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Claribel Alegría: Vida en poemas, amor y prosa


Por: Ángela Saballos

Periodista, relacionista pública, escritora


Vida en poemas, amor y prosa
Con su último premio literario internacional de Literatura Neustadt que le fuera otorgado por Universidad de Oklahoma y que le fue entregado en octubre de 2006, Claribel Alegría continúa asombrando. Menuda, frágil de apariencia, bella a sus 82 años, Alegría exuda ternura y vitalidad. Sorprende su cascabelera risa, vivaces ojos, su fuerza de montaña que le permite escribir a diario, publicar y aún viajar a los más recónditos sitios del mundo para cumplir con innumerables compromisos en universidades, grupos intelectuales, jurados para concursos literarios, premios, condecoraciones, tesis universitarias sobre su poesía, y extravagantes y lejanas expediciones a las que se lanza intrépidamente impulsada por su curiosidad innata.

Una de estas fue la que realizó a semanas de fallecido Bud Flakoll, su marido, y que significó viajar sola a Java, por avión y barco, sin hablar malayo, para cumplir con un sueño que la pareja había hilvanado. Las cenizas de Bud que ella llevó, fueron su compañía. Mucho viajaron ellos y mucho escribieron en conjunto. Quizá sus características de Tauro con Rata de ascendente Mono respalden estas capacidades suyas, porque es estable y polifacética y a la vez, extrovertida y reservada.

“Lo más importante es el amor, la poesía, la amistad, el ser humano”, dice la poeta nicaragüense- salvadoreña y no altera su agenda, a pesar de que el premio internacional de literatura Neustadt, es considerado el Nobel de los escritores norteamericanos, y un significativo peldaño hacia el Nobel original. Claribel compitió con once laureados escritores de fama mundial, entre ellos Philliph Roth, escritor norteamericano ganador del Pulitzer Prize y autor del conocido Portnoy•s Complaint.

Fructífera e íntima, silenciosa pero sonriente y rodeada de amor vive en Nicaragua esta gran poeta nicaragüense-salvadoreña, quien, consistente como ha sido, con la simplicidad, evita hablar vanidosamente de tantos premios y distinciones, que, a través de los años, ella ha ganado por sus méritos de escritora, puliendo la palabra con el tesón de artesana.

Me siento tan conmovida de escuchar a esta mujer a quien conocí junto a su esposo Darwin Justice Flakoll aquí en Managua en septiembre de 1979. Hemos compartido vivencias y confidencias desde entonces. Durante años hemos conversado desde el fondo de nuestras almas. Formamos parte de la vida mutua. Somos amigas del corazón, familia del amor. También la he entrevistado para mis programas de televisión y para medios escritos en muchas ocasiones. Siempre me deja el aroma de la vida, de la ternura, de la alegría misma.

Sobre su trabajo literario se han escrito numerosas tesis en universidades de Estados Unidos y Europa. Su nombre está registrado en la Enciclopedia Británica y en el Diccionario Larousse por su obra traducida a catorce idiomas. Ha publicado 36 libros de poesía, más 19 libros de prosa, investigación, historia y traducción(estos últimos en colaboración con su esposo). Recibió el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Eastern Connecticut en Estados Unidos y es Doctora Honoris Causa y Profesora Emérita de la Universidad Autónoma de Nicaragua en los campus de León y Managua. Es Ciudadana del Siglo de Nicaragua, Caballera de Ciencias y Letras de Francia, Premio Casa de las Américas y viaja dictando charlas y cátedras en universidades europeas y norteamericanas.

Sus dos últimas antologías, Una Vida en Poemas, editada en Nicaragua en 2003 y Esta Soy, editada en El Salvador en 2004, con más de 400 páginas, cada una, recogen muchos de los poemas de sus libros publicados a lo largo de su historia de escritora.

