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Gloria Elena Espinoza de Tercero: De plumas y ángeles hacia el sentido del “final” en El sueño del ángel


Por: Dra. María Amoretti Hurtado y Dr. Jorge Chen Sham
M. A. -Comenzar es siempre difícil. Voy a comenzar con una historia de nicaragüenses. En 1915 una mujer sola, con sus tres hijos, sin padre, cruzó a pie la frontera entre Nicaragua y Costa Rica. La primera de las hijas tres años después, apenas con sus quince años se quedó en Filadelfia, Guanacaste, se casó ahí. La mujer nicaragüense continuó su marcha con dos hijos, el mayor, entonces de dieciocho años y una niñita que cuando salió de Guanacaste iba por los ocho años. Llegaron a Puntarenas y allí se quedaron. La niñita creció, conoció a un hombre bueno, se casó, el hijo de ella a los treinta y tres años, murió muy joven y Antonia quedó viviendo con esa niñita que ahora era una señora casada con un costarricense. Yo soy hija de esa niñita. Antonia es mi abuela, y ese curriculum que ustedes acaban de escuchar es un orgullo para mí, pero no un orgullo personal e individual, es el orgullo que yo ostento en Costa Rica, en decir: ustedes no pueden arrepentirse de habernos recibido. Y la abuela fue el gran personaje de mi vida; la abuela Antonia, nunca regresó a Nicaragua pero nos hablaba a mi hermana y a mí, sus nietecitas, que tampoco conocíamos esta tierra y nos fue formando una idea paradisíaca de esta tierra. La abuela hablaba de Nicaragua y aquellas imágenes bellísimas de esa tierra de fantasía fueron creciendo en la mente de mi hermana y en la mía. Y…, alguna vez llegamos, mamá nos trajo a conoce la tierra de la abuela y algunos parientes que todavía quedaban por ahí, poquitos. Incursioné en la literatura nicaragüense para saber todavía más de esa tierra que la abuela había metido en mi cabeza. Y un día me encontré con La casa de los Mondragón. La novela me encantó porque hablaba mejor que muchas otras obras que yo había leído de Nicaragua, de esas cosas sencillas y simples de las que me hablaba mi abuela y que todavía no he probado todas; por ejemplo, la carne enchorizada, el pipián, y la gente en esa novela hablaba como lo hacían en mi casa, hablaba el idioma de mi abuela. Entonces mi relación con esa novela es una relación, también, muy afectiva, ¿comprenden? Me dice muchas cosas, porque está narrada, muy en el tono que mi abuela hablaba de esta tierra. Esto para contarles algo que siempre es importante, la relación emocional con la literatura y que muchas veces los críticos literarios de tanto estudiar cosas muy técnicas y muy complejas, se olvidan de lo básico, que la literatura es una relación personal, que la literatura es el medio fenomenal para encontrar una revelación. La revelación de uno mismo. La primera novela de Gloria Elena fue La casa de los Mondragón y ésta otra, El sueño del ángel es una novela bastante diferente y una de las grandes diferencias es que es una novela críptica; es una novela cuya gratificación hay que sudarla. Si usted quiere verdaderamente entrarle a esa novela, tiene que ganársela. Es el lector el encargado de reconstruirla y de recrearla. Tendrán que hacer un gran esfuerzo pero deben tener eso claro, hay que ganársela, hay que reflexionar mucho, hay que pensar mucho, por que es una novela que se les ofrece en forma fragmentaria. Y realiza en el lector algo que se habla ahora en la literatura moderna que es la proliferación del significado. Es decir, es una novela que le da claves pero que va a tener y aceptar diferentes tipos de lectura. El único límite será el que la interpretación que ustedes les dé pueda ser confrontada con el texto, pueda ser confirmada con el texto. Pero es un texto que ofrecerá diferentes y múltiples lecturas.

