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Isolda Hurtado: Poesía lírica femenina nicaragüense: Temática, Imágenes y Símbolos en Isolda Hurtado


Por: Nydia Palacios, Ph.D.

Catedrática, crítica literaria nic.


Poesía lírica femenina nicaragüense: Temática, Imágenes y Símbolos en Isolda Hurtado
Existe una categoría de imágenes, quizás la más fértil, que al principio no se sabe si colocarla entre los símbolos o entre las metáforas. Se trata de todas las imágenes ligadas a los arquetipos de Jung, a esos elementos dominantes en la imaginación de cada hombre: la luz y las tinieblas, el agua, la tierra, el fuego, el aire, el espacio, el movimiento. Gastón Bachelar ha estudiado la mayor parte de estos temas en los que ve las constantes de la vida de la imaginación.

En cada sociedad y en cada época ha existido una jeraquía de valores en la que algunos elementos son fijos: el cielo, el oro, la luz, etc. considerados como favorables, mientras que la oscuridad y el fango, implicaban juicios desfavorables. En esta ponencia me propongo demostrar cómo Isolda Hurtado trasciende su existencia por medio de una poesía lírica erótica y cargada de sensualidad ligada a la naturaleza.

En la poesía de Isolda Hurtado, el empleo de imágenes que la vinculan con la naturaleza es esencial. La conexión con el cuerpo femenino, la mujer árbol adquiere un doble significado: el de la tierra que da frutos malogrados o no y el del árbol como ejemplo de la creación poética. Tocar el árbol la fertiliza, la hace crecer. Estas imágenes tradicionales suelen volverse subversivas. Dice Alicia Ostiker:

“Women poets employ traditional images for the female body-flower, water, Herat-retaining the gender identification of these images but transforming their attributes so that flowers jeans force instead of fragility, water jeans safety instead of death, and the earth means creative imagination instead of passive generativeness”.

“Al labrar la tierra perfilan un sabor agridulce ciertos frutos /… Allí donde todo es mío y nada tengo / florece el naranjo / cuando el polvo barre la tarde”.(7). En el bosque donde el silencio reina, “la palabra halla luz en la forma y ritmo en la emoción”. Salta la palabra poética rompiendo el silencio, ella invade no sólo el ambiente, sino la época. Escribir es un acto de inmolación. La página en blanco se teñirá de vocablos sangrantes, verterán sangre las aristas de papel, pero brotará la expresión poética como torrente. La palabra es “madre nuestra”, cuya fuerza motriz es el amor, fuerza universal que mueve al cosmos.

blanca blanca blanquísima hoja ante mi alma alarmada
ardiente arista alrededor del envés de la misma blancura
y en la sangre
letras letras desplegadas esparcidas extendidas
derramando gotas
a torrenciales
a corrientes
al tiempo tristón


Los árboles de temporada ya maduran sus frutos
agridulce es esta época

Callado y altisonante
sin reposo
este amor.

La palabra se desgaja, a la manera de Huidobro a través de la poesía; existe una correspondencia de cada objeto que integra la naturaleza con cada manufactura humanan: a cada paisaje corresponde un sentimiento y un deseo. La mujer, la rosa, el sueño, la creación poética y la muerte aparecen y reaparecen y se combinan en el poemario, pero el amor es el gran oasis.

Florece el naranjo es un poemario en íntimo diálogo con la naturaleza. Una consecuencia lógica de la relación con ella, es la presencia del erotismo poético que de acuerdo con André Forde es un recurso escondido dentro de cada mujer y define lo erótico como poder específicamente femenino que quiere expresarse por medio de una metáfora como afirma en el poema Saudade.

El llanto como catarsis, alivia la tensión interna y la voz femenina, atraviesa la puerta para que se escuche su canto o es una novia que espera al amado que no llega. La experiencia del amor no se da sin el ritmo de gozo y pena:

Del dintel de la ermita
a lo lejos
una luz encendía el misterio:

A un lado
la vida
al otro la muerte

y entre ambas
de pie

Vos y yo

Vos marinero en mi puerto
Yo barca anclada en tu pecho.

Este poema de hondas reminiscencias nerudianas, revelan el goce, pero también el dolor.
Eros y Thanatos, dialécticamente el alfa y el omega como dice Octavio Paz. Su angustia se transparenta en palabras como látigo, fiera rugiendo y ella, como equilibrista perfeccionando el canto poético:

En lo alto del circo
sobre la cuerda floja
oscilando su vida
la maromera.

El amor se presenta como martirio, la espera del amado es inútil y el poema nos revela que no hay correspondencia, el amado le niega el ansiado galardón. Este poema nos recuerda aquellas jarchas romances o las cantigas de amigo tan propias de la lírica árabe:

Fueron fronteras formadas de cruces
fuga del llanto
fríos los brazos aún esperan

Trapos torcidos tirados
derretidos los sueños
al calor desperdigados

Días igual
a hoy.

