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Gloria Elena Espinoza de Tercero: Locura y exilio en El sueño del ángel de Gloria Elena Espinoza de Tercero


Por: Nydia Palacios

Catedrática y crítica literaria


Hace quince años en una investigación que realicé y cuyo resultado fue recogido en mi libro titulado Antología de la novela nicaragüense, la presencia de la escritura de mujeres y en especial las novelistas, se reducía a tres o cuatro títulos. Me pregunto ¿cuántos habrán leído Los piratas (1935) y Tormenta en el norte de Carmen Talavera Mantilla, Vendo mi vida de Graciela González y La bruja de Margarita Gómez de Espinosa?. Ignoro si los jóvenes de los años treinta, cuarenta y cincuenta, hayan tenido la oportunidad de leerlas. También desconozco si hubo suficientes ejemplares y si circularon, aunque fuera modestamente, entre los intelectuales y estudiantes de esas épocas.

A excepción de una rápida mención que hace nuestro excelente polígrafo e investigador Jorge Eduardo Arellano en su libro Literatura nicaragüense no encontró comentarios, reseñas, ni mucho menos una critica que juzgara la escritura de estas tres mujeres. Actualmente, solo una sobrevive y es Graciela González que vive en Estelí y que ya tiene como ochenta años de edad.

En este panorama desolador, hay muy poco decir. Sin embargo, fue hasta en 1964 que surge una escritora que dará un gran paso en la historia de las novelistas: se trata de Rosario Aguilar la gran narradora nicaragüense que con su Primavera Sonámbula (1964), abre la vía para continuar su quehacer literario por cuarenta años. Ella alienta, con la calidad de su obra, a continuar su camino a otras mujeres que mucho años después aceptaron el reto y se lanzaron a la conquista del genero novelístico alcanzando un gran público de lectores dentro y fuera de Nicaragua. No son muchas nuestras novelistas, pero se estudian y se traducen lo que legitima que están cultivando una narrativa de gran calidad.

Una verdadera promesa en el arte de novelar es Gloria Elena de Tercero que nos sorprendiera con su primera novela La casa de los Mondragón en la que revela el talento poco común, y con esta segunda novela, El sueño del ángel, obtiene por unanimidad, el primer premio en el concurso organizado por Funisiglo. Con esta obra confirma su gran destreza en el manejos del relato, su habilidad para perfilar personajes y la calidad de su prosa.

Siempre me he preguntado: ¿Qué experimentara la mujer escritora frente a una pagina en blanco? ¿Cómo comenzara a trazar sus primeros borrones? ¿Qué la impulsara a seleccionar un tema y no otro? ¿Es capaz de superar su propio miedo, luchar con sus fantasmas para escapar de la realidad cotidiana y sumergirse en un mundo de pasiones, emociones y sentimientos experimentados o no? ¿Se atreverá a romper estereotipos y tabúes? ¿Estará atrapada frente a la tradición o nos brindara una novela diferente, que no se sujete a las pautas dictadas por una sociedad patriarcal?

Creemos que la mujer ha logrado a través de una lucha de centurias un espacio que antes le fue negado y que hoy continúa tenazmente con su labor creadora y quiere demostrar que tiene todo el derecho de participar en todos los sectores de la sociedad en que se desenvuelve. Ya afortunadamente está muy lejos aquel temor de esa extraordinaria mujer, la gran mexicana, Sor Juana Inés de la Cruz, que tenía tanto miedo de sus perseguidores que le prohibieron el leer y el estudiar porque el saber “era cosa de inquisición”. Esto lo afirma ella misma en la famosa Carta-Respuesta dirigida a Sor Filotea de la Cruz, el seudónimo con que se cobijó el Obispo de Puebla y a quien ella le responde con una carta antológica que constituye toda una defensa de la mujer.

