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Isolda Hurtado: Isolda Hurtado la poeta del Silencio de Alas


Por: Ángela Saballos

Periodista y escritora nicaragüense


Isolda Hurtado la poeta del Silencio de Alas
--Entró sonriente a mi casa y me entregó una rosa y su libro Silencio de Alas. Llegó de blusa y pantalón negros, sandalias, collar de perlas, boca pintada en rojo,pelo lindo, brillante,lacio,saltarín, cuerpo esbelto tras una rígida disciplina de ejercicios y una dieta sana a la cual se acostumbra a diario. Me lee eufónicamente algunos de sus poemas preferidos. Ciertamente absorbí más su poesía cuando la leyó. Se siente el ritmo, la vida, el momento de los mismos.
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Palma rumba conga/al viento/bajo mis pies/retumbas tierra ante mis ojos/alto baila el tiempo/tumba retumba/el sol.

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Con el vendaval/se irá el dolor/si a lo lejos hay dolor Larga espero la risa.

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Al oírte venir/ todo lo aparto/iluminada/ por el abrazo tierno/ de tus grandes pupilas Calienta mi amor tu sonrisa pícara/mientras te voy /contando/ que yo amor siempre estoy antojada de vos.

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de gota en gota/el ritmo seduce a la ostra/en el agua que encuentro/el color de mis años.

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¿Qué haremos cuando la piel /cansada extienda sus estrías largas/del camino cuando se acerque la mano al lirio/para buscar su aroma/el mismo y diferente aroma?

--Ritmo, amor, filosofía de la vida. A Isolda Hurtado, graduada en Sociología y Filosofía de la Universidad de New Orleans, USA, sobrina de nuestro poeta Joaquín Pasos, la conocí cuando ambas fuimos diplomáticas en Washington, activa, ordenada, sobreviviente de un fuerte accidente y de la muerte-en tiempos demasiado prontos-de sus padres.

Era romántica y preocupada. Se sentía sola. Buscaba el amor. Escribía con su letra de lazos sus ocultos pensamientos, mientras su pelo- encolochado entonces- caía sobre el “yellow pad”, aquel block amarillo a rayas, tamaño legal que se constituía en uno de nuestros intrumentos de trabajo. Isolda subía y bajaba las escaleras de la Embajada, montada en sus altos zapatos cerrados de fuertes tacones, empacada en sus trajecitos cortos de ejecutiva moderna, saludando gentilmente, riéndose, sonriendo, o cara redonda y rígida, otras veces.

Cuando encontró el amor en un viaje a Nicaragua, me lo comentó en la oficina en Washington, me dijo que yo lo conocía, pero escondió el nombre coquetonamente. Se casó con él. Ahora su marido, padre de sus dos hijos, el poeta y pediatra Fernando Antonio Silva, le hace poemas a sus pies. Isolda es una mujer de finos detalles hacia quienes la conocen y una poeta que escudriña la correcta palabra a usar en sus versos. Cumple años el 22 de enero, una fecha triste en el calendario político de Nicaragua. Es Capricornio, ¿o Acuario ya? Pero no dice su año de nacimiento, prefiere que no sepamos cuál es su signo en el horóscopo chino.

Isolda me dice que su poesía es para leerla en voz alta, porque así se tiene la posibilidad de gozarle el ritmo, la música. “Vas apreciando dos artes, la literatura, de la palabra en sí, con la música y el ritmo que la verdadera literatura debe llevar”.

Quizás por esa anterior explicación es que su poesía ha sido alabada por los más difíciles. Álvaro Urtecho habla de su “nervatura briosa”; Fanor Téllez de su “tendencia a fracturar la lógica de lo aceptado”; Julio Valle de que busca “las dificultades de las rimas y del ritmo, las pausas y los acentos”; Ramiro Argüello de que “ella no escribe con sexto sentido, ella escribe con un sexto, séptimo y octavo sentido”.

Leo: Tu seña se perdía en las estepas del papiro/cuando en el río se ahogaba el tallo/ en remolinos/y el viento soplaba el envés de la hoja.

