reacción de la sociedad civil que ha salido al paso de los principales problemas de las mujeres, víctimas de la violencia, de la desigualdad, de la discriminación, a través de asociaciones que trabajan para combatirlos.

Dentro de ese panorama, nuestra Asociación Nicaragüense de Escritoras ANIDE, contribuye con la necesaria promoción del talento creativo de las mujeres, campo en que igualmente, debido a su procedencia y difícil experiencia, muchas veces es expresado en necesidad excesiva de protagonismo, o de aprobación de sus textos independientemente de la calidad de los mismos; en ese aspecto, ANIDE no ha hecho concesiones, proponiéndose como meta, la excelencia.

A la par de esta exigencia, ANIDE promueve la realización de talleres de superación en los distintos géneros literarios, inclusive en expresión oral, que hasta la fecha han sido desarrollados por colegas de mayor experiencia, creando de esa manera, una corriente de solidaridad interna en la búsqueda de calidad y unidad del gremio.

Actualmente, ANIDE, bajo la Presidencia de la Poeta Isolda Hurtado, una Junta Directiva entusiasta y dinámica, electa democráticamente por el período de tres años tal como lo establecen nuestros Estatutos y una membresía que aglutina a mas de 80 escritoras de distintas generaciones literarias residentes dentro y fuera del país, que muestran un amplio espectro en diversidad de estilos y voces, edades, realidades y pensamiento, lenguas y etnias, constituyen una propuesta integradora de cohesión cultural y se consolida como un organismo no gubernamental cuyos resultados la han hecho acreedora de la confianza de una cooperación internacional cada vez más escasa y en retiro de nuestra región.

Desde ANIDE continuamos fortaleciendo las demandas de la sociedad civil relacionadas con la educación y la cultura, convencidas de la decisiva contribución que esta plataforma hace al desarrollo.

Cada mujer que se da a conocer a través de su obra, se hace dueña de su propia voz y de su propio nombre, afirma su identidad de ser pensante y sensitivo, su derecho de reconocerse y ser reconocida como ser histórico e imprescindible para superar la crisis de humanidad que enfrenta el planeta. Sólo lo que se nombra existe, y las mujeres hemos tomado la palabra para nombrar nuestros sueños y hacerlos realidad desde nuestro cuarto propio: ANIDE.