critica_literaria


Gioconda Belli: La expresión del feminismo en Apogeo


Por: Conny Palacios

Catedrática -Associate Professor- de Español en Anderson University en Carolina del Sur


La expresión del feminismo en Apogeo
Sally Robinson en su libro Engendering the Subject. Gender and Self-Representation in Contemporary Women’s Fiction ha afirmado que: “La mujer que escribe se implanta automáticamente como sujeto de prácticas sociales y discursivas, ya que transgrede los códigos de silencio y represión que le ha impuesto el patriarcado.” (Engendering the Subject 12) Y Sofía Kearns en su tesis titulada Hacia una poética feminista latinoamericana, al referirse al enunciado anterior, agrega que la mujer va más allá: “crea su propia autorepresentación que es una identidad situacional –específica, local, no unificada—proveniente de contextos personales, sociales, culturales y políticos.” (Hacia una poética feminista latinoamericana 8) Pues bien, en el poemario titulado Apogeo (1998) de Gioconda Belli, poeta nicaragüense, -- libro que recoge poesía escrita en los últimos diez años (1987-1997)—asistimos a su autorepresentación feminista, --y valga la redundancia—interpretación que valida su posición e identidad como sujeto. De su obra, Belli afirma: “En este libro he querido celebrar el apogeo, el cenit, en la vida de las mujeres. Ese momento fundamental de la existencia donde la integridad y la belleza física, coexisten con la sabiduría y la madurez del intelecto... (Apogeo 7) Mi estudio enfoca aquellos temas que expresan el feminismo en la obra. Entre ellos analizo el tema de la toma de conciencia feminista, el del descubrimiento de sí misma como mujer, (que conlleva a una proclamación feminista) el tema de la maternidad, y el tema de la edad pero relacionado con la menopausia entre otros.

La crítica en general ha encontrado una diferencia entre el feminismo norteamericano y el latinoamericano. Kearns en su ensayo hace suyas las palabras de Marta Lamas al establecer las diferencias entre los dos feminismos mencionados, y al respecto, sostiene que “el primero es organizativo y político, en respuesta a la opresión del trabajo doméstico y del rol del ama de casa; el segundo enfatizó el descubrimiento de sí mismas como mujeres, especialmente respecto a la sexualidad.” (Hacia una poética feminista 11). La crítica anterior en su estudio ya citado, habla de un proceso de toma de “la conciencia feminista” en los poemarios tempranos de Belli. Dicha “conciencia feminista” es calificada de tardía por Kearns cuando compara a Belli con otras poetas de su época. Y según ella misma esta conciencia deviene de “una conciencia política renovada” (Ibid., 101). Pero es a partir del poemario La costilla de Eva que Sofía Kearns encuentra en la poesía de Belli un cambio de dirección, un nuevo rumbo relacionado “con su nuevo compromiso feminista” (Ibid., 97).

Así pues, ese “nuevo compromiso feminista” que ya se vislumbraba en el poemario antes mencionado, aquí en Apogeo se convierte en rotunda afirmación, y el poema síntesis que expresa esa nueva conciencia es uno brevísimo titulado: “Máxima”. La composición se inicia con un verso de reminiscencias bíblicas y de tono sentencioso: “En verdad en verdad les digo:” (Apogeo 67). Inmediatamente después de este verso, el tono cambia. Es ahora de gran seguridad, de certeza “No hay nada más poderoso en el mundo / que una mujer./ Por eso nos persiguen.” (Ibid., 67).

Sofía Kearns ha afirmado que para Gioconda Belli “la unión sexual con el amado es una metáfora multivalente que indica el deseo que tiene la hablante de conectarse corporalmente no sólo con el hombre sino con la patria nicaragüense y con el movimiento revolucionario.” (Hacia una poética feminista 48) Si bien es cierto lo anterior, esto cambia ya en Apogeo. Aquí la poeta expresa siempre su deseo de unirse con el amado, pero esta unión ya no es desde la perspectiva patriarcal, sino desde otra, donde la mujer sea considerada como la igual del hombre. Será por consiguiente un amor nuevo, un amor que se adapte a la nueva situación de la mujer en todas las esferas. Este cambio de rumbo se observa claramente en el poema titulado “Invitación feminista”:
Yo,
mujer de la tierra
te convoco a un amor de signo nuevo,
un amor vegetal de mil semillas,
alto, sólido, tronco de los árboles.
Ven.
Despertemos del barro.
Te invito al aire de mis nuevas alas. (Apogeo, 96)

En los siguientes versos la autora reitera la petición antes mencionada para que juntos, hombre y mujer, puedan enfrentar el porvenir, además de cambiar el curso de la historia: “Nos tomaremos la Tierra Prometida. / Incendiaremos el rostro de los siglos.” (Ibid., 97).

