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Christian Santos: La poesia de Christian Santos


Por: Vincent Spina, PhD.

Associate Professor, Clarion University of Pennsylvania


Llegué a conocer a Christian Santos; almorzamos juntos y pude conseguir sus dos libros de poesía publicados desde ahora: Agualuna y Huellas de amor. Al leer los dos libros en seguida me di cuenta que, además de la concentración en el tema del amor, la poeta se nutría de diversas fuentes poéticas, y parecía orgullosa de mentarlas. Dicho sea de paso, esto también me impresionó pues parece minar las teorías de uno de los críticos literarios norteamericanos más destacados, Harold Bloom que afirma que los poetas fuertes (es decir, los más creativos), en su afán de parecer más poéticamente originales, tienden a ofuscar o borrar las huellas de sus antecedentes al estilo de un Edipo freudiano.

Tal no parece ser el caso de las poetas, sin embargo, y me refiero a la costarrisense Eunice Odio, entre otras, que abiertamente paralela la poesía bíblica del Cantares y la mística de Juan de la Cruz. Tampoco es el caso de Santos que no solamente alude a sus antecedentes en los epígrafos de sus poemas sino que entreteje líneas directas o paráfrasis de la poesía de ellos dentro de las suyas. La impresión resultante es la de un diálogo entre el presente de la poeta y el pasado de los antecedentes. Escojo un ejemplo: en su poema "Un trozo de azul tu anhelo" de Agualuna, Santo en el epígrafo cita a Alfonso Cortés: "Un trozo de azul tiene/mayor intensidad que todo el cielo" En seguida ella escribe:

Es el trozo de azul
es la flor de cielo
es el éxtasis
brotando
de un mar azul
intenso.

Así parece que Santos ha meditado sobre las líneas de Cortés y en esta estrofa
entabla un "diálogo con él sobre el signifcado del azul:

Es un hálito de luna
naciente, creciente
en milésimas de segundo.

Aquí el lector de poesía se percatará de que este diálogo se establece no sólo entre la poeta y su antecedente sino también entre ella y la tradición modernista entera para la cual el color de azul significa o simboliza una gama de emociones e ideales humanos desde el amor hasta el afán de conseguir la libertad, ya sea la liberación de formas poéticas ya sea la del individuo mismo. Pero al añadir "en milésimas de segundo", Santos se aleja del vocabulario del Modernismo y se aproxima al de los siglos XX y XXI, época de la medida exacta que nos recuerda de la ciencia. De manera que la función del diálogo mantenido por la voz de la poeta nos ilumina un camino intelectual y espiritual que, empezando por la tradición modernista y pasando por Alfonso Cortés, llega al momento actual de Santos misma.

Al final del poema el personaje configurado en la voz del poema se encara directamente con Cortés para decirle:

Son locos pretextos -Maestro
que al bullir
estando aquí
de allá te llaman.

La estrofa intenta sugerir lo que el azul en un momento dado pudo significar para Cortés mismo y, a la vez, al nombrarlo "Maestro", demuestra el respeto que el personaje del poema siente por su antecedente. ¿Maestro de quién? se ha de preguntar. De Santos misma a medida que la voz del poema corresponda a ella misma. Y también, por extensión, a nosotros los lectores que, por medio de la voz de la poeta, entablamos nuestro propio diálogo con los antecedentes del pasado. Y ¿Maestro de qué? también se ha de preguntar. Pues, maestro de la voz poética misma que encubre y revela la fuerza creativa y emotiva evocada por el color de azul.

Otra fuente que a mi ver parece esencial es la indígena. Según tengo entendido, para Santos la religión indígena (o los restos que nos quedan de esa religión después de la conquista occidental) ha influido mucho en su propia vida y esto se refleja en el trayecto estético de su obra. De modo que esta fuente le permite a la poeta otra gama de expresión poética que abarca desde la protesta social hasta la expresión más íntima de amor. En "Quinientos años de esta historia" (Agualuna) Santos escribe:

Ellos vinieron y se apropiaron
de cada fisura de mi cuerpo
matando mis deseos de mujer
obligándome en nombre de su Dios
a parirles hijos de sus hijos
que serían mis Dioses
y verdugos a la vez.

La estrofa obviamente, se refiere a la conquista española, parte de cuya meta conquistadora constaba de quitarle a la mujer indígena el puesto alto reservado para ella de acuerdo con las normas establecidas por la mayoría de aquella religiones. Según esas creencias religiosas la creación se visualizaba como una función doble dentro de la que el sexo femenino desempeñaba un papel tan importante, cuando no más importante, como el del masculino. Es decir que hubo deidades femeninas tanto como masculinas -concepto, desde luego, prohibido para el catolicismo y que merecía los castigos más extremados reservados, usualmente, para las mujeres que adoraban a sus diosas.

El poema se refiere a la Conquista española, sí, pero en vista de la historia nicaragüense desde el siglo XIX hasta ahora, sería difícil no pensar en las continuas intervenciones descaradas de los EE. UU. dentro de la vida del pueblo. Y por extensión sería tan difícil no pensar en el nuevo cristianismo de los norteamericanos, el dicho fundamentalismo, que pretende imponer más restricciones sobre la mujer (claro está, en nombre del dios de la biblia).

Pero si la cosmología indígena implicada en estos poemas forma la base de la protesta social, de la misma manera, llega a ser el substrato y la justificación moral de la voz femenina y apasionada que matiza los poemas amorosos de Agualuna y Huella de amor. En "Trilogía de vida en el amor", que aparece en los dos poemarios, la voz poética ruega a la diosa Cipaltonalt:

Madre mía de mi vida
bendecí mi atardecer
para que mis pechos
como dos luceros
enciendan el fuego
que ilumine
el corazón del amado.

