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Gloria Elena Espinoza de Tercero: Para un marco filosófico de «El sueño del ángel»


Por: Dr. Alejandro Serrano Calder

Filósofo, Jurista.


Para un marco filosófico de «El sueño del ángel»
En realidad «El sueño del ángel» rompe de manera inmediata y fuerte, la tendencia a alinear y organizar en forma sucesiva el mundo, las sensaciones y las realidades; lo que nos lleva ipso facto a la filosofía. Por eso, quiero en esta ocasión hacer unas breves reflexiones de lo que la lectura del texto me ha sugerido.

No es fácil, es una novela difícil, porque en realidad nos presenta un mundo que se expresa como en los sueños, de forma polimórfica. Y lo primero que me viene a la memoria es Kant: “El mundo es un caos de sensaciones, es un caos de sensaciones que la razón organiza para poder conocer”; es decir, pensamos y razonamos a efectos de organizar ese caos de sensaciones, de apariencias y fenómenos que no de esencia y nuómeno, para poder digerirlo luego, como quien prepara su propio manjar y su propia comida con los aderezos y con las sazones propias al paladar.

De esa forma la razón prepara el mundo que va a entender; lo organiza primero, lo entiende después y lo explica posteriormente. Este esfuerzo de la razón consiste en tratar de establecer categorías y luego enlazar esas categorías de manera tal que aún una novela como la que hoy analizo nos parezca un discurso construido, lógico, sucesivo y lineal en cierta forma. Más o menos, dicho en términos muy sencillos, la razón o la inteligencia reaccionan ante los fenómenos del mundo contemporáneo.

En realidad, yo me pregunto si la novela «El sueño del ángel» no es soñada toda por el ángel, y si los personajes no son fruto de los sueños (recordemos con Calderón que “la vida es sueño” y es sueño la vida que se vive y es sueño el sueño que se sueña…) porque el mundo que nos presenta la novela es un mundo alógico y paralógico como el de los sueños, que no tienen un orden cronológico ni lógico ni ontológico: son superposiciones de tiempo y espacio, son cronotopías, son unidades, pero unidades racionadas del tiempo y del espacio.

La nueva novela que inaugura Gloria Elena en Nicaragua, realmente esta imbuida de esa materia, de esa naturaleza de los sueños. En ésta se superponen el tiempo y el espacio. Y aquí debo mencionar un hecho importante: es la primera novela dialógica o polifónica que se escribe en Nicaragua, dentro de una espléndida tradición de novela fonológica, más o menos lineal, descriptiva de lugares, de situaciones, de tradiciones…

Cuando leí la novela, me pregunté cómo podía reducir la novela en una expresión lógica; al fin y al cabo el filosofo intenta racionalizar las cosas y quizás ése es uno de sus pecados; y entonces se me vinieron a la mente tres palabras que podrían parecer un trabalenguas: polifónica, polimórfica y cronotópica. En realidad no es un trabalenguas sino que en ellas están contenidos los rasgos fundamentales que caracterizan la novela magnífica de Gloria Elena.

Polifónica porque hay muchas voces que dicen su palabra y cada palabra es un mundo en sí mismo; pero todas ellas construyen también un mundo. Y aquí se pasa de la novela monológica a la novela dialógica o polifónica: las palabras orientadas hacia la palabra del otro. Y este hecho no es que Gloria Elena lo trasluzca en su novela porque es la tendencia de la ética contemporánea; sino porque no hay una ética del yo, sino una ética del otro, de la alteridad como lo expresara Hegel en su dialéctica del amo y del esclavo: “Una conciencia libre solo se refleja en otra conciencia libre; de manera que mientras haya amos y esclavos la libertad total no será posible”. Esto es fundamental en la polifonía de la novela de Gloria Elena.

Otro rasgo característico de la novela son las múltiples formas, y de ahí su polimorfismo, puesto que si bien es cierto que todo significado esta limitado por su contexto; y la novela de alguna forma se ubica en un tiempo y en un espacio; también es cierto que en ese contexto, la pluralidad de lenguajes, lo que se denomina heteroglosia, no tiene limites; es decir, la novela se ubica en un tiempo y en un espacio pero al mismo tiempo abre esos tiempos y esos espacios hasta el infinito.

Las palabras como las cosas tienen perspectiva, depende cuándo, cómo y dónde se dice. Una palabra puede tener muchos significados y significantes y esa es la perspectiva de la palabra que es como la perspectiva que tienen los objetos y las cosas; pero esa perspectiva de la palabra se da en el contexto de la novela postmoderna no porque la palabra esté en el tiempo y en el espacio, sino porque el tiempo y el espacio están en la palabra.

De allí se deriva el tercer rasgo que es la cronotopía, dado que la palabra es la unidad de tiempo y espacio, pero sobre todo es la unión de la utopía (búsqueda de un territorio inexistente) y de la ucronía (búsqueda del tiempo que no existe), de tal manera que el concepto cronotópico de alguna forma une en un lazo significante lo que constituye el tiempo y el espacio.

En un segundo orden de reflexión, me llama mucho la atención de qué manera la novela se realiza siempre en el otro, porque hay una serie de situaciones sumamente interesantes, como la idea de un ángel que se corporiza; la idea de un ente corpóreo como es José que se vuelve en alguna forma incorpóreo; o la idea de Don Fito que es un loco cuerdo que en su locura entrevé todo un mundo de profecías; o incluso el relato de una novela, la de Ernesto, que no se termina nunca, solo cuando termina la novela de Gloria Elena. Y al terminar, sin embargo, «El sueño del ángel» abre una serie de espacios nuevos que están en la lectura de cada lector que los organiza para comprender el caos de sensaciones de Kant que apuntaba al comienzo; de tal manera que la novela empieza cuando termina, también, y ésa es una de las paradojas que a mí me llaman la atención.

La otra paradoja es la relación con el otro. La conciencia de que aún no soy y, pues, estoy siendo. Y esto a mí me trae inmediatamente, no solo Bajtín, sino también la filosofía existencial, a Heidegger, el Dasein; es decir, el ser no es, acontece, el ser es un estar siendo ahí… el ser ahí que se va construyendo en cada una de las acciones y no acciones del ser humano; de tal manera que el ser es un sistema de acciones y omisiones, es un juego de espejos en cierta forma, que la práctica y la realidad le dan. Y esto en la novela es fundamental para cada personaje que estaría mutilado si no lo vemos realizado o realizándose mejor en los otros personajes.

También viene a mi recuerdo Ortega y Gasset, “Yo soy yo y mi circunstancia y si no las salvo a ella no me salvo yo”. Y de alguna forma, la novela tiene circunstancias: es la construcción del León finisecular, del espacio y del tiempo en la palabra y en la narración que se abre a proyecciones múltiples que en algún momento pueden ser infinitas.

De tal manera que la novela vale mucho, no solo por lo que dice y como lo dice, sino sobre todo, por todo lo que sugiere, por lo que insinúa y por las posibilidades que despierta: múltiples, anchas y profundas, a cada uno de los lectores para que construyan también, con la novela de Gloria Elena, su propia novela.

La Prensa Literaria. Diario La Prensa. Managua, Nic. Sábado 24 de enero, 2004. 24 enero 2004