Carmen Naranjo en su estudio Mujer y cultura trae a colación el mito de la mujer liberada, mito que ha creado confusión sobre la situación de la mujer. Naranjo afirma al respecto que: “No puede negarse, por temor al término, que la mujer está en vías de liberación. Pero, --sigue diciendo Naranjo—“liberación no conlleva al sentido de romper con lo que constituye su ser íntimo, sus características individuales, sus múltiples posibilidades de realizarse y su libre albedrío de escoger.” (Mujer y cultura 38) El razonamiento de Naranjo halla eco en los últimos años cuando aparece en algunas autoras, el tema del encuentro de la mujer consigo misma.

Esta idea no es algo nuevo en la poesía de Belli. Si en los poemarios anteriores esta búsqueda-encuentro no logra resolverse, es aquí en Apogeo que ella se encuentra a sí misma y se comprueba en el poema de título emblemático “La mujer se encuentra a sí misma”. La composición se caracteriza por un tono melancólico, reposado, muy diferente a otros apasionadísimos de la autora. A través de la visión de una mujer que vuelve los ojos hacia dentro y “Se acomoda en la fuente interior. / Las ciudades, los parques, / las avenidas sombreadas del recuerdo / o la imaginación.” (Ibid., 38). Los versos anteriores nos muestran que la poeta se procura ahora una existencia tranquila. Ahora ya el cuerpo no reclama caricias tampoco las necesita para reafirmarse en toda su plenitud, porque al fin a través de los años ha encontrado lo que buscaba: el encuentro consigo misma. Al final del breve poema, ella exclama: “¡Cuántos años para esto! / ¡Cuánto tiempo buscando / lo que estaba tan cerca.” (Ibid., 38)

En estrecha relación con el anterior, aparece la composición titulada “Poema del encuentro”. Si no fuese porque media entre ellos otros poemas, me atrevería a afirmar que el “Poema del encuentro” es una continuación del anterior. El tono es casi el mismo, pero quizás más reflexivo. Aquí ella expresa que ese encuentro del que nos hablaba anteriormente, le ha producido felicidad. Este sentimiento le “enciende lámparas en el pasadizo de las tardes.” (Ibid., 59). Y a través de una visión retrospectiva traída por el silencio interior, la poeta rememora sus triunfos y derrotas, sus desesperos, su acumulación de libros y mapas, buscando en ellos respuesta:

Abro mi casa de ventanas redondas
y escucho la íntima historia de batallas, triunfos y derrotas
-- mieles y hieles de esta efímera existencia que es la vida—
Recuerdo entonces cómo desesperé
--aún hoy a veces olvido lo aprendido –
insomne noche tras noche,
atónita ante el tiempo,
el principio, el fin,
las razones de este pasaje grávido,
la amenaza de la futilidad.
Acumulé libros y mapas para encontrar la voz,
la historia de los astros,
la verdad de los mitos,
la obsesión de Icaro. (Ibid., 60)

El poema continúa con dos versos que a mi juicio son esclarecedores y que hablan de su trayectoria como mujer comprometida con los oprimidos y con la escritura. A pesar –parece decirnos—de su clase social, y de la época que le tocó vivir, ella prefirió “las alas / a la mordacidad o la conveniencia.” (Ibid., 60) Y ya casi para terminar el poema, a través de la voz poética, la autora se da cuenta que lo caminado ha sido mucho y quizás demasiado para sólo venir a “encontrarme / no más que conmigo misma, / con el Universo reflejado en mis facciones / de premeditada imperfección.” (Ibid., 60). El poema concluye con la validación de ese encuentro. Ella sabe ahora que: “La esencia de ser es multitudinaria / y en su multiplicidad / contiene mi nombre.” (Ibid.,) En otras palabras, su esencia está en todas esas mujeres a las cuales ella ha dado voz.

Lucía Guerra ha expresado que la maternidad “ha dado a luz importantes cuestionamientos con respecto del cuerpo de la mujer.” (La mujer fragmentada 164). La afirmación anterior es verdadera ya que con el surgimiento del feminismo, muchísimas mujeres han tratado de establecer una reflexión propia al respecto. Guerra sostiene en su mismo estudio, que es evidente también “la carencia de un discurso propio de la mujer para modelizar su experiencia bio-materna.” (Ibid., 164).

