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Christian Santos: El amor carnal:El motor que mueve el universo de Christian Santos


Por: Teresa Anta San Pedro. PhD

Directora de Lenguas Hispanoamericanas, Departamento de Filosofía y Religión. Montclair State University, New Jersey. Catedrática de Literatura Hispanoamericana en NewarK Academy. University. New Jersey.


La poesía de Christian Santos no existiría sin el elemento del amor carnal. Toda su obra gira alrededor del amor. Para la poeta el amor es el eje que mueve la vida y el universo. Todo parte y vuelve al fuego del amor que da vida, desde lo mas sublime hasta lo mas bajo. El universo es para Santos como una gran explosión de amor. Las piedras aman, los vientos aman, las plantas aman, los animales aman y el ser humano también ama.

La poesía de Santos, es una poseía física, que se Siente, se palpita, se llora y se goza como se goza de La frescura de un nuevo día. Es una poseía que se nos
Mete por los poros inunda nuestro ser de universo. Para comprenderla, disfrutarla, vivirla, no se bastan por separado ni el cuerpo, ni el intelecto. Su palabra
Es una hembra preñada de imágenes, vientos, galaxias, Ritmos y besos.

Para Christian Santos, la creación misma esta llena de sexualidad. No es una creación en la que un espíritu puro va dándole forma al universo, desde las cosas mas elementales hasta el propio ser humano, una creación en la cual solamente ha participado el intelecto, la mente:

En el principio brumoso
No había nada

Dios creo a la mujer
De trocitos de alga marina,
Con pies de roca volcánica
Y pensamientos profundos.

En la creación de santos, Dios creo a la mujer de materias muy concretas, “trocitos de alga marina…(y) roca volcánica”, por lo que su cuerpo esta compuesto dé los cuatro elementos: tierra, fuego, agua y aire. La dotó de pensamiento, pero no es un pensamiento que sueña con las alturas, que asciende, que aspira a lo celestial. Su pensamiento es profundo. Es un pensamiento que la retorna a las entrañas de la madre tierra. Lo que según Vidaluz Meneses representa “la comunión intuitiva de la poeta con la madre tierra”, y que posteriormente centra su preocupación ontológica en la búsqueda consciente, en el hurgar de sus raíces indoamericanas, camino que la conduce al reencuentro con una deidad original, anterior al Dios masculino, patriarcal y castigador que trajeron los conquistadores.

Esta unión mujer-naturaleza-universo, va más allá de la comunión intuitiva de la poeta con la madre tierra, como asegura Meneses. Aunque el cuerpo de la mujer ha sido creado de materias muy tangibles y concretas, por representar éstas los cuatro elementos, su significado es polivalente y simbólico.

Las algas, vegetación marina, vida que alimenta otras vidas, unen las profundidades con la superficie, de la misma manera que lo hace la roca volcánica. Esta mujer nacida de las aguas se sostiene sobre dos pilares de fuego apagado, procedentes de las entrañas de la tierra. Es una mujer nacida del parto de la Madre Tierra…. Por ello es de pensamientos profundos….Es un río que quiere ser mar, un planeta, que sin dejar de serlo, quiere ser estrella; porque río, mar, planeta y estrella son uno en el infinito tiempo.

Christian Santos en el poema “La mujer y la creación”, está reafirmándose, a si misma y a toda mujer, como ser físico en el universo. Esta reafirmando su presencia y participación desde la misma creación de ese universo. Está volviendo al origen de la humanidad y de la historia de la humanidad, pues como nos señala María Gimbutas, los primeros ideogramas eran de carácter femenino, representando la luna y los ciclos de la vida. La poeta esta confesándonos que ya esta cansada de creaciones espirituales en las que jamás aparece la sexualidad y la germinación. La vida para ella es un brote espontáneo en el que la mente y el cuerpo participan plenamente como una fuerza única, el pensamiento hecho cuerpo, y ninguno de estos dos elementos es superior al otro, “El Verbo se hace carne”. La voluntad, por sí sola, no se basta para que se haga el milagro:

Esta fue preñada
Por el espíritu
De los vientos siderales
Que recogió en las galaxias
Polvo de estrellas
Y sales magnéticas.