La poeta nicaragüense-salvadoreña publicó en 1948 su primer libro, Anillo de Silencio. Este contiene la selección de poemas realizada por el gran escritor español Juan Ramón Jiménez tras que Claribel trabajara a lo largo de dos años bajo su tutoría poética. Ella tenía entonces 24 años.

Tras Anillo de Silencio prosiguieron Suite de Angustia, Amor y Soledad en 1953, publicado en México como el anterior; Vigilias en 1953 y Acuario en 1955, ambos publicados en Chile. Huésped de mi Tiempo en 1961, publicado en Argentina; Vía Unica en 1965 en Uruguay; Aprendizaje, 1970, El Salvador; Pagaré a Cobrar y otros Poemas, 1973, España; Sobrevivo, 1978, Cuba; Suma y Sigue,1981, España; Flores del Volcán, antología bilingüe publicada en 1982 en Estados Unidos de América; Poesía Viva, antología publicada en 1983 en Inglaterra; Mujer del Río edición bilingüe en Estados Unidos, 1989; Y Este Poema-río, Nicaragua, 1989.

En 1993 publicó Fugas en Estados Unidos, así como Variaciones en Clave de Mí en España, que fue publicado en Costa Rica en 1996, año en que fue editado Umbrales tanto en Estados Unidos como en España y en 1997 en El Salvador.

Saudade salió en 1999 tanto en España, como en El Salvador. En 2001 apareció Epizentren, en Alemania. En el 2002 Claribel Alegría publicó Soltando Amarras en El Salvador. Este libro también fue publicado en España y en Estados Unidos.

A estos libros de poesía se agregan ocho de ficción, dos de ellos escritos en conjunto con su esposo Bud Flakoll con quien también trabajó quince libros de investigación. Ellos tradujeron poesía y prosa de connotados escritores(Mario Benedetti, Salman Rushdie y Robert Graves, entre otros).

Claribel Alegría ganó el Premio de poesía Casa de Las Américas por su poemario Sobrevivo en 1978. En 1996 ganó una beca de la Fundación Civitella Ranieri de Umbria Italia.

Su libro Sorrow (Saudade) fue elegido en 1999 por la Academia de Poetas Norteamericanos como libro para ganarse el Independent Book Award de poesía. Saudade es un homenaje al amor profesado a su marido, Bud Flakoll, fallecido en 1995. Claribel recibió un reconocimiento de la Universidad Centroamericana en Nicaragua. . La Academia Nicaragüense de la Lengua la honró por su valiosa contribución a las letras nicaragüenses y el Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica la nombró miembro honoraria. En El Salvador, recibió un reconocimiento de honor de la Unión de Artistas y escritores de dicho país.
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Claribel Alegría se graduó de Filosofía y Letras en la Universidad George Washington en Washington, D.C., Estados Unidos. La poesía de Claribel Alegría ha sido tema de estudio para numerosas tesis de grado de universitarios norteamericanos.

Actualmente Claribel Alegría es Presidenta Honoraria de la Asociación de Escritoras de Nicaragua, ANIDE y un orgullo para nuestro país en donde nació y el cual habita. Claribel es madre de Maya, Patricia, Karen y Eric Flakoll Alegría y ha logrado ser una abuela amada por sus nietos a quienes enamora con sus cuentos. Igualmente es una extraordinaria amiga y una mujer-ejemplo a imitar.

La obra de Claribel Alegría ha sido traducida a catorce idiomas.

Claribel Alegría nació el 12 de mayo de 1924 en Estelí, Nicaragua, de padre nicaragüense, el médico. Daniel Alegría y de su madre salvadoreña, Ana MaríaVides. Por ella creció en Santa Ana, El Salvador, donde su padre debió exiliarse como perseguido político. Por vivaz e inteligente le era fácil establecer relaciones con las personas mayores y en el caso de su familia, con los artistas y políticos que visitaban su casa en Santa Ana.

