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Christian Santos: La mujer: El texto, inspiracion y creación en la poesía de Christian Santos


Por: Dra. Teresa Anta San Pedro

Catedrática de Literatura Hispanoamericana, Newark Academy -The College of New Jersey (USA)


Alas! A Woman that attempts the pen
Such an intruder on the on the ringhts of men,
Such a presumptuous Creature is esteem´d
The fault can by no verture be redeem´d.
Anne Finch, Coutess of Winchilsea 1.

La poeta nicaraguense Cristhian Santos escribe poemas de temáticas femeninas, inspirados en la mujer y escritos para la mujer. Su poesía sigue el paso del llamado “sexo débil” a través de la historia de Nicaragua y por extensión de la historia universal.

Fragmento:
Quiero contarte hermana
Cómo me sentí ese día en la playa
Sola sentada en un tronco.
Cuando veía cómo el agua del mar
se reventaba contra una inmensa roca
y el agua espumosa se derramaba
en una poza) 2.

Christian Santos considera la conquista como el comienzo de la tragedia de la mujer nicaraguense, como podemos ver en el poema:
“Quinientos años de esta Historia.”
Ellos vinieron y decidieron
que mi casa mi hogar
mi cuerpo mi piel
perteneciera a la bondad
a la entrega total
hasta hacerme sacrificar
a los pies de su altar
mi voluntad.
Vinieron y se apropiaron
De cada fisura de mi cuerpo
Matando mis deseos de mujer
obligándome en nombre de su dios
a parirles hijos de sus hijos
que serían mis dioses
verdugos a la vez.

Los conquistadores, con la cruz y la espada se abrieron camino, violando y penetrando las vírgenes selvas, ríos y montañas de Nicaragua. La mujer, como parte del mundo a explorar tiende sus verdes campos ante el altar de los dioses recién llegados.

Basándonos en las ideas Camille Paglia de que “Mans´s genital visibility is a source of his scientific desire for external testing, validation, proof… [and] The penis is like eye or hand, an extension of self reaching outward,”3 podemos decir lo que llevo a Colón y a sus seguidores a la búsqueda de un mundo nuevo, fue una ansiedad sexual. Según Paglia, los hombres son exiliados sexuales. Vagan por la tierra en busca de sastifacción, anhelado, despreciado, desdeñado, nunca contentos… Ellos siempre estan desequilibrados. Tienen que buscar, perseguir, cortejar o apresar, para demostrar que son hombres. Una mujer nunca tiene que probar su feminidad, pero en cambio el hombre tiene que probar su masculinidad. Esto quiere decir que la conquista esta a nivel, fiel al término que la identifica, no es nada más ni nada menos que una dominación sexual. El conquistador/macho para demostrar su hombría va apoderándose de todo aquella que se encuentra en su camino, incluida la mujer. La madre naturaleza va abriendo sus entrañas para que el ser privilegiado vaya penetrando en lo más íntimo de sus profundidades. Penetración en la que explora y se explora, busca y se encuentra. Viaje exterior e interior, que solamente puede realizarse con la pasividad de la entrega, la ofrenda.

Como asegura Sartre: “Yo existo presisamente por que el otro me da la libertad para existir, yo existe mediante la libertad del otro.”4
La mujer desde el comienzo de esta historia, la historia de los quinientos años de dominación, o la historia Bíblica, existe como objeto, como medio para sastifacer las nesecidades del hombre. Dios creó a la mujer por que Adán se sentía solo, estaba aburrido. La creó como un complemento para el hombre, una compañera, un ser subordinado.5 Sin embargo, si estudiamos detenidamente este pasaje del Génesis y otros pasajes de la Biblia a otro nivel, comprenderemos la razón primordial por que Dios creó a Eva. La creó como recipiente, como un campo en el cual el hombre podría plantar su semilla, procrearse. Visto de esta manera, la mujer no existe a través del hombre, pues ni su cuerpo ni su voluntad le pertenecen, como podemos ver en el poema de Santos y nos asegura Sartre, “le deja al hombre preocupación de hacerla existir”.6 Estamos ante la mujer-texto en la que el hombre, a imagen y semejanza de Dios, escribirá su vida para la posteridad a través de sus hijos; de la misma manera en que los conquistadores y sus desendientes escribirán la historia de Nicaragua. Esta mujer será la página blanca que el hombre irá llenando a través de los días con su propia historia, una historia en que la mujer no aparecerá como ella misma, sino como la imagen de ella por el hombre concebida. Como nos dice Joanna Russ al referirse a las mujeres que aparecen a través de la literatura escrita por los hombre: “no encontrararéis mujeres sino imágenes de mujeres.”7

