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Milagros Palma: Vida, pasión y escritura del inmigrante


Vida, pasión y escritura del inmigrante
“VIVO EN CONVERSACIÓN CON LOS DIFUNTOS […]”

Para conmemorar los veinte años de la asociación CÔTÉ FEMMES, la editorial publica, en edición bilingüe, El París latinoamericano, antología de escritores latinoamericanos en París, siglos XX y XXI, un mosaico de textos con el tema de la Ciudad Luz, de escritores de diferentes épocas y países, para los cuales esta ciudad fue destino, personal y literario. Confluyen con esta publicación dos acontecimientos: un encuentro de los antologados en el Centro Nacional del Libro, del Ministerio de Cultura de Francia, y un coloquio de críticos y profesores de literatura en torno al París literario latinoamericano, en la Sorbona, Universidad de París IV. Además de las instituciones nombradas contribuyen a la realización de todo esto la Universidad de Caen, la Universidad de Paris VIII, la Casa de América Latina, el Instituto de México en París y la Dirección Regional de asuntos culturales de la Île de France. Un aparato impresionante para la convocatoria.

“[…] Y ESCUCHO CON MIS OJOS A LOS MUERTOS”

La ciudad es una escritura en devenir permanente. Es inevitable que lo recuerde, frente a los trabajos ciclópeos que transforman el paisaje de la rue de Bagnolet, al costado del Père Lachaise, por mejor nombre Cementerio del Este parisino, el más célebre de todo Inevitable, digo, porque me encamino hacia el otro costado del cementerio, del lado de la Avenue Gambeta, donde está la sede de ÍNDIGO-CÔTÉ FEMMES ÉDITIONS, que dirige Milagros Palma. Mientras atravieso el jardín paisaje pleno de monumentos del arte funerario, y que es también el área verde más vasta del “París intra muros”, con raíces que empujan y desnivelan las tumbas, evoco a Quevedo ( “vivo en conversación con los difuntos […]”), por asociación de ideas. También existen los cementerios de papel impreso, que son los libros cerrados, olvidados, en trance de olvido definitivo como el más de un millón de almas que, según la estadística, han sido incineradas aquí, desde la fundación hasta el presente. Pero si la materia trabajada y significada asegura la continuidad entre los desaparecidos y los vivos, los Libros abiertos, una divisa de Índigo, y otra sentencia del clásico: “si no siempre entendidos siempre abiertos”, son la mejor garantía de esta continuidad. Vivo, pues, en conversación con los difuntos…

NICARAGUA EN PARÍS

CÔTÉ FEMMES. Côté Milagros. Côté Feuillet, igualmente, ya que el despacho de la editorial es también galería de pintura, a cargo del pintor Claude Feuillet, compañero de Milagros Palma. Habría también algo así como “a lo largo del camino de la América Central”, porque Milagros y yo no sólo somos vecinos de barrio sino de país en la región centroamericana. ÍNDIGO es una metonimia de escritura, y de escritura centroamericana, por el azul de la grana, que fue el cultivo de exportación de la región en el siglo XIX, cuando nacieron nuestras repúblicas. Índigo de la grana, de la tinta, del cielo. Mi cálamo, en la infancia, fue un canutero con plumilla metálica. El de Milagros ha de haber sido una pluma¬¬ fuente pero la tinta, en ambos casos, era azul índigo. El lenguaje conserva de estas épocas la estupenda metáfora de lo que se le queda a uno en el tintero, que todavía se dice. Ahora transferimos caracteres color de nube a un papel que no existe, comento, encendiendo la computadora. Las palabras se forman en la pantalla como si fueran una aparición de lo que pensamos. Las correciones se devoran unas a otras. Milagros me dice que esta conversación, crónica¬¬ entrevista, diálogo o lo que sea, se va a publicar también electrónicamente, por la red.

