critica_literaria


Gloria Elena Espinoza de Tercero: Visión postcolonial, crítica tercermundista y globalización en El sueño del ángel de Gloria Elena Espinoza


Por: Luis A. Jiménez, Ph.D.

Académico Florida Southern College


Visión postcolonial,  crítica tercermundista y globalización en El sueño del ángel de Gloria Elena Espinoza

El sueño del ángel (2003), la más reciente novela de Gloria Elena Espinoza de Tercero (Nicaragua), y ganadora del premio Nacional de la Literatura FUNISIGLO (2001), impela al lector alerta a confabularse con la armazón de un texto híbrido, fragmentario y compuesto de "pequeños relatos" alternantes entre capítulos. Estos “pequeños relatos” o “micro-historias”, vociferados a menudo por la postmodernidad literaria, sustituyen los “grandes relatos” (“grand récits”) en los que se apoya el proyecto crítico sobre la ilustración del siglo XVIII, al que se refiere Jean-François Lyotard en su libro La condition postmoderne.

Por medio de la voz narrativa y de los personajes, en la obra de Gloria Elena se enfatiza una cabal crítica tercermundista dentro del aura postcolonial que la crea y satura como sostén imperante de lo que se ha llamado lo postmoderno. Aparentemente, al regionalizar la novela dentro de la ciudad de León, Nicaragua, a finales del siglo XX y retrospectivamente contemplar el pasado histórico y literario (recordemos a Rubén Darío) de la Nación, con su asedio tercermundista logra universalizarla para así adentrarse en la globalización que ya comienza a asomarse antes del nuevo milenio.

En un contundente estudio sobre la novela, Jorge Chen Sham afirma terminantemente que dentro de la acepción de la escatología y la apocalipsis, nos topamos con un "mundo en crisis, en descomposición social" (1). En nuestra opinión, toda esta dimensión trascendental descrita por el crítico, incursiona en la confusión y el caos al que se enfrentan las naciones tercermundistas que acusan los malestares degradantes y abusivos de la cultura moderna bajo los efectos de la globalización. Entre lo “global” y lo “globalizante” surge una antonimia que es la localidad: el mundo global no puede abstraer el mundo local, ambos actúan y se resisten a la vez para reclamar y rescatar su presencia frente a la cultura dominante o la subalterna, ya sea Nicaragua u otro país latinoamericano, por lo que respecta nuestra área de investigación.

Para Arif Dirlik, la rúbrica postcolonial se vincula a las perspectivas intelectuales y culturales en un contexto que marca, fija y define las orientaciones de las relaciones globales (329). Al mismo tiempo, añade que la crítica tercermundista, a la que el discurso de Gloria Elena Espinoza pertenece, reclama temas que repudian o elogian el pasado para afirmar un presente y, hasta cierto sentido, un futuro fragmentario e incierto. Se intenta así borrar los espacios tercermundistas, al eliminarse las fronteras regionales (León) y nacionales (Nicaragua) hacia metas que incluyen la globalización, la cual también apunta hacia la actualidad literaria. El programa globalizado sugiere la desterritorialización de barreras nacionales e implica una entrega de culturas regionales, muchas de ellas contestatarias, cuyas difusión y aceptación tamiza “el triunfo del imperio” (Sosnowski 157).

Nuestro enfoque a El sueño del ángel se centra dentro estos parámetros escindidos que ya se han establecido. De inmediato, basta citar parte del monólogo interior de uno de los personajes que, casi al comienzo de la obra, regresa a Nicaragua tras varios años de exilio forzoso en Miami. El detallismo del enunciado siguiente sirve de apoyo lógico a este análisis desde la óptica del capitalismo norteamericano:

Ahora comemos de pie, a veces corremos en la calle con un emparedado...los impuestos, los presagios, el problema del Y2K, la desaparición de las especies, la globalización, el calentamiento global, la corrupción, el terrorismo, la miseria, las drogas, los suicidios, la incertidumbre, el miedo... (12)

Conviene hacer hincapié en don Fito, personaje de la novela poco estudiado hasta la fecha, y que se menciona en el capítulo doce haciendo su aparición en el trece. La descripción de este ente de ficción se ajusta al ámbito caricaturesco, dígase barroco tardío como la Catedral de León, y al picaresco. Trae a colación el tema del hambre disimulada tan obvio como el propio vestuario anacrónico y estrafalario que lo caracteriza con certeza descriptiva. Es sumamente importante porque dentro de la esfera terrestre se contrapone al ángel enmascarado en su propio espacio celestial dentro y fuera de su exilio imaginario en el que se centra a veces el discurso. Resulta también indispensable en la escritura narrativa porque la novelista decide darle voz al sujeto periférico para que el lector oiga la versión oficial de la historia local y mundial. Aunque al parecer no posee el poder por su condición marginal, don Fito subvierte éste mediante varias estrategias novelescas en las que el discurso postcolonial transgrede las reglas de la periferia discursiva para colocarlo dentro de la visión tercermundista y la globalización que estamos enfocando.

