critica_literaria


Isolda Hurtado: Silencio de alas, vuelo del ritmo


Por: Fanor Téllez

(Masaya, Nic. 1944) Poeta, abogado, crítico y ensayista. Primer antólogo de la poesía escrita por mujeres. Una de las voces más altas de la poesía nic. de la generación del 60


Silencio de alas, vuelo del ritmo
Isolda Hurtado cuenta, entre las poetas que se oyen en los últimos días, con una voz diferenciada, que ahora podemos percibir más orgánicamente en Silencio de Alas, su primer libro.

En el marco cronológico que va desde 1990 a 1999, esta poesía es simultánea respecto de un momento histórico que comporta cambios institucionales y estructurales en el país, y sin que por ello quiera indicarla como epifenómeno de tal circunstancia, no puedo pasar por alto, que de algún modo se puede establecer alguna correspondencia con su obra: la voluntad de ejercitar formas poéticas que se distancian de las exterioristas predominantes en la poesía nicaragüense a lo largo de la segunda mitad de este siglo. Es decir, una búsqueda de modos y formas que no reafirman el gusto establecido, denotando con esto su sentido de libertad y de afirmación propias a través de la experiencia escritural pero también, al no satisfacer o complacer un status quo de la sensibilidad; su tendencia a fracturar la lógica de lo aceptado llama la atención sobre otras posibilidades de estructurar el lenguaje poético.

En esta dirección incide su cultivo de una poesía que explora otras realidades, más allá del mundo exterior, y se puede señalar en ella la tendencia a privilegiar el ritmo y la música que la aleja del tono conversacional y prosaico y le permite redondear en textos breves la unidad del poema, como unidad emotiva, pero igualmente a través de su movimiento rítmico logra la atmósfera de los espacios culturales que denota: Palma rumba conga/al viento/bajo mis pies/retumbas tierra/ante mis ojos/alto baila el tiempo/tumba retumba/el sol. Poema que formaliza el ambiente jamaicano y antillano, adquiriendo así la eurritmia un carácter significativo y semántico.

O bien para una situación que en la literatura castellana ha dado origen a un género de poesía como se puede percibir en Canción a la joven Elissa, la canción de cuna, en que la cadencia caprichosa y el decir gratuito e inconexo en una sucesión de versos breves de medidas irregulares flexibilizan el cuerpo del poema, se muestran como expansiones emocionales que hacen el espacio poético y propician el juego, es decir el ludismo verbal, para alcanzar de ese modo la coherencia del texto:

Pequeña pájara/en medio vuelo/en medio huracán/encendé la vela/metete al parque/jugá la pelota/arriba las flores/el ritmo se pierde/bailá tu música/buscá tu santo/tal vez no truene/dormite mi niña/dormite mi amor.

Así mismo, esta voluntad de tratar el poema como una entidad musical adquiere también una forma reflexiva sobre el oficio poético: Anda/corre/que la lluvia cae/que la luna va/canta/silba/ya sale el sol/el viento ríe/los sueños vienen/ya/no/se van.

No está demás decir, que frente a cierta poesía, ésta busca una revalorización de la unidad versal, la unidad estrófica y la unidad del poema como realidades rítmicas y musicales, buen sentido, que encuentra su fundamentación en aquella afirmación de Ezra Pound en su libro Ars Poética: "Cuando la poesía se aleja de la música se atrofia". Estos ejemplos ilustran y llaman la atención sobre un más amplio espectro de indagaciones que el libro de Isolda Hurtado muestra en el sentido apuntado.

Podría parecer que tal observación contradice el título de la obra Silencio de Alas, es decir lo opuesto a sonido, pero más bien con él indica, el trabajo de la poesía significada así como vuelo o elevación sobre la realidad inmediata y en consecuencia como aventura, pero un vuelo secreto, el silencio en que se van haciendo laboriosamente los poemas, o lo que es lo mismo, el canto.

Junto a la característica que hemos destacado podemos reconocer algunos poemas de índole distinta, que a su vez nos hacen percibir en el trabajo poético de Isolda Hurtado una diversidad de registros expresivos: Poemas en prosa o de versos desplegados y anchos en el que se busca la construcción de la imagen; imágenes complejas, que son el objeto de desarrollo verbal de todo el poema, lo que de alguna manera puede generar un desconcierto en el lector al buscar el sentido del mismo, sólo alcanzable exactamente por la manera cómo se leen las imágenes, que es contemplándolas íntegramente hasta que ellas mismas se revelan en sus connotaciones y como unidad del lenguaje del poema.

Sin embargo, es entre otros poemas de alguna extensión donde reconocemos una relación más extremada con el lenguaje, que se llena de signos -sonidos y colores- inquietantes: Tiembla la brisa entre chirridos del hierro morado de frío/Muerto cae el graznido/entre los animales/¿Dónde está el amarillo sin sol?... pero, en los que la acumulación de sucesos extraños que responden a movimientos de la siquis, se amalgaman con el sentido del ritmo apuntado, generando una impresión verbal fragmentada, por la que el poema denota el modo absolutamente libre, no controlado, y tampoco limitado por la linealidad discursiva, un modo de irse construyendo como si su autora estuviera viéndolo suceder, lo que explica hasta el nombre mismo del poema que citamos anteriormente: Al margen y que es, ejemplar de buena parte de la poesía de Isolda Hurtado, ya que su sentido rítmico, y hasta la agrupación en el extremo del último segmento de un verso, de subconjuntos de versos como pequeñas estrofas que comparten voluntariosas el espacio del poema, también parecen encerrar gráficamente ese ritmo para indicar que sí hay, una intervención de la autora.

O bien, cuando dentro del poema en prosa pasa directamente al verso, como si éste fuera el modo que se quiere porque es el medio natural para el habla musical, tal puede percibirse en el texto de Las praderas. Así descubrimos una mixtura en la construcción de los poemas: la voluntad de procurar la ilusión de una escritura que se hace a sí misma, o lo que es lo mismo, una suerte de escritura automática intervenida. Humor al fin y al cabo, que no podemos dejar de considerar en la lectura: Los clarines se derriten. ¡Silencio trajo el tren!, juego e insinuación misteriosa de algo serio. Ya Octavio Paz, refiriéndose a la escritura automática entendida como arte absoluto, había expresado la imposibilidad de ésta, desde el mismo momento en que el poeta se dispone a escribir bajo las directrices de esa arte mágica y los poemas de Isolda Hurtado expresan dicha imposibilidad desde la perspectiva de su pertinaz sentido rítmico y musical que convierte en un recurso eficaz para la realización del discurso.

Dividido en ocho secciones Silencio de Alas posee otras intenciones que configuran visiones que de sí misma tiene la autora, de su mundo y de su momento, pero lo que vale señalar es que en todo el libro, reconocemos una poesía entre las expresiones actuales, que afirma la individualidad, la experiencia subjetiva, distanciamiento del prosaísmo, de la anécdota y del cuento, pero nunca indiferencia ante el padecimiento humano ni falta de conciencia frente al tiempo o al dolor de las cosas, alcanzando en algunos de sus textos el lamento ecológico y su comprensión del universo como una situación común. Así su poesía nos parece una plural manera de amar en el mundo, sola o en familia o ante la naturaleza o en los sueños y en el trabajo artesanal de cantar.

Palabras de presentación de Silencio de Alas el 17 de febrero del 2000 en el Instituto Nicaragüense de Cultural Hispánica (INCH), Managua, Nicaragua.

Publicado en El Nuevo Amanecer Cultural (NAC). El Nuevo Diario. 27 de Mayo, 2000. 17 febrero 2000