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Gema Santamaría: Antídoto contra la desdicha aprendida -sobre Gema Santamaría


Por: Helena Ramos

Periodista cultural, poeta


Antídoto contra la desdicha aprendida -sobre Gema Santamaría
En Nicaragua, para bien o para mal, la literatura constituye un elemento identitario primordial. Suena cursi, pero llevamos la poesía en la sangre. Gema Santamaría es un vehemente ejemplo de tal predestinación. Nacida en 1979 en Managua, ha residido la mayor parte de su vida en México D. F., pero jamás se ha desligado de sus raíces. Fue aquí donde se descubrió a sí misma como poeta; Pablo Antonio Cuadra, mentor de generaciones, le dio la bendición inaugural, mientras la joven iniciaba su carrera de Relaciones Internacionales en la Universidad Católica Redemptoris Máter (Unica).

Sin embargo, aquel gesto benevolente no definió el camino de Santamaría, porque ella –al igual que muchas coetáneas suyas– asimiló desde temprano los términos “autonomía” y “enfoque de género” no solo como partes del discurso sino de la praxis.

Licenciada en Relaciones Internacionales y diplomada en Feminismo, Desarrollo y Democracia por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), de 2002 a 2003 fungió de coordinadora de Generando, proyecto estudiantil de equidad de género de la Representación de Relaciones Internacionales en el ITAM. Actualmente trabaja en el Departamento de Estudios Internacionales de este centro de estudios y participa en la Red Trasnacional de Análisis sobre Maras (www.interamericanos.itam.mx/maras), actividad que le permitió entrar en contacto con las facetas más violentas y tenebrosas de la realidad latinoamericana.

Inéditos fervores

El primer poemario de Gema, Piel de poesía (México D. F.: Casa Editorial Opción, México/Ediciones 400 Elefantes, Nicaragua, 2002), demostró que ella poseía el don del deleite, bastante inusitado en la poesía actual que suele ser anhedónica. También reveló que es una autora matrilineal, puesto que la poesía temprana de Santamaría evidencia un poderoso ascendente de Sor Juana Inés de la Cruz.

En Antídoto para una mujer trágica (México D. F.: Mezcalero Brothers Ediciones, 2007) la joven deja atrás la edad de la inocencia y la hablante lírica se retrata a sí misma como “alma deshilada”, “amarilla y cabizbaja”, “tijereteada/devuelta en un rompecabezas”, “calcinada de muerte” y “acorralada entre brillantes dolores”.

Sin embargo, a diferencia de muchas otras escritoras, Santamaría no acepta el sufrimiento con resignación ni aprende a solazarse con él, acorde al canon romántico que preceptúa la desdicha como una condición de autenticidad. Por el contrario, proclama: “Ya no más. /Ni una sola vuelta que termine en el abismo/ni un solo fervor astillando el alma”.

Uno de los componentes del contraveneno para la tragedia es la palabra, la escritura, y otro, un corrosivo cuestionamiento del orden imperante, que subvierte todos los preceptos, incluso el de “ser buenas”, porque en la práctica esto demasiado a menudo significa “inermes y sufrientes”. “cuídate mi amor porque me he vuelto mala”, advierte la poeta y lanza a la cara de los machos patriarcas –favor no confundir con los hombres– un “puñado de letras ácidas”. Aspira a hacer fábulas para despertar niñas, para que no las devoren tan dulcemente dormidas.

Una de las manifestaciones más significativas y a la vez sutiles del compromiso feminista de la autora es la insistencia en la cualidad matrilineal de su poesía, pues todos los epígrafes provienen de textos escritos por mujeres: Sylvia Plath, Carilda Oliver Labra, Olga Orozco, Elfriede Jelinek y Björk. Un verdadero internacional.

Añado con alborozo que la nueva visión, más sombría y contestataria, no opacó en Gema su capacidad de gozar, que florece en líneas de filigrana: “siente cómo respira el éxtasis:/magnolia de plata abierta tras la lluvia”.

Sobrio, preciso diseño e ilustraciones de portada e interiores, hechas por joven artista mexicano Christian Becerra, refuerzan los arrestos del poemario.

Revista 7 Días / Edición 525 del 13 al 19 de Agosto del 2007. Managua, Nicaragua. 1 agosto 2007