Con desenvoltura (otra forma de decir que me siento –en el doble sentido de la palabra– a mis anchas chez Feuillet et Palma) elijo el lado de la mesa que me permite ver, a través de la vidriera, el jardín longitudinal que separa la Colina de los Antepasados de la Avenida Gambeta, al otro costado de la calle. Para hacerlo me veo obligado a desplazar una Danta, ese animal mítico, enfáticamene femenino, que puebla los cuadros de Feuillet y ha salido a habitar el universo tridimensional en sus esculturas, y que proviene, diríase, de los pantanos aledaños a Macondo. La pongo a un lado con delicadeza, acariciándola un poco, y le hago sitio a mi ordenador. Es un día espléndido de esta primavera del 2006, que se hizo tanto esperar. Pero la primavera también está presente en la tela de Claude desde la cual me mira Nicaragua. Los pájaros cantan en el jardín de enfrente y, en el cuadro, inaudibles, cantan los verdes bajo el “nicaragüense sol” de Darío, que Milagros ha mencionado ya (“Darío está presente en mi vida, casi todos los días.”) El epíteto es casi como atributo y de ahí, en parte, el eco que le hiciera Cardenal: “Ha llegado la primavera con su olor a Nicaragua”.

EL ANCESTRO

Entre las voces del pasado, algunas nos han interpelado en un momento decisivo de nuestras vidas, y nos han impulsado a viajar. A veces hasta a emigrar. Tal es el caso de Milagros (y de muchos más) con relación a Darío, un fantasma familiar, permanente, del que aprendió de memoria muchos poemas desde pequeña. “Este es un libro en evolución, José”, afirma, hablando de la antología. Le pido que precise esta información y transcribo lo que me cuenta con mis palabras, salvo algunas expresiones suyas que me parece justo reivindicar como de su autoría, por medio de los entrecomillados.

Al transcribir estas notas, se me viene a la mente la exquisita novela de Javier Marías, Todas las almas, donde justamente es cuestión de desaparecidos y libros, y donde se lee que no tenemos raíces en un lugar cuando no tenemos difuntos en él. Pero la familia literaria rebasa, felizmente, las fronteras y el antepasado al que se refiere Milagros es un inmigrante, como nosotros, a este ciudad que hemos elegido para vivir y trabajar. En el proyecto original de esta antología, este antepasado debía figurar como autor de un epígrafe, a condición de que este epígrafe tuviera como tema, al igual que el texto del escritor antologado, París. “Era un pretexto para mostrar la continuidad de la migración literaria latinoamericana hacia la capital francesa”.

Con esta consigna, los primeros invitados “reservamos” si este término, brutal en el contexto, tiene algún sentido a nuestro antecesor, no necesariamente de nuestro país de origen, pero sí de Latinoamérica. “García Márquez llamó la atención sobre ese proceso de la vida aquí, que nos aleja de nuestro país natal, y nos acerca a la patria grande latinoamericana”. Por otra parte, si no habías escrito antes sobre la ciudad en que vives, era esta la ocasión para hacerlo. Una regla de juego bastante original para una antología, porque los antólogos suelen buscar el común denominador, y no imponerlo. Una antología con un margen de participación mayor que el habitual, inscrita en una tarea común, bajo la batuta de la coordinadora. Pero las propuestas individuales reiteraban, insistentemente, los mismos nombres, y antes de dejar a un buen número de participantes en la orfandad, o sacarlos del libro para mantener el contrato original, Milagros decidió modificar aquél.


UN LIBRO EN EVOLUCIÓN

De todas maneras, le señalo, los manes tutelares están presentes, a nivel de grupo, pero es verdad (me doy cuenta de esto cuando transcribo mis apuntes) que el nexo por así personalizado se pierde, se diluye dentro del resultado. No sin ventaja, a mi manera de ver: cuando pienso en el París literario en términos de Guatemala, deploro la ausencia de Luis Cardoza y Aragón, pero, en términos de Latinoamérica, Vallejo, Paz, Darío, Cortázar, Carpentier, Carrera Andrade y le pongo alto a la enumeración me son tan caros como Asturias. Hay un consenso, un canon, relación con el pasado, incluso con el pasado reciente (Juan José Saer, desde luego), pero lo importante sería construirlo dialógica y no estadísticamente. Debatir esta cuestión fuera de las tapas del libro que nos reúne, porque los fallecidos están vivos (presentes) en los vivos, irremisiblemente, y no lo contrario. De ahí la necesidad del libro en evolución, que se le va de las manos a Milagros, que “ha ido tomando una forma que yo no preví al principio”, un proceso del cual esta antología es una etapa, aunque también un resultado autosuficiente. Elijo dos frases suyas que resumen una y otra cosa y las comento.