“José de Vasconcelos pasó por la casa de mis padres, donde siempre iban muchos artistas. Yo me hice gran amiga de él. Le dí mucha risa porque mi papá decía que iba a llegar un gigante y después cuando lo ví que era más bajito que mi papá, tuve una desilusión espantosa. “Yo creía que iba a ver un gigante”, le dije. Tenía yo seis años y él unos sesenta. Empezamos a conversar y le recité “Margarita está linda la mar”. El me dijo que ya me sabía a mi Rubén, y que entonces yo iba a ser poeta,”pero”, me dijo,”es cierto que Clara Isabel Alegría es un nombre muy hermoso, pero en la poesía te va a quedar más lindo Claribel Alegría”. Ese día yo les anuncié a mis padres que me iba a llamar Claribel”, cuenta.

No quiso estudiar en el colegio de monjas La Asunción de Santa Ana donde iría su hermana y todas las niñas de su clase social, por lo que fue a un colegio laico. Tras bachillerarse y convencer a su padre para que la dejara estudiar una carrera, asegurándole, como él le pedía, que no se casaría con un gringo, viajó a Estados Unidos donde obtuvo su licenciatura en Filosofía y Letras en la Universidad George Washington en Washington, capital de Estados Unidos de América. Pero en dicha universidad Claribel conoció al norteamericano Darwin Justice (Bud) Flakoll y tres meses después se casó con él para convivir 47 años en una pareja casi mítica por su amor y complicidad.

Fue también en Washington en donde recibió la tutoría del poeta español, premio Nobel de Literatura ,Juan Ramón Jiménez quien seleccionó su primer libro a publicar como poeta.

“Tres años estuve estudiando con Juan Ramón Jiménez y sin que yo me diera cuenta, él fue poniendo aparte los poemas que más le gustaban y al cabo de tres años me presentó un manuscrito. Su esposa, Zenobia, lo había mecanografiado; él escogió los poemas. Era muy duro Juan Ramón, era terriblemente duro pero ahora se lo agradezco. En esos tres años nunca me dijo que yo tenía algún talento, nunca”, recuerda.

“Desde muy niña quise ser poeta. Antes de saber leer y escribir, le dictaba poemas a mi madre. Eran poemas para las estrellas, para mis muñecas y le decía “cópielo mamá porque son una maravilla”, era de una petulancia espantosa”, confiesa, riéndose.

“En mi casa siempre hubo muchos libros, tanto mi abuelo como mis padres tenían bibliotecas muy bellas; yo fui una gran lectora. Mi padre siempre me estaba recitando a Rubén Darío y mi madre a los clásicos españoles. Cuando tenía como 14 años cayó un libro en mis manos,Cartas a un Joven Poeta, de Rilke. Me impresionó mucho ese libro y lo leí y lo leí y vi todo lo terrible que tenía que hacer para ser poeta y lo difícil que era, pero esa noche recuerdo que me dije: “Eso quiero ser yo, quiero ser poeta, aunque sea terrible, aunque tenga retos, yo eso quiero ser”. Desde entonces empecé a leer mucho y a escribir poemas”, dice Claribel.

Hemos empezado a conversar en su terraza llena de plantas donde la camelia y la mano de tigre sembradas por Bud presiden la reunión. Estamos en su casa de Colonial Los Robles en Managua, Nicaragua, en donde reside desde hace más de veinte años. Antes la familia vivió en Washington, México, Santiago de Chile, Montevideo, Uruguay, Buenos Aires, Argentina, París y por último en Deyá, Mallorca, Islas Baleares. Allí tradujeron y establecieron una gran amistad con el mítico escritor inglés, Robert Graves.

Recién casados, Claribel escribía y atendía a sus tiernas Mayita, Patricia y Karen, éstas últimas gemelas. Bud Flakoll trabajaba como periodista en Washington. Luego éste se convirtió en corresponsal extranjero en México donde la pareja conoció a escritores que como Juan Rulfo, les mostraban sus cuentos inéditos. Decidieron entonces escribir una antología de los jóvenes escritores latinoamericanos desconocidos entonces, pero famosos después como Cortázar, Miguel Angel Asturias, Pablo Neruda, Mario Benedetti, Ernesto Cardenal, Ernesto Mejía Sánchez .

