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Colectiva: Las cuentistas nicas: el poder de contar II Parte


Por: Helena Ramos

Periodista cultural, poeta, investigadora literaria


Las cuentistas nicas: el poder de contar II Parte
II Parte

El año 2000 sirvió de hito simbólico para una gran parte de la humanidad, mas no necesariamente debía serlo para las literaturas. En Nicaragua, sin embargo, hubo sincronía.

El 5 de mayo del 2000, en Managua, una nueva generación literaria se dio a conocer por medio del recital Entre líneas. Casi una veintena de jóvenes de ambos sexos trataron de ir más allá de las palabras: a ese afán perenne y tan nunca colmado se debió el nombre del evento. Poco después conformaron el grupo Mayagna –‘nosotros’ en la lengua sumu-mayangna, etnia de la Costa Caribe nicaragüense– que editó una fugar revista El Pozo del Paroxismo y en diciembre del 2001 se fusionó con otra agrupación, Literatosis, surgida a su vez en 1998; de 1999 a 2004 estuvo publicando una revista homónima, impresa y virtual.
La palabra fue retomada del novelista uruguayo Juan Carlos Onetti (1909-1994), quien denominó así el padecimiento propio de aquellos jóvenes que convierten la literatura en religión y prefieren a escritores “más obviamente literarios”.
Sin embargo, las y los miembros de Literatosis no pretendían refugiarse en una torre de marfil y consagrarse a las artes incontaminadas. “Lo único que sale de nosotros es el mundo que vivimos, ya no solo influenciado por los grandes literatos, sino por toda nuestra realidad globalizada, informatizada, corrupta, a veces virtual y confusa, a veces tan abismalmente distinta de una persona a otra”, proclamaron. En 2004 Literatosis se transformó en el hasta la fecha activo proyecto Marca Acme (www.marcaacme.com).

Debido a su dinamismo, activismo y natural irreverente, en ocasiones provocador –y también al dominio de tecnologías informáticas– Literatosis y luego, Marca Acme se perfilaron como una agrupación con relevante presencia en el ámbito cultural; sin embargo, le dediqué tanto espacio porque varias integrantes suyas escriben tanto poesía como narrativa breve. En cambio, las artistas vinculadas a otros grupos significativos, como 400 Elefantes y Artefacto, han priorizado la poesía y las artes visuales.

Jugando con la amargura

Las cultivadoras más constantes de la cuentística que actualmente forman parte de Marca Acme se han educado en una sociedad donde los esquemas sexistas, si bien persistentes, están siendo asiduamente cuestionados; además, tuvieron la oportunidad de conocer las teorías feministas que actúan como antídoto de los estereotipos opresivos. Todas ellas, aun sin libros publicados, alzan, a guisa de escudo o de espada, “la voluntad del no, en contrapeso/al vil idilio adulterado”.

La obra de Consuelo Mora Benard (1981), –videasta, poeta, narradora y periodista– es lúdica, mordaz, inquisitiva, rica en neologismos y en elementos oníricos y simbólicos y nutrida por una rebeldía angustiosa, representativa de la generación que se ha bebido la hez de las utopías. El tema de la inequidad de géneros está muy presente; un fragmento del cuento “Casete 1. Lado A” que aparece a continuación capta la quintaesencia de la transmisión generacional del sexismo (advierto que la narración completa es aún más sorprendente y polifónica):

Contra la trama

En los cuentos de Natalia Hernández (1982) –que es, igual que Mora Benard, videasta, poeta, narradora y periodista– las fronteras entre la poesía y la prosa breve están desdibujadas. Algunos escritos suyos incorporan elementos visuales como unidades fundamentales del texto. Sabe usar clisés periodísticos como recursos literarios que le permiten desentrañar, con una calma cargada de aversión, los mecanismos –aquí cito a la escritora nicaragüense-salvadoreña Claribel Alegría (1924)– del “desorden siniestro/y bien planificado”.

Los estereotipos sexistas, para Hernández, forman parte de la trama: “…la lluvia en Managua tiene sus alternativas de diversión comunal que no nos benefician en verano. Con los ríos por todos lados, tenemos el agrado de observar, si somos lo suficientemente intrépidos, a muchos infantes desnudos corriendo y disfrutando de las aguas estancadas, hasta que, por supuesto, se convierten en noticia de las 6:30 y se culpa a ‘las madres de esos niños’, nunca a los padres, por favor, los hombres carecen de ese instinto determinado por la sociedad” (“Para-brisas”).

A su vez, la codirectora de Marca Acme Eunice Shade (1980) –poeta, narradora, periodista y fotógrafa– ya tiene conformado un libro de relatos El texto perdido.

Es la autora nicaragüense que en mayor grado manifiesta la conciencia neomitológica, asumida con una seriedad fervorosa propia de los tiempos de Petersburgo (1913-14) de Andrei Bely (1880-1934) y Ulises (1922) de James Joyce (1882-1941), y no de la época posmodernista. Shade se nutre de diversas mitologías y con cierta frecuencia se identifica con sus personajes femeninos: “yo soy el evangelio de maría de magdala” (“Todavía escribo con lápiz”).
Su intenso desasosiego va desde una euforia del festín en los tiempos de la peste hasta la angustia teñida de furia. Le atraen poderosamente los extremos: “Entre más abone los precipicios mejor” (“Cascada de voces”).

Pasional en sus adhesiones, registra las manifestaciones de la inequidad de géneros aun cuando no constituye el tema del relato: “eso que llamamos baja resolución en las fotos de 100 pixeles aumentadas a 200 no es más que Monet o la mujer pintora, también impresionista, de la que nadie recuerda el nombre pero sí su sexo” (“Un diario que no es de ana frank”).

A juicio de Erick Aguirre, expresado en Subversión de la memoria…, Shade se perfila como una de “las más sobresalientes narradores de la más reciente generación literaria”.

Factores extraliterarios

Otro factores que empezaron a incidir a partir del año 2000 en la divulgación de la las obras de mujeres son de índole extraliteraria. El primero es el creciente acceso a Internet, que facilita comunicaciones, permite crear espacios independientes de los suplementos y revistas culturales y reducir costos: es mucho más barato colocar textos e imágenes en una página web o blog que publicar un libro impreso, y este recurso está siendo aprovechado por varias escritoras “no canónicas”.

El segundo es la creación de la Asociación Nicaragüense de Escritoras (Anide), fundada en junio del 2000. La dirección de su página web es www.escritorasnicaragua.org. Tiene su propio sello editorial y edita la revista Anide, un medio de, por y para las mujeres (aunque los varones también pueden leerla y hasta publicar en ella, siempre y cuando sus artículos se refieran a las artistas, antes que nada nicaragüenses y centroamericanas). Numerosas autoras encontraron en la revista la oportunidad de dar a conocer su obra.

Anide también convoca a dos certámenes anuales: el Concurso Nacional de Poesía Escrita por Mujeres Mariana Sansón y el Concurso Centroamericano de Literatura Escrita por Mujeres Rafaela Contreras, alternando la poesía, el cuento, la novela y el ensayo. El Concurso Nacional de Narrativa María Teresa Sánchez, que Anide impulsaba con el auspicio de la Distribuidora Cultural, se llevó a cabo sólo en 2002 y 2003 y aún no ha podido institucionalizarse.

Revista 7 Días / Edición 509 del 4-10 Dic. 2006 Managua, Nicaragua. 1 diciembre 2006