Esta mujer concibió en su seno
Un par de seres
Mujer y hombre,
Con hambre de vida
Y según los matices del día y de la noche
Les fue dando distintos matices a su piel. (9)

Como podemos ver en estos versos, todo el universo participa en la creación, (el espíritu de los vientos) es el que preña a la mujer, pero para conseguirlo recogió polvo masculino, igualmente femeninas. Aquí no solamente tenemos una total participación del alma y del cuerpo pero, ambos sexos forman parte de la concepción y lo creado no es un ser si no dos (mujer y hombre) también en la formación física de estos dos seres participaron el día y la noche, ambas divinidades , la luna y el sol .

La poeta une lo físico con lo espiritual, el amor y el erotismo no son opuestos para ella, mas bien son inseparables se alimentan el uno del otro.

Cuando llegaron a ser adultos
Irremisiblemente se atrajeron
Juntaron sus pechos en revuelo
De besos, caricias envolventes
Y ese sudor de ambos se volvió uno mismo

Como tu sudor y mi sudor,
Transparente, tibio,
Corriendo en nuestros cuerpos
Después de la batalla sideral.

La atracción y el amor a la vida llevan a estos dos seres a la eterna procreación estamos aquí muy lejos del puritanismo judeo-cristiano, estamos ante el placer sexual que fuertemente condena san Agustín: “Exijan la obra de la carne solo en la medida en que conduce a la procreación de los hijos”. Y ya que no tendréis otra manera de tener hijos, aceptadlos sólo con dolor. Ya que es un castigo de aquel Adán del que tenemos origen, no consideréis ventajoso aquello que es para nosotros castigo.”

En la misma medida que san Agustín repudia el goce físico en la procreación, santos lo ensalza. Par ella, un origen de la vida que parte de la negación del placer y del rechazo de los sentimientos, es inconcebible. La vida, para la poeta, surgió y surge como consecuencia de la pasión y el amor. El espíritu de los vientos se materializa y sus pechos se unen “en revuelo de besos y caricias” y sus sudores de ayer y de hoy se mezclan al igual que se mezclan sus sangres para formar una nueva vida.

Christian Santos, mujer apasionada, quién como asegura Vidaluz Meneses, “no concibe su espiritualidad desligada de las sensaciones y emociones mas profundas de su propia carne; (y) rechaza la dicotomía del alma y cuerpo”, se desgarra cuando la unión entre los amantes no fructifica, como podemos ver en el poema

“Sesenta mil pares de demonios sueltos”:
…Sesenta mil pares de demonios
tus manos espoleando mis pezones encendidos.

Sesenta mil pares de demonios fustigándome
Dentro y fuera de mi pecho.

Sesenta mil pares de soles
Seduciendo el pulso rosachina de mi sexo.

Recurrentes manos a mis pechos
chorros de luz arando mis marañas

Sesenta mil pares de manos recorriendo
Como olas, mi curva infinita de galaxia.

Tu mástil brasa, piedra angular de mi tormento.
Estallido de sol
Que agita mi imposible silencio.

Sesenta mil pares de demonios
Sembrando su puntal en mí tiempo;
No poseyendo yo tu cuerpo
No poseyendo vos mi cuerpo
Solo amando con sesenta mil pares de demonios sueltos. (13)

La intensidad de este amor es comparable a aquel experimentado por los grandes místicos. Como nos asegura Carlos Chamorro coronel: “Entre los valores de la poesía nicaragüense, encontramos a Christian Santos como la más erótica
aunque quizás por eso la mas mística, porque no hay diferencia entre un amor y otro, como solo hay un Dios verdadero”.

