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Gloria Elena Espinoza de Tercero: Dos Mujeres en la Academia Nicaragüense de la Lengua: Isolda Rodríguez Rosales, Gloria Elena Espinoza de Tercero


Por: Ángela Saballos, Revista ANIDE

Periodista, escritora


Dos Mujeres en la Academia Nicaragüense de la Lengua: Isolda Rodríguez Rosales, Gloria Elena Espinoza de Tercero
--Hasta hace poco, no había mujeres en la academia. ¿Cuál considera que es la razón de esa ausencia y qué considera que sucede ahora que ya son varias las incorporadas?

La mujer ha tenido que librar históricamente una batalla social y cultural para lograr su triunfo en cualquiera de los campos. Mariana Sansón Argüello de Buitrago, quien nos abrió el sendero en 1997, bien lo dijo en su discurso de incorporación: …quiero encontrar por sobre todo, en vosotros, un acto de justicia y de noble reparación a la mujer nicaragüense, al abrir conmigo de par en par las puertas de esta Academia que hasta hoy permanecían cerradas para nosotras. Si no hubiera tenido a su lado al doctor Edgardo Buitrago, su talento hubiera quedado en la oscuridad. Eso refleja que el hombre y la mujer son una pareja que debe respetarse y tener sus espacios, lo cual no es regla, sino excepciones. Tal es el caso de Rosario Aguilar que da el otro salto al ser nombrada como primera miembro de número en 1998. Tuvo la fortuna de nacer en una familia de grandes pensadores nicaragüenses, y un esposo como nuestro recordado amigo Iván Aguilar, por lo cual pudo desplegar su talento con libertad y excelencia. No podemos decir lo mismo por ejemplo de la doctora Nydia Palacios Vivas, quien ha luchado contra gigantescas mareas personales para lograr una posición de gran estatura dentro de las letras nicaragüenses, al darse a la tarea de difundir críticamente nuestra literatura por los ámbitos internacionales. En el caso de Ana Ilse Gómez, ha luchado sola contra todo tipo de adversidad, y ha sido el perfecto hilván de sus versos lo que se impuso.

Esta batalla de género se ha dado a nivel mundial, como es el caso por ejemplo de Nadine Gordimer, premio Nóbel 1991, quien fue perseguida en su país y negada la difusión de sus libros por denunciar las atrocidades cometidas por el racismo en Sudáfrica. Y la condesa Emilia Pardo Bazán, gran novelista española, cuya aspiración fue fusionar el naturalismo francés con el realismo español. De gran producción literaria, murió sin ver realizado uno de sus sueños: pertenecer a la Academia de la Lengua. Hay quienes han tenido que ser otras para lograr sus anhelos como George Sand, o Sor Juana Inés de la Cruz o quizás escandalizar como Delmira Agustini o la pintora Frida Kahlo. Es más, para darte un dato singular, en el Diccionario Zamora de Literatura Universal, solo el seis por ciento de los nombres consignados pertenecen a mujeres.

La mujer en Nicaragua ha tomado su oficio de escritora con madurez y ha alcanzado alto nivel de importancia. Desde luego que la Academia ha mostrado su apertura, no sólo de esta manera, sino con la edición del Diccionario del Español de Nicaragua del académico doctor Francisco Arellano Oviedo, reconocido por la Asociación de Academias de la Lengua Española. Eso nos da una idea de que las políticas han cambiado, lo cual es plausible.

En mi caso, nunca soñé tal honor, por el cual estoy muy agradecida. Mi esposo no sólo me da mi espacio, sino que me estimula. No quiero proclamar con esto que sólo si se tiene un esposo así, la mujer puede ascender. Creo en el trabajo constante, la búsqueda de la calidad y superación personal. Hay un dicho que sostiene: Si se opone una pared, hay que botar la pared. Yo tengo la mía, una enfermedad contra la cual lucho día a día.

--He escuchado leer trozos de sus novelas. Esa habilidad suya de interpretar ¿le facilita moverse dentro de su narrativa, imaginar más fácilmente sus personajes, sus escenarios, o simplemente es otra capacidad totalmente distante de su escritura?

En efecto, es un don de Dios que realmente ha tomado la batuta en mi trabajo.

--¿Qué lenguaje en su escritura se parece más a usted? ¿La narrativa?

Primero surgió la dramaturgia, me viene desde niña. Ambas me apasionan y se conjugan, aunque sean independientes. ¿Contrasentido?, pero es verdad, porque ya me han dicho que pareciera ser que mis obras no son escritas por la misma autora, y sin embargo las novelas tienen un hilo conductor y personajes itinerantes. Con la novela me deleito y también sufro formando mundos. En cambio, la dramaturgia es un arrebato y expongo instantes. Yo las comparo con la pintura: cuando trabajaba un lienzo al óleo o al crayón, le daba mucho tiempo y detallaba. Por el contrario, al dibujar al pastel, lo hacía con trazos libres y rápidos.

--¿Cuál considera su mayor contribución a la literatura nicaragüense?

Es difícil decirlo. El tiempo y los lectores valorarán mi obra. Si bien puedo mencionar algunos señalamientos de la recepción crítica: Por ejemplo, que he creado un mundo literario completo, una poética de la provincia nicaragüense, de la leonesidad, tanto así, que Nydia Palacios llegó a decir que universalizo León. Pero lo único que estoy en capacidad de asegurarte, es que me dedico en cuerpo y alma a trabajar y estudiar. Me mantengo en constante búsqueda. Es más, creo como Patrick Süskind que lo que tiene que decir un escritor lo dice en sus libros.

--¿Cuál piensa usted que es su fortaleza para llevarla a la Academia?

Son los miembros de la Academia quienes pueden hablar de ella.

Gracias Angelita. Gracias ANIDE por su constante apoyo. Un abrazo. Gloria Elena.

* Revista ANIDE Edición No.16 (Sept.-Dic. 2007), Managua, Nicaragua. 31 agosto 2007


* Revista ANIDE Edición No.16 (Sept.-Dic. 2007), Managua, Nicaragua