El Diccionario de la lengua española (2001) define el ángel etimológicamente como un “espíritu celeste criado por Dios para su ministerio en la tradición cristiana” (153). No se trata de restarle el mérito al ángel, porque es parte integral del título de la novela e ingrediente primordial de la narración que se lleva a cabo. Solamente se intenta establecer cierto paralelismo entre este abierto espacio celestial imaginario y otro “real”, el que don Fito representa en la textualidad de lo escribible y lo decible en la obra misma. Preciso añadir que entre estas dos esferas tan opuestas y bien delineadas en el material novelesco, pululan los demás personajes que cuentan sus “pequeños relatos”. Incluso se perfila detalladamente la historia de Augusta, desflorada por voluntad propia en la Insigne y Real Basílica Catedral de La Bienaventurada Virgen María de León por un sujeto germano e internacionalista al que se une en las campañas renovadoras e ilusorias del sandinismo.

Mientras en su fantasía el ángel “guarda”, por así llamarlo, con aplomo celestial a las criaturas novelescas en el texto, don Fito expresa con acierto discursivo las “verdades” (“peroratas” textuales según la voz narrativa), y que la autora se propone desarrollar con la inclusión de este personaje en la obra. En una de sus “peroratas” habituales se ubica en el marco histórico coincidente con la llegada del nuevo milenio:

...dicen los estudiosos de la globalización que ingresamos a un ambiente que no promete nada, donde el sentido de la historia está muy confundido, reina la incertidumbre y el miedo al futuro... (60, subrayado agregado).
Y una página después, desde una óptica postcolonial y tercermundista de la historia afirma el sufrimiento de los indígenas durante la conquista y la colonia. Establece una analogía entre las civilizaciones precolombinas y el sujeto moderno que se inserta a “macro-sociedades”, áquellas después de vivir en “aldeas” nunca son comparables con París, Nueva York, o Buenos Aires, saturadas por la globalización interplanetaria. En todo caso, le quedó por añadir al personaje que en realidad sólo existe una “aldea” global dentro de estos espacios locales tan disímiles entre sí se si toma en consideración la presencia de geodiversidades culturales. En un discurso incluyente de la Otredad y sin especificidad identitaria de raza, etnia o género, concluye diciendo tajantemente que la esfera terrestre crece “a la velocidad de un Bangladesh diario” (61, subrayado de la autora). Como apunta Frederick Jameson, la rapidez de todos estos factores incluyentes son los efectos de los “temores” culturales en la fábrica social y económica de la vida diaria en el hemisferio occidental (52, 57).

Don Fito diserta oportunamente sobre el tema de la locura de la cultura moderna que rastrea a la mitad del siglo XIX, y a la manera del revisionismo histórico y crítico. En su opinión, la visión desalentadora se debe en gran medida al riesgo y la inseguridad de las profesiones, oficios más inseguros y arriesgados, la falta de ilusiones, las esperanzas infundadas y, sobre todo, más luchas dolorosas en un intento por lograr lo que no está al alcance del sujeto humano. Su futuro es oscuro, nebuloso y caótico, apocalíptico como ya ha mostrado Chen Sham. Se concreta específicamente en el texto con el miedo rubéndariano, lo que causa, entre muchos otros síntomas, los presagios del fin del mundo, al provocar así también suicidios en masa.
Algo análogo se desprende del sueño del ángel que decide abandonar la Tierra en búsqueda de su espacio celestial. La visión va acompañada de cierta preocupación por los desastres ecológicos, pero sin abrirla al debate mediático. Reproducimos fragmentos de este entorno fantasmagórico de matices bélicos que circula por el discurso novelesco:

Ejércitos de diferentes banderas, razas, religiones, de todo color apuntaban con cohetes, asaltaban inocentes, mataban. Vio desolación, agua pestilente, árboles calcinados, desperdicios y muerte como en un gran colage...y en el planeta negro sólo deambulaban bichos horrendos que comían los despojos (73).