Vocablos como “llanto”, “frío”, “trapos torcidos”, “derretidos”equivalen a despojos en los cuales se transparenta un sabor amargo, un vacío y soledad, pero todavía hay aliento para un buen poema, “el naranjo florece”, y la poesía, como a manera de exorcismo, surge con un cromatismo de tonalidades relucientes y va dibujando la palabra poética, como una artista del pincel.

El tiempo es otro tema recurrente. Se trata de un tiempo vivido, no abstracto, es el tiempo “tristón”que se derrama gota a gota. Encontramos variadas alusiones al tiempo con palabras como “temporada”, “corriente”, “madurar”, “época”, que significa una agonía, pero a ratos felicidad, dulzura y amargura, pero al fin el amor, triunfará sobre la muerte. Recordemos aquel famoso poeta de Quevedo: “polvo serán, pero polvo enamorado”.

Yo encuentro que las lecturas de Garcilaso de la Vega y de los grandes poetas del Siglo de Oro, son pretextos que la escritora ha asimilado y ha obtenido un producto nuevo, una voz nueva. Sobre todo Garcilaso por la delicadeza, musicalidad y belleza en la representación de la naturaleza. Sirva como ejemplo el poema: “Pinto la rosa” que me evoca aquél famoso soneto “en tanto que de rosa y de azucena, se pinta la color en vuestro gesto”. La rosa, flor predilecta de la poética de Hurtado, representa lo perfecto, las imágenes y los diversos colores de rosa se asocian a las emociones dolor, suspiro, gozo. La poética de Hurtado, con un cromatismo impresionante y la plástica en el uso del pincel y de la pluma, se conjugan para darnos un cuadro poético y pictórico a la vez:

Suena la risa en mi espacio escondido
Recorre mi sangre
Fijo la mirada
Y pinto la rosa:

Blanca eleva su canto
Amarilla bifurca la forma
Rosada baila dichosa
Negra apuesta al dolor
Naranja deja un suspiro
Rojo desciende gozosa
El amor extendido deja.

¡Mira la rosa!

El pincel verbal poético y los colores, matizan los sentimientos del artista de la palabra, por ello exclama gozosa, triunfante: “ ¡mira la rosa!.

Asimismo, otro tema que hemos encontrado es el de la “creación poética”. El canto solitario del ave, que ya Eurípides había celebrado como el canto de la naturaleza en el canto del ruiseñor, aquí en el poemario Florece el naranjo, es sustituido por el gorrión.

Rema, rema el pescador contra corriente,
donde habitó
quedaron granos desperdigados sin aves al partir

El canto del gorrión muy dentro.

El canto que permea la poesía de Isolda Hurtado rompe el silencio que agobia al artista y de pronto, salta la palabra mágica y se hace la luz:

Estática naturaleza
de azules y ocres abrasada.

En altas y bajas partituras
inaugura el ave su coro
cuando revolotea la espuma
sobre la piedra.

“Tristán, titán, volcán” nos dice la voz lírica. Con estas aliteraciones y ritmos, Hurtado retoma la armonía y musicalidad del verso tradicional y hace florecer la rosa en el poema como dice Hiudobro y como Darío, busca la perfección en la rosa: “cultivo entre otras flores, una rosa rosada, concreción de alba, capullo de porvenir” (325). Si bien no especifica, “el ave inaugura su coro”, los poemas de Florece el naranjo, se instauran dentro de la tradición literaria de las aves canoras, el tema clásico de los pájaros como lo afirma María Rosa Lida de Malkiel.

En resumen, en este poemario de Isolda Hurtado, los signos árbol, el naranjo y sus flores constituyen metonimias del jardín, sitios donde la voz femenina, se fusiona y se integra al cosmos. Según Lady Rojas Trempe: “En las culturas precolombinas, el árbol une el inframundo al universo y muestra su potencialidad para resurgir de la muerte a la vida. Según una narración quechua, un muerto regresa a la tierra convertido en árbol con la afirmación: “ahora soy eterno, no moriré jamás”. (146) Por su parte, en el libro La rama dorada (1982), James George Frazer, define la interdependencia entre el ser humano y la naturaleza así: una mujer fértil hará que las plantas fructifiquen.

Florece el naranjo nos revela una voz nueva, unos poemas que respetan las formas de la poesía tradicional, pero inyectándole nueva savia. El árbol florecido del naranjo es para Isolda Hurtado, su sustento moral y poético y a la vez, demuestra que la poesía escrita por mujeres, está en su mejor momento, que cada día se amplía su espacio.

Ponencia presentada en el “I Simposio Internacional sobre Poesía nicaragüense del Siglo XX” (UNAN-León y Univ.de Costa Rica (UCR); 2-4 de octubre, 2003 en el Antiguo Convento San Francisco, León, Nicaragua]. 4 octubre 2003