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Antología Mujer y Poesía contra la violencia

Fecha: 24 enero 2012

La poeta Christian Santos en compañía de otras poetas sensibilizadas por la violencia intrafamiliar y el feminicidio han escrito poemas, y realizados lecturas de los mismos en varios colegios y universidades de Managua, así como en medios de comunicación.

Entre las poetas que han leído o enviado sus escritos para su respectiva divulgación se encuentran, Gema Santamaría, Andira Watson, Yolanda Rossman, Martha Cecilia Ruiz, Daisy Zamora, Vidaluz Meneses, Gioconda Belli, Ninozka Chacón, Yolanda Blanco e Isolda Hurtado.

Esta selección es parte de un proyecto de antología que se encuentra en preparación. En los años sesenta un grupo de poetas alzaron vuelo con sus poemas de amor y de denuncia política al sistema dictatorial, en los años setenta, la poesía erótica buscó su nueva trinchera de emancipación femenina.
Hoy en día la violencia extrema contra las mujeres, ha calado hondo en este grupo de poetas con nuevas integrantes que han levantado coros de denuncia que buscan sensibilizar a la sociedad nicaragüense.

Y así solidarizada la familia, las instituciones, las leyes adecuadas y los programas de prevención y seguridad ciudadana, pongan un alto a los índices de muertes ocasionados y los daños físicos y sicológicos perpetrados por hombres que han violado los derechos, destruido la paz, felicidad y vidas de niñas, jóvenes, madres y abuelas en nuestro país.

El amor, derecho, justicia y paz, debe gobernar en nuestra sociedad.
No más violencia contra la mujer, venga de donde venga.(Managua, Noviembre 2011)
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Poemario digital: Muestra antológica
MUJER Y POESIA CONTRA LA VIOLENCIA

Recopilación: CHRISTIAN SANTOS

El Foro Nicaragüense de Cultura se une a este clamor de justicia y sensibilización poética. Dejamos con ustedes esta pequeña selección de poesía:
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Asesinato en serie

Por GEMA SANTAMARÍA

no señores. no es que nos maten unas tras otras.
es que nos matan a todas de la misma forma.
es decir:
jodiéndonos la existencia
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Rómpase en caso de incendio

Por GEMA SANTAMARÍA

Y a mí que más me da si me queman las lenguas, las malas lenguas del terror-martillo de los diarios. me han sacado moretones azul-sangre, rojo-lágrima y me he quedado dándole vueltas a un café con harta leche. no tengo seguro de vidas contra este tipo de incendios que abren su boca explosiva cuando se asesina a una mujer en tacones y lentejuelas. este fuego que se escribe en la última hora de los diarios de Managua, se llama miedo, se escribe muerte, se escurre la palabra:
a pri sio na da.
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Feminicido

Por MARTHA CECILIA RUIZ

He muerto.
En los cuerpos de tantas otras que murieron antes que yo
y aún hoy conmigo.
En el silencio que pare el miedo,
torturada por los violadores,
mutilada, he muerto una y otra vez
a cada instante en cada golpe,
en cada hemorragia
de esta maldita democracia,
gobernabilidad y paz
que a diario nos mata,
por hambre, por dieta,
por falsas, por rebeldes,
por sumisas.
Por ser nosotras mismas
las mujeres.
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El llamado

Por MARTHA CECILIA RUIZ

En algún lugar está un hábito de monja esperando por mi cuerpo.
Solitario, tendido sobre una cama célibe. Sobrio y parco, nunca escuchará el consuelo de mi voz cantando el Ave María. Porque he aquí que mi cuerpo no viste ropa alguna que no sea la del pecado.
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Mi vestido de gasa mis zapatillas de punta

Por CHRISTIAN SANTOS

Yo tenía sueños
De bailar alrededor de la sombra
De la luna llena
Y mi padre desgarró mi vestido de gasa
Y mis zapatillas de punta
Que nunca volví a ver.
Yo quise grabar las mariposas
Dando vueltas sobre las aguas del río
Y mi padre echó a las aguas
Las mariposas y la pintura.
Yo quise escribir poemas
Ricos al paladar
Y
Rompió
En pedazos mi piel.
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Fiel ama de casa

