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Ana Ilce Gómez: La expresión del feminismo en Las Ceremonias del Silencio


Por: Conny Palacios

Catedrática -Associate Professor- de Español en Anderson University en Carolina del Sur


La expresión del feminismo en Las Ceremonias del Silencio
Las Ceremonias del Silencio de Ana Ilce Gómez apareció por primera vez en 1975 en El Pez y la Serpiente. Y la fecha de aparición es doblemente significativa: primero porque responde a uno de los fenómenos más importantes de la década de los setenta en la poesía nicaragüense, que según Jorge Eduardo Arellano fue “la consolidación de un coro de voces femeninas.” (Antología General 444). Y segundo, porque se enmarca dentro de la segunda ola feminista latinoamericana. Estas poetisas según Arellano “constituyeron un brote definido, originalmente amplio.” (Ibid., 444) Ana Ilce Gómez según el crítico anterior fue la más “sorprendente de ese coro por el dominio y exactitud de su lengua, garra e inteligencia, virtudes que se aprecian en Las ceremonias del silencio.

El “signo mujer” a como le llama Lucía Guerra al sexo femenino ha sido objeto de análisis desde varias perspectivas en todas las épocas, pero siempre bajo la delimitación del código patriarcal. Y es por esa razón que el tema de la liberación femenina sigue siendo un tema fascinante al igual que lo fue en el siglo pasado, pero más ahora en la últimas década de este siglo, porque es ella la mujer la que se está definiendo a sí misma. Mi estudio será un análisis de cómo se manifiestan aquí en este poemario los gérmenes del feminismo nicaragüense en la poesía. En mi análisis parto de las siguientes teorías: una sustentada por Giulia Colaizzi, quien afirma que “feminismo es teoría del discurso, y que hacer feminismo es hacer teoría del discurso, porque es una toma de conciencia del carácter discursivo, es decir, histórico-político, de lo que llamamos realidad, de su carácter de construcción y producto y al mismo tiempo”,--continúa diciendo Colaizzi— “un intento consciente de participar en el juego político y en el debate epistemológico para determinar una transformación en las estructuras sociales y culturales de la sociedad, hacia la utopía –una utopía indispensable—de un mundo donde exclusión, explotación y opresión no sean el paradigma normativo.” (Feminismo y Teoría del Discurso 20).

La otra teoría es la que presenta Sofía Kearns en su tesis doctoral Hacia una poética feminista latinoamericana. Kearns se hace voz de Sally Robinson quien al referirse a la mujer que escribe, afirma: “La mujer que escribe se implanta automáticamente como sujeto de prácticas sociales y discursivas, ya que transgrede los códigos de silencio y represión que le ha impuesto el patriarcado.” (Ibid., 8). Pero Sofía Kearns en su estudio amplía el enunciado anterior y afirma que la mujer “va más allá: crea su propia autorepresentación que es una idea situacional –específica, local, no unificada—proveniente de contextos personales, sociales, culturales y políticos. De esta forma se compromete con el proceso de producción cultural, ya que en lugar de ser la figura para ser observada y deseada, es el sujeto que produce su imagen propia.” “En otras palabras,” –continúa diciendo Kearns—“cada escritora presenta su versión de lo que para ella es ser mujer dentro de su propio contexto histórico, social y político específico; y al escribir su versión, se sitúa como sujeto en la producción cultural.” (Ibid., 8)

De aquí pues que en Las ceremonias del silencio encontramos una versión de lo que es el feminismo para Ana Ilce Gómez. Ella hace ‘teoría del discurso’ si nos acercamos a la posición de Colaizzi, y se ‘implanta como sujeto de práctica discursiva’ si pensamos en Sally Robinson, y claro está que al implantarse como sujeto nos da su propia ‘autorrepresentación’ como afirma Sofía Kearns.

Las ceremonias del silencio está dividido en 5 secciones. De la primera sección “La hilandera del viento” es el poema “De sombras y soles incendiada”. Título sugeridor porque nos da el perfil de la mujer que habla. En los primeros catorce versos la autora rememora su edad temprana cuando su pecho sólo conocía “un amor tranquilo como el agua / tranquila de los pozos.” (Las ceremonias del silencio, 41). Los últimos versos en contraposición con los primeros nos presentan la imagen de la mujer actual. Figura que se percibe como el de una mujer doliente, sitiada, y ulcerada por la vida “de sombras y soles incendiada, sitiada / por el fuego del amor, / ulcerada por la pasión de la Palabra.” (Ibid., 42). Y este poema es de gran significado porque la imagen de mujer que proyecta es la misma que impera en todo el poemario. En otras palabras en este poema se resume su posición escindida, mujer fragmentada por su Palabra, por los hijos que da al mundo, por el amor, y en resumen por el rol impuesto que le ha tocado desempeñar. Es decir por la ‘tuerce’, término con el que la autora define su posición de otredad.

