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Brisa y júbilo


Un día cualquiera

despiertas temblando
como si la oscuridad aún no retornase
a su esquina de muerte
y vuelves la mirada un poco turbada
por el dolor que sigue al fondo de vos misma.

Nada apaga ese amargo placer.

En la complicidad de la soledad
mientras el sol se oculta
resbalas por fin sobre tu libro

la lágrima perdida.