--En el ritmo de lo que escribe, está el ritmo de su vida?

Por supuesto, porque la poesía es mi vida y mi vida está en la poesía, la poesía es el oficio más importante, el oficio per se que me da la razón de mi vida.

--¿Cómo combina sus mundos de socióloga, consultora y poeta?

No hay diferencia en ese sentido porque la parte práctica de las ciencias sociales que es el campo donde yo doy consultoría, donde trabajo como un medio de contribuír al país y de ganarme la vida a la misma vez, me da elementos sobre la condición humana, sobre el medio que me rodea, y me alerta. Esto me sirve de insumo, posteriormente, para el trabajo literario.

--Enjundiosa señora, pues también informa que escribe desde niña, desde el colegio y recuerda que para ella era un gozo cuando le dejaban composiciones en la clase de gramática. Agrega que en la adolescencia la escritura fue una manera de irse expresando. Explica, cuidadosa, que lo que escribía entonces “era filosofía de la vida, más que literatura”.

“Estábamos creciendo en un ambiente en donde la Revolución estaba en ciernes y todo esto me empujaba para expresarme por escrito que era el medio donde yo mejor me he expresado siempre. Posteriormente dejé de escribir, pero lo retomo a partir de 1990”, continúa.

UNA BIBLIOTECA DE LOS PADRES EN DONDE LEÍAN LOS HIJOS

--Comenta Isolda que tuvo la dicha de tener la biblioteca amplia de sus padres. Señala que desde niña se les inculcó el amor por la lectura con libros acordes a la edad que tenían.

“Conforme fui creciendo, fui seleccionando lecturas. Conocí primero la obra literaria nicaraguense, y como tuve la oportunidad de estudiar en universidades de los Estados Unidos, leí literatura inglesa, norteamericana y francesa. Leía a Mallarmé, a Rimbaud, a Baudelaire, a Ezra Pound, a Emily Dickinson, Fitzgerald, que es alguien que me ha gustado siempre, Shakespeare, el Siglo de Oro en la literatura española, la generación del 98”, acota, y deshoja nombres según idiomas, según siglos, según cultura, según momento, según su gusto. Federico García Lorca es alguien que siempre me dejó mucho y me ha marcado por su capacidad de expresar la emoción y en mí es una constante que siempre estoy buscando cómo expresarla de la mejor manera. Al hablarte de emoción te estoy diciendo el lado triste y el lado alegre del sentimiento humano”, puntualiza.

Continúa geográficamente: “En América Latina, recorro Octavio Paz que es importantísimo para mí en la manera de rescatar la innovación que la época nos permite ir haciendo. César Vallejos me encanta. Más al sur me encuentro con Onetti en el Uruguay. En la literatura nicaragüense me marca Joaquín Pasos, que es primo hermano de mi madre. Esa capacidad de Joaquín de expresar su emoción desde lo más hondo, es una interioridad, una profundidad de su alma”, acota Isolda.

--Pasos es muy fresco.

Muy fresco, sí, casualmente eso. También me marca Ernesto Mejía Sánchez, a quien considero de mucho peso. Hay que aprender de él, como de Ernesto Cardenal, Pablo Antonio Cuadra, Fernando Silva. Coronel Urtecho y su capacidad para recibir en su seno a todos los escritores. No había nadie para él que no pudiera aportarle a la literatura nacional. Es una enseñanza enorme que ha dejado él.

EL SILENCIO PARA TRABAJAR EN SU OFICIO QUE COMPARTE CON SU PAREJA

--Usted habla de oficio, pero otros hablan de inspiración, ¿cómo trabaja?

Por lo general necesito el silencio que es el estado en donde yo encuentro mi voz, donde tengo la capacidad de dejar fluir mi emoción que yo recojo de los otros y de las otras, pero sí, por supuesto, hay instantes durante el día, aún enmedio del bullicio, que siento una necesidad, que anda rondando en el pensamiento una idea, que posteriormente materializo al escribirla en otro momento.

