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Christian Santos: Agualuna de Christian Santos. Eros y Naturaleza en la Poesia de Christian Santos


Por: Dr. Emilio de Armas

Florida International University (E.U.)


La poesía de Christian Santos se recibe como una respuesta profunda y emocional del ser y en este caso, de un ser intensamente femenino, al contacto vital con el Universo. Sin duda, esto es así, y lo es inclsuso en grado sumo, pero ello no es obstáculo para que la palabra poética de Christian Santos sea, al mismo tiempo, el vehículo expresivo de un pensamiento que gira en torno de interrogaciones fundamentales para el ser humano, de un pensamiento que trata de alcanzar una síntesis integradora de cuanto le rodea.

En la base de este pensamiento está la interacción entre dos fuerzas de orden genésico: Eros y Naturaleza, el amor que busca poseer y darse al mismo tiempo, y el Universo poblado por todas sus criaturas, fluyendo en el tiempo y en el espacio. De esta forma, esta poesía termina por revelarse como búsqueda y expresión del sitio que al ser humano y en este caso, preciso es repetirlo, del ser humano mujer que es Christian Santos, le corresponde en el Universo, como parte de ese mundo que fluye en el espacio y en el tiempo, en interacción con todas sus criaturas.

>Agualuna, el libro de reciente publicacion, en que la poetisa centroamericana ha recogido una porción altamente representativa de su quehacer poético, se abre precisamente con un texto que se propone esclarecer este sitio del ser en el Universo. A la manera de las cosmogonías indígenas americanas; con las que mucho tiene que ver el pensamiento poético de Christian Santos; la poeta inicia su discurso lírico exponiendo su versión de un Génesis original:

"Dios creó a la mujer/de trocitos de alga marina/ con pies de roca volcánica", afirma Christian, para después añadir: "Esta mujer concibió en su seno / un par de seres / mujer y hombre/ con hambre de vida" de tal modo que la pareja original no nace directamente de las manos de Dios, sino de una mujer primigenia creada por éste. La figura de esta mujer primigenia será fundamental en la poesía de Christian Santos, revelándose como la Diosa Madre, fuerza generadora de toda vida en la Tierra. La primera pareja, nacida de esta madre original, viene pues al mundo "con hambre de vida?, una expresión que resulta clave para comprender la concepción del mundo implícita en esta poesía, realizada, ella misma, con un hambre de participación vital en el Universo que parece responder y responde Al destino esencial de la Creación. Es por esta razón que Eros "el amor como plenitud que posee y se entrega en carne y espíritu" y Naturaleza, entendido este término como todo lo que existe fuera del ser individual, antes del ser y después del ser" se funden en la poesía de Santos como resultado natural de aquel acto de creación protagonizado por la Diosa Madre. De este modo, el "hambre de vida" no puede entenderse como un simple y poderoso impulso material que anima a las criaturas en su tránsito por el Universo, sino como una fusión entre el impulso creador original, de naturaleza esencialmente espiritual, y la encarnación de este impulso en las criaturas: amar, darse y poseer, se convierte así en la proyección de dicho acto original, y hombre y mujer ratifican su condición de hijos de la Diosa Madre perpetuando el amor como fuerza creadora, tanto genésica como espiritual.

Estamos, pues, ante un ciclo de perfecta armonía, en cuyo centro se alza la pareja humana: hombre y mujer, hijos ambos de la Diosa Madre. De este planteamiento se desprende una concepción de la vida universal como plenitud de la armonía, una plenitud donde el mal no tiene sitio como fuerza equivalente al bien, sino como accidente resultante de cualquier perturbación de la armonía. Eros y Naturaleza coinciden como resultados de un acto de creación inicial, y se integran en un movimiento universal cuyo origen y cuya dirección es el Bien, personificado por la voluntad creadora de la Diosa Madre, y por la voluntad amorosa que proveniente de la Diosa, encarna y se manifiesta en todas las criaturas y, de modo supremo, en la pareja humana integrada por la mujer y el hombre.

Que esta concepción no es para Christian Santos una mera apoyatura literaria, sino el núcleo del cual surge su voluntad poética, es algo que se percibe claramente en el lenguaje de la autora. Este lenguaje, en efecto, busca y crea esa misma armonía entre Eros y Naturaleza que hemos señalado en su pensamiento, a través de imágenes donde el impulso erótico "expresado con tanta fuerza como delicadeza" encuentra una correspondencia inmediata en el acontecer natural. Las flores brotan del cuerpo de la mujer como resultado natural de la unión amorosa, de tal modo que esta unión se convierte en una confirmación, a la vez que en una metáfora, de la creación de la pareja por la Diosa Madre: "Cuando venís y me abrazás amor/ el calor de tu ternura/ arropa la desnudez de mis costillas/y crecen en la redondez de mis pechos/ malinches de mayo heliotropos de río".

Al mismo tiempo, la unión de los amantes se convierte en un acto que ratifica la armonía esencial entre el ser y el universo, y se manifiesta, de este modo, como una expresión del Bien: “Cuando venís y me abrazás amor/ las olas que me ahogan se despejan y el descanso viene a tu cuerpo/ porque guardo tu alma olorosa a malinches de mayo y heliotropos de río”.