La escritora de hoy ya no tiene detractores ni sufre censura como los tuvo Sor Juana, pero sí sabemos que muchas del siglo XX se autocensuraban por temor a ser consideradas o indecentes. La escritora de hoy aborda temas de diversa índole, compite en el mercado del libro y se sitúa en primera línea como escritora de ficción. Este es el caso de Gloria Elena Espinosa de Tercero, quien demuestra con El sueño del ángel que tiene plena conciencia del oficio de escribir, el rol de la mujer que al fin conquistó su “propio espacio” donde, como toda una profesional, expresa en la página en blanco, su propia visión de la cultura que ha heredado.

La escritora leonesa enfoca las situaciones político-sociales con un alto grado de imparcialidad desde su posición de mujer que quiere superar el problema del género que la limita. Así, logra a través de una metáfora o alegoría, proyectar su propia personalidad al incursionar en sus laberintos exteriores o interiores y compara con el lector su mundo de ficción tan bien elaborado.

El mundo representado se centra sobre dos historias: la de José, que regresa con su familia a León después de años de exilio y la de Augusta que entrega su virginidad a un internacionalista. Estas historias aparentemente inconexas se vinculan con la figura del ángel, figura maravillosa que se despoja de sus vestiduras y las alas que mucho le pesan y decide exiliarse a la tierra en forma invisible e intangible para así convivir con los humanos.

Por su parte, José, el exiliado nicaragüense, regresa desde Miami a su querido León. Durante el viaje, dentro del avión, se presentan fenómenos raros. Aparentemente está alucinando o tiene pesadillas: “Los comentarios sobre la rara enfermedad que padecía no demoraron... que vino loco o padeciendo quién sabe que tipo de enfermedad, qué para qué había venido”. (53) De pronto, en una visión fantástica, el ángel invisible parece penetrar en una nube sin prisa e imperturbable, y se introduce en un libro que está en una vitrina en el Museo Archivo “Rubén Darío” donde leemos un bellísimo diálogo entre dos “iluminados”: Darío y el poeta vesánico Alfonso Cortés. José queda atónito con esa visión irreal: “Estremecido por la privilegia visión, estado, ¿cómo llamarle? Volvió al mundo ordinario”. (32) Lo más sorprendente de la novela es que ya en sus últimas páginas nos damos cuenta que el ángel que para nosotros simboliza la inspiración, es el autor de la misma novela que estamos leyendo y cuyo escritor es Ernesto, un antiguo enamorado de Augusta, la protagonista de la segunda historia.

Augusta siempre despreció a Ernesto, un artista, joven de alma sensible y con la obsesión de escribir una novela que registra sus experiencias, sus ideales revolucionarios, su búsqueda de una utopía, de un cambio de sistema que fracasó. Su postrera desilusión ante el rumbo que le dieron sus dirigentes, marcó su vida para siempre.

Asimismo, en la vida de Augusta la presencia de Ernesto es efímera, pues deslumbrada por la figura del internacionalista, se entrega a él nada menos que en el techo de la sagrada Catedral de León. Este hombre desaparece de su vida y nunca más volveremos a saber nada de él, ni Augusta ni los lectores.

El exilio es clave en la novela, porque tenemos a dos personajes que se exilian: José, el mortal y el ángel, el inmortal, La venida de éste a la tierra, según las sagradas escrituras la interpretamos como la expulsión del paraíso por la soberbia de Luzbel. Todo exilio es doloroso y los nicaragüenses que lo sabemos, nos identificamos con el ángel y con José, no sólo por la separación del terruño donde nacemos, sino por el dolor de no volver jamás y separarnos de la familia para siempre. José volvió a León con “la frente marchita y la sienes plateadas por el tiempo”. Ahí José se da cuenta que la vida no es la misma: “Mis amigos no tienen cara, las mujeres no son lo que fueron hace tantos años, las esquinas pueden ser otras... todo esto debería atemorizarme, pero es una dulzura, un regreso”. (Jorge Luis Borges)