“Nosotros hicimos esa antología de poetas y narradores de fines de los 50, jóvenes en ese entonces . Vivíamos en México cuando a Bud se le ocurrió esa idea. Decía como es posible que esas maravillas, como son Juan Rulfo, Tito Monterroso, Julio Cortázar, apenas fueran conocidos en América Latina; todavía no estaba la Casa de las Américas, de Cuba, que fue maravilloso porque nos congregó a todos los escritores y artistas de América Latina”, explica la poeta.

“Comenzamos a leer muchísimo. Eran jóvenes que habían nacido hasta 19l4, no más de eso. Les escribimos a los que nosotros elegíamos y empezamos a recibir las cartas de respuesta. Por esa antología fue que conocimos a muchos escritores, y además de que fueron los protagonistas de nuestra antología, nos hicimos grandes amigos. Una amistad que cuajó y que ha sido leal a través de los años”, comenta Claribel.

Viajaron a Chile para iniciar esta tarea y además de la antología y un libro de Claribel, nació Eric. Luego Bud entró al servicio diplomático norteamericano y la familia se trasladó a Uruguay y a Argentina en donde Claribel publicó cinco libros más.

Tras Sudamérica, los Flakoll-Alegría viajaron a radicarse en París, Francia, donde estaban los escritores del boom latinoamericano que por oficio compartido y la antología escrita por ellos, fueron sus amigos entrañables. Fue en esa época y por sugerencia de Carlos Fuentes que Claribel y Bud empezaron a escribir juntos trabajos en prosa, como la noveleta, Cenizas de Izalco, entre otros 19 libros más. Ya eran escritores y traductores a tiempo completo y la magia de una Deyá llena de artistas, los convenció para trasladarse a esa aldea de Mallorca, Islas Baleares, España.

Bud era una especie de columna vertebral en la vida de Claribel. Claribel. Ella era su niña mimada, ella por quien él no podía morirse, cuando ya había llegado su hora. “Bud siempre me estaba molestando, decía que yo era una coqueta, pero una coqueta ingenua porque no lo hacía por maldad, sino que porque así había nacido”, recuerda.

Claribel y Bud escribían cada uno en su cuarto propio. Destinaban parte del día para emborronar las pantallas de sus computadoras y ya en la tarde se sentaban en la terraza a esperar amigos, o en la sala de colores (con cuadros de famosos pintores como Le Parc, Toledo, Gamarra, Miró, Matta, , como el retrato de Claribel abriendo un cofrecito de joyas, como si fuera la Caja de Pandora que le pintara San Avilés), de Managua, tomando ron y escuchando jazz. Así lo habían hecho siempre.

Once años después, ahora viuda, sorprende ver cómo Claribel continúa sosteniendo esta tradición. Siguen también iguales su encolochado pelo corto y negro con ciertas canas, sus grandes y activos ojos oscuros, su pequeño cuerpo, la incólume coquetería con la que pliega la enagua hacia arriba de sus rodillas. Se mueve con sus palabras, como siguiéndolas. Está atenta a las nuestras, ávida de saber o responder.

-Hablábamos de dar el gran salto y del autoplagio, ¿qué lo ocasiona?
-Pienso que es muy peligroso en un escritor, sobre todo en uno que ha tenido algún éxito, que se plagie a sí mismo. Es terrible plagiarse a sí mismo. El escritor sigue escribiendo las mismas cosas del mismo modo; no se atreve a cambiar porque se siente muy cómodo con lo que está escribiendo. Generalmente cuando uno lee un libro de un escritor así, le parece que ya lo ha leído, aunque el libro sea nuevo. El salto es liberarse, ir a una aventura.