Por DAISY ZAMORA

Todo terminó con la Luna de Miel:
Azahares, cartas de amor, llantos pueriles.
Ahora reptas a los pies de tu señor:
primera en su harén,
tomada o abandonada según capricho.
Madre de los hijos de su apellido,
oreando tu abandono
junto al tendedero de pañales,
estrujando tu corazón
hasta despercudirlo en la ropa blanca.
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Interrogantes

Por VIDALUZ MENESES

¿Quién comprendió a la mujer rescatada de haber sido
la cabellera flotante entre los Nenúfares?
¿Quién osó penetrar su real intimidad
para encontrar la uña en el pecho?
¿Quién escuchó su grito solitario en la madrugada?
¿Quién vió su cuerpo recogido, fetal, entre las sábanas?
¿Quién escuchó el sollozo en el trasfondo de sus palabras?
¿Quién descubrió la sombra gris debajo de sus párpados
maquillados?
¿Quién, su mano crispada entre la cruz y el puño?
¿Quién vio en la sensualidad de sus hombros
la corva sombra del agobio?
¿Quién supo acariciar sus pechos
con la ternura que se da a un recién nacido?
¿Quién le penetró las entrañas y se le acomodó
como manso pájaro en el tibio cuenco?
¿Quién le da a esa mujer su verdadero sitial en el paraíso?
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Canto al estrógeno

Por GIOCONDA BELLI

Todavía es el tiempo de la desigualdad
de la mirada torva, el grito y la mano alzada
el ojo de la mujer soporta y graba en sus pupilas
la iniquidad
¿de dónde llega esta violencia
a las costas de estos brazos
acostumbrados a la caricia y al acurruco?
¿Qué es lo que en nosotras despierta al lobo
que aún habita en las entrañas del hombre,
esa furia ciega que no detienen súplicas, razones
o la memoria del primer rostro acogiéndolo a la vida?
Nuestra belleza,
la generosidad
de curvas y pechos,
la piel suave,
¿qué esconde en su frágil envoltura
que así provoca en ellos la saña y la muerte
la violación y el rapto?
Cantemos, hermanas, por quienes así
se pierden de nosotras
y no pueden consigo mismos
Los que temen el estrógeno de nuestras entrañas.
Nuestro instinto busca arrullarlos como niños
Ofrecerles el perdón de los adultos
No queremos más que midan su estatura
con nuestra sumisión
No queremos que apuntalen su nombre
sobre nuestra obediencia.
Como si vieran llegar un ejército enemigo
se atrincheran en vanas certidumbres
Una marejada de embistes y golpes
lanzan contra nuestros reclamos
Hacen escarnio de nuestras luchas
por plantarnos en el suelo
y enderezar la espalda.
En tanto nosotras avanzamos como un río
las hormonas encontrando su cauce
Somos el agua fuerte
que se sacude las lágrimas inútiles
y se despoja del cansancio de llorar.
Ya miles hemos alcanzado la costa
Nos contamos por centenares
Descalzas, dejamos nuestras huellas en la arena
nos tomamos el territorio negado.
Anfibias
a contracorriente entre el agua y la tierra
mucho tiempo ya nos ocultamos
en las grutas quietas
de la domesticidad y el silencio
Pero aún con el agua al cuello
no nos ahogamos.
Ahora venimos a la vida con el desafío y la desobediencia en la boca
Rechazamos los mandamientos
con que en nombre del amor y el parto nos sometieron.
Ahora nos alzamos con caballitos de mar en las manos
Cantando y vociferando
Deshaciendo gozosas
el muro que alzaron para separarnos.
Cantemos hermanas
No paremos de cantar
Las sirenas han recuperado las piernas.
Andaremos, andaremos, andaremos
Lavaremos el mundo
con el agua viva
de nuestra dulce, redentora, tenaz,
mansedumbre
Para sanarlo
Para que sobrevivamos.
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Me llena

Por YOLANDA ROSSMAN TEJADA

Me llena saberme capaz,
de soltarme de tus grilletes y escapar,
de dejarte a un lado
y extender mi alas.
Me sorprende,
Realmente me sorprende saberme capaz,
de sentirme mujer, fiera y gaviota,
recorriendo el infinito del mar…
… sin tu brújula.
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ÍCARO