Por su parte la caída del ángel pudo haberla causado algún desperfecto de la máquina celestial o un satélite lo precipitó a tierra o las incursiones en el espacio de las grandes potencias hegemónicas le hicieron perder el equilibrio. Sólo sabemos que estando en una nube, las alas le pesan (y que nosotros lo interpretamos como el peso de una culpa) por lo que cayó a tierra a convivir con los humanos. Las figurada del ángel es asexuada, importante señal que hay que consignar, a menos como dice Cristina Peri Rossi que “el sexo estuviera escondido en otra parte”. El ángel se convertirá en el ser protector del nieto que una hija de José pronto dará a luz en Miami. Este tierno infante, un angelito, simboliza la nueva generación de hombres y mujeres. Un ser humano, sin odio, ni rencores, ni sed de poder, un hombre nuevo. Por eso el ángel caído regresa al cielo porque ya ha cumplido su misión en la tierra, al igual que José que regresará a los Estados Unidos. Ahí encontró asilo, una nueva vida en una tierra extraña, pero feliz de estar de nuevo en el núcleo familiar que espera el advenimiento del primer nieto. Pese a esta esperanza, el dolor del exiliado es inconmensurable, deja una huella indeleble para siempre. Ya nunca serán los mismos, se confundirán las lenguas, se cambiaran las costumbres, ya no se reconocerán antiguos rostros.

Paúl Ilie nos habla del exilio exterior e interior. Este último se refiere al que se va de su tierra por su propia voluntad, nadie lo echa, se desarraiga por razones políticas o económicas, pero el más común es el exilio por razones políticas. Eso lo sabemos bien los nicaragüenses. Las diferencias ideológicas, la guerra y el servicio militar obligatorio marcó a los ciudadanos de nuestra patria con una herida que nunca cicatriza; pero existe otra clases de exilio, y es el interior.

Según Ilie, éste se refiere al tipo de exiliado quien aún viviendo en su propio país, no se siente igual a los demás. No comparte su interioridad con la masa, se refugia en sí mismo. Viaje y exilio son cara de una misma moneda. Para nosotros, José, al marcharse a Miami, representa el exilio exterior y Augusta, el exilio interior. Sea cual sea el tipo de exilio, este conduce a la enajenación. Dice Ilie: “El exilio interior es aquel en que uno se adhiere a los mismos valores que tienen los demás. El que percibe esa diferencia moral responde emocionalmente y vive su propio exilio. El exterior no sólo implica la carencia de la presencia en su país con la casa y la tierra, sino el dolor y la conciencia de que no hay regreso”. (2)

Sin embargo, el niño que nacerá se convierte en una ilusión para regresar a la nueva tierra que les dio acogida. No existe nada más hermoso que una ilusión y al ángel le han brotado nuevas alas, otras plumas para levantar el vuelo o para escribir otra historia como dicen Amoretti y Chen Sham. En el mundo representado se habla mucho de plumas con las cuales posiblemente, se escribirá otra novela en este nuevo milenio. Sin lugar a dudas tendrá un comienzo apocalíptico como sucedió en Nueva York, una catástrofe indescriptible: la realidad superó a la ficción.

Por otra parte, quiero hacer énfasis en el otro tema, el de la locura. En la novela existen muchas referencias a la Edad Media y al Renacimiento. En el siglo XVI se usaba a los locos para satirizar a la sociedad. Los libros sobre locos se basaban en una frase de Salomón “El número de locos es infinito”. A ellos se les echaba al mar. A finales del siglo XV, el alemán Sebastián Brat escribió una narración sobre un barco cuyos pasajeros y tripulación eran ciudadanos naturales de un asilo mental. La singular travesía tenía como destino final Narragonia, un lugar imaginario donde los locos podían encontrar el paraíso. Erasmo de Rótterdam en su famoso libro El elogio de la locura nos habla acerca de la estulticia. “Vosotros debéis a la estulticia ilustres deleites en la vida y, sobre todo, el supremo de disfrutar de la insensatez ajena”. (16) Erasmo caracteriza a la estulticia como algo que proporciona alegría y agrega: “Téngase en cuenta que esos graciosos locos poseen una gran cualidad: no ocultan las verdades, son francos y sinceros”. (85) Afirma que ciertos placeres de la vida se logran con cierto grado de locura e insiste que en el juego de la vida la alegría no se logra sin la alegría de la estulticia:
No habrá sociedad, ni relaciones agradables y sólidas, ni el pueblo soportaría al príncipe, ni el amo al criado, ni la doncella a su señora, ni el maestro al discípula, ni el amigo al amigo, ni la esposa al marido, ni el camarada al camarada, ni los comensales entre ellos, de no estar engañándose unas veces, adulándose otras, condescendiendo sabiamente entre ellos o untándose recíprocamente con la miel de la estulticia. (12).