La historia se ha repetido durante quinientos años y no fue por amor, sino por imposición como señala Santos. La mujer, por mandato Divino, tiene que cumplir con su deber procreativo.
Tiene que partir los hijos que como nos dice el poema serán sus “dioses y sus verdugos,” unos hijos que no le permitirán hacer historia, ser ella misma, definirse, unos hijos que eternizarán su esclavitud de siglos, pues serán padres y heredarán el divino poder masculino, como podemos ver en otro poema titulado
“Mi vestido de gasa y mis zapatillas de punta.”

Yo tenía sueños
de bailar alrededor de la sombra
de la luna llena
Y mi padre desgarró mi vestido de gasa
Y mis zapatillos de punta
que nunca volví a ver.
Yo quise grabar las mariposas y la pintura
Yo quise escribir poemas
ricos al paladar
y rompió en pedazos de miel.

“Mi vestido de gasa…” empieza en una confesión femenina: “yo tenía sueños,” lo que quiere decir para la protagonista, el soñar ha sido un privilegio del pasado. El padre de esta mujer ha matado todas sus ilusiones, le ha robado la fantasía y la ha condenado a estancarse en un eterno presente sin ninguna esperanza de encontrar la belleza. Todos los días serán el mismo día con su inmutable realidad de piedra. Ya no habrá para ella más tiempo mítico de ritual o fiesta, como lo denomina Mircea Eliade.8 El tiempo girará en redondo sobre el hastío de sus cansadas horas, profano e indiferente, con una rutina roída y vieja que terminará por devorarla.

La creadora continúa: “Yo quise grabar mariposas dando vueltas sobres las aguas del río y mi padre echó a las aguas las mariposas y las pinturas.” En estos versos Christian Santos sustituye la tradicional imagen del poeta masculino, de las mariposas revoloteando alrederdor de la luz que termina por consumirlas; por una imagen de vida, la del río. Con ello la poeta está intentando cambiar la historia femenina. Las mariposas en su ansia de acercarse a la luz, al conocimiento, perdían su vida. El precio de la iluminación era la muerte. Igualmente le pasaba a la mujer. Cada vez que se dejaba llevar por la curiosidad, por sus anhelos de saber, era castigada duramente. El pecado original de la mujer, pecado que viene arrastrando desde el principio de sus días todas la Evas que han visto la vida, es el pecado de la sabiduría. A la mujer, desde su misma creación se le ha prohibido el acceso al conocimiento. Christian Santos quiere que la mujer siga buscando la luz, pero al mismo tiempo quiere que esa luz no le dé la muerte, sino la vida. Al hacer esto, está cambiando el designio divino. Pero en el poema, el dios de sus días, furioso ante la iniciativa femenina, echa al agua las mariposas y los pinceles como castigo; restaurando con ella la preescrita ley masculina, pues como asegura Robert Southey en una carta que escribió a Charlotte Bronte en marzo de 1837 “Literature is not the business of a woma´s life, and cannot be.”9

Esta escena va mucho más allá del simple deseo de dar un escarmiento, mediante el cual el padre le niega a su hija la posibilidad de autodefinirse, de tener armonía, de ser ella misma. Este Ser Todo Poderoso, ejercitando su heredada infabilidad masculina destruye la creación de su progenitora, mata su arte, ahoga su voz, borra su historia. Estamos ante una lucha de poder entre los sexos. El sexo masculino como dueño del poder, por mandato divino, estableció las leyes, de acuerdo a las cuales la mujer no puede contar su historia, no puede hacer historia, tiene que conformarse con desempeñar el papel que le ha sido asigando en la historia del hombre.

La muchacha del vestido de gasa quería pasar de texto a creadora de su propio texto, ilusa pretensión en un mundo patriarcal. Como dice Norman Brown: “La mujer es nuestra creación… La mujer es el poema, la Laura [de Petrarca], es realmente poesía.”10 La protagonista del poema de Santos desafía al creador de sus días al tomar el pincel y la pluma.