La existencia de la amada, sin poseer el cuerpo del amado, se convierte en un infierno, pero los tormentos de ese infierno consisten en revivir mentalmente los placeres que ahora le están vedados. Lo que antes eran caricias son ahora torturas, manos que espolean sus pezones y fustigan su pecho, chorros de luz que eran sus marañas y mástil que es brasa y piedra. Pasamos de la suavidad y la tibieza del poema anterior a la violencia y la dureza, y todo a causa de la ausencia del ser querido. La amada necesita físicamente del fuego que le da vida, como dice la poeta hay “sesenta mil pares de demonios hambrientos / de vos amor…”.

Una prueba mas, de que el alma y el cuerpo son inseparables para Christian Santos, la tenemos en la continua repetición de esta idea en muchos de sus poemas, por ejemplo, “por caminos de piel y sueños”, “porque estas aquí, en el medio de mi alma”, y “la sangre que pulse mis sueños”. También la naturaleza es inseparable de la poeta. Como dice Meneses, sus poemas son “como acuarelas ingenuas o pintura china, reflejando una sensibilidad unida entrañablemente a la tierra, a sus pájaros y sus frutos.” 9

Cuando venís y me abrazas amor
El calor de tu ternura
Arropa la desnudes de mis costillas
Y crecen en la redondez de mis pechos
malinches de mayo y heliotropos de río.
Cuando venís y me abrasas amor
Engarzamos tus locos deseos y los míos
Encontrándonos por caminos de piel sueños

Cuando venís y me abrasas amor
Las olas que me ahogan se despejan
Y el descanso viene a tu cuerpo
Porque guardo tu alma olorosa
A malinches de mayo
Y heliotropos de río. (14)

En este, y en muchos otros poemas, la experiencia erótica es configurada a través de los cambios en la naturaleza. El calor del amante consigue algo completamente natural, el crecimiento de la vida. La fuerza germinadora hace que los malinches y los heliotropos crezcan en los pechos de la amada. La mujer se convierte en un huerto más, un huerto cuyo fruto crece con el calor que le genera su amado, el sol. En el momento de amor el milagro se da en ambas, en la mujer y en la naturaleza. Ambas se abren, crecen y florecen de la misma manera. Ambas se entregan y siguen los latidos del cosmos, el ritmo del universo.

La naturaleza no solamente participa con la poeta en el gozo erótico, ella es naturaleza:
Hoy el verde
Amaneció más verde

Los corteses
Revientan entre las ramas

Y luego caen como lluvia
Amarilla al suelo.

Yo voy por el camino por el verdor
De los chilamates
Y el amarillo de los corteses

Como ellos ya están en mi sangre
Yo me quedo para siempre
En el paisaje. (66)

La comunión mujer- naturaleza, adquiere en este poema un nivel trascendental. Christian Santos, con la mayor simpleza del mundo, esta diciéndonos que la mujer en su ser lleva la naturaleza, y ésta a su ves la lleva a ella. Mujer y naturaleza son una, y por extensión también lo son, la mujer y el universo.
La mujer contiene y es contenida en la composición del cosmos. En ella se encierra todo lo existente. La mujer es el universo hecho ser.

En el poema “Ritual amoroso en las aguas del río”, la fusión mujer-naturaleza es total. Hay entre ambas una compenetración exquisita que se expresa a través de los sentidos. Ambas se entregan placidamente para ser amadas, para ser recorridas, para ofrecer sus frutos a la vida:

En este atardecer mojado
Quiero que sin prisa
Tus besos tus manos
Se deslicen sobre
Mis parpados cerrados
Y jueguen libremente
Con mis labios abiertos
Deteniéndose en
Mis pechos apretándolos.