Belli al igual que otras escritoras toca el tema de la maternidad en sus escritos para darnos su propia experiencia. Avezamiento maternal que no siempre es el mismo, pues varía de acuerdo a las etapas vividas por la autora. Y en cuanto a este asunto, Sofía kearns en su tesis ya señalada, ha afirmado “que Gioconda Belli reconoce el potencial de la figura materna y lo usa al máximo en su representación. Ella representa la maternidad desde dos puntos de vista: uno bastante tradicional donde la madre simplemente cumple su papel social de la reproducción, aunque aquí más complicada pues ocurre para el servicio de una ideología, la sandinista. El otro punto de vista, aunque todavía muy tradicional por el énfasis en el sacrificio, la presenta como parte del proceso político, y así, transformada por la revolución.” (62). En Apogeo el tema de la maternidad da un viraje muy pronunciado. Aquí ya no es la mujer comprometida con la revolución la que habla, ella es ahora madre solamente.

Este nuevo rumbo se observa en el poema titulado “Lazos”. Tierna composición dedicada a su hija Adriana, poema-pintura, donde el lector observador contempla una madre que sostiene en sus brazos a la hija que duerme. Hija que se percibe como ángel por el uso del sustantivo “alas”. En la composición se observa una transferencia de papeles ya que la madre pasa a depender de la niña:
No sé por qué
en las noches cuando te sostengo
hasta que cerrás las alas
resignándote a la oscuridad y el sueño,
siento que, contrario a las apariencias,
me tiraste una cuerda de plata en un naufragio
y es mi cordón umbilical
el que ahora descansa en tus pequeñas manos,
como si, hija mía, fuera yo también hija de
esos profundos ojos
que un día sabiamente
soltaron hacia mí
sus relucientes anclas. (Apogeo., 54-55)

El poema concluye con la imagen de madre e hija entrelazadas, “agua y sed” como si nunca hubiesen existido separadas: “sólo se que cuando la flecha de la tuya / giraba buscando espacio en el espacio, / agua y sed se encontraron / y ahora henos aquí / madre y pequeña niña / apretadas, envueltas, enlazadas, / como si jamás hubiésemos existido / apartadas la una de la otra. “ (Ibid., 55).
Ligado al poema anterior, se encuentra “Prejuicios sobre la maternidad”. La poeta trae a colación un estereotipo negativo sobre la maternidad, expresado en la creencia popular, de que mientras más vida dan las mujeres, más vida pierden. La poeta se afianza en este conocimiento para negarlo. El poema recrea un diálogo con una mujer que toma lugar en un parque. La señora le pregunta a la autora cuantos hijos tiene. Ella responde que son cuatro y eso suscita en la extraña un comentario cándido: “-Se ve usted muy joven para todo eso—“. Esto le hace reflexionar sobre las asociaciones negativas de la maternidad, como son: la vejez, la gordura, y la pérdida del deseo sexual. A todo ello Belli responde que no es el parto lo que desgasta: “Como si cada hijo mágicamente redujera la líbido, / y no fuera la realidad exactamente lo contrario:/ Cada hijo dejándonos más cerca de la vida / más proclives a la ternura, / la piel más suave y el sexo más acogedor.” (73) El poema se cierra con un verso sentencioso “Es la falta de pan, de amor, la que desgasta. / No el parto. “ (Ibid., 73).

Ya es un lugar común el que las mujeres eviten confesar su edad y por consiguiente hablar de la menopausia. Gioconda Belli toca con desenfado el tema tabú de la edad, en estrecho abrazo con el período de la menopausia. En “Nota de la autora” que Belli inserta al comienzo de su libro, la poeta nos da su opinión sobre esta etapa, y así dice: “Una época en que la mujer se enfrenta a las nociones preconcebidas de una sociedad...” (Ibid., 7). Apogeo es una invitación feminista, es una arenga a las mujeres cuarentonas. Y el poema que corrobora lo dicho es el titulado “Los cuarenta”. La autora para definir de alguna manera lo que son los cuarenta, parte de un comentario escrito en un pie de foto de un periódico en Managua: “Anciana de 43 años, muere atropellada por un camión”. (Ibid., 27). Belli se vale de ideas establecidas por la mentalidad patriarcal, como es el de considerar viejas a las mujeres de cuarenta, para restarle validez a esa percepción. La autora reflexiona sobre sus años vividos y se da cuenta que después de “juventudes de angustia, / sé quien soy, lo que quiero / y el precio que estoy dispuesta a pagar por conseguirlo.” (27). Y este conocimiento no sólo se lo aplica a ella, sino que va dirigido a las otras mujeres.