Según Erasmo necesitamos un engaño en el trato humano. Era muy común asociar la palabra locura con ingenio y recordemos a Cervantes, cuya novela lleva por titulo El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Don Quijote es el tipo de loco que encaja, según Marcelo Ficcno, dentro de las personas ingeniosas, brillantes, que deben cuidar su ingenio para no caer en la locura total. En el célebre libro de Erasmo, la locura le ayuda a los hombres a sobrellevar el peso de la vejez, cuando los recuerdos se van borrando y donde, en esa etapa, es mejor no darnos cuenta de que nos hemos convertido en una carga para los demás. Para él, la locura es la que hace que esa edad sea tan deleitosa (mente senil). Dice Erasmo:

Téngase en cuenta demás, que los graciosos locos poseen una gran cualidad, no ocultan las verdades, son francos y sinceros, un loco puede decir lo que desee y su voz será atendida. No se le escucha como un erudito, se ignora en sus intervenciones, se le ve como a un bufón, distrae a la gente con sus locuras y palabras poco coherentes, pero con mucho significado. Decir las verdades es peligroso ante los tronos, pero ese peligro no existe para mis locos, a ellos se les pueden permitir decir las cosas que dichas por un sabio lo puede llevar a la ahorca, mientras que pronunciadas por uno de mis privilegiados, los hacen reír, y son celebrados con gracia. (86)

Erasmo, en la tercera parte de su libro, alaba a los santos locos y menciona a los místicos considerados como perturbados mentalmente; ellos eran marginados y sufrieron persecución por ser pospechos de herejía. Se usaba a la figura del loco para hacer chistes de la iglesia, era el único al cual le estaba permitido burlarse de los clérigos. El loco salía venciendo a la persona cuerda por su ingenio. En El elogio de la locura aparece un catálogo de locos. Son muy populares los chistes sobre locos: “No hay gran ingenio sin su rama de locura”, “amaneció con la luna”, es decir lunático, llamamos loco cuando sabemos de alguien que no encaja dentro de lo que se considera normal. “Goza de la compañía de los locos, pues de cuerdos dan muy poco alegría” (Sales españolas). Estas sentencias las aplico a un personaje muy especial, Don Fito, que encaja dentro de la locura quijotesca del “loco cuerdo” y del “cuerdo loco”, pero es un tipo de loco al estilo Leonés, una réplica del caballero de la Triste Figura. Su descripción es bastante similar a la de Don Quijote; “alto, seco, estrafalario, de unos 60 años, es un saco metido dentro de un esqueleto”, deambula de casa en casa donde le dan de comer y nadie le hace caso, es una figura inofensiva. La descripción de su indumentaria nos recuerda al personaje del Dómine Cabra de la obra picaresca de Quevedo “ La vida del Buscón, Don Pablos.”

Usaba una camisa banca de cuello raído y ostentaba una corbata ajada con un león bordado en seda que en un tiempo fue dorado y ahora desgraciadamente iba y aún ostentaba al animal egregio. Los pantalones iban untados al cuerpo flaco que le llegaban un poco más debajo de las canillas flacas y peludas como un torero de mala muerte, no necesitaba faja ni la temía a pesar del calor usaba un saco negro que algún día fue negro o azul o de algún otro color. Los zapatos ni hablar, un hoyo en cada uno de los meñiques, pero eso sí, los zapatos brillantes como los de un burócrata, aunque sin calcetines. (59)

En una figura esperpéntica, desgarbada, quijotesca, carnavalesca, pero en cambio es un gran autodidácta, mucho lee, se nutre de los clásicos y otros grandes escritores, habla de filosofía, da consejos para curar el mal de José, que ya sabemos que sufre de pesadillas y alucinaciones.