--¿Puede rescatar perfectamente esta emoción, o debe escribirla de inmediato para recuperarla luego?

A veces se pierde, a veces la recuperás. Por lo general hay una música, un ritmo, de esa sensación, de esa emoción que posteriormente es lo que yo traslado ya en el hecho escritural.

--¿Ayuda estar casada con otro poeta para desarrollarse con mayor gracilidad?

!Por supuesto! Es muy hermoso el poder compartir este oficio literario. Nosotros cotidianamente tenemos un momento en el que hablamos de literatura, sea que compartimos lo que estamos leyendo, y sí, tenemos esa cosa hermosa de compartir el trabajo escritural que estamos haciendo. Nos enriquece a los dos y sirve mucho para llevar la relación de pareja adelante. Es uno de los cordones que nos unen más fuertemente en la relación.

--Sus disgustos, sus grandes alegrías, ¿cuánto marcan su vida?

La alegría, el gozo, el dolor, la tristeza son emociones que vivo con intensidad. Me dejo ir con cada una de esas emociones, tanto del gozo como del dolor. Como ser humano las vivo con intensidad y eso enriquece mi escritura, luego eso es lo que yo proceso en la literatura.

LA MATERNIDAD COMO ÉXITO EN SU VIDA

--¿De qué gran alegría se acuerda?

Un éxito grande en mi vida ha sido el dar a luz a mis hijos. Gozo la maternidad, es una plenitud total dar a luz a otro ser viviente.

--¿Es tema de su poesía? -Tengo algunos poemas relacionados con la maternidad, más bien a un momento de dolor dentro de ella, un poema que se llama “Vacía”, en este libro,” Silencio de Alas”. Fue una pérdida, en un estado embrionario, que me causó mucho dolor.

--¿Qué la hace reír? -El buen sentido del humor me hace reír. Cuando quiero, cuando dejo serlo, no siempre lo dejo ser. Creo que es bien importante dejarlo ser porque te distrae, te aparta de las preocupaciones porque generalmente en la vida pesa más la tristeza, el dolor, que la alegría, la diversión y la risa, y a medida que pasa el tiempo, me doy cuenta que entre más río, y cuando me dejo yo misma más lugar para el humor y la risa, yo soy más feliz.

--¿Usted se ha abstraído de esa posibilidad?

Tal vez estaba signada a un estadio de mayor dolor por cuestiones circunstanciales en mi vida. En la infancia no tenés la madurez para reflexionar sobre ésto que luego con el pasar de los años, las vivencias, y las relaciones humanas te dás cuenta que la capacidad de la risa es la capacidad que nos hace estar en pie.

--¿Podría usted decir que se ha aliviado de pesos al llegar a la madurez?

LA LIBERTAD QUE PRODUCE LA MADUREZ

Por supuesto que sí, las vivencias, el desarrollo del ser humano con el pasar del tiempo se va adecuando a ir controlando las emociones y a ir disfrutando más de aquellas emociones que has tenido ocultas en el subconsciente involuntariamente y ahora con el pasar de los años, voy teniendo la posibilidad de ser más libre en la expresión de mis emociones.

--¿Se siente ahora que es más usted?

Siempre he sido auténtica, pero ahora lo soy más en lo de la reflexión del gozo y del dolor y de poder tener la capacidad de vivir ambas con intensidad y compartirlas con intensidad.

--¿Tiene alguna definición de usted misma?

Soy una persona sincera por sobre todas las cosas. Valoro mucho la sinceridad de las personas y la capacidad de darse a los demás en todo el sentido de la palabra.

--¿Su defecto?

Ser demasiada impositiva conmigo misma. Demandar de mí misma en situaciones que coartan mi libertad al imponerme parámetros de mucha rigidez que no me permiten tener esa libertad que yo busco, ansío, por la que lucho.

--Siguiendo la línea de este crecimiento, ¿cómo se ve en quince años?

En el oficio literario siempre. He indagado en otros géneros literarios, tengo poesía en prosa. Escribí un poema largo en prosa que publiqué en el Nuevo Amanecer Cultural en 1993, "El amor no es una rosa". En esto estoy, sin abandonar la poesía.