-Pero hay una personalidad impresa en el que escribe, temas, tonos...
-Sí, el tono es muy importante. Reconocería a Julio Cortázar, a Rulfo por el tono. Pero no se plagian a sí mismos; cada cuento es otra cosa, es distinto. El tema es distinto, pero el tono de ellos está. Un poeta tiene que encontrar su voz, su tono. El tono es inconfundible.

-Les da temor.
-Es que uno encuentra una formulita fácil, la que le ha dado éxito y se sigue y se sigue con la formulita. Te enamorás de lo que has dicho y lo repetís, pero quien te lee siente que eso ya lo vió; ya lo leyó.

-Me dijiste, en una ocasión, que no hay nada más difícil que el verso libre, que no pierde la cadencia, la música.
-Así es. Mucha gente cree que el verso libre es lo más fácil del mundo y que entonces se puede escribir como hablamos,y eso no es verdad. El verso libre es el más difícil de todos, porque no tiene la muletilla de la rima y es muy fácil caer y romper la música, romper la cadencia. Tenés que tener oído, cuidado de no romper la cadencia en el verso libre.

-Estaríamos hablando de la necesidad de leer en voz alta para percibir la musicalidad.
-!Ah sí! Yo siempre leo mis poemas cuando los estoy escribiendo. Leo en voz alta y vuelvo a leer en voz alta. Creo que a los poemas les gusta ser leídos en voz alta.

-Hablás de los poemas como si fueran algo vivo, ¿lo son?
-Para mí son algo vivo. Cada poema es algo vivo.

-¿En qué piensa una poeta cuando escribe, que luego cala el alma?
-Para mí ante todo, uno tiene que sentir el poema. En mi caso es una gran emoción, puede ser de alegría, de tristeza, a la que yo, ya en reposo, recuerdo con su fuerza y la quiero comunicar. Me la quiero comunicar a mí primero, y a los demás también.

-Tenés muchas amistades o visitantes que te piden que leás lo que escriben. ¿Cuál sería el consejo tuyo para ellos?
-En primer lugar yo siempre digo que se tiene que leer mucho, si eres poeta, estoy hablando de poesía. Hay que leer muchísimo, ver cómo estos grandes maestros de la literatura han hecho. Inclusive, yo diría, escribir un poema al estilo de, como hacen los pintores que los llevan a los museos y copian a Miguel Angel o a otro gran pintor. Después ya te vendrá tu propia técnica. Hay que leer mucho y hay que inventar, pero nunca escribir algo que no sientas verdaderamente. Nunca ser falso. Yo pienso que es importantísimo ser sincero, sentir algo, tener algo que decir, y luego tener oficio.

-Saber hacerlo.
-Saber hacerlo, !Eso es! !Somos como el zapatero! !Como el sastre! Y entre más cosemos un vestido, un traje, mejor nos van a salir. Yo pienso que el oficio es una cosa bien importante, pero también aprendo de los jóvenes. Siempre me he arrepentido cuando publico un poema recién salido del horno. Siempre. Hay que dejarlo reposar dos, tres semanas y después, volverlo a ver.

-Tu marido decía que su país eras vos.
-Así era él, ¡Una maravilla!. El siempre decía eso,”mis raíces están en Claribel”.

-Quiero saber del amor, Claribel, y vos que lo has tenido, ¿qué es?
-Para mí ha sido lo más fantástico de la vida. Bud, yo sé, fue un ser fuera de serie. Yo viví enamorada y pienso que él también, durante 47 años. Claro que tuvimos nuestros altos y bajos, todo mundo los tiene, !Cómo va a ser! ¡ Somos humanos! A veces estábamos en desacuerdo, pero jamás nos faltó el amor. Por eso, Angelita, para mí es tan difícil la ausencia de Bud.

