critica_literaria


Christian Santos: Poesía lírica femenina nicaragüense: Temática, Imágenes y Símbolos en Christian Santos


Por: Nydia Palacios, Ph.D

Critica Literaria, Catedratica



Existe una categoría de imágenes, quizá la más fértil, que al principio no se sabe si colocarla entre los símbolos o entre las metáforas. Se trata de todas las imágenes ligadas a los arquetipos de Jung, a esos elementos dominantes en la imaginación de cada hombre: la luz y las tinieblas, el agua, la tierra, el fuego, el aire, el espacio, el movimiento. Gastón Bachelard ha estudiado la mayor parte de estos temas en los que ve las constantes de la vida de la imaginación.
En cada sociedad y en cada época ha existido una jerarquía de valores en la que algunos elementos son fijos: el cielo, el oro, la luz, etc considerados como favorables, mientras que la oscuridad y el fango, implicaban un juicio desfavorable. En esta ponencia me propongo demostrar como las poetas CHRISTIAN SANTOS, ISOLDA HURTADO Y GLORIA GABUARDI esperan trascender su existencia por medio de una poesía lírica erótica, cargada de sensualidad, ligada a la naturaleza:

En CHRISTIAN SANTOS (Fragmento de Ensayo)
En el poema de Christian Santos “Fino tormento y flores”, la poeta se eleva a un plano cósmico y absoluto, se vincula con el universo. De esta manera, la mujer nacida de elementos cósmicos como el agua, las rocas volcánicas, el aire y el polvo de las galaxias subvierte el principio bíblico de que Dios creó primero al hombre. La voz poética sitúa a la mujer como elemento primario. Ella concibe en sus entrañas, por medio de los vientos siderales, la primera pareja, hambrientos de vida y de juntarse para formar un solo cuerpo. Un principio cósmico en el vacío de la nada, que la poeta afirma en los siguientes versos:

En el principio brumoso
no había nada
Dios creó a la mujer
de trocitos de alga marina
con pies de roca volcánica
y pensamientos profundos.

La poeta se aparta del mito bíblico y lo reformula, al afirmar que no surgió de la costilla de Adán, sino que fue preñada, por el espíritu de los vientos del cosmos. En otro poema, “Me atreví a soñar” el yo lírico, rechaza el castigo de la expulsión del paraíso: “A mi lucha ante el tiempo perdido...le oponía mi esperanza de angel caído”. Esta voz femenina se resiste a la pérdida del Edén y usando la imagen del pájaro herido, intenta de nuevo, levantar el vuelo y no lo consigue:
Agitaba las alas rotas
y el peso de la sangre
me impedía el vuelo.

La voz lírica reconoce los múltiples intentos de impedirle la ascensión, de remontar el vuelo: “Hubo manos duras que quebraban mis plumas de nuevo...pero no mi deseo de seguir el vuelo”. Este poema puede aludir también al desafío que tiene la mujer en alcanzar una voz propia, una expresión poética, que quiere abarcar, un espacio suyo, para no morir:

El aprendizaje al vuelo
con las alas rotas es tan duro
como volver a nacer en desespero
para alcanzar la vida.

La repetición constante del tiempo perdido e imágenes de ángel con “alas rotas”, “vuelo”, y “plumas”, nos revela a una mujer obstinada en alcanzar sus metas como mujer y como poeta:
Ahora este diario golpeteo de mis alas
en la plenitud de mi vida,
con su calor recorriendo mis sentidos,
me ayuda y sigo pensando
mujer terca que soy, que me atreví a soñar
a despertar a amar
a amar
y a construir sobre mis sueños.

La poesía de Christian, pletórica de símbolos eróticos, se expresan por medio de flores y de aguas fecundantes como los ríos, la lluvia y el mar, que pueblan la gran mayoría
de sus poemas:

Las olas que me ahogan
miedo a mi verdad de mar violento,
heliotropos de río
el altar de mi cuerpo es agitado por la tormenta.