Las letras y las armas han sido terrenos fértiles para el hombre pero no para la mujer. Para ella ha sido terreno vedado especialmente el oficio de las letras. De ahí que el hecho de que una mujer escriba, se puede considerar una expresión subversiva porque transgrede el silencio, invade un campo que le ha sido prohibido. Y es por consiguiente, una manera de decir: Yo, mujer, soy sujeto y ofrezco mi propia versión de Ser. Así pues, Ana Ilce Gómez da su propia versión de Ser en el poema “Piedra de sacrificio” que se ubica en la tercera sección titulada: “A lo mejor soy otra andando al alba”. Nydia Palacios en su artículo “Los temas en la poesía de Ana Ilce Gómez” ha destacado que el tema de esta composición es “la creación poética.” (“Los temas en la poesía de Ana Ilce Gómez” 222). Aquí, --continúa diciendo Palacios-- “El acto de escribir se convierte en autoinmolación.”(Ibid., 222). Y a este comentario podemos agregar, que en él se observa además, la dualidad agónica de la mujer que se sabe culpable porque ha invadido un espacio que no le pertenece. Ella le ha dado vida al canto pero este mismo canto le ha de matar, será llevada al sacrificio, penalidad que según ella misma merece.

Yo di vida a este canto.
Y heme aquí reducida a polvo.
Desvencijada,
rota,
hambrienta.
.................................................
Al final me llevará
a la piedra,
al sacrificio
donde he de soportar el hierro
que merezco.
(Las ceremonias del silencio, 59)

Otra expresión del feminismo en la obra, es la manifestación por parte de la autora en contra de uno de los oficios tradicionales de la mujer impuestos por la estructura dominante, como es el caso de la costura. Carmen Naranjo en su libro Mujer y cultura ha analizado los mitos caracterizadores de la mujer, mitos “que han venido a representar patrones culturales y que son básicamente construidos por el hombre y por la sociedad en que han vivido.” (Mujer y cultura 12). Y uno de los mitos –y valga la redundancia-- que ella analiza es el de Penélope, cuya característica es “la limitación de la experiencia.”(Ibid., 13) Pues bien, en el poema titulado “Singer 63” el cual se ubica en la primera sección ya mencionada, encontramos una desmitificación del mito de Penélope. El título del poema es sugeridor pues “Singer 63” es una marca de una máquina de coser.

La composición se inicia con los versos “La señora de ayer / se llamaba...” la autora no nos remite a una mujer específica, ya que esta señora de ayer es la representación de la mujer en general anclada en el hogar. Esta mujer “Clavaba alfileres en los trajes, / se asomaba a la puerta / para mirar las nubes. “ (Las ceremonias del silencio 25) El poema continúa con la repetición del verso “La señora de ayer” para enfatizar que esta mujer que sólo sonreía a medias ya “murió con sus dedales / y su corazón repleto de / marcas: Royal 62, / Singer 63, Phillips 64...” (Ibid., 25) En otras palabras esta mujer pertenece al pasado, ya se ha liberado de un oficio impuesto por la sociedad patriarcal.

En la composición “El amor viene conmigo”, siempre de esta misma sección, el amor es representado “como un gato silencioso” que persigue a la autora. Y la importancia del poema radica en que la composición es un reconocimiento por parte de la mujer como sujeto, de su naturaleza femenina. Un ser dotado y hecho para el amor, sentimiento que además de darle gloria, le da la muerte. El poema consta de tres estrofas y cada estrofa va encabezada por el verso repetitivo “Desde lejanos tiempos el amor viene conmigo.” Se observa también una gradación ascendente de tiempo en las estrofas. La primera se erige en el pasado, la segunda en el presente y la tercera en el futuro.
Alguna que otra noche
he escuchado su ronroneo suave
y mi tacto ha sentido la uña fiera
haciendo averiguaciones;
.........................................
Desde lejanos tiempos el amor viene
conmigo,
está conmigo
palpando la ternura de cada costilla,
los tibios cuencos de mi ser
donde se esconde cada beso,
................................................

Desde lejanos tiempos el amor viene
(conmigo),
Irá conmigo.
Arrasará mi sangre
Y un buen día
escribirá en las arcadas de mi vientre
mi canto de gloria,
mi honra fúnebre.
(Ibid., 29)

“Teatro”, otro canto de la sección ya mencionada es un poema breve donde a través de la imagen de una mujer ahogada se recrea la situación enajenada de la mujer en la cultura latinoamericana. Los adjetivos: sola, pospuesta, e infeliz, refuerzan el sentimiento de ahogo que la sociedad provoca en ella.

Flota tu cabello suelto de infeliz ahogada
mujer sola, mujer pospuesta
como postre a la mesa.
La trama sigue mientras tanto
el tiempo sigue andando
se marchan todos.
Mujer ahogada en agonías
mujer feliz en una que otra escena:
este teatro te conduce a la miseria.
(Ibid., 61)

“Encuentro” poema que sigue al anterior, es un poema corto donde la autora se encuentra con la muerte y dialoga con ella. La poeta le muestra sus rodillas llagadas y su sombra coja, pero la muerte no tiene compasión con ella, más bien le ratifica que esa condición de miseria que presenta es parte de su “tuerce” es decir, de lo que a ella por derecho establecido por la sociedad le pertenece.