Metamofóricamente, le roba al hombre su instrumento de poder, el pene. Según los pensadores de Occidente, el acto creativo en un acto netamente masculino y la pluma es un sentido figurativo es el pene.11 A un nivel metafísico estamos presenciando la eterna batalla entre el creador y el ser creado, el continuo desafío que el ser humano le hace a Dios para así ocupar su puesto. Es la lucha por el trono, por el Poder Supremo.12

El creador del universo, según la Sagrada Biblia, creó al hombre a su imagen y semejanza, como su igual. O sea, el honbre representante de Dios a todos los niveles, en la familia, en la iglesia y en el gobierno. Dios, según esta tradición ha dotado al ser creado, al hombre, de sus mismo dones, entre ellos el poder creativo. La mujer, por no haber sido creada a imagen y semejanza de Dios, sino como un ser aparte, un campo en el que el hombre plantaría, no ha sido dotada del don de la creación. Esta mujer, al querer crear, está rebelándose ante Dios, está invadiendo su territorios, está atentando contra su poder. Por esta razón. Ese Ser Supermo, al verse amenazado, el sentir que está perdiendo el control sobre lo creado, al ver que su dominió está debilitándose estalla lleno de ira y ahoga a las mariposas en el río. El río fuente de la vida, se convierte por esta misma razón en la tumba de la creación femenina. No puede haber dos vidas, dos dioses, uno tiene que morir para dar paso al otro. Los esfuerzos de la creadora son inútiles, jamás verán la vida. Las mariposas ya no podrán volar, sus húmedas alas no permitirán acercarse al Olimpo. Se quedarán en la tierra con las demás criaturas, eternamente condenados al mundo de los seres inferiores, al mundo de los mortales. Su única posibilidad de romper las cadenas de su esclavitud, de llegar a liberarse de sus prisión en vida, es mediante la muerte de su carcelero, su padre, su dios. Esta liberación se hace realidad en el poema de Santos
“Hoy enterré a mi padre.”
Nunca supe lo que fue
sentarme a reir a carcajadas
bajo la sombra de un malinche.
Hoy enterré a mi padre
padre a mis 22 hijos también
a la orilla del lago está su cuerpo.

¡Alabado seas por mi Señor!
Que no se nuble mi cielo otra vez.

En este poema Christian Santos empieza por hablarnos de lo que fue su pasado, un pasado vacío de toda sensación de alegría, un pasado de amargura y tristeza. Las causas de su miseria es muy concreta. Su padre y su esposo la tiraniza, es dueño de sus días, se su pasado, su presente y su futuro. Sin embargo este tirano un día muere y una sensación de alivio invade el mundo de la protagonista, se libera. Por primera vez esta mujer se atreve a mirar el cielo para poder recibir la luz del sol, iluminarse, ver la vida. Desaparecen los nubarrones que obscurecían sus días. Mira al futuro con la alegre firmeza de que encontrará un camino no previamente trazado, sino un camino que irán abriendo las diarias pisadas de sus días. El poema es un canto a la libertad.

Al enterrar a su padre, la mujer entierra con él todo lo que éste significaba y representaba. Entierra el patriarcado con todos sus mitos y valores. El dios masculino, después de haber controlado el destino de su universo durante su eternidad, se muere, deja de ser futuro. Esta época, históricamente hablando, según las propias palabras de la autora, corresponde a la época de la Revolución.13 El entierro de Somoza pone fin en Nicaragua a una sociedad totalmente patriarcal y entrega una apertura para la entrada de la mujer nicaraguense en la vida política, económica y cultural del país. Nombres como Dora María Téllez, Nora Astorga, y Daisy Zamora empiezan aparecer a diario en los periódicos de la Nueva Nicaragua.14 Ya no habrá un padre que programe su vida, ni habrá unos hijos que serán sus dioses y sus verdugos. Dejará de ser página de la pluma masculina para ser la dueña de la narración de su vida. Su pluma hecha fusil y su fusil hecho pluma retarán a los creadores de las falsas imágenes de la mujer, sacando a la luz del día el verdadero rostro femenino. Empuñando la pluma o el fusil se hará dueña de su destino como lo podemos ver en el poema
“Pero me atreví a soñar. . . A despertar.”
Y me quedé pensando en mi desición de mujer
por vivir
por ser
por salir bajo la piedra
por renacer
después de tantas veces
de reventarme ante la vida
y mi sangre espumarse en desvaríos
y regresaban sus besos y su tacto
a recorrerme toda
en la brisa espumosa

y yo seguía pensando
cuando estaba en la llanura
en la soledad más absoluta
hasta cuando soñar no era permitido
pero me atreví a soñar a despertar
a luchar contra mi propio desespero
y contra la asfixia del amor
que bello un día pero que luego
me oprima

En estos versos Santos nos presenta una mujer meditando sobre el duro y largo camino recorrido desde la triste realidad de su presente. Si el poema “Hoy enterré a mi padre” es un canto a la libertad, “Pero me atreví a soñar” es un canto de esperanza.

