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Del congreso a la federación centroamericana de escritoras y escritores por Vidaluz Meneses

Fecha: 15 octubre 2005

Maratónico. Así definiría el denso, variado y abundante contenido y desarrollo del I Congreso de Escritoras y Escritores de Centroamérica, llevado a cabo la semana pasada, del 3 al 7 de octubre del corriente, que tuvo como principal objetivo, además del logrado rico intercambio entre las y los creadores de la región, sentar las bases para la creación de una Federación Centroamericana de Escritoras y Escritores. En mi carácter personal, me vinculé a este proyecto, cuando fui invitada por Enrique Jaramillo Levi (Panamá), Manlio Argueta (El Salvador), Javier Mosquera (Guatemala) y Oscar Núñez (Costa Rica) a funcionar como enlace de nuestro país con el fin de promover la participación de nuestros compatriotas, igual que los colegas de la región harían lo mismo en sus respectivos países.

La delegación nicaragüense contó con la participación de quince escritores de distintas generaciones, asociaciones y grupos literarios: Sergio Ramírez, Luis Rocha, Christian Santos, Nicasio Urbina, Juan Carlos Vílchez, Isolda Hurtado, Carola Brantome, Marta Leonor González, Henry Petrie, Felix Javier Navarrete, Francisco Ruiz Udiel, Eneyda Morraz Aráuz, Abelardo Baldizon, Rodrigo Peñalba y la suscrita.

Participamos en total, más de cincuenta creadores de la región. La Conferencia magistral de inauguración estuvo a cargo de Sergio Ramírez quien disertó sobre El mejor oficio del mundo. A continuación, contrastando con la vasta y profunda reflexión de Ramírez, el intelectual panameño, Raúl Leis presentó el libro Las mil y una muertes de la autoría de Ramírez, enmarcando dicha presentación en un simpático y antropológico comentario sobre el tema de la muerte.

Eneyda Morraz Aráuz es una joven matagalpina, critica literaria, que conocimos en el Congreso, debutando en este ámbito con un sobrio ensayo con enfoque de género, sobre El Pergamino de la seducción, de Gioconda Belli.

Entre los jóvenes narradores panameños fue notable la participación de Carlos Oriel Wynter Melo con textos frescos, dominio del lenguaje y aliento lírico. Coincido con un comentario enviado por Miguel Angel Chinchilla de El Salvador sobre la amplia y cualitativa participación de jóvenes de los años noventa a nuestros días interrelacionándose con fluidez con creadores de vieja data. Nuestro laureado Francisco Ruiz Udiel impresionó favorablemente por la calidad de su poesía y su forma de leerla. No se quedó a atrás el ya prolífero novel escritor panameño, Javier Alvarado que está arrasando con premios nacionales y latinoamericanos.

La obra poética testimonial de Leda García, costarricense quien se bate cotidianamente contra el mal de nuestro tiempo, el cáncer, impactó por su calidad estética y por su contenido de lenguaje condensado y contundente.
Tuvimos la oportunidad, en el límite del agotamiento, una de las noches, de visitar la Casa azul, hogar de la recordadísima Esther María Osses, autora de una obra académica que le mereció el reconocimiento y la incorporación de la misma al pensum de los estudios de Literatura Centroamericana: La novela del Imperialismo en Centroamérica en la que recomienda las siguientes lecturas: De Guatemala, Viento Fuerte, de Miguel Angel Asturias; de Honduras, Prisión Verde, de R. Amaya Amador; de Nicaragua, Sangre en el trópico, de Hernán Robleto; de Costa Rica, Mamita Yunai, de Carlos Luis Falla, de El Salvador, Caperucita en la zona roja, de Manlio Argueta y de Panamá, Luna Verde, de Joaquín Beleño.

Guiados por Moravia Ochoa e Indira Moreno, llegamos a la Casa Azul, donde el viudo de Esther Maria Osses, Carlos Wong, con su habitual cordialidad y fineza de anfitrión, al calor de vasos de ron panameño y nica, nos fue relatando el paso de personajes de la historia revolucionaria de América por esta singular sede.

Los esfuerzos de este tipo de evento en cada uno de nuestros países son inconmensurables, por eso comprendimos que en la miscelánea de patrocinios, habiéndosenos proporcionado un confortable auditorio de la Caja de Ahorros, nombre insólito para la realización de un Congreso Literario, su ubicación nos mantuviese alejados de juventud estudiosa y del público en general amante de la Literatura. Personalmente quise encontrarle una razón y ventaja al hecho que llegáramos a leer nuestras obras en el seno de la familia centroamericana y era que esto, finalmente abonara a ese reencuentro profundo de nuestra comunidad, después de guerras y avatares, para decidir lo que finalmente se aceptó por unanimidad: conformar la Federación de Escritoras y Escritores de Centroamérica, propuesta por la Asociación de Escritores panameños, que recoge el sueño alimentado en el pasado con antecedentes como La Prensa Literaria Centroamericana (1976), impulsada por Pablo Antonio Cuadra y Luis Rocha, desde Nicaragua y por Sergio Ramírez y Manlio Argueta, desde el CSUCA y que tuvo como Consejo Editorial a José Roberto Cea de El Salvador, Moravia Ochoa de Panamá, Julio Escoto de Honduras, Roberto Díaz Castillo, de Guatemala y Carlos Francisco Echeverría, de Costa Rica.

Para dar seguimiento a esta iniciativa, se designaron tres Escritores (as) por país. Creemos que animará la integración activa de nuestro gremio, tanto la imperiosa necesidad de unirnos ante el nuevo orden internacional, como la de solventar problemas agudos, tal es, la necesaria y eficiente distribución y venta de nuestros libros.

La Prensa Literaria, Managua, La Prensa, sábado 15 de octubre, 2005.