Don Fito recomienda a su familia que le hagan un examen de sangre a José. Estas especies de sangrías se recomendaban en siglos pasados para probar si familias enteras eran o no descendientes de judíos. Se acostumbraba purgar a la gente y esta creencia tenía su base en la teoría de los humores. Es por ello que existía la certeza que al haber un desbalance, la persona, ya fuera de temperamento sanguíneo o melancólico, si algunos de estos humores prevalecía, la persona de pronto sufría arrebatos de furia, pero en otras ocasiones, sus intervenciones eran perfectamente coherentes y lógicas. En la siguiente cita escuchamos a Don Fito que habla y admira mucho a la Edad Media “Es por la sangre que puede verse si tiene sed arcaica o violencia lúdica, de otras maneras es por la muerte”. (59) y luego añade que todos se están volviendo locos debido a la tecnología que ha traído progreso, pero también locura y muerte: “La humanidad se destruye a si misma con tantos inventos, la locura es el precio que pagamos por la civilización.”

Asimismo, Don Fito domina todos los programas de las computadoras y enseña a Ernesto a escribir la novela, por ello resulta muy importante lo que dice Erasmo del escritor: “El escritor que me pertenece por completo es mucho más feliz, porque ¿hay más dulce locura que la suya, ya que sin trabajo, y sin pasar las noches en claro escribe rápidamente lo que piensa, lo que acude a la punta de su pluma, sin otro gasto que un poco de papel?”. Esto resulta muy cuestionable, pero vale la pena consignarlo.

En la narración corre el año nueve de septiembre de mil novecientos noventa y nueve. Encontramos en ella un gran temor al cambio de siglo y de milenio. Este miedo se transparenta en Augusta, que está obsesionada con la idea del sacrilegio de haberse entregado al internacionalista en el techo de la sagrada Catedral. Mientras reza, arrepentida y pidiendo perdón, vienen a su mente los versos de Darío que anuncia males terribles para la humanidad. Este genial recurso intertextual lo inserta Espinoza de Tercero para confirmar que las catástrofes de carácter apocalíptico acechan al mundo. El poema “Agencia” se estructura a manera de encabezamientos de los diarios. Uno de ellos “en la iglesia el diablo se esconde” seleccionado por la autora, viene a convertirse en un ritornelo, que lo repite Augusta onstantemente, porque implica un sentimiento de culpa que no la deja vivir.

Agencia...
¿Qué hay de nuevo?...Tiembla la tierra.
En La Haya incuba la guerra.
Los reyes han terror profundo.
Huele a podrido en todo el mundo.
No hay aromas en Galaad.
Desembarcó el marques de Sade
procedente de Seboím.
Cambia de curso el gulf-stream.
París se flagela de placer.
Un cometa va a aparecer.
Se cumplen ya las profecías
del viejo monje Malaquías.
En la iglesia el diablo se esconde.
Ha parido una monja...(¿En dónde?...)
Barcelona ya no está bona
Sino cuando la bomba sona...
China se corta la coleta.
Henry de Rothschild es poeta.
Madrid abomina la capa.
Ya no tiene eunucos el papa.
Se organizará por un bill.
la prostitución infantil.
La fe blanca se desvirtua
y todo negro continúa.
En alguna parte está listo
El palacio del Anticristo.
Se cambian comunicaciones
entre lesbianas y gitones.
Se anuncia que viene el judío
Errante...¿Hay algo más, Dios mío? (Rubén Darío)