Nos cruzamos miradas puntiagudas
que llagaban el alma.
Ella altanera, yo humildosa
le mostré mis rodillas canceradas
mi sombra coja
mi vestido de novia ya vestido.
Ella sonrió y me dijo
que ese era el aguinaldo de mi tuerce,
que el de ella ya vendría.
(Ibid., 63)

Encabezando la sección quinta “Vida viva” aparece la composición “Desierto de luz,” poema bellísimo escrito en prosa. Alude a la cotidianidad de la mujer en su vivir: levantarse, ver y decir sin decir nada. Este habitual vivir está signado por la tiniebla y esta condición de oscuridad nos remite al paraíso terrenal cuando la mujer recibió el castigo divino, por eso viene “andando entre miles de años, sin cesar desembocando a la vida, al parto, a la muerte prematura, levantada y yacida contra la sombra del tiempo,...” (Ibid., 85). El poema termina con un destello de esperanza, este castigo divino, por así llamarlo, algún día cesará, pues ella será “enfrentada a la luz y arrojada para siempre a su desierto.” (Ibid., 85)
Además de dar nombre a la sección quinta, “Vida viva” sirve de título a otro poema también escrito en prosa. A diferencia del anterior éste rememora el nacimiento de su hijo. Hijo que viene a pluralizar su estación sobre la tierra. Es decir, la soledad y el silencio impuesto a su destino es aliviado por este ser que es carne de su carne. La poeta magnifica el papel de la madre, y parece decirnos que sin ella la especie corre el peligro de la extinción. Aquí vemos la mujer escindida, el hijo parte de la madre, madre e hijo un solo ser, pero condenada a perderlo porque: “Cada día que pasa sé que será menos de mí y más del mundo que le he dado, mientras que yo, sintiendo que torno irremisible a la soledad de Eva, deseo con todas mis fuerzas que sea eterno este momento en que lo sé allí, trotando como un animalito dichoso al pie de su leona herida de vida.”(Ibid., 87).

Perteneciente también a la sección precedente, se destaca el poema “Tintachina”. Es un poema en prosa signado por la desesperanza. La composición nos remite al espacio cerrado de la mujer, la casa. Ahí “no hay mares ni olas” en otras palabras, la libertad y el vuelo de la imaginación yacen prohibidos. Ahí en ese lugar sólo hay modorra, humildad, y miedo. No hay lugar para el canto porque: “Mi piedra fundamental yace en el fondo de algún río junto al banco de coral, la flor ártica y el moho renegrido, puesto que todo se derrumba, se contrahace y se va a pique.” (Ibid., 99) El poema al final destaca la fuerza interna de la mujer la que hereda a los suyos: “la dura concha de fuego redomado que como muda de culebra quizá, quizá nos sobreviva.” (Ibid., 99)
De la última sección “No moriré al morirme” es el poema brevísimo titulado “Destino”. Su título es sugeridor ya que en pocas palabras, específicamente en infinitivos de gran connotación positiva la poeta traza el destino de la mujer, pero también afirma que ese destino se puede borrar.

He de hacer en este mundo lo que está
destinado para mí:
cantar
abrazar a mis hijos
pulir alguna piedra para hacerla
valedera
borrar si quiero lo que está destinado
para mí.
(Ibid., 125)

En conclusión Las ceremonias del silencio es un poemario signado por la desesperanza, la soledad y el silencio. Elementos que conjugan la vida de la mujer como objeto. La manifestación del feminismo en este poemario no es agresivo, sino doliente. La autora ha tomado de la estructura patriarcal las definiciones del objeto mujer, como son: esposa ejemplar, mujer dedicada a los quehaceres femeninos, mujer como ángel de amor, mujer asexuada sin necesidades físicas ni espirituales-- para señalar que esas especificaciones no le hacen feliz, no le llevan a la plenitud de su ser sino que sólo la conducen al dolor.

Bibliografía

Arellano, Jorge Eduardo, Introducciones, selecciones y notas: Antología
General de la Poesía Nicaragüense. Managua: Ediciones
Distribuidora Cultural, 1994.
Colaizzi, Julia, ed.: Feminismo y teoría del discurso. Madrid: Ediciones
Cátedra, S.A., 1990.
Gómez, Ana Ilce. Las ceremonias del silencio. Managua: Editorial
Vanguardia, 1989.
Guerra, Lucía. La mujer fragmentada: Historia de un signo. Ciudad de la
Habana, Cuba: Ediciones Casa de las Américas, 1994.
Kearns, Sofía. Hacia una poética feminista latinoamericana: Ana María
Rodas, María Mercedes Carranza y Gioconda Belli. University of
Illinois at Urbana-Champaign, 1995.
Naranjo, Carmen. Mujer y cultura. 2ª ed. EDUCA, Centroamérica, 1990.
Palacios, Nydia. “Los temas en la poesía de Ana Ilce Gómez”. LENGUA
2ª. Época. Núm. 21 (1999): 219 – 224.

1 enero 1997