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Gloria Guardia: La carta

La carta
Managua, Nicaragua: CNE/ANE/NORAD (60 pp), 2000.
ISBN: 920 A-385

Descripción

La Carta es una obra que aprovechando el género epistolar, se expande por un relato apasionado, apasionante, pero contenido, lo que permite que su discurso fluya transparente, minucioso, musical e intenso.

Obra trágica, en verdad, donde una pareja, Benjamín Zeledón y sus esposa, Ester Ramírez Jerez, aparecen debatiéndose o desgarrándose entre el amor conyugal y familiar, el amor patriótico y el despecho, entre los ideales y la realidad brutal, entre el deber y la fatalidad, en el contexto de la Guerra de julio a octubre de 1912, contra la intervención norteamericana en Nicaragua.

Él, un patricio liberal; ella, una princesa de la oligarquía conservadora. Ambos casaron a pesar de la oposición del padre, que le decreta la muerte civil.

Él, cercado por la muerte, escribe La Carta que trasciende a ser uno de los mayores documentos morales de la historia nacional.

Ella, agónica y fecunda, recién alumbrada, rodeada de dos de sus hijos pequeños, recluida en un aposento y herida, se aferra al pomo de un revólver, pero se libera con las cuentas de un rosario...

Esta tragedia está narrada, más bien, comentada por la escritora Gloria Guardia, nieta de ambos héroes, cuya escritura se torna Coro, el Coro griego que en su movimiento circular los asedia, los crea y recrea; Coro que todo lo sabe, todo lo ve, pero que no puede evitar el cumplimiento del destino. Un destino personal y colectivo trasmutado en lenguaje, en forma moderna, inaugural, que deslumbra tanto como conmueve.

Fijas con intensidad la mirada en el papel y reconoces, al rompe, los rasgos firmes, resistentes y alambicados, a ratos, que caracterizan la letra de quien ha dirigido la carta. Ya son más de doce los mensajes que él te ha escrito desde que se fuera a la guerra y de eso hace sesenta y ocho días exactos. De entonces acá, confiésalo, Ester, tú has retrocedido el reloj y morado en cada espacio de tiempo - no importa cuán breve haya sido -, que ha transcurrido desde que Benjamín Zeledón entrara en tu vida y desde que los labios de él y los tuyos se juntaran por última vez y tú sintieras el contacto helado con esos rebordes carnosos del rostro que has amado al delirio y aborrecido con la misma intensidad, durante los demasiados abandonos y tantos desconsuelos que han sellado tu unión de ocho años con él.