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Christian Santos: Christian Santos: Poesía lírica


Por: Nydia Palacios, Ph.D.

Critica Literaria


En el poema de Christian Santos "Fino tormento y flores", la poeta se eleva a un plano cósmico y absoluto, se vincula con el universo. De esta manera, la mujer nacida de elementos cósmicos como el agua, las rocas volcánicas, el aire y el polvo de las galaxias subvierte el principio bíblico de que Dios creó primero al hombre.

La voz poética sitúa a la mujer como elemento primario. Ella concibe en sus entrañas, por medio de los vientos siderales, la primera pareja, hambrientos de vida y de juntarse para formar un solo cuerpo. Un principio cósmico en el vacío de la nada, que la poeta afirma en los siguientes versos:

En el principio brumoso no había nada. Dios creó a la mujer de trocitos de alga marina con pies de roca volcánica y pensamientos profundos.

La poeta se aparta del mito bíblico y lo reformula, al afirmar que no surgió de la costilla de Adán, sino que fue preñada por el espíritu de los vientos del cosmos. En otro poema, Me atreví a soñar, el yo lírico, rechaza el castigo de la expulsión del paraíso: “A mi lucha ante el tiempo perdido...le oponía mi esperanza de ángel caído”. Esta voz femenina se resiste a la pérdida del Edén y usando la imagen del pájaro herido, intenta de nuevo levantar el vuelo y no lo consigue:

Agitaba las alas rotas y el peso de la sangre me impedía el vuelo.

La voz lírica reconoce los múltiples intentos de impedirle la ascensión, de remontar el vuelo: “Hubo manos duras que quebraban mis plumas de nuevo...pero no mi deseo de seguir el vuelo”. Este poema puede aludir también al desafío que tiene la mujer en alcanzar una voz propia, una expresión poética, que quiere abarcar, un espacio suyo, para no morir:

El aprendizaje al vuelo con las alas rotas es tan duro como volver a nacer en desespero para alcanzar la vida.

La repetición constante del tiempo perdido e imágenes de ángel con “alas rotas”, “vuelo”, y “plumas”, nos revela a una mujer obstinada en alcanzar sus metas como mujer y como poeta:

Ahora este diario golpeteo de mis alas en la plenitud de mi vida, con su calor recorriendo mis sentidos, me ayuda y sigo pensando mujer terca que soy, que me atreví a soñar a despertar a amar a amar y a construir sobre mis sueños.

La poesía de Christian, pletórica de símbolos eróticos, se expresa por medio de flores y de aguas fecundantes como los ríos, la lluvia y el mar, que pueblan la gran mayoría de sus poemas.

En la literatura, motivos como el agua suelen asociarse con la fecundidad y la libertad, la naturaleza se convierte en un poderoso símbolo como manifestación del erotismo. De allí que los pies sumergidos en el agua le dan una sensación de plenitud y de sensualidad: “Los espejos y su doble, las fuentes, aparecen en la historia de la poesía erótica como emblema de caída y resurrección. El erotismo es dador de vida y de muerte...en todo encuentro erótico hay un personaje invisible: la imaginación y el deseo”. (O.Paz, La llama doble 15-16).

También el color juega un papel esencial en la poesía de Christian. Esta amplia gama de colores desde el rosa china de su sexo, el rojo del malinche, el amarillo del crepúsculo y los colores intensos del verano, muestran una naturaleza sensual, al ver caer las flores del malinche como gotas de sangre al suelo. Esta imagen parece aludir a la sangre, que al igual que el agua, fecunda la tierra así como el óvulo es fecundado por el líquido seminal. En otro poema, la tarde, el río y otros elementos nos remite al Cantar de los Cantares, pero toma el modelo y lo subvierte, se trata de una voz femenina que al esposo o al amado se entrega en un ritual de pasión y de ternura:

que bajen tus manos, tus besos por el ombligo recorriendo mis caderas y estallen, amor, tus besos como aguacero de mayo en la hondonada de mis piernas entre las aguas amorosas del río.
Podemos observar que el cuerpo de la mujer se fusiona con el cosmos por medio del agua que se derrama por sus piernas, fertilizándose, recibiendo la semilla, como un sustento físico que llega eróticamente a estallar en sus sexo, en su hondonada, con un profundo deseo de preñez, al calor de las caricias del amado.

Este fermento dentro de la mujer, este líquido, como un rito de concepción es el comienzo de nuestras vidas, sentimientos y pensamientos. Ella es la Diosa Madre, la Venus Anadiomena, surgida de las aguas, como diosa del amor y la belleza. En este poema, como en casi toda la poesía de Santos, el mar se convierte en la poesía en un leit motif que encierra primero que todo, pasión, dolor. “Este amor que me arrastra... este amor que me llama...este mar, mi martirio.”

--- Publicado en La Prensa Literaria. Diario La Prensa. Managua, Nic. Sábado 21 de Mayo 2005.

31 mayo 2008