Que bajen tus manos, tus besos
Por el ombligo
Recorriendo mis caderas
Y estallen amor tus besos
Como aguacero de mayo
En la hondonada de mis piernas
Entre las aguas amorosas del río. (46)

En el cielo se abre para dejar salir el sagrado líquido de la vida, el agua. De igual manera, la mujer se abre para dar paso a la fuente de sus entrañas.
Todo es líquido -los besos, las manos y por ello se deslizan como chorros de agua por el cuerpo de la poeta. La poeta a su vez, es un manantial más entre las vivas aguas que la rodean. El atardecer esta mojado, sus labios están abiertos y los besos estallan como aguaceros. Hay agua, hay vida por todas partes. Las aguas que brotan de los manantiales internos se unen, se mezclan, se funden y confunden con “las amorosas aguas del río”. Río interior y exterior, pues la poeta no los separa. Mediante la total eliminación de la puntuación consigue la unión de las aguas internas y externas. El río al que se refiere Santos puede ser el lugar en el que está bañándose, como también puede ser el río creado por el orgasmo que se desliza por la hondonada de sus piernas. Ella y la naturaleza laten en un unísono palpitar. El cosmos vibra de amor. El sol cierra sus parpados en su atardecer, al igual que la poeta entorna los suyos. El reino de la noche ejercita sus poderes y el latir vital se apodera del universo. Mujer, hombre, río, sol, todos responden a la grandiosidad del poder cósmico que envuelve todo lo viviente.

La poesía de Christian Santos, como hemos visto, es un canto al amor, al goce sexual, al deleite de los sentidos. El erotismo es para ella algo completamente natural. Es una parte integral de su ser. El amor es vida, y el deseo es el amor a esa vida.

Como nos dice Vidaluz Meneses: “Dueña de su voz y de su espacio, Christian, desde su propio nombre, sin disfraces, sin imágenes herméticas, da rienda suelta a su erotismo,” 11 Para Santos el expresarse abiertamente sobre la sexualidad no supone una cuestión a discutir ó disputar. Ella cree firmemente en que la mujer tiene el mismo derecho que el hombre a expresarse sobre el amor, con una perspectiva y un sentimiento propios.

Santos nos presenta a la mujer en una manera natural, primitiva, no desfigurada aún por los tabúes de la civilización. Es una mujer desnuda ante sí misma y ante los demás, una mujer que no solamente acepta su desnudez pero lo celebra. Es una mujer liberada, emancipada, dueña de sus deseos. Es una mujer que se maravilla ante los latidos de su propio ser, los siente y los vive plenamente, negando rotundamente la aseveración hecha por Rousseau de que la mujer es incapaz de experimentar “aquellos éxtasis sublimes que hacen penetrar el deleite hasta la médula misma del alma.” 12

Deliciosa tu mirada
Cuando baja suavemente
Sobre la curva de mi cintura
Hacia el nidal del regio plumaje.

Allí donde permanece el rocío
Bajo la incandescente luz.
Allí a donde llega el pájaro-cascabel.

Allí donde mana el agua rumorosa
Que da la vida, que da el amor.
Allí donde se embriaga tu corazón. (28)

En este poema, la poeta, no puede ser más explícita sobre sus partes eróticas y sus deseos sexuales. Podríamos decir que se dirige al hombre descaradamente y le confiesa, sin rubores ni rodeos, lo que le gusta. Sus palabras están cargadas de coquetería y son extremadamente seductoras, pero no, lujuriosas. Aunque no existe el pudor, tampoco existe la degradación sexual. Desde el enamoramiento hasta la unión más íntima, los personajes se ven envueltos por un fuego que los arrastra y los conduce a un mundo idílico, fascinante, encantador. Se desprenden totalmente del mundo que los rodea y pasan a un plano casi místico, en donde solamente reina la belleza.

Por medio del lenguaje poético, Christian Santos eleva el poema a un nivel de inmensa espiritualidad. Los primeros versos son una declaración erótica, pero el tono va cambiando a medida que el poema va avanzando y los amantes van acercándose mas y mas a la intimidad. En la segunda estrofa final nos encontramos a un nivel totalmente trascendental. El nido del apetito sexual, representado a través de la imagen del “nidal de regio plumaje”, se desvanece para convertirse en el lugar sagrado “donde mana el agua rumorosa. “ O sea, lo que en un primer plano era puramente erótico, carnal, físico, pasa a ser el sublime manantial de la vida.

