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Christian Santos: El fluir vital en la poesía de Christian Santos


Por: Teresa Anta San Pedro, PhD

Catedrática de Literatura Hispanoamericana. The College of New Jersey (USA). Newark Academia. New Jersey. EE.UU


El fluir vital en la poesía de Christian Santos
La unión Naturaleza-Yo poético es una constante en la poesía de Christian Santos. Sin embargo el Yo de la poeta está muy lejos de ser el yo pensante cartesiano; es el «estar-aquí» de Heidegger que existe en la plenitud del momento. Los cuatro elementos fundamentales del ser en la tradición filosófica presocrática (tierra, agua, aire y fuego) no están fuera de ella, son ella y están en un estado de continuo movimiento.

Mediante ellos la poeta reafirma su ser en el universo. Ella es tierra, agua, aire y fuego. Su ser es universo contenido, aislado, separado de la totalidad por las paredes de su cuerpo a la espera del parto poético, mediante el cual el ser interior rompe las cadenas y se une al ser exterior, al ser que está fuera de sí misma, para llegar a una comunión perfecta.

Según ella Dios creó a la primera mujer, pero no intervino en la creación del hombre, ni intervino en la creación de sucesivas mujeres. Por lo tanto, si alguien ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, ha sido la mujer, y ésta, sin ayuda divina creó al hombre.

El amor cósmico, el amor a todo lo creado preñó a esta mujer y ésta concibió en su seno / un par de seres/ mujer y hombre.
En esta creación estamos muy lejos de Eva la primera mujer, según el Génesis, quien fue condenada a sufrir para parir a sus hijos por haber desobedecido a Dios. El Yo poético de Christian Santos da vida como consecuencia de su goce amoroso, de su deleite, de su erotismo. Es una mujer-tierra, fecundada por las fuerzas naturales, una mujer vital en la que el sexo forma una parte integral de su ser.

Christian Santos termina el poema con la unión de los dos seres creados, quienes, movidos por un impulso vital, por «hambre de vida /... juntaron sus pechos en revuelo, se amaron hasta el infinito y repitieron en la eternidad de los tiempos el acto creativo, y el sudor de ambos se volvió uno mismo / como tu sudor y mi sudor».

Con este verso final la poeta entrelaza el principio de la existencia con el presente, elevando con ello lo erótico a un nivel sagrado, por ser el amor vital, el deseo carnal, el Gran Creador de la humanidad. La desbordante vitalidad de este poema, lo consigue la poeta mediante el uso de palabras cargadas de vida, como: preñada, concibió, seno, hambre, atrajeron, juntaron, pechos, revuelo, besos, caricias, sudor, tibio, corriendo, cuerpos, etc... Son palabras totalmente carnales, físicas, sensuales. En todas ellas hay calor, movimiento, contacto, amor.

Pero la vitalidad para Christian Santos no se limita a lo animado; ella también da vida a lo no animado, a lo muerto, lo estático. La eterna y fría roca adquiere vida en el poema, pues no es una roca cualquiera, es una roca volcánica, nacida del fuego y parida por las entrañas de la tierra.

El etéreo viento pierde sus características celestiales y se materializa para preñar a la mujer. La batalla, que normalmente trae la destrucción y la muerte, es aquí una batalla que trae la Vida, la creación, pues es una batalla de amor. Christian Santos es capaz de expresar los pensamientos más trascendentales, más espirituales y sublimes con una imagen totalmente física, cotidiana y hasta simplista en el poema:

Cuando me siento sola\ lastimada\ y profundamente\ triste\ me tiro boca abajo\ y con la lengua\ empiezo a recoger\ los dispersos\ pedacitos de mi vida.
Todorov nos señala que el teatro ocurre en el preciso instante en que la mente necesita de un lenguaje para manifestarse. Yo diría que esta misma ley puede aplicarse a la poesía, Christian Santos siente la necesidad de comunicarse y manifestarse, de gritarle al mundo su verdad y para hacerlo crea un lenguaje, una expresión poética fiel a sus necesidades. Una de las cosas que la atormenta es el sufrimiento de sus hermanos nicaragüenses, sobre todo el sufrimiento de los niños.

Los veo caminar\ con el alma untada en la piel\ y la sangre escurriéndose en los ojos y los pies\ saltando como animales entre los semáforos los niños\ los tiernos niños de mí país. 16

Y Todorov añade: «This new language starts from the necessity of speech rather than from an already formed speech». Las necesidades de estos desamparados son tan concretas y tan terriblemente inhumanas que la poeta tiene que crear imágenes y metáforas que sean representativas de esta cruel realidad. Christian Santos sustituye Los pasivos y descoloridos adjetivos de antaño por vitales sustantivos, para poder materializar con ello la extremada hambre que está comiéndose las entrañas de los niños de su pueblo. Como nos señala el título del poema «El hambre es como un animal hambriento», el alma de los hambrientos está a flor de piel. Ha dejado de ser un alma espiritual, intangible, abstracta, para ser física. Está tan pegada a su país como lo está su sangre.

Es un hambre que ha reducido a sus víctimas a la condición de animales. Ya no andan erguidos sobre sus rectas y fuertes piernas de homo sapiens; saltan como los animales, porque son animales hambrientos a cuatro patas. La ley de la supervivencia no entiende de malos modales, y una vez enfrentados con esta realidad, los humanos se despojan de sus tabúes sociales y las jerarquías de la existencia desaparecen, porque lo único que realmente importa es la vida.

-- Publicado en el Nuevo Amanecer Cultural, El Nuevo Diario. Managua, Nicaragua,
22 de Agosto, 1984.

22 agosto 2008