-La gente que los conoció, los amó en conjunto porque eran Claribud. ¿Cómo se logra esta posibilidad de ser una pareja tan íntima como ustedes?
-Yo sé que nos amamos, pero hacer una pareja no es algo muy fácil, es una conquista diaria en la que los dos tienen que poner de sí. Bud se interesaba mucho en lo que yo hacía, yo me interesaba mucho en todo lo que él hacía. Es una lucha diaria. Hay que estar atento a uno mismo y al otro, hay que tener una profunda amistad. Creo que la amistad es el mejor secreto, él fue mi mejor amigo y gran cómplice, éramos cómplices. Leíamos, escribíamos juntos, íbamos al cine juntos, comentábamos todo juntos, teníamos los mismos gustos, los mismos amigos y al final, francamente a veces yo empezaba a hablar y él sabía, siempre, siempre, lo que yo iba a decir y viceversa. Fue un poco hasta demasiado quizás, porque llegamos a ser uno.

-Estaremos hablando de alguna especie de propuesta filosófica para comprenderse.
-Cada uno inventa. Mis hijas me decían que eso de sentarse a las seis de la tarde con un roncito en la mano y hablar, tal vez en eso consiste. No, no consiste en eso. Nosotros teníamos eso, porque eso nos gustaba. Cada uno trabajaba en su estudio y a las seis de las tarde, con un traguito, o recibíamos amigos, o nos poníamos a hablar los dos de los que habíamos hecho, y a oír música, y a discutir un libro juntos, a conversar. Nunca nos faltaron temas, jamás de la vida.

-Ambos a través del amor con mucho respeto.
-Yo pienso que para nosotros fue fácil porque estábamos los dos interesados en la misma cosa. Yo lo que pienso es que hay que tener mutuo respeto. El respeto es esencial. Procurar interesarte por lo que el otro haga. Si se combinan los dos, como fue por casualidad nuestro caso que nos interesaba la literatura, las traducciones, !qué maravilla! Pero si no, no importa. Hay que hacer un esfuerzo cada uno por interesarse en el otro y procurar que cada uno crezca y no sentir que se está haciendo competencia.

-Aunque no parezcás feminista, aún casada lograste hacer lo que decidiste en tu vida.
-Así es, pero Bud fue un ser muy especial. Nosotros no competíamos. Hacíamos cosas y nos ayudábamos el uno al otro ! Pero sí soy feminista! !Claro que me siento feminista! !Pero cómo! Yo quiero igualdad de derechos, igualdad de oportunidades. Pero no me hablés de extremos, que se odie al hombre o que se pelee con el hombre, no soy eso. Yo amé a mi hombre y pienso que es la maravilla más grande cuando una pareja se quiere y se complementa, porque si no, yo me sentiría machista.

-Les estuviste leyendo poemas a las niñas trabajadoras de la calle, ¿qué significaron para vos esos momentos?
-Para mí un aprendizaje muy doloroso y espero volver a estar con ellas. Eran niñas de 14, 15 años, ya madres algunas y trabajando en las calles. Niñas que no habían sentido amor nunca en su vida y que a algunas no las querían sus padres y que las habían echado de sus casas. Cuando te topás así, frente a frente, con alguien que te cuenta su vida, te quedás horrorizada. Eran como esponjitas, les gustaba escuchar más los poemas que los cuentos. Y los recibían con felicidad. Algunas de estas niñas eran analfabetas. El poema que más les gustaba era el de Sor Juana Inés de la Cruz: “Hombres necios que acusaís a la mujer sin razón...”y yo les preguntaba que era lo que más les gustaba del poema, y se reían, y se ponían nerviosas, y luego me decían que así era, que el hombre siempre estaba acusando a la mujer y que ellos eran muchas veces los culpables.