J.Ch. -Sin embargo a pesar de que es una novela diferente, de alguna manera continúa con el proyecto de escritura que Gloria Elena se ha enmarcado, ese proyecto de escritura tiene como centro y objetivo, ver, tratar y describir, en este sentido interiorizar el espacio leonés. Eso es muy claro, son novelas que tratan el espacio leonés, en tanto geografía y también en tanto sociedad. Pero marca, les decía, una continuidad y una evolución, porque si la primera novela que era La casa de los Mondragón nos hablaba de un León finisecular, siglo XIX; en esta otra novela tenemos, también la idea finisecular pero enmarcado en la Nicaragua y el León, si ustedes quieren, del siglo XX, de cara hacia el nuevo milenio. Es muy interesante esta idea de lo finisecular en Gloria Elena porque plantearía como hemos discutido la Dra. Amoretti y un servidor, la idea de la reconstrucción del pasado, o la reconstrucción de la Historia, a partir de ese espacio leonés.

M. A. -Mijail Bajtín -uno de los teóricos literarios más famosos en este momento-, sostiene que la novela es el género más importante de la Modernidad. Tiene una serie de argumentos para preferir la novela, para que la novela sea su género favorito. Dice que, en la novela, el acontecimiento se estructura sobre dos categorías básicas, que son el espacio y el tiempo; son también las dos categorías que la filosofía, especialmente Kant ha dicho, utiliza para plantear que todo fenómeno humano se da en un espacio-tiempo. Pero entonces él plantea que toda novela se organiza en una unidad espacial y que es una mezcla de un espacio-tiempo, al que él llama cronotopo. Y esta idea de espacio-tiempo la toma nada menos que de Einstein, de la teoría de la relatividad de Einstein. Yo cuando hice el trabajo sobre La casa de los Mondragón había planteado la teoría de que el cronotopo, o sea, que la unidad espacio temporal básico de esa novela, era el tiempo folklórico; la novela La casa de los Mondragón sostiene un ritmo mucho más llevadero de lectura porque es heredera, digamos, de la tradición escritural del costumbrismo, lo cual era lógico porque el León del que se hablaba allí, era el León de finales del siglo XIX. En esta otra novela El sueño del ángel, la pregunta es ¿cuál es la estructuración espacio-temporal que organiza lo que sucede ahí? La propuesta que yo hago de interpretación es el cronotopo; la unidad espacio-temporal en El sueño del ángel es el Apocalipsis. El cronotopo se puede pensar si ustedes quieren, como el equivalente de lo que normalmente hemos conocido como género literario.

J.Ch. -En ese sentido habría que ver que en esta segunda novela de Gloria Elena, ese cronotopo tiene como referente una lógica escatológica, ¿qué quiere decir escatología? Retomemos escatología en ambos sentidos que posee en español: Escatología, relacionado, ustedes saben muy bien, con los escrementos, con la podredumbre y por otro lado, escatología relacionado, como dice cualquier diccionario, con las cosas de ultratumba, con lo que puede suceder en el más allá, a futuro. La novela cumple ambas acepciones de escatología, porque la primera al analizar la descomposición, la podredumbre, tiene que ver con la destrucción y con el caos y en esa novela hay dos hechos muy interesantes que marcan, históricamente, el contexto donde debe situarse ese León y esa visión también de Nicaragua. Hay dos acontecimientos; son cataclismos y los personajes los viven como cataclismos. En primer lugar, el terremoto de Managua, y por otro lugar, el huracán Mitch. Los dos producen una gran devastación, son los dos acontecimientos que marcan o marcarán si ustedes quieren, la historia nicaragüense del último tercio del siglo XX y no es algo superfluo en la novela. ¿Por qué? Porque a partir de esos dos acontecimientos vividos como algo que destruye y que destruye las vidas aparece lo que llama la Dra. Amoretti, este cronotopo y es muy interesante cómo se engarzan al cronotopo.