En la literatura motivos como el agua suelen asociarse con la fecundidad y la libertad, la naturaleza se convierte en un poderoso símbolo como manifestación del erotismo. De allí que los pies sumergidos en el agua le dan una sensación de plenitud y de sensualidad: “ Los espejos y su doble, las fuentes, aparecen en la historia de la poesía erótica como emblema de caída y resurrección. El erotismo es dador de vida y de muerte...en todo encuentro erótico hay un personaje invisible: la imaginación y el deseo”.(O.Paz La llama Doble 15-16).

También el color juega un papel esencial en la poesía de Christian. Esta amplia gama de colores desde el rosa china de su sexo, el rojo del malinche, el amarillo del crepúsculo y los colores intensos del verano muestran una naturaleza sensual, al ver caer las flores del malinche como gotas de sangre al suelo. Esta imagen parece aludir a la sangre, que al igual que el agua, fecunda la tierra así como el óvulo es fecundado por el líquido seminal. En otro poema la tarde, el río y otros elementos nos remite al “Cantar de los Cantares”, pero toma el modelo y lo subvierte, se trata de una voz femenina que al esposo o al amado se entrega en un ritual de pasión y de ternura:

que bajen tus manos, tus besos
por el ombligo
recorriendo mis caderas
y estallen, amor, tus besos
como aguacero de mayo
en la hondonada de mis piernas
entre las aguas amorosas del río.

Podemos observar que el cuerpo de la mujer se fusiona con el cosmos por medio del agua que se derrama por sus piernas, fertilizándose, recibiendo la semilla, como un sustento físico, que llega eróticamente a estallar en sus sexo, en su hondonada, con un profundo deseo de preñez, al calor de las caricias del amado. Este fermento dentro de la mujer, este líquido, como un rito de concepción es el comienzo de nuestras vidas, sentimientos y pensamientos. Ella es la Diosa Madre, la Venus Anadiomena, surgida de las aguas, como diosa del amor y la belleza. En este poema como en casi toda la poesía de Santos, el mar se convierte en la poesía en un leit-motif que encierra primero que todo, pasión, dolor. “Este amor que me arrastra... este amor que me llama...este mar, mi martirio. Es por las noches que el mar revienta. Ahora ya lo sé...es ese mar que mueve con ferocidad mi vientre, y que alborota mi sueño y enrojece mis pechos. La inmensidad, la furia, la sensación de libertad del mar con sus playas no son más que representaciones de la acometividad del amor, sustancia del cosmos. La poeta está mirando en silencio, de pie o caminando frente al océano y lo ve como símbolo del amor-destrucción: “Este mar que me arrastra...” la arrastra porque el mar es símbolo de muerte, que es vida, porque se fusiona con la materia universal: “Este amor que me llama...este mar, mi martirio”.La presencia del agua del mar o del río al contacto de la piel, la estremece porque es una playa erotizada.

Por último, encontramos en los poemas cortos de tres o cuatro versos remicencias de la lírica arabe, las famosas jarchas romances, cargadas de erotismo y sensualidad:

Esta mi sangre,
corre como loca
cuando te siento
cuando te tiento
cuando me acompaño
de tu aliento.(30)

En esta copla, la anáfora condensa el sentimiento del deseo, que se intensifica con el tacto, con el aliento que es el principio de la vida, pero también su final, representada en el ayuntamiento de la pareja macho-hembra, que es placer, alumbramiento, pero también dolor y sufrimiento.

*Nydia Palacios Ph.D ( Critica Literaria, escritora, Catedratica Ave María Collage, San Marcos, Carazo, Nic.)*

-- Ponencia presentada en: Simposio Internacional “Poesía nicaragüense del siglo XX (en Homenaje a Pablo Antonio Cuadra)” Hotel Convento San Francisco, León. UNAN, León/ Univ.de Costa Rica (UCR). 2-4 octubre del 2003.

31 mayo 2008