La mujer ha tomado la desición de renacer, de ser y de vivir de acuerdo a sus propios deseos, no como un ente de la ficción masculina. El “Salir bajo la piedra” de la subyugación del hombre le ha costado “sangre” y “desvaríos.” La tortura a que ha sido sometida ha sido mental y física. El estrellarse a diario contra la nave de la vida, pilotada por su padre, marido e hijo, le reventaba las entreñas y ponía en peligro su equilibrio. El amor era el bálsamo curativo que recorría su cuerpo con su brisa. Era acicate y freno, aliento y asfixia. El amor era la negación del yo, como hemos dicho anteriormente. Era la pérdida de la individualidad, la negación de su sueño propio, la muerte. Ella para ser, para vivir, tenía que luchar contra “la asfixia del amor,” no podía dejarse envolver por su belleza o volvería a ser victima de su verdugo que la oprimía “cuando estaba en la llanura” de los mortales, cuando “soñar no [le] era permitido.” Esta mujer, al igual que Scherezada tiene que seguir soñando e inventando “ficciones en carrera desesperada contra el tiempo que conlleva la amenaza de la muerte: muerte en la pérdida de la identidad y en la pérdida del deseo.”15

Y seguí recordando con el agua salada
acercándose a mis pies
como a mi lucha ante el tiempo pérdido
le oponía mi esperanza de ángel caído
y agitaba las alas rotas
y el peso de la sangre
me impedía el vuelo
y de nuevo sus besos
en el crecimiento de mis pechos
sus besos en mi nueva vida
y recordaba en la playa ese día
sola en la soledad más absoluta
con el agua espumosa en los tobillos
En mi ángel fui sanando las heridas
las alas secándolas al sol
el aprendizaje al vuelo
con las alas rotas es tan duro
como volver a nacer en desespero
por alcanzar la vida
y hubieron manos duras que quebraban mis plumas
de nuevo)
pero no mi deseo de seguir el vuelo.

Ahora este diario golpeteo de mis alas
en la plenitud de mi vida
con su calor recorriendo mis sentidos
me ayuda)
y sigo pensando Mujer terca que soy
que me atreví a soñar
a despertar a amar
a amar
construir sobre mis sueños.

A través del poema vemos como la mujer continúa luchando desde su condición de ángel caído, pues desde su expulsión del Paraíso está intentanto elevarse, pero sus alas rotas y ensangrentadas no se lo permiten. Ella agita una y otra vez sus muñones. El esfuerzo es inútil. Está sola, sin ayuda, en la “soledad más absoluta,” la misma soledad que la acompañaba cuando estaba en la llanura y ni soñar podía. El amor vuelve en su nueva vida, los besos y el crecimiento de sus pechos son testigos, pero nadie la ayuda a levantar en vuelo. Cura sus heridas con el ángel de la esperanza, las seca al sol e intenta aprender a volar de nuevo. Sus ansias de alcanzar los cielos no se cristalizan, unas manos duras quebraban sus plumas de nuevo.

Como podemos ver al final del poema, Christian Santos nos señala que los obstáculos de la mujer no han sido vencidos. Cada vez que quiere emprender un nuevo vuelo le cortan las alas. La única diferencia que existe, sin embargo, entre esta mujer y la de hace quinientos años, es que en aquélla también había eliminados sus ansias de luchar, la había obligado a rendirse, había sido “deliberadamente borrada para mantenerla en el nivel de lo no-existido y ahitórico.”16 La mujer del presente no se rinde, no se entrega, no se deja borrar, no quiere ser Icaro.
Continúa con su diario aleteo en la plenitud de su vida y seguirá soñando, amando y creando.

Notas

1. Anne Finch, The poems of Anne Countess of Winchelsea (Chicago: University Press, 1903) 4-5.

2. Estos poemas los he recibido en fotocopia, de manos de Christian Santos en el primer Congreso Internacional de Literatura Centroamericana, celebrado en Granada, Nicaragua, el mes de Febrero de 1993. Ignoro si han sido publicados en algún libro. Han sido publicados en Nuevo Amanecer Cultural-3 de 1987 en Managua.