La mutua posesión carnal, una vez consumada, se prolonga en un estado espiritual en que el alma se baña de Naturaleza, y se vierte, de este modo, sobre la Naturaleza misma, en un movimiento de comunicación entre las criaturas. Esta comunicación se convierte así en expresión del Bien original vertido por la Diosa Madre en la creación de la pareja, de tal modo que el mal no será nunca, para Christian Santos, el equivalente del pecado teológico, sino la perturbación de la armonía entre Eros y Naturaleza, la ruptura de la comunicación entre las criaturas, que involucra tanto a las almas como a los cuerpos:

"Me persigno con tu nombre", exclama la autora en una imagen donde el acto de persignarse, es decir, de trazar sobre el rostro y el pecho un signo que equivale a proclamar el nombre del ser amado, conserva, de su impulso religioso, lo que tiene de acto en que se manifiesta ese nombre ante el Universo, para cobijarse bajo su protección. Recordemos que el origen etimológico de la palabra religión es >reunión, congregación, y que esta poesía responde a una necesidad esencial de unión con todo lo que existe, desde el cuerpo del amado hasta el silencio de los espacios siderales. Ello nos confirma el profundo impulso religioso que anima la conjunción entre Eros y Naturaleza en el discurso lírico de Christian Santos. Un impulso tan ajeno a formulaciones doctrinales como auténtico en su origen y en sus manifestaciones. De este modo, la voz que canta el amor es la misma que sabe expresar el misterio de la soledad no como pérdida de lo amado o como aislamiento del ser, sino como un recogimiento del alma en sí misma, recogimiento desde el cual se
percibe el Universo en toda su plenitud:

“Solitaria voy/ por el camino/ bordeado /de sauces y pinos./
En el silencio/ mi alma recoge/ el intenso celaje/ que entre las ramas/ anuncia la penumbra/ que se avecina”.

Los "sauces y pinos" que bordean este camino integran un paisaje dondeel alma comulga con la Naturaleza en silencio y soledad. De este modo, la soledad no se convierte en el reverso del amor, sino en un recinto donde el ser es capaz de percibirse a sí mismo y a todos los seres en su condición de criaturas que fluyen a través del Universo, en un contrapunto entre lo temporal y lo eterno que confirma la armonía de la creación. La "penumbra que se avecina" en este poema no parece un símbolo convencional de adversidad o frustración, sino la confirmación de ese recogimiento del alma en sí misma, del cual se regresa a la vida, paradójicamente, "como de un baño de luz", para decirlo con una frase de José Martí. Este valor comunicativo de la soledad es otro factor más de armonía en el discurso lírico de Christian Santos; la penumbra se convierte así en símbolo de un recinto abrigado y protector, un recinto típicamente femenino y genésico donde el alma consuma su amor de manera absoluta:
"porque estás/ en la penumbra/ de mis sueños/donde nadie
puede repetirte".

De esta penumbra donde la mujer reina como Diosa Madre ella misma, la pareja resurge como recién creada, para regresar al mundo y a la Naturaleza en una incesante confirmación de la armonía de toda la creación, expresada en versos de una rotunda hermosura:

“Vamos a caminar sobre el temblor de la arena/ vamos a dejar entretenidas las sombras/ y el arco de los cuerpos en desvelo;/ dejemos atrás ese agonizar de mediodía/ la esencia del dolor en la yema de los dedos./ [...] Vamos a rescatar de la espuma/ el desnudo movimiento de tus manos y las mías.[...] Porque estás aquí, en el medio de mi alma/ quiero restregar como algas mis sentidos a tu piel/ para hundir lentamente mi espíritu en tus sienes”.

No cabría pedir mayor fuerza y delicadeza en la expresión de esta armonía entre Eros y Naturaleza, entre la sensorial carnalidad del alma y el espiritual impulso que anima al cuerpo. Se trata de una transparente expresión del ser en su integridad fundamental, una integridad que, al ser percibida y expresada, confiere a la poesía de Christian Santos resonancias trascendentes, y un tono de sabiduría humilde y eterna, que parece venirle de voces poéticas muy antiguas y a la vez muy cercanas, voces que se concertan para integrar una especie de coro poético que habla a través de
ella misma, en un acto de profunda reverencia hacia la Creación:

“Hoy es marzo/y el furor del verano/ domina mi costado/ a golpes de viento/ que sube del valle./ Me he detenido en respeto/ frente a mí una paloma guasiruca/ se acerca y balancea en la rama/
de un almendro./ En el silencio de la tarde/ escucho el pulsar de mi corazón/ y lo bendigo.

Al bendecirse a sí mismo, el ser bendice al Universo y se reconoce proclama en armonía con éste. ?Me he detenido en respeto?, dice la voz poética, en expresión de quien escucha y comprende un lenguaje universal que es el suyo propio. Este lenguaje es el que se percibe y admira en poemas que oran a la Diosa Madre, llamándola por su nombre, con toda la fuerza y el temblor de quien cree firmemente en la Creación, y vive por ella:

Diosa Madre Cipaltonalt/ bendecí los amaneceres de mi vida/ con el movimiento/ de las aguas en mis ojos/ para que la fuerza de la pantera/ esté conmigo cuando bañe/ su piel con la mirada./
Madre mía de mi vida/ bendecí mi atardecer/ para que mis pechos como dos luceros/ enciendan el fuego/ que ilumine/ el corazón del amado./ Diosa Madre, abrí en mi seno/ las compuertas del cielo/
para que la pasión y la ternura/ arrullen relámpagos y truenos/ cuando descubra sus alas la noche.”

Otras notas se escuchan en este libro, otros recodos se abren en sus versos. Unos y otros, sin embargo, forman parte de esta voz integradora y amorosa, confirmándola, en su diversidad y riqueza, como una entre las más legítimas con que cuenta actualmente la poesía centroamericana.


--Leido en un Panel sobre Santos en el VII Congreso Internacional de Literatura Centroamericana CILCA, Managua, Nicaragua. Marzo, 1999
--Publicado en el suplemento Nuevo Amanecer Cultural de El Nuevo Diario y en Bolsa Cultural, de Bolsa de Noticias No 170, año 2001.

1 marzo 1999