En Santos, el cuerpo es el medio que nos conduce al espíritu. “Todo se percibe a través de los sentidos, las sensaciones, el tacto, la sensualidad; pero no por ello deja de ser espiritual, “ 13 pues según Mónica Sjoo y Barbara Mor, “ Para la mujer no hay separación entre lo sexual y lo espiritual.” (14)
Nosotros somos de carne y hueso, somos materia, ¿poseemos otros medios para acercarnos al espíritu?

La mujer de Santos es la tierra fértil que concibe y da vida. Ella es el seno de esa vida, el regazo que protege a sus hijos, pero también es el regazo que recibe al amante. Como dice Markale: “The container, the mother of woman, is paradise recreated. She recreates this paradise in two ways within a single idea, by containing both her child and her lover.“ 15 Esta Gran Madre, con todo su potencial erótico, libre para compartir y expresar esa energía, es un ser de gran poder. Esta Diosa prehistórica era la gran moldeadora del barro, la de los grandes poderes en transformación, la que no se limitaba a ser la que usaba “the experience of female bodily transformations of matter”. 16 Santos es consciente de que este poder femenino le viene a la mujer de su sexo, pues como repite una y otra vez Mariana Valverde en Sex Power and Pleasure: “Donde quiera que haya un erotismo fuerte, hay también un gran poder.

Christian Santos necesita del poder del amor, del sexo, para vivir, como podemos ver en versos como: “Necesito de tu ternura amor para iniciar el vuelo (52).“ De la misma manera, esa energía vital le da las fuerzas necesarias para llevar el timón de su propia existencia, para crearse su propia vida, inclusive, le da fuerzas para romper las cadenas del amor, si éste la frena ó le es dañino:

Regresaban los besos del amado
Como lilán perfumado…
Y me quedé pensando en mi decisión de mujer
Por vivir
Por ser
Por salir bajo la piedra
Por renacer
Después de tantas veces
De reventarme ante la vida
Y mi sangre espumarse en desvaríos.

Regresaban sus besos y su tacto
Y recorrerme toda.

Yo seguía pensando
Cuando estaba en la llanura
En la soledad más absoluta
Cuando soñar no me era permitido.

Me atreví a soñar a despertar
A luchar contra mí propio desespero,
Contra la asfixia del amor
Que fue bello un día pero que luego me oprimía. (11)

El sexo no lleva a la mujer de Santos a la sumisión, a la dependencia, a la culpabilidad ó al fracaso. Esta siempre parece tener un total control de la situación. Las relaciones hombre-mujer, en cuanto a la sexualidad, se desarrollan en un plano de total igualdad, de una manera muy distinta a la que estamos acostumbrados en la sociedad hispanoamericana. Christian Santos nos presenta a una mujer que escoge a su compañero, una mujer que decide libremente con quién quiere aparearse, con quien desea hacer el amor. En el pasado el hombre era el que tenía la palabra, era el que decidía a quien escoger como amante. En la poética de Santos, ese es el papel de la mujer. La mujer es la que decide quien será su amado.

No voy a decirte
Que la ternura de tu piel
Y el candor de tu alma
No me atraen terriblemente,
Pero tu aroma y tu sabor
No están de punto todavía. (29)

En este poema vemos como la poeta rechaza al candidato por que le parece demasiado joven, y talvez inexperto en las artes del amor. Le atraen su ingenuidad, su inocencia y la pureza de su alma, pero le molesta la falta de madurez. Aquí la mujer, no solamente afirma la falta de madurez. Aquí la mujer, no solamente afirma su erotismo sino que, se valida como un ser conocedor del buen amor, del goce erótico. Ella, una mujer que valora el sexo, que lo considera como algo primordial en su vida, no esta dispuesta a banalizar la relación sexual. La unión de dos seres es una consagración para el ser humano, es llegar a la totalidad.