M.A. -Continuando con las ideas de Mijail Bajtín, él dice que la novela es su género favorito, porque es el género que más se acerca a la contemporaneidad. Es esta cercanía a lo contemporáneo lo que hace que la novela esté constantemente experimentando y cambiando sus formas, para poder ajustarse a la contemporaneidad, a su mundo, a su época. Muy bien, si como dice el Dr. Chen, el nivel de la historia de Nicaragua que está allí representada prácticamente por la metonimia de León, ofrece dos momentos de cataclismo, podría justificar el cronotopo apocalíptico, también hay algo más. La novela se realiza como en dos niveles: un nivel local que es este León, metáfora de la historia de los últimos tiempos y un nivel más universal que se refiere a la conciencia de época. La autora, creo yo, fue muy consciente a la hora de escribir esta novela para el año 2000 y la fecha del año 2000 está ahí en diferentes momentos. Los que han leído la novela saben que las citas del apocalipsis son agobiantes, incluso los textos que escoge consciente o no conscientemente la autora de algunos de los poetas nicaragüenses y de pensadores, digamos universales, tienen la mayoría de los casos que ver con imágenes apocalípticas. Si es cierto lo que dice Bajtín, que la novela es el género más cercano de la contemporaneidad y por eso tiene una función didáctica mayor que los otros géneros literarios; porque si la novela es capaz de retratar el movimiento, la realidad en su devenir, en su cambio, en sus transformaciones, entonces, la novela tiene una función didáctica por excelencia. Debería, entonces, la novela, enseñarnos a vivir esa realidad de donde ella surge y que está ligada a nuestro presente. Y dice Bajtín, no solamente describe el movimiento, la transformación de la realidad en que ella vive, sino que además anticipa el futuro. Y nos va enseñando también a vivir en ese futuro que viene. La novela parece ser entonces, de todas maneras, un género apocalíptico en este sentido. Apunta siempre hacia el futuro, ¿verdad? Ahora, vamos a hablar más del apocalipsis, lo que quiero plantear es que hay dos niveles en la novela: un nivel local y un nivel universal. La época última de Nicaragua está presentada como una época cataclística y la época mundial, digamos así, que vivimos los seres humanos es un momento también de época final. Ahora bien, el problema con el apocalipsis es que el ser humano en todos los momentos de su vida, piensa siempre en el apocalipsis, pero el pensamiento apocalíptico se exacerba, sobre todo, al final de un milenio como nos ha tocado vivir a todos nosotros. El problema con el pensamiento apocalíptico, también es que siempre se anuncia y no llega por dicha. Pero lo que debe llamar nuestra atención es que, si bien el apocalipsis es repetido y constantemente desconfirmado, nunca es desacreditado. Volvemos a hacer una nueva profecía para el fin del mundo, una nueva aparecerá, vamos a fecharla en otro momento y en ese sentido, lo básico en el cronotopo apocalíptico es la noción de final, un final desconfirmado pero nunca desacreditado.

J. Ch. -Cuando hablaba de la lógica escatológica, argumentaba que también existía el otro sentido de escatología con referencia al futuro, de un futuro que, desde el punto de vista de la óptica cristiana, sería la vida de ultratumba, la vida del más allá. Ahora bien, eso implica una esperanza y precisamente el otro sentido de escatología está también presente en esta novela, independientemente de toda la línea que tiene en cuanto a destrucción y crisis del ser humano. También está presente en la novela la posibilidad de una cierta esperanza de renovación, y allí aparece el mismo personaje, sí, de don Fito, del cual hablaremos la Dra. Amoretti y yo un poco más adelante, pues él lanza esas profecías apocalípticas pero también, en algunos momentos, siente la necesidad de callarlo mejor, y las anuncia como si fuera parte de una especie de debate para que los personajes puedan intervenir pero no lo hacen. Ahora bien, la novela, efectivamente, tiene una serie de elementos que anuncian la posibilidad de renovación, de regeneración y al final, los tenemos en la novela, cumpliendo un ciclo, un tiempo cíclico, si ustedes quieren, pues al final el ángel encuentra su misión. José que al inicio va volando hacia Nicaragua, al final regresa a Miami, cerrándose el ciclo, ¿por qué? porque nacerá también su nieto. Allí está la esperanza abierta.

M.A. -Jorge, ¿por qué no hablamos de una vez de don Fito?