-Tanto en Nicaragua como en El Salvador, tus dos países, ha habido erupciones, terremotos y revoluciones, ¿qué te dice esta coincidencia?
-Me deja alegría y frustración. La revolución de Nicaragua se realizó, aprendimos cosas maravillosas, si volviera a suceder yo participaría otra vez, nadie nos va a quitar todos esos logros como la educación, salud; que a la gente se le quitara el miedo, que tuviera confianza! ¡Miles de cosas! Fue una frustración, porque no fue lo que yo esperaba que fuera, porque muchos de sus dirigentes se malearon, por decirlo así, fueron oportunistas. En El Salvador nunca se consolidó, pero ahora hay otra perspectiva. Y de erupciones tremendas y de terremotos... Yo me pregunto que si esto es solamente cosa terrestre, ¡porque hay como un karma en nuestros países!

-Tu nombre tan alegre ¡y vos misma! son como un mensaje positivo para las generaciones,¿será la alegría, además de tu apellido, una encarnación de tu posición ante la vida?
-Soy una mujer muy optimista, gozo con las cosas bellas de la vida, pero también sufro bastante con todo lo malo. Procuro superar el sufrimiento y gozo con ustedes ahora, por ejemplo, disfruto y me olvido de lo malo. Tal vez lo mejor de mí es la alegría.

-¿Qué sentimiento te engloba?
-Yo gozo de la vida a pesar de los dolores, a pesar de todo. Mi tristeza la arrastro hacia la vida y se evapora. Gozo de la vida, y ahora más que nunca aunque ya esté vieja, aunque ya esté al final de mi vida, me gusta gozar de cada instante, de mis plantas, de mis amigos, de mi familia, de mis libros, de mi música.

-¿La poesía te ayuda a asimilar tus momentos duros?
-Muchísimo, la poesía ha sido para mí, tú no te imaginas lo que ha sido para mí, me ha salvado de muchísimas cosas. Por ejemplo, la muerte de Bud, mi marido; yo pensaba que nunca más iba a escribir poesía, nunca, pero la poesía vino a rescatarme, la poesía me sacó de ese pozo terrible en el que yo me estaba hundiendo, si no es por la poesía, ¡quien sabe!

-¿Cuál de tus primeros poemas encarna lo que sós ahora?
-Hay varios. Cabalmente yo estaba pensando en eso ahora. Yo nunca leo mis libros después que están publicados, pero empecé a pensar en mi primer libro en el que te dije que Juan Ramón Jiménez seleccionó los poemas. Esos son poemas de mi adolescencia, algunos de ellos pueriles, y sin embargo, me pregunté que por qué estaba pensando en ellos, ¿y sabés qué es? Pienso que las dos épocas de la vida que son para mí las más solitarias son la adolescencia y la vejez. Mi libro Anillo de Silencio empezó a atraerme y allí hay un poema que es al silencio. Pero era mentira, allí yo me inventaba el silencio; quería el silencio y me lo inventaba. Solitaria si fui, pero no silenciosa(risas). En cambio ahora, ya me lo gané, y así ,ahora en este libro digo: “Ahora sí, eres mío, silencio”.

-¿Qué me decís de la vida y de la muerte?
-Yo amo la vida. Mi vida ha sido muy larga, muy bella, pienso yo, porque he estado rodeada de amor desde que nací. Mis padres me querían mucho, mis abuelos, mi marido, mis hijos, mis nietos, mi biznieta. He vivido rodeada de amor. No le tengo miedo a la muerte en lo absoluto, pienso que es un paso, hacia dónde, no se, pero me da curiosidad. O nos acabamos aquí y no sentimos más, !o quién sabe qué es lo que nos esperaba! A lo mejor nos sucede, que la energía que tenemos se va a convertir en una chispa, en algo. Pero yo creo que la energía que tenemos no se va a quedar con nosotros, que algo va a pasar y que esa energía se va a transformar. No tengo ningún miedo, sino que cierta curiosidad y voy así, con los ojos abiertos(risas).

-¿Dónde está Bud ahora?
-A lo mejor es una partícula de luz como digo en algún poema. ¡A lo mejor es una! Yo creo que todos tenemos dentro una energía enorme y que esa energía no se puede malograr, que esa energía en alguna parte está.

Managua, Nicaragua 1 noviembre 2006