En el poema está implícita la idea del poder oculto y misterioso de la mujer, y en este caso como guardadora de antiguas sabidurías. El poema concluye con la idea de que hay que unirse y así exclama:
¡Mujeres cuarentonas, uníos!
Vámonos de nuevo al bosque
y a la luz de la luna
bailemos otra vez las danzas paganas
de las antiguas
y sabias
brujas. (Ibid., 28)

El poder de la mujer se reafirma en la composición titulada “Menopausia”. Este período, según Belli, no desvaloriza a la mujer, porque ella es “mucho más que una fábrica de humores / o de óvulos.” (Ibid., 68). El poema al igual que el anterior, se distingue por un tono de arenga e invitación. La petición podría decirse que es casi la misma que el de la composición anterior: hacer una hoguera, desnudarse y bailar, pero en este caso para celebrar la madurez: “Tirá los tampones, / las toallas sanitarias. / Hacé una hoguera con ellas en el patio de tu casa. / Desnudate. / Bailá la danza ritual de la madurez. / Y sobreviví / como sobreviviremos todas.” (Ibid., 69).

Si en los dos poemas anteriores el poder de la mujer es implícito, en “Declaración narcisista” es afirmación tajante de ese poder, semejante a aquél que según la autora se tiene cuando se es joven: “Como a mis veinte años, / otra vez / a los cuarenta y tantos, / el sentimiento de poder.” (Ibid., 65). En los versos que siguen, la voz poética exterioriza que ve el mundo ahora, a sus cuarenta y tantos, “desde una cima donde el aire es liviano/ y donde bacantes/ entonan cantos/ a los placeres exquisitos de la carne.” (Ibid., 65). La poeta parece decirnos que es en esa etapa donde la mujer descubre que hay en ella, un erotismo más profundo y por lo tanto más válido. Versos más abajo hace referencia al pasado, y para ello utiliza la imagen de un “león manso”. Y con el pasado se abre al futuro, porvenir que se augura pleno, pues hay en sus dedos “suficiente temple”. El poema termina con una declaración narcisista que ratifica su poder de mujer: “Soy magnífica,/ Templo enhiesto de mis elementos / altar de aire, de fuego, / mujer de agua y de tierra.” (Ibid., 66).

Si bien Apogeo es una celebración de la edad madura y va dirigido a las mujeres cuarentonas; también es cierto que va dirigido a los hombres, que son los que han definido a la mujer, sobre todo durante los años cruciales de la madurez femenina. “Mujer irredenta” es un claro ejemplo de lo expresado. La voz poética se dirige a aquellos que piensan que ella ha celebrado con exceso “los misterios del cuerpo / la piel y su aroma de fruta.” (Ibid., 13). En las siguientes líneas, la autora pone sobre el tapete las ideas que imperaban en el siglo XIX sobre la mujer: casta, intacta, tierna, cariñosa, hogareña; pero también no confiable: “Una mujer es frágil, leve, maternal; / en sus ojos los velos del pudor / la erigen en eterna vestal de todas las virtudes. / Una mujer que goza es un mar agitado / donde sólo es posible el naufragio.” (Ibid., 13). Belli se vale de la perspectiva masculina anterior para destruir esa imagen femenina ya obsoleta, y al hacerlo así, construir la nueva imagen de la mujer sobre todo aquella que la define como otoñal:
Me instalo hoy a escribir
para los Sumos sacerdotes de la decencia
para los que, agotados los sucesivos argumentos,
nos recetan a las mujeres la vejez prematura
la solitaria tristeza
el espanto precoz a las arrugas.

¡Ah! Señores; no saben ustedes
cuánta delicia esconden los cuerpos otoñales
cuánta humedad, cuánto humus
cuánto fulgor de oro oculta el follaje del bosque
donde la tierra fértil
se ha nutrido de tiempo. (Ibid., 14)

En conclusión, Apogeo, además de celebrar la madurez en la vida de las mujeres, es un manifiesto feminista dirigido tanto a la mujer como al hombre. Y la autora expresa esta declaración a través de temas como: el de la toma de conciencia feminista, el del encuentro-descubrimiento de sí misma como mujer, el de la maternidad, y el tema central, como es el de la celebración de los “cuarenta y tantos”.

Bibliografía

Belli, Gioconda. Apogeo. España: VISOR MADRID, 1998.
Elguea Véjar, Silvia. Coordinadora. La Otredad. Los discursos de la cultura
hoy. México, 1997.
Glickman, Robert Jay. Vestales del templo azul. Notas sobre el feminismo
Hispanoamericano en la época modernista. Canadian Academy of the
Arts,1996.
Guerra, Lucía. La mujer fragmentada: Historias de un signo. Cuba: Ediciones
Casa de las Américas, 1994.
Kearns, Sofía. “Hacia una poética feminista latinoamericana: Ana María Rodas,
María Mercedes Carranza y Gioconda Belli.” Diss. University of Illinois at Urbana-Champaign, 1995.
Naranjo Coto, Carmen. Mujer y cultura. 2ª. Edición. EDUCA: Centroamérica,
1990.
Robinson, Rally. Engendering the subject: gender and self-representation in
Contemporary women’s fiction. Albany: State University of New York Press, 1991.

1 enero 2003