J. Ch. -¿Por qué no?
M. A. -La novela es muy fragmentada. Habrá siempre preguntas sobre la novela y creo que, desde el punto de vista pedagógico, es una excelente idea que la estén leyendo en secundaria y en la universidad, porque pueden experimentar todos los diálogos que un texto literario puede generar y esta novela es muy ambigua y podrían hacer una serie de actividades interesantísimas en el aula, el debatir sobre diferentes interpretaciones del texto. Tal vez los dos principales articuladores de El sueño del ángel sean el ángel mismo que da nombre a la novela, y este otro personaje callejero que para mí es como otro ángel. El que aparece de repente allí en las casas y entra sin pedir permiso y ofrece explicaciones de todo, es don Fito. El ángel, si uno recuerda cuando lee a Santo Tomás o a San Agustín, produjo enormes discusiones en la Iglesia; primero, que si tenía sexo… pasaron tantas horas leyendo los grandes Padres de la Iglesia sobre un asunto tan baladí, pero que desde el punto de vista teológico era muy importante, ¿tendrá sexo el ángel?
J. Ch. -Y no se te olvide la gran pregunta que se hacían en la Edad Media en los debates teologales, la gran pregunta que planteaban los doctores a sus alumnos era ¿cuántos ángeles caben en una cabeza de alfiler? Para que vean el tipo de discusiones bizantinas.

M. A. -Hay en las novelas de Gloria Elena una marca muy interesante, y es el humor, aún en ésta que trata un tema tan escabroso como el apocalipsis, encontramos detalles de humor. Me acuerdo un momento en que el ángel se acomoda yo no sé si es el batón o…. qué se yo, algo se andaba tapando allí…

J. Ch. -Es su ropaje.

M. .A. -Muy bien, gracias, Jorge, esa sería la palabra más neutra, ropaje, allí está en la página veinte y uno y dice: «Desabrochó un poco su túnica translúcida, translúcida», porque la transparencia es signo de lo sacro, de lo divino, ¿verdad? Su túnica translúcida tapaba no se sabía qué. Es simpatiquísimo, ¿verdad? Él es consciente que algo tiene que taparse pero después uno se pregunta ¿qué será lo que se tapó? O sea, este ángel es mitad humano, mitad divino. Además, es un ángel que le pasa algo raro; el problema es que soñaba y las más de las veces tenía pesadillas y no quería confesarle esto a San Miguel Arcángel, ¿recuerdan? Porque era un problema si descubrían que el ángel soñaba y los ángeles se supone que no sueñan… iba a estar en problemas con los cielos. El ángel está situado, entonces, en un estadio intermedio, entre lo humano y lo divino, esto nos trae a una segunda disputa muy grande que hubo en la Iglesia Católica en relación con los ángeles. ¿Son eternos?, no podían ser eternos porque eterno sólo Dios; pero no son mortales tampoco, porque ellos no mueren como nosotros. La Iglesia resolvió el problema de la siguiente manera: los ángeles no son eternos pero no son mortales; son perpetuos.

J. Ch. -Ahora bien, este ángel desde el primer capítulo en donde aparece tiene una sensación de molestia, algo le pesa y ¿qué le pesa? Algo tan característico de los ángeles como sus alas, su propio estatuto está dado por las alas, así lo vemos nosotros en la representación iconográfica del ángel. ¿Por qué tiene que taparse?, no se les olvide lo qué pasó en el paraíso cuando Adán y Eva comieron del fruto prohibido, ¿qué hicieron?, ¿qué se vieron Adán y Eva? Era la sensación de pecado, por esa razón, este ángel, yo lo discutía con la Dra. Amoretti, parece un ángel caído, un ángel venido a menos.

M. A. -En palabras más técnicas, la Iglesia decidió que los ángeles pertenecían entonces a un tercer orden. En el texto, el ángel es un mediador, hay un Dios, porque al final, recuerden, decide dirigirse otra vez a los cielos, él ha visitado la Tierra pero está en una nube; la portada del libro lo coloca como en una especie de asteroide, en la Luna o en un planeta. La Tierra está allá lejos y a la Tierra la está atacando una enorme serpiente, que es una de las pesadillas del ángel y también una visión apocalíptica que tiene él. Baja a la Tierra a avisarnos a todos nosotros del peligro y nadie le pone atención. Ángel significa en griego “el mensajero” y él se envía a sí mismo, tal y como se exilia a sí mismo; se envía a sí mismo a darnos este mensaje, porque ha tenido una visión de destrucción de la Tierra y nadie lo escucha. Pero hay un segundo ángel, hay un segundo mesajero en la Tierra y este segundo mensajero es precisamente don Fito.