LA HA MARCADO LA MUERTE, PERO ES OPTIMISTA

--Cuándo abre los ojos, ¿piensa en algo, o sale corriendo a actuar?

Al amanecer, ante un nuevo día, me lleno de optimismo. Soy positiva ante lo desconocido y el comienzo de un día es un reto que tomo con gozo.

--¿Qué dice de la muerte?

Está a la vuelta de la esquina. Me ha marcado. Mi padre en mi infancia, mi madre, mis abuelos, mis abuelas, amigos, amigas queridísimas que han muerto. Estoy consciente del dolor que causa la muerte, pero también creo que si bien doy mi voto por la vida, la muerte es un estadio que desconozco y creo que es un tipo de resurrección en donde el alma se encuentra cn lo más grande, llega a su estadio máximo, posiblemente en unión con Dios.

--¿Es religiosa?

Creo en Dios, definitivamente, y lo siento en el accionar diario de mi vida.

--¿Qué le gustaría que pensaran sus hijos de usted después de veinte años?

Una madre comprensiva, amiga que les enseñó a saber distiguir entre lo que bueno y lo malo, dejándoles a ellos la libertad en el vuelo.

--¿Qué es lo que aprecia usted en una persona?

Sinceridad, honestidad, capacidad de darse a los demás.

--¿Cómo trabaja usted sus poemas? ¿A mano?

Escribo a mano. Tengo un cuadernito preciosímo, que lo amo, lo adoro, donde escribo mis poemas. Luego el trabajo de pulir, que es un trabajo arduo, duro, lo hago en computadora. La prosa la comienzo en manuscrito y la extiendo en computadra. Ésto diario. En día de semana es por la noche. Los fines de semana a cualquier hora del día, según el tiempo que tenga para ello.

--Tiene en este libro un capítulo dedicado a los viajes. ¿Qué significan los viajes?

El aventurarse a la expansión de la cultura, de otras vidas y otras costumbres, de ampliar los horizontes, y especialmente en mi caso, tengo una inquietud enorme como socióloga por conocer más a fondo otras culturas, pero desde mi parte literaria, cómo profundizar y enriquecerme de lo que están haciendo los seres humanos en otros lados a través del idioma. Siempre me han apasionado los idiomas y he tenido la posibilidad de perfeccionar el inglés y el francés. Leo literatura en italiano y portugués. A través del lenguaje y de mis viajes he tenido el enriquecimiento de mi trabajo literario.

--¿Le gusta la familia?

Amo a la familia. La familia es el ámbito donde verdaderamente soy libre. Toda mi libertad la expreso en el seno de la familia. Por lo general, la familia íntima, mi nucleo familiar, la familia ampliada la amo y nos vemos y mantengo las relaciones porque soy una firme creyente que hay que estrechar estas relaciones familiares.

--¿Canta, baila? ¿Qué colores? ¿Qué actividades? ¿Prefiere lo sobrio?

Bailo. Me fascina bailar. Hice teatro durante todos mis años universitarios. Pero el baile me fascina. Me fascina el negro, el blanco y me gusta mucho el azul. Soy sobria en mi vestir, no soy de chechereques, no me pongo joyas encima. Me pongo mi collar de perlas, amo las perlas, y mis chapitas de perla.

--¿China? ¿Japonesa?

Sìmplemente Isolda. El querer ser diferente, u otra persona lo he hecho a través del teatro.

--¿Qué es sentirse Isolda?

Sentirme satisfecha y gozosa de ser lo que soy.

--¿Nada que ver con Tristán e Isolda?

La pasión por el amor, claro que sí.

--¿Por qué se siente bien con cosas sobre la cabeza?

Los sombreros, las boinas me encantan. Me siento Isolda con cada uno, totalmente yo.

* El Nuevo Diario. Nuevo Amanecer Cultural. Sábado, 10 de Junio, 2000. Managua, Nicaragua. 6 junio 2003

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