“Y se repetía ¿Hay algo más, Dios mío?”. El pecado cometido la tortura y es su voz interior la que incesantemente la acosa. La novela está llena de catástrofes: la guerra, el terremoto de Managua de 1972, el huracán Mitch y sobre todo el caos que piensan que puede crearse con el cambio de siglo. Concuerdo con María Amoretti y Jorge Chem en la visión apocalíptica del mundo que hemos señalado antes: “La unidad espacio- temporal (cronopo, según Bajtin) en El sueno del ángel es el Apocalipsis... en la novela hay dos niveles: un nivel local y otro universal. Nicaragua esta presentada como una época cataclística y la época mundial que vivimos actualmente en también época final” (“Discurso al alimón” Universidad de Costa Rica, Inédito Managua). Como señalábamos antes, el temor exacerbado por el fin del mundo en el año 99, nos invadió a todos. Hay pasajes muy extraños en la novela que nos revelan que Don Fito posee una especial cualidad, al anunciarnos lo apocalíptico, pero también una esperanza, un cambio. Para ilustrar tenemos un pasaje donde José y Don Fito vuelan en una visión que los hace ascender. José está en el baño y de pronto, dentro del agua surge la figura de Don Fito, ambos aparecen desnudos (recordemos que los locos suelen desnudarse), ¿es un síntoma de su falta de cordura?,. Los dos se equiparan en una misma visión, pero la desnudez de ambos ¿es signo de un renacimiento?

Y continúo con Erasmo: “...todas las cosas de la vida tienen dos caras, y ocurre algunas veces que lo que fuera es la imagen de la muerte, dentro estará lleno de vida. Con frecuencia tomamos por hermoso lo feo, por rico lo mezquino, por glorioso lo infame, por alegre lo triste...” (67)

Para terminar a veces pienso: ¿tendría la escritora una visión anticipada, presagio, presentimiento, sueño pesadillesco, como el que vivimos y seguimos viviendo desde el 11 de septiembre del 2001? Esta catástrofe del primer año del milenio, la destrucción de las torres gemelas símbolo de la civilización próspera y desafiante que se erguía orgullosa en el cielo de Nueva York y que hoy esta reducida a un mar de escombros ¿qué significó para los que murieron allí? Ellos ya tuvieron su fin del mundo, el Apocalipsis. ¿Es la autora una visionaria? Termino con los versos de Darío: “El vate, el sacerdote, suele oír el acento desconocido. ¡Poestas!, pararrayos celestes, rompeolas de las eternidades”.

Publicado en LENGUA. Revista de la Academia Nicaragüense de la Lengua. Segunda época, No. 26, marzo de 2003. Managua. Págs. 188-198.

Obras consultadas:

1. Amoretti, María. La casa de los Mondragón (Una novelización alternativa del tiempo folklórico en el costumbrismo contemporáneo. La literatura centroamericana del fin de siglo XX”. Ístmica, San José. No 5-6,2000:105-130
2. ...Y Jorge Chem Sham. “De plumas y ángeles hacia el sentido del final en El sueño del Ángel”_(Inédito. Discurso “Al Alimón” celebrado en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua), 26 de octubre del 2001, Managua.
3. Bajtín, Mijail. Teoría y estética de la novela. Madrid: Taurus, 1989.
4. Cervantes, Miguel de. El ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha. México: Porrúa, 1975.
5. Domínguez, Mignon. Historia, ficción y metaficción en la novela latinoamericana contemporánea. Buenos Aires: Ediciones Corregidor, 1996.
6. Eco, Humberto, y V.V Ivanov. Carnaval. Traducción de Mónica Rector. México: Fondo de Cultura Económica, 1998.
7. Espinoza de Tercero, Gloria Elena. La casa de los Mondragón. León: Editorial Universitaria, 1998.
8. ...El sueño del Ángel. Managua. Distribuidora Cultural, 2001.
9. Illie, Paul. Literature and Inner Exile. Baltimore: The John Hopkins University Press, 1980.
10. Palacios Vivas, Nydia. Voces femeninas en la narrativa de Rosario Aguilar. Managua: Editorial Ciencias Sociales, 1998.
11. ...Estudios de literatura hispanoamericana y nicaragüense. Managua: Editorial Cyra, 2002.
12. Paz, Octavio. Sor Juana Inés de la Cruz o Las trampas de la fe. México: Fondo de Cultura Económica, 1982.

Publicado en LENGUA. Revista de la Academia Nicaragüense de la Lengua. Segunda época, No. 26, marzo de 2003. Managua. Págs. 188-198. 28 marzo 2003