Por YOLANDA ROSSMAN TEJADA

Tu voz me alcanzó
entre la bruma del desconcierto:
“¡Go for it!
I will be rooting for you…”
Airosa, extendí las alas,
suavemente,
como la brisa en tu pelo.
Entre las nubes atisbé
un arco iris bajo mis pies,
sentí el sabor del paraíso
derramándose entre mis labios.
Ícaro celoso, impotente…
me ve crecer,
elevarme,
volar…
Éstas alas no se derriten,
Son alas de MUJER.
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Las rosas violatas

Por YOLANDA BLANCO

Virgen de Acahualinca: Torre Sitiada
Niña de Paraparos: Nieve Poluta
Doncella de Sinaloa: Rosa Violata.
Caen las muchas, las tantas
arrastran los yerros de lascivia verde
las demencias enjauladas
la libido de maqueados maletines.
Y el llagado desgarre contra natura
la crudelísima sangre involuntaria
los pechos encogidos para siempre.
¡Ay cuánto!
¡Cuánto escupirlo!
Aherrojarlo.
Lapidarlo.
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Por que te quiero, te pego…

Por NINOZKA CHACÓN

Anoche, como otras, me violaste…
Hoy, como cada domingo
camino encorvada del dolor,
y tengo “ojeras naturales”.
Sin hacer dietas martirizantes
como las chicas de “pasarelas”
estoy en los vivos huesos,
por que el alimento no llega
al remedo de hogar que tengo,
solo el tufo a guaro, vómito
y residuos de fritangas
aromatizan el mísero cuarto.
Y cuando tienes resaca, me reclamas:
bebida, comida, sexo y hasta amor…
y cínico me dices al verme amoratada:
“Por que te quiero, te pego”
¡para que nadie te piropee
y no me pongás los cuernos!
Vivimos a orillas de un lago
de podredumbre,
y mis gritos de dolor
cuando soy vejada
son cosa cotidiana
en ese “reparto”.
Y si sobrevivo de ésta,
mañana estaré muerta
en las pútridas aguas del lago,
después de haber degollado
al infame
con quien me tocó vivir.
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Oficios de mujer

Por MICHELE NAJLIS

A vos, Sor Juana,
porque nos precediste

Aprendimos los oficios del amor y del silencio
Por Michele Najlis

de la terca soledad y de la angustia
el oficio del temor y de la muerte
el duro trabajo de apuntalar los sueños.
Aprendimos el oficio de tinieblas y abandono
el trabajo del verso
el canto gregoriano
el mundo misterioso de los astros
el ritual inexorable de la espera
las ceremonias del miedo y del valor
los secretos del arco y su flecha impredecible
de la noche y del fuego que la alumbra.
Aprendimos la alegría
la sonrisa
la luz y las tinieblas
la magia de la ciencia
el árbol, la manzana, el paraíso,
la serpiente, las aves,
los mitos, el enigma.
Aprendimos los oficios de los hombres
y arrebatamos otros
que estaban destinados a los dioses.
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Desde pequeña

Por ANDIRA WATSON

Ana siente cuchillos en el estómago
pero dice que sólo los usa
cuando la sacan de quicio
A los 8 años
Ana le perdió el respeto al cebollero abuelo de sus amigos
Su silencio costó 20 pesos
y un temor de por vida a jugar entre los árboles
Ana duerme
largas horas en el día
La anestesia del sueño es mejor
Ana siente culpa
Cumplió 21 años pero nunca duerme fuera de casa
Cuando ama enmudece…
Y si tiene sexo se queda toda la noche
buscando luz en la ventana.
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Saturday night

Por ANDIRA WATSON

Los sábados Managua hierve. Burbujean sus bares llenos de parejas. Chavalas chillonas, viejos calientes, mujeres sofocadas, hombres hartos. Todos buscando quién quite hartazgo, calentura y sofoque. Y en esas mismas noches, Managua es un eco. Una oscuridad nefasta. La ciudad gótica donde la soledad vagabundea, muerta de hambre. Apoya la pierna en una pared y es penetrada hasta los dientes por cualquier desconocido, quien también se la bebe de golpe. La muele a palos. Se la fuma y le pone hijos.

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Los mercaderes del templo

Por ISOLDA HURTADO


Te mutilaron los mercaderes del templo.

Entre sus burlas
rasgaron tu último grito
hasta inmortalizar tu sonrisa de muñeca
como se clava una espina
en la carne

y sangra.