“LA MIGRACIÓN HA SIDO PARA MÍ UN OBJETO DE ESTUDIO Y DE ACCIÓN”

También de experiencia personal. El primer desarraigo nicaragüense de Milagros Palma es con destino a París, donde hace sus estudios y obtiene un doctorado de la Sorbona. De vuelta a Nicaragua, huye de la dictadura somocista en se radica en Colombia. Es su etapa andina y amazónica, de trabjao antropológico, cuya huella queda registrada Los viajeros de la Gran Anaconda, Palabra mítica de la gente del agua y El cóndor, dimensió mítica del ave sagrada. Regresa una vez más a Nicaragua y una vez más escapa, esta vez de la Revolución, que ha entrado en su fase caótica, y se establece de nuevo en París, donde ejerce una actividad frenética como editora, y escritora, con no menos de nueve títulos desde 1987 hasta hoy, sin contar los pasos hacia la antología actual: un anuario informativo de escritores latinoamericanos radicados en París y un libro de entrevistas con algunos de ellos.

“VIVIR Y HABER VIVIDO EN FRANCIA, ESTE ES EL TEMA DE ESTA ANTOLOGÍA. UN DEBER DE MEMORIA.”

“El inmigrante no tiene estatus, José, o tiene un estatus débil, tú lo sabes muy bien. El reconomiento, que para un escritor es decisivo, resulta doblemente difícil, porque tiene que arrastrar con el lastre una situación ambigua. Nuestros países nos olvidan, también tú lo sabes, con mucha facilidad. Entonces, uno desaparece en su país y es invisible aquí. Estamos huérfanos. Compensar esta situación ha sido la motivación de todo esto, y casi te podría decir de mi vida intelectual aquí. Tienes razón cuando me dices que este proyecto es muy ambicioso. Simplemente, he querido que esté a la altura de este país que nos acoge.”

“Paralelamnete al encuentro con los escritores, en el Centro Nacional del Libro, donde no habrá debates sino lecturas, organicé un coloquio en la Sorbona, donde los estudiosos de la literatura latinoamericana disertarán sobre la materia que los apasiona. La idea es poner en relación a los dos grupos, cuestión que el horario permite, para que los dos grupos entren en contacto mediante una programación orgánica, institucional. Ambos conglomerados deben escucharse mutuamente.”

Estos esfuerzos se encaminan hacia lo que se conoce como extensión cultural universitaria, en la cual la tradición francesa tendría un déficit enorme, si la comparamos con la anglosajona. Milagros aprueba esta observación y vuelve al tema del libro que evoluciona hacia otras versiones, otros libros. (Un poco como cuando decíamos que las hojas de los árboles, este año, se hicieron esperar, con una visión, que las hojas actuales en las hojas de los ciclos del tiempo. En cuanto a las hojas impresas por Milagros…)

“… verificar algunas convicciones personales, tales como la importancia creciente de las mujeres en la literatura actual, en calidad y cantidad. En el pasado predominaban los escritores varones, ahora, la proporción es casi mitad y mitad. París también jugaría un papel en este fenómeno, si recordamos que Luisa Futoranski, Zoe Valdéz, Alicia Dujovne Ortiz, entre las más renombradas, han creado su obra aquí. Pero también me permitió descubrir algunas cosas que no me esperaba, como el hecho de que los peruanos sean mayoritarios, más aún que los argentinos, que ocupan el segundo lugar, luego siguen, en esta proporción entre las nacionalidades, Chile, Cuba, Ecuador, Colombia, Venezuela […]”

¬–Háblame del futuro de este libro cambiante, por favor.

–Bueno. La antología todavía no está terminada y ya, antes de poner el punto final, estoy preparando otra, que reunirá a escritores latinoamericanos en Francia, ya no sólo en París, con escritos sobre temas de la literatura o, en general, de la cultura francesa.

–¿Hasta dónde llega la migración?

–No tiene límites.

Esta concepción de Milagros parece opuesta a la de Kavafis, para quien la lengua de expresión literaria constituye la tierra natal del poeta nómada. De ahí que me hable de “translingüismo” y enumere los casos registrados en su antología: Nicanor de la Rocca de Vergalo, César Moro, Consuelo Suncín, Héctor Bianchiotti

1 enero 2005