3. Camille Paglia, Sexual Peronae: Art and Decadence from Nefertiti to Emily Dickinson (New Haven: Yale University Press,
1990) 22-23.

4. Joseph P. Fell, Emotion in the Thought of Sartre (New York: Columbia University Press, 1965) 75. “We have observed that the other´s freedom is the foundation of muy being. But precisely because I exist by means of the other´s freedom.” La traducción es mía.

5. Génesis, 2:20-24.

6. Francis Jeanson, Sartre and problem of morality
(Bloomington: Indiana University Press, 1980) 167.

7. Susan Koppelman, Images of Woman in Fiction. Feminist Perspectives (Bowling Green: Bowling Green University Press, 1978) 5. “You will find not women but images of woman.” La traducción es mía.

8. Mircea Eliade, Cosmos and History: The Myth oh the Eternal Return (New York: Harper and Row, 1959) 35. Eliade divide el tiempo de la existencia humana en dos categorias, “mítico” y “profano.” El tiempo profano es aquel de la rutina de todos los días y el mítico es el que rompe con esa rutina. El ser humano
nesecita liberarse del tiempo profano de vez en cuando y para ello recurre a las celebraciones, rituales, ceromias y a la vez fantasía creativa.

9. Winifred Gérin, Charlotte Bronte: The Evolution of Genious
(Oxford University Press, 1967) 110.

10. Sandra M. Gilbert and Susan Gubar, The Madwoman in the Attic (New Haven: Yale University Press, 1980) 13.

11. Ernst Robert Curtius, European Literature and the Latin Middle Ages (New York: Harper Torchbooks, 1963) 305-6. Para más información usar los siguientes textos: Bridget Riley, Art and Sexual Politics (London: Collier Books, 1973), Norman O. Brown, Love´s Body (New York: Vintage Books, 1968), and Harold Bloom, The anxiety of Influence (New York: Oxford University Prees, 1973).

12. Joseph Campbell, The Heroe with a Thousand Faces (Princeton: Princenton University Press, 1968) 37. Según Campbell, el héroe mítico en un determinado momento de su trayectoria lucha contra su propio creador para tomar su puesto. La mujer de Santos
quiere ser creadora, quiere tomar el puesto de su padre, de su dios.

13. En una conversación con Christian Santos, en Febrero de 1993, le pedí que me explicara cómo había cambiado la situación de la mujer nicaraguense con la Revolución. Su respuesta no se dejó esperar, fue rápida y concreta. Me dijo que probablemente lo más positivo de la Revolución fue la apertura que éste le brindó a la mujer para poder participar en la vida política, social y cultural de su país. Según ella, falta mucho para conseguir una igualdad entre los sexos de Nicaragua, pues es difícil cambiar una cosmovisión masculina de la noche a la mañana y olvidar viejos hábitos. Sin embargo para ella, la generación de la Revolución ha hecho mucho para despertar la conciencia del pueblo.

14. Margaret Randall, Sandino´s Daughters. Testimonies of Nicaraguan Women in the Struggle. (Vancouver/Toronto, Canada. New Star Books, 1981)

15. Helena Araújo, “Narrativa femenina latinoamericana”
Hispaméricana, XI. No. 32, 1982, 23-24

16. Lucia Gerra Cunningham escribió un ensayo titulado “Las
sombras de la escritura: hacia una teoría de la producción
literaria de la mujer latinoamericana,” en el que hace un estudio de la subordinación, el silenciamiento y la represión de la mujer y sus intentos para abrirse un espacio en el mundo masculino. En este estudio Cunningham admite lo lejos que estamos del discurso femenino, “el discurso mismo de este ensayo ha estado cercado por fronterizaciones típicas de un deshacer crítox tradicionalmente masculino, mi discurso ha sido feminista pero no femenino…”
159. Hernán Vidal, Literature and Human Rights. Cultural and Historical Grounding for Hispanic and Luso-Brazilian Feminist Literary Criticism (Minneapolis: Institute for the Study of Ideologies and Literature, 1989) 130.


-- Presentado en el 49 Congreso Mundial de Americanistas en Quito, Ecuador, 1998 y en el VI Encuentro de Mujeres Escritoras "Femina Ludens" en el Lateinamerikan Institut, Viena, 1998. También publicado en el Nuevo Diario, suplemento “Nuevo Amanecer Cultural”, Managua, Nic. en 1998.

1 enero 1998