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Christian Santos: Transgresiones y rupturas en las Escritoras Nicaragüenses


Por: Nydia Palacios, Ph.D

Critica literaria, Catedrática Ave Ma. College of the Americas, San Marcos Carazo, Nic.


Se ha determinado sobre la denominada “escritura femenina.” Si partiéramos de que existe una escritura determinada por el genero tendríamos que hablar de una pintura, escultura o música femenina.

Sin entrar en discusiones bizantinas, comparto plenamente el criterio de la estudiosa estadounidense Jean Fanco, quien afirma que “no existe una escritura femenina, pero sí que la intertextualidad es forzosamente un terreno de lucha donde la mujer se encuentra con las exclusiones y las marginaciones del pasado.” En el análisis como en el placer de la lectura, no hay masculino ni femenino, sino buena literatura.

Cuando escribe una mujer, despierta cierto recelo. Por lo general, la critica es adversa cuando se trata de la autora “mujer”. El critico del cine y literatura nicaragüense, Ramiro Arguello, lo confirma: “El lector varón experimenta una cierta incomodidad, un cierto disconfort atávico. Efectivamente se trata de un tono de condescendencia. La condescendencia seria una forma mas solapada de desprecio por el otro y sonara así: Ya, ya, Isabel es buena, pero no es para tanto. Hacen falta lecturas, claro: o sí, sí, Sara Helena no lo hace tan mal para ser mujer.”

Sin embargo, otros críticos han sabido justipreciar las obras de mujeres argentinas, chilenas y uruguayas de la talla de Storni, Agustín, Mis tral, Silvina y Victoria Ocampo y María Luisa Bombal desde los comienzos del siglo XX. Naturalmente que su excelente producción se justifica por la existencia de una clase media, relativamente prospera.

En mi patria, Nicaragua, durante los años sesenta, la escritura de mujeres comienza a perfilarse como una de las mas fructíferas y valiosas del siglo XX. Nunca como antes, a veces abiertamente, a veces sutilmente con el uso de un lenguaje lírico, metafórico o simbólico comien za a transgredir los limites que tanto temático como estilísticos, les había impedido representar personajes contra los estereotipos o que abordaran tópicos “no apropiados” para mujeres.

En esta introducción es justo y necesario reconocer la labor de una gran mujer, María Teresa Sánchez que fundo la editorial “Nuevos Horizontes” en 1984 y en cuya imprenta publicó la primera Antología de poesía nicaragüense que recogía los mejores poemas de los poetas mas representativos de la época.

En esta lectura demostrare dos facetas transgresivas: lo erótico y lo Político, transgresiones, que cincuenta años atrás habríamos juzgado como demasiado osadas para ser de mujeres. Asimismo, en las ultimas décadas del siglo XX, en una segunda época se dieron rupturas en la técnica narrativa y en el estilo tal y como lo demuestra Gioconda Belli, Rosario Aguilar, Gloria Elena Espinosa, entre otras, quienes incorporan un mundo plurivocal, la parodia, una amalgama de voces intertextuales que constituyen la esencia de la postmoderni dad.

En cuanto a la poeta Christian Santos, ella incursiona en el terreno de lo erótico. Maneja con virtuosismo imágenes poéticas cargadas de sensualidad. El agua como elemento fecundante y como fuente para saciar las sed, el amor y la pasión, es una de sus preferidas. Además, la luna, el fuego, la noche, y sobre todo la vastedad, el mar, se transparentan en su libro Agualuna, sumergirse en el mar es como sumergirse en las aguas tormentosas del deseo:

“Ahora ya lo se
es este mar
que mueve con ferocidad
sus alas en mi vientre
el que alborota mis
sueños y enrojece mis pechos” (42).

En su libro Agualuna, esa predilección por las fuentes de mucha estirpe literaria, es semejante al deseo bíblico de las aguas vivas. Hay en estos poemas una conjunción con lo cósmico, lo divino, una
suerte de erotismo místico la desnudez de un cuerpo que apaga su sed en las aguas, imagen que nos remite a la unión mística y a las religiones orientales donde el erotismos es sagrado. Observemos en estos versos como metafóricamente la escritora alude a los genitales femeninos, recurso estilístico empleado desde la Antigüedad, la Edad
Clásica, La Edad Media y sobre todo en el Renacimiento. Además, flores y animales en la literatura constituyen un rico y variado caudal de comparaciones con el falo y la vulva, según lo ha demostrado Octavio Paz. Ya Garcilazo usa las frutas como símbolo de tentación y la caída, simbología que nos viene del “Génesis ” donde leemos del fruto prohibido.

Acertadamente el Nóbel mexicano afirma: “En occidente se repitió el fenómeno de la primera postguerra: triunfó y se extendió una nueva y mas libre moral erótica. Este periodo presenta nuevas características que no aparecen en el anterior, como es participación activa y publica de las mujeres.


--Presentacion de libro Agualuna en Ave María Collage, San Marcos, Carazo, Nicaragua. 2002; y Ponencia en el VI Simposio Internacional Ruben Dario:“Ruben Dario, luminosidad de nuestra lengua” (18 al 20 de Enero 2008). León, Nicaragua.

1 mayo 2002