J.Ch. -Para mí, en primer lugar, don Fito cohesiona las dos historias principales, las aglutina; es decir, permite relacionar la historia de Augusta y la historia de José, que son los dos historias principales de la novela; pero por otro lado, este don Fito se las trae, y digo se las trae, porque tiene características, decía la Dra. Amoretti, de un don Quijote, un caballero de la triste figura. Yo lo relaciono más bien con la tradición, en la literatura española, del loco cuerdo; es el loco que todo mundo observa que está chocheando y diciendo cosas impertinentes pero que, en el fondo, dice grandes verdades para la vida de los protagonistas. Sin embargo, también son grandes verdades para nosotros, los lectores, en relación con nuestras vidas y nuestra visión apocalíptica; por esa razón, don Fito es un personaje especial en la novela, verdadero mediador, pero como discutíamos también, es un mediador en otro sentido, en el sentido de ángel mediador. Acuérdense que don Fito, también le ayuda a Ernesto con su novela, que es otro personaje a quien deberíamos referirnos ¿verdad María?

M. A. –Definitivamente, Jorge. Veamos, el libro que más cuesta leer en la Biblia es el último. El libro por excelencia es la Biblia, la palabra Biblia viene del griego y significa “El Libro”, es eso, y voy a decir una cosa que parece tonta, el libro, la Biblia se inicia en el comienzo y termina en el final. ¡Qué cosa más tonta!, pero es lo genial de la Biblia que se inicie en el comienzo y termine en el final. Aristóteles, cuando habla de la literatura y de los géneros literarios, plantea que la estructura fundamental es que todo tiene, en los géneros literarios, un principio, un desarrollo y un final. Y a ustedes, cuando el profesor les enseña composición, o sea, cómo hacer un pequeño texto es necesario que tenga estas tres partes. Pues bien, el Apocalipsis es la parte que habla del final y es el libro más difícil de la Biblia, tan difícil que hay expertos que se dedican sólo a la lectura del Apocalipsis y se llaman apocaliptistas. ¿Por qué? Porque de todos los textos de la Biblia es el más cifrado, sólo los conocedores pueden encontrar las claves de su código, tiene un mensaje oculto; por eso apocalipsis significa revelación o desocultamiento. Todo libro, como esta novela El sueño del ángel, que escoge una estructura apocalíptica, obviamente presentará problemas de desciframiento.

J.Ch. -El problema del desciframiento de la revelación, empieza por la misma escogencia de la estructura en la novela, fragmentaria y caótica. Siguiendo la lógica escatológica de la que les he hablado, esta misma óptica escatológica relacionado con el cronotopo del apocalipsis, implica que el lector se sienta totalmente desubicado y ésa es la primera sensación que uno tiene con esta novela, uno se encuentra desubicado, es decir, tiene que distanciarse, tiene que salirse de allí, como José, por ejemplo, que tiene que salirse del avión para ver su propio ser o a la propia Augusta, quien le revela su intimidad a Victoria en un gran esfuerzo que significa “salirse”, abrir también el ser. Ese distanciarse significa también exilio.

M.A. -Cuando Gloria Elena y yo tuvimos una conversación previa a la presentación del libro, me dijo: “yo nunca pensé en eso, yo lo que pensé escribir fue esto y esto y usted como crítico lo que me dice es aquello”. Ese es el juego literario, la literatura es “ludus”, juego; y le dije yo, “usted ha contado los capítulos dedicados al ángel” y me dice: “no, la verdad que no”; son siete capítulos como el Apocalipsis que plantea que el libro tiene siete sellos que hay que abrir. Me dice la autora, “¡qué barbaridad! no me había dado cuenta”; y le digo: “a ver, siga jugando usted con el apocalipsis y verá las cosas que pasan”. “¡Ajá! -me dice-, y usted se ha preguntado cuántas letras tiene Augusta -que es el nombre del personaje femenino principal-”, y le digo yo, “no, nunca me he puesto a contarlas”; me responde: “siete letras”. El libro está lleno de plumas, plumas de ave, plumas de palomas y plumas que no se sabe de dónde llegan. Vamos a la parte final, Jorge, porque hay que ir redondeando esto. El Apocalipsis vive su final, bueno, busquémosle ese final. En la última parte del libro, las dos amigas, que se encuentran después de muchos años de no verse, se hacen una revelación recíproca, casi confesional. Cuando va a dar comienzo la revelación de la vida de una hacia la otra que las va a descargar del peso de su pasado, hay una lluvia de plumas y ellas vuelan por el aposento, chocan contra las paredes, les tocan los cabellos a ellas, y viene en carrera Julia, la sirvienta de Augusta, a decir: “¡ay!, allí en el patio está pasando un fenómeno nunca visto, hay una lluvia de plumas”, se ve donde las plumas entran. Entonces le digo a la autora, “allí hay realismo mágico”; pero ella me responde: “usted sabe de donde vienen las plumas”, mientras pienso en alguna interpretación escatológica y me continúa diciendo que de una gallina que habían desplumado en el patio vecino.

