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Blanca Castellón: Sobre Orilla opuesta


Por: Gioconda Belli

Poeta, narradora


Sobre Orilla opuesta
Con este poemario, Blanca Castellón ganó el I Premio Internacional "Instituto de Estudios Modernistas" de Poesía, 2000. El poemario consta de siete secciones que responden, nos parece, en el caso de "Recortes" y "Creciente Virtual", a un criterio de estilo más que de temática. Las otras secciones parecen ordenadas de acuerdo a las pulsaciones poéticas de la autora.

Este poemario me confirma, a mí en lo particular, el crecimiento y la afirmación estilística de Blanca. Si en sus primeros libros, nos asomábamos a un acontecer misterioso de la palabra, interrumpido por relámpagos certeros como las flechas de Zeus tonante; en este libro no tenemos que adivinar la claridad del lenguaje poético, porque aquí ya la poeta ha pasado de la intuición a la certeza. Esa seguridad en la armazón y la razón de ser del poema se hace patente. El misterio poético tiene ahora que ver con la revelación que se hace, en el verso, de la palabra en sí como portadora de códigos que van más allá de lo aparente, de lo que se acepta como real o como posible. Estos poemas de Blanca, me hicieron pensar en las pinturas de Remedios Varo, la surrealista mexicana, de origen español. Igual que Varo nos deslumbra con visiones fantásticas de la feminidad profunda e ignota, Blanca también nos obliga a asomarnos a lo que la palabra puede hacer que suceda. Su palabra, por ejemplo, hace surgir "palabras entrenadas para caminar descalzas", rosas que se ahorcan en rosales, epidemias de luces, bocio de las galaxias, vegetarianos que consumen carne de mujer con deleite, racimos de huellas...Uno no sabe por dónde va a salir el conejo del poema, o si será el poema el que saldrá del conejo. La sorpresa nos espera a la vuelta de cualquier verso, como cuando dice "había nubes con la marca de tus dientes en el borde", o habla de la "manía de recoger la pelusa que suelta la desolación" Esta es una poesía que no trata de explicar el mundo, si no que más bien parte de aceptar lo inexplicable como un hecho inevitable de la existencia; un hecho poético además. La poeta es entonces observadora que sólo confía en aprehender la irrealidad y hacer con ella un lenguaje que le permita respirar. No es casual que una de las secciones se llame "Respiración del enigma"; o que diga al cierre de un poema: no canto lo que debo/ debo lo que canto.

Tengo que confesar que viniendo de una poesía preocupada por explicar y discutir la realidad, no me he sentido muy atraída hacia los mundos herméticos que otros poetas proponen. Me doy cuenta, sin embargo, que no es el hermetismo el problema, sino el hecho de que, a menudo, la obsesión por la forma termina por asfixiar el aliento poético. En el caso de Blanca, esto no sucede. La experiencia de leerla es la de asomarse a un espacio donde la belleza flota como un espíritu sobre las aguas y hay dentro del poema una vitalidad que se percibe, si no con la razón, con la piel y los poros.
Me pareció que en el poemario "Orilla Opuesta", las primeras secciones son las más logradas. En "Recortes" y "Creciente Virtual" no sentí el mismo trabajo o experiencia estética de los poemas previos. El ritmo, la cadencia interior en estas secciones tiende a tornarse repetitiva, y se percibe un sabor a fórmula en la manera de invocar la poesía. Si bien la fórmula es la suya propia, nos parece que hay suficiente originalidad en la voz poética de Blanca como para que no se conforme, ni nos dé menos que las epifanías que logra de forma tan certera y bella.

El Nuevo Amanecer Cultural (NAC) El Nuevo Diario. Managua. 11 noviembre 2000