Esta toma de conciencia, iniciativa y responsabilidad, por la parte de la mujer, presente en estos poemas, nos lleva a la conclusión de que estamos siendo testigos de lo que Jennifer ó “return of the Goddess”. Según estos críticos la mujer esta despertándose y esta tomando conciencia de su femineidad y del poder de esa femineidad. Esto representa un desafió para muchos y causa miedo en otros, porque pone en tela de juicio todos los valores de la sociedad patriarcal. El cuestionamiento de la mujer a los infalibles mandamientos masculinos y a los sagradas verdades universales, nos lleva a reconsiderar todo un modo de pensar, desde nuestra visión del mundo hasta nuestras relaciones sexuales y poéticas. En otros poemas vemos como la mujer decide separarse del hombre y terminar la relación. Las razones para tomar tal decisión pueden ser múltiples, sin embargo todo esto no es importante lo que es significativo es el hecho de que sea la mujer la que decida romper, pues no hace muchos años este privilegio era exclusivamente masculino.

En el silencio de la tarde
Después de la lluvia
Vos no te acercás
Más a mis sueños.

No regresas más a mis ojos
Porque tu mirada me cansa y tu voz
Que solo me pide entrega
Más entrega
Ya no me puedo estremecer
Por que estoy cansada
Como se cansa el corazón
Que no termina de entender. (49)

El amor, para Christian Santos, es también, la puerta que la comunica con el universo. Es la ventana a través de la cual se acerca el mundo. Todo lo percibe a través del palpitar de su corazón:

Un cercano
Universo de silencio
Me permite
Rescatar
De las honduras
De mi corazón
El principio
De mis pensamientos.

Poco a poco
Voy aprendiendo
A reconocer su lenguaje
En el sonido del tiempo. (32)

Los pensamientos de la poeta no le vienen de la mente, se originan en el corazón. El universo cercano, que se brinda para que ella pueda recuperar esos pensamientos, bien pudiera ser el amado, en la misma manera de que ella es “Galaxia”. Ese cuerpo silencioso cercano al suyo le permite rescatarse, pensarse, ser, y ese auto-reconocimiento la lleva también a ir “poco a poco” identificando el espacio y comprendiendo el tiempo. El amor físico, aquel que es fuente del “agua rumorosa que da la vida”, también es la fuente de conocimiento, la luz de esa vida.

Nada en la vida es eterno,
Ni tu amor
Que rebalsó el tuétano de mis huesos,
Ni mi amor que arañando las mañanas
Arrancaba alaridos a tus sienes.

Nada amor nada
Ni siquiera esta noche de desvelo.

El amor, cuando llega a su fin enfrenta a la poeta con la gran tragedia humana, la inevitable finitud de todo. Es el amor, el eje sobre el cual gira su existencia, el que la hace comprender el destino fatal del ser humano, ante la indiferencia total del universo. El sol apaga sus rayos y la abandona, pero el tiempo sigue su curso, nada perdura.

Christian Santos, abandonada por el amor, toma conciencia de otra realidad humana, la soledad.

Cuando me siento sola
Lastimada y profundamente triste
Me tiro boca abajo
Y con la lengua
Empiezo a recoger
Los dispersos pedacitos de mi vida. (55)

Sin embargo, la soledad toma cuerpo en los versos de esta gran poeta. Santos, fiel a su creencia, mantiene la unión del alma y del cuerpo, mediante la creación de imágenes totalmente físicas, para representar su dolor. Christian Santos no necesita jugar con la metafísica, ni con la especulación filosófica, pues como nos asegura Dámaso Alonso, “filosofía, poesía y mística son tres anhelos coincidentes en el fin, diferentes solo en el camino”. La soledad de Santos es una soledad con rostro. Su ser se siente físicamente apartado, desplazado, separado y olvidado por aquellas personas a quienes ama. Su vida, por esa misma razón, se encuentra dispersa entre esos seres y tiene que recogerla. Es una vida muy concreta. No es una vida abstracta, que tiene una problemática existencial, que se debate entre aceptación o no aceptación de la existencia. Es su vida diaria, la que respira, que late y que ama. Es la vida de una mujer que ha vivido del amor y para el amor, y no concibe su existencia sin la presencia de esa gran fuerza vital.

