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Rosario Aguilar: “Una novela no es para aprender, es para entretener”


Por: Cinthia Membreño

Periodista de Confidencial


“Una novela no es para aprender, es para entretener”
Nota: Rosario Aguilar presenta "MIRAFLORES", su más reciente novela el 16 de Sept. 2012 en el Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica (INCH) a las 6:30 pm.

“Escribir novelas ha sido la pasión de mi vida”, asegura la escritora leonesa. Ahora presenta una trama desde una perspectiva masculina.

Cuando los personajes de una novela cobran vida propia, hay que temerles. Puede que, sin que el autor lo haya previsto, ellos sean lo suficientemente astutos como para robarse el protagonismo de toda una historia. Exactamente eso fue lo que sucedió con Miraflores, la nueva obra de la escritora Rosario Aguilar, en la que se hilvanan una variedad de tramas desde una perspectiva masculina. El reto no ha sido fácil, pero lo ha logrado con éxito.

Conocida por abordar temas sociales desde una visión femenina, esta es la primera vez en la que Aguilar se propone el desafío de adoptar la mentalidad de un hombre. En su novela, el pueblo ficticio en donde se desarrolla la historia porta el mismo nombre que su libro. Miraflores es el lugar en donde Crisanto Flores, un hacendado que se ha quedado prácticamente solo, vive sumergido en una completa paranoia, pensando en que algún día llegarán a su casa los enemigos que mataron a su nieto Dagoberto.

Desde el momento en el que se le menciona a este complejo personaje, la novelista -originaria del departamento de León- sonríe con aires de inocencia y confiesa que ella realmente no pensaba que Crisanto se convertiría en el actor central de la trama. Sin embargo, en el transcurso de la formulación de la historia, las cosas resultaron distintas. “Los personajes me dominan a mí y yo voy tensando el hilo para que el lector se sienta atraído y llegue hasta el final”, expresa.

Con Miraflores ella logra su cometido, no tanto por la manera en que perfila a todos sus protagonistas, sino porque prefiere usar un lenguaje coloquial que da pie a una lectura ágil y entretenida. Según la escritora, su propósito es exactamente ése. “Una novela no es para aprender, es para entretener”, analiza, y complementa su argumento alegando que el uso del lenguaje complicado, ese que obliga a leer acompañado de un diccionario, es para obras clásicas y escritores del siglo XVIII o XIX.

La postura de esta escritora es la de alguien que se ha dado cuenta que los tiempos han cambiado y que necesita diversificar su producto literario sin comprometer la calidad de su obra. Al igual que Crisanto, ella también es astuta. Aguilar ha desarrollado la experiencia suficiente como para lograr esa agilidad sin descuidar ese sello que la caracteriza: el abordaje de temas tabú dentro de una sociedad conservadora.

A través de los traumas de Crisanto Flores, y su relación con el sacerdote del pueblo, su única hija que vive en el exterior, sus amigos médicos y sus enemigos, la autora refleja conflictos que bien podrían vivirse en Nicaragua o en el resto de Latinoamérica: enemistades por conflictos de tierra, asesinatos sin aclarar, embarazos adolescentes, amoríos entre extranjeros y nacionales, entre otros, retratan un pueblo lleno de misterio y rivalidades.

Con su onceava novela entre manos, Aguilar explica que ella se ha venido imponiendo nuevos retos. Su trayectoria literaria, que inició cuando tenía apenas 26 años, ha creado un compromiso por mejorar su escritua. Es una presión, pero positiva, alega. “Cuando era joven pensaba: no importa, si resulta bueno, sino también”, dice entre risas. Sin embargo, ahora ella está consciente de que su nombre pesa y que los reconocimientos que ha recibido, entre ellos haber sido nombrada miembro de la Academia Nicaragüense de la Lengua, no son poca cosa.

Aunque la escritora vive en esa Nicaragua que se retrata en Miraflores, en un León que sirve de suficiente inspiración para sus obras, Aguilar no se queda sentada en una silla imaginando lugares. Más bien, se dedica a visitar otros sitios para tomar de ellos elementos que le sirven para recrear escenas. “Esta vez, asistí tres años seguidos a la misa de El Sauce para poder retratar una misa que aparece en mi novela, así me voy apasionando por ella”, asegura.

Sobre la respuesta que otras obras como Quince barrotes de izquierda a derecha o Primavera Sonámbula han tenido en su público, Aguilar dice sentirse complacida por el hecho de que la aborden en plena calle, sea mientras hace fila en un banco o realiza compras en el supermercado, para preguntarle el verdadero destino de sus personajes. “Es algo tan lindo”, declara, “escribir novelas ha sido la pasión de toda mi vida”.


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Foto: Diana Ulloa/Confidencial.

Revista electrónica CONFIDENCIAL. Managua, Nicaragua 30 septiembre 2012

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