De este poema estamos a un paso a "Ritual amoroso de las aguas del río"

Que bajen tus manos tus besos por el ombligo
recorriendo mis caderas y estallen amor tus besos
como aguacero de mayo en la hondonada de mis
piernas entre las aguas amorosas del río.

¿Qué se puede decir de tal estrofa? En toda la poesía amorosa escrita por los hombres, con la posible excepción de Neruda. no recuerdo haber hallado la mención tan obvia de la fuente de la sexualidad de la mujer, ni mucho menos puedo recordar haber hallado la mención tan reverente de la ubicación de su propio sexo. Sencillamente, está prohibida. Para los hombres este tipo de lenguaje está desterrado de todo discurso serio sobre el amor y se halla relegado al chiste callejero y al autobombo muy especial de los hombres cuando, entre amigos y metidos en sus copas, se jactan de sus "conquistas". Y con razón es así. El sexo, según nuestras costumbres sociales, según nuestras creencias religiosas, tiene muy poco que ver con el "amor".

Sin embargo, la poesía de Santos es un "no" retumbante y atrevido a todos esas prohibiciones que no solamente se basan en la supuesta inferioridad de la mujer sino que también implican la inferioridad del hombre que se incline o se enamore de una mujer. Pues, al fin y al cabo, nuestra carne está hecha de lodo, y amar físicamente a una mujer es amar el lodo. No obstante, en el Popol-vuj se aprende que el cuerpo humano se hizo de maíz, materia sagrada para los Maya y para todas las culturas antiguas desde el Cuzco hasta las Cinco Naciones de los Iraquois del norte. Según el Popul-vuj, al pedido de los otros dioses que habían fracasado varias veces en sus intentos de crear la raza humana, la Abuela formó al hombre del maíz amarillo, y a la mujer del maíz blanco.

Y aparentemente, al basarse en tal convicción religiosa y filosófica, la voz de la poesía de Santos, como otros críticos han destacado ya, es una voz mística que une lo físico y lo espiritual en una visión totalizante amorosa. Pero hay otro elemento en esta poesía que nos hace pensar en otra
tradición que, por coincidencia, tampoco proviene del espíritu religiosamente puritano de Occidente; es la que produce las jarchas del siglo X. En las jarchas es notable que la mujer, además de no sentir vergüenza de su cuerpo ni del amor sexual, desempeña un papel activo en cuanto al cortejo. La voz femenina de las jarchas no es la vacilante e irresoluta que se encuentra en la gran parte de la literatura occidental (con excepciones importantes, desde luego). Al contrario, es la voz que busca al amante y le provoca al amor tan espiritual como sexual. Y en poema tras poema de Huella de amor se halla esta misma agresividad y aceptación del aspecto físico del amor. Así escojo "Me asombran los luceros" como ejemplo que hasta en su economía de expresión se paralela a las jarchas:

Una y otra noche
tomo té de hierbas

Salgo al patio de mi casa
con el tazón de humeante aroma
hacia el desafiante espacio
me asombran los luceros
tan lejanos como
nuestro próximo encuentro

Si el próximo encuentro le parece a la narradora tan lejos como las estrellas, es de presumir que espera impacientemente el regreso del amado. Al mismo tiempo la estrofa encubre un pedido desafiante a que vuelva pronto. Al enfocar a la imagen del té y del aroma humeante, la sensualidad del poema aumenta para incluir el olfato y hasta el tamaño y la forma del tazón.

Ahora bien, si menciono las diferentes fuentes de inspiración encontradas en estos dos poemarios, es necesario también incluir cómo la poeta las utiliza en su propia creación. En el caso de Santos, lo que se destaca es una pasión ya por el amado ya por sus propios antecedentes poéticos pero siempre por la vida y la expresión de ésta hasta en las cosas más simples del mundo --un río, las estrellas, la noche, un niño. Es una pasión que llega a ser un sí, una afirmación del proceso de vivir, y llega a ser el hilo que unifica la obra entera al mismo tiempo que le otorga la seña de completa originalidad.

La doctora Oralia Preble-Niemi en su excelente prólogo a Huella de amor, ha notado correctamente que el libro en su contenido trata de un amor que nace, crece, y, por fin, muere. Santos lo expresa así:
Sin pasión
ya sólo me miras
como si yo fuera
una flor oculta

Pero el poemario sigue:
Yo me detengo
en las márgenes del río
en respetuoso silencio sobrevivo

Estas no son las palabras esperadas, no son las palabras de la mujer tradicional cuya vida sólo es posible por la intervención del amado, sin el cual ella desaparece. No, la voz femenina de este poema, por más enamorada que sea, no se permite ser absorbida por su amor ni mucho menos por su amante. Ella sobrevive y lo hace a las márgenes de un río cuyas aguas simbolizan la vida, la misma vida que Santos afirma en toda su obra.

En la conversación que mantuve con Christian Santos hablamos de la poesía como forma de liberación. Si la poesía de esta escritora no hiciera nada más, libera a la mujer para que ella pueda aceptar su propio cuerpo no como lugar de vergüenza sino como fuente de orgullo, pues está hecha de cosa sagrada! Y es una invitación al hombre a que se libere también. Al final de cuentas, además de una declaración estética y una afirmación del acto de amor, la poesía de Santos es una llamada al hombre para que se mire a sí mismo, a su propia carne, que la respete y la entregue glorificándose en el amor.


--Ponencia presentada Simposio Internacional “Poesía nicaragüense del siglo XX (Homenaje a Pablo Antonio Cuadra)”. Hotel Convento San Francisco, León, Nicaragua. UNAN, León/ Univ.de Costa Rica (UCR). 2-4 octubre del 2003 y en Popular Culture Conference, San Antonio, Texas. April, 2004.

1 octubre 2003