Solitaria
Voy
Por el camino
Bordeado
De sauces y pinos.

En el silencio
mi alma recoge
El intenso celaje
Que entre las ramas
Anuncia la penumbra
Que se avecina. (20)

El amor, la pareja, el sexo, el palpitar carnal, son la vida de la poesía de Christian Santos. Sin esta fuerza vital “el espíritu de los vientos” no germinará, los malinches no crecerán, la incandescente luz se apagará y “las aguas amorosas del río” se secarán. Al desaparecer la energía que la unía a la naturaleza, la poeta se quedará sola. Ha sido privada de su frondoso jardín interior. Su camino estará bordeado de sauces y pinos, pero ella dejará de ser sauce y pino, por que de su manantial ha dejado de brotar el agua que les daba la vida. La penumbra se avecina.

NOTAS

1. Ver la introducción al poemario escrita por Teresa Anta San Pedro, “la carnalidad del verso y la espiritualidad del cuerpo,” Christian Santos, Agualuna (Managua, Nicaragua: Editorial Cristisa, 1998) P.3.
2. Christian Santos, Agualuna (Managua, Nicaragua: Editorial Cristisa, 1998) P.9. Todas las citas que hacen referencia al texto, provienen de esta edición.
3. Vidaluz Meneses, “notas al pie de Agualuna, de Christian Santos, “la prensa Literaria, Managua, Nicaragua, 22 de Agosto , 1998, P.2.
4. Teresa San Pedro, “El fluir vital en la poesía de Christian Santos, Nuevo Amanecer Cultural, Managua, Nicaragua, 22 de Agosto, 19984.
5. María Gimbutas, The Goddesses and Gods of Old Europe (Berkeley, California: University of California Press, 1974).
6. Roberta Fosati, Y Dios creó a la mujer (Milano, Italia: Rizzoli Editore, 1972) P.2.
7. Meneses, P.2.
8. Carlos Chamorro Coronel, “Galerías, Teatro, Libros”, Esta Semana, Managua, Nicaragua, 9 de Julio , 1998, P.4.
9. Meneses, P.2.
10. San Pedro, “El fluir vital…”P.4.
11. Meneses, P.2.
12. Linda Kauffman, Discourse of Desire (Ithaca, New York: Cornell University Press, 1986) P.52.
13. San Pedro, “El fluir vital…”P.4.
14. La cita original en inglés es: “For women there is no separation between sex and espirit”, sin embargo a mí me pareció mas apropiado traducirla como lo he hecho. Monica Sjoo and Barbara Mor, The Great Cosmic Mother: Rediscovering the Religion of the Heart (New York: Harper and Row, 1987), P.193.
15. Jean Markale, women of the Celts, Trans. A. Mygind, C. Hauch and P. Henry (Rochester, VT: Inner Traditions International, Ltd., 1975) P.146.
16. Sjoo and Mor, P.51.
17. Mariana Valverde, sex, power and Pleasure (Philadelphia, PA: New Society Publishers, 1987) p.43.
18. Jennifer Barker Wooler and Roger J. Wooler, The Goddess Within. A Guide to the Eternal Myths that Shape Women´s Lives (New York: Fawcet Colombine, 1989) P.3.
19. Dámaso Alonso, Poetas españoles contemporáneos (Madrid: Gredos 1969) P.112.
20. Teresa Anta san Pedro. The college of New Jersey

*Catedrática de Literatura Hispanoamericana, The College of New Jersey (USA)

-Ponencia presentada en el 49 Congreso Mundial de Americanistas, Pontificia Universidad Católica del Ecuador, 1997.

1 enero 2008