J.Ch. -Pero en ese sentido no podían caer del cielo, eso sería inverosímil que caigan del cielo las plumas de esa gallina, como dice la Dra. Amoretti; la novela está llena de plumas, pero recuérdense que también la pluma es una de las metáforas que usamos para la representación de la escritura literaria y de la literatura como tal. Ahora bien, vamos a tratar de desarrollar esos dos sentidos de plumas. En el primero esas plumas que caen del cielo, ¿no podrían ser las del ángel? Efectivamente, acuérdense que el ángel en el primer capítulo siente que le pesa eso que tiene atrás de su espalda, y se siente incómodo con ellas, ¿no serán esas plumas que caen del cielo? Tiene toda la coherencia. El segundo sentido de plumas que también se desarrolla tiene que ver con las visiones, una serie de visiones a lo largo de toda la novela, ¿no podía ser este segundo sentido el de las plumas de la escritura? Es otra posibilidad y se ajusta muy bien, precisamente al libro de la revelación; es la revelación de la escritura, de la novela como tal en las plumas que revolotean por toda la novela.

M. A. -Y hay más plumas, cuando Augusta tiene la visión del terremoto de Managua donde pierde a sus padres y pierde a su amiguita Milagros, es una visión que se da en un espejo y es una pluma la que pinta; son estas visiones macabras, a veces, nostálgicas, melancólicas. Yo quisiera para terminar, Jorge, decir esto: hay que buscarle el final, porque si la estructura es apocalíptica, hay que buscar un final; toda estructura apocalíptica no hace más que buscar un final de la novela, su significado final. Tenemos un problema en esta época, porque la novela es producto de una conciencia de época, el problema que tenemos es, como dijo Jacques Derrida, un filósofo francés, que lo que está en crisis en este momento es la noción de crisis. ¿Por qué está en crisis “la crisis”? Porque como me decía un amigo mío, el escritor Dante Medina, mexicano, “vos sabés que desde que yo estaba chiquitillo oía a mis papás que estábamos en crisis y ya estoy viejito y seguimos en crisis”. Tengo la idea de que vivimos en una crisis permanente y una crisis permanente ya no es crisis, por eso el concepto de crisis está en crisis. Entonces en realidad vivimos una eterna transición siempre, como tratando de cerrar un ciclo para esperar el nuevo, el futuro, pero eso es un período de transición, nunca lo cerramos ni lo abrimos totalmente. Creo que el mensaje para mí de la novela es que debemos cerrar el período de transición, es que debemos encontrar el final, un final y aceptar el futuro con “alas nuevas”, porque ese ángel -por eso las alas están rotas, están sucias y al final necesitará alas nuevas para regresar al mundo y ser el ángel de la guarda de un niño nuevo-, será también un hombre nuevo. Creo que el ángel es ese sueño que perdió Augusta porque regresó del mundo, de su experiencia del mundo, recuerden, como con miedo de regresar a la Tierra y Augusta suspira diciendo en algún momento, mi niño ángel; el ángel es ese sueño que ella perdió porque ya pertenece a los mártires de un ideal, de un ideal que luego desencantó pero eso no puede ser el final del mundo.

Presentación al alimón. Ambos catedráticos de la Universidad de Costa Rica, realizado en ocasión del lanzamiento del libro: El sueño del ángel, el día 26 de octubre de 2001 en la Sala de Medios del Departamento de Español, de la Universidad Nacional Autónoma (UNAN) de Nicaragua, Managua. 26 octubre 2001