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Claribel Alegría: Porque aprendí a quererme


Por: Francisco Javier Sancho Más

Lector y crítico de literatura


Porque aprendí a quererme
A propósito de la poeta nicaragüense Claribel Alegría, galardonada con el Premio Neustadt

"Porque aprendí a quererme, ahora puedo sangrar con tus heridas"
CLARIBEL ALEGRÍA escribió estos versos para el poeta argentino Juan Gelman cuando él apenas empezaba a sospechar que la desaparición de su hijo y de su nuera embarazada se estaba alargando hacia la muerte. Es uno de esos versos que quedan en la memoria como un aviso, o un consejo de camino.
Otros versos, muchos, a través de una obra de veinte libros de poesía (incluyendo antologías), novelas, libros de testimonios y traducciones hacen de Claribel Alegría una de las escritoras esenciales en la historia reciente de la Literatura en español. Claribel, como si fuera el jardín que siempre le gustó tener, como el que hoy a sus 81 tiene en su casa esquinera de un barrio de Managua, ha sido laboriosamente cuidada a la sombra de grandes árboles del tamaño de Juan Ramón Jiménez. Nacida en Estelí, Nicaragua, en 1924, se trasladó con su familia a El Salvador desde muy pequeña, por las amenazas que pesaban sobre su padre, simpatizante con la causa de Sandino. Esta pequeña mudanza centroamericana es la responsable de que en su biografía haya una confusión constante en señalarla como poeta salvadoreña o nicaragüense, juego con el que ella disfruta. A los 20 años fue a estudiar filosofía y letras a Estados Unidos, y en Washington encontró trabajo como traductora mientras se formaba al lado del metódico Juan Ramón. Acudió a él con el afán de perfeccionar el verso libre, pero JRJ la recondujo hacia la métrica y la rima clásica, aconsejándola que tenía que ajustarse primero a ello antes de intentar "escribir sin muletas" en verso libre. Después de tres años y después de tres tardes a la semana, sin faltar una, sometiéndose a la severidad crítica del poeta de Moguer, Claribel recibió un regalo inesperado de manos de Zenobia y JRJ: le habían editado personalmente su primer libro de poemas, seleccionando cuidadosamente los poemas que habían trabajado juntos en aquella casa. Anillo de silencio era el título, y con él, la poeta sintió que "le daban las alas."

Juan Ramón hubiera querido que Claribel se quedara escribiendo desde una especie de torre de marfil en la que hubiera perfeccionado un estilo que guardase las líneas básicas de su maestro: esencia, verso corto, poema imagen, poesía pura y la estela de la Emily Dickinson que le había ayudado a descubrir. Sin abandonar ese estilo nunca, Claribel conoció también "el valor de cada palabra" que impulsaba la poesía difícil de César Vallejo y fue encontrando su propia voz. Después se enamoró, inevitablemente. Él era un escritor y diplomático norteamericano, llamado Darwin J. Flakoll (Bud) y ambos se compenetraron tanto que con el tiempo llegaría a realizar traducciones y libros que incluso firmarían conjuntamente con el nombre de Claribud. Un periplo de países que se convertían en cúmulo de amigos les haría viajar por Chile, Uruguay, Francia y España. En París su casa ve reunirse a la generación del boom. Más tarde, Claribel y Bud se trasladan a "su paraíso de Deià", el enclave enigmático de Mallorca que se ha convertido en un santuario literario gracias a Robert Graves. De hecho, Claribel fue la primera traductora de los poemas de Graves al español. Con el triunfo de la Revolución en Nicaragua, la poeta volvió definitivamente al país del que su padre se la llevó siendo tan niña, por la misma causa que ahora parecía estar venciendo.

En su haber, ya tenía novelas como Cenizas de Izalco o poemarios como Sobrevivo (Premio Casa de las Américas en 1978). También escribiría libros de testimonios sobre el sufrimiento de la mujer en Centroamérica en los años de la guerra. Uno de sus dolores más grandes: no haber podido asistir al funeral de su madre por estar ella misma amenazada de muerte en El Salvador, a lo que dedicó un magnífico poema rabia Rito Incumplido. Después de la muerte de su compañero, Claribel no ha dejado de jugar a versos con la muerte, y como muestra de ello, su último libro publicado en España el año pasado: Soltando amarras (Visor). Además, todos los miércoles, Claribel continúa haciendo talleres de poesía con niños enfermos de leucemia en un hospital de Managua. El próximo otoño, recibirá el Premio Neustadt, otorgado por la Universidad de Oklahoma y la revista World Literature Today, el más importante galardón que se da en Estados Unidos a la obra de un autor.

CRÓNICA INTERNACIONAL
TRIBUNA: Verbo sur Francisco Javier Sancho Más
BABELIA 21-01-2006 21 enero 2006