Pese a la aparente marginalidad periférica con que se dibuja a don Fito, más adelante la voz narrativa comenta que era “uno de los asiduos investigadores en la biblioteca de la alta casa de estudios” (83). Como autodidacta, además de poseer abolengo y espíritu noble, conocía los rudimentos de computación y el uso del Internet. En otras palabras, pertenece a la cultura letrada de la Nación, y esta erudición innata le permite generar planteamientos críticos en la novela. Al mismo tiempo, disemina mediante éstos las diversas ramas de la sabiduría, simplemente por ser portavoz oficial de la autora que propone una “tercera vía” diseñada para la superación de antagonismos tradicionales. Es más, la postura de don Fito en el texto lo convierte en representante genuino de la crítica tercermundista. En una de sus reflexiones sobre esta crítica local indaga entre interrogantes los vestigios inherentes en la ignorancia del país:

¿Cómo es posible que en esa casa no haya ni computadora, ni televisión por cable? ¿Es acaso posible que aún vivan en el siglo pasado?, ¿de qué manera piensan dar paso en el siglo XXI, en carreta o a caballo? (84)
Cabe preguntarnos ahora ¿no son estos modelos de información, parte del mismo meollo de la globalización? Ya que lo son, se filtran cabal e inevitablemente en la esfera de la cultura universal, sobrepasando así los confines de lo nicaragüense. Se insertan al proceso de comunicación en el globo terráqueo, lo mismo que al material novelesco.

Don Fito ataca con firmeza discursiva la cultura dominante con sus salones de belleza, la compra de trapos y bisutería y el estancamiento en el círculo social al que pertenezcan los ciudadanos del país. Considera a éstos “seres primitivos del próximo milenio” ya que anhelan hojear las páginas de “Hola” y conocer sobre las princesas de las cortes europeas, ni aún leen poesía ni filosofía, ni se alimentan de los buenos escritores (84). En este enunciado, hace hincapié en la tradición eurocéntrica como modelo universal para la cultura popular. De hecho, el carácter fundacional de este eurocentrismo sigue ostentando la relación arcaica entre el poder y la cultura como si se viviera en épocas post/coloniales.

Se podría decir que, plantado en la época de la postmodernidad literaria y como intelectual de origen tercermundista, apuntala la esencia misma de la historiografía; o sea, lo que la voz narrativa confirma llamándolo “un duque lleno de historia” (84). Al ubicarse en espacios subdesarrollados donde la gente todavía vive en tiempos coloniales, procede a la narración de la historia y, en grado mayor, la construcción edificante de la Nación.

Se observa el atinado juicio de don Fito desde dos posiciones globales conflictivas: la de la cultura alta y la de la popular, dígase baja, Expresa todo el pesimismo que acarrea este postcolonialismo primitivo, obsoleto y disfuncional, que ha dejado intacta la infraestructura tercermundista implicada en el discurso novelesco. A veces, este discurso se nutre de imprecaciones políticas que denuncian la violación de los derechos humanos tanto por el costado somocista como por el sandinista

De allí, el pánico que cunde en el texto debido a la globalización causante de la conformidad y la uniformidad ante la política y la revolución tecnológica. En la novela se vincula con el extremado “miedo” rubéndariano, intertexto vital de la misma. Al retroceder al siglo decimonónico mientras Darío lleva a cabo el proyecto de la modernidad literaria, se recrea un muestrario de ambigüedades, fantasías angélicas (no olvidemos al ángel) o ansiedad humana. A nivel psicológico, la voz narrativa se refiere a la “rareza” rubéndariana, pre/texto repiqueteado en la obra misma a través de los fantasmas que acosan a los personajes: don Fito, Augusta, José y otros más.

Por todas las razones antes aludidas, don Fito admite que la falta del proyecto tecnológico ha marginado aún más a la población mundial, puesto que la condición tercermundista cae en un regionalismo local que no supera ni podrá superar la crisis vigente. Dicha crítica continua siendo fermento crítico entre los círculos letrados del globo donde se incrementa la disparidad cultural de sus conciudadanos, dígase miseria de conocimiento tecnológico entre las masas. Pero por otro lado, preguntamos ¿no es esta humanidad indiferenciada resultado de la conexión con la tecnología y, sobre todo, la red de la informática bajo una sociedad cada vez más digitalizada? Y si se trata de dispersión, sólo cabe agregar que la comunicación actual contribuye a ella.

Pasemos ahora brevemente a echarle un vistazo a Ernesto, antiguo novio de Augusta, cuya caracterización en la novela se aúna en gran medida a las “peroratas” textuales de don Fito que venimos examinando. Pintor de vocación, escribía poemas y proyectaba terminar una novela. La voz narrativa hace eco de la opinión de la autora cuando comenta sobre el acto de la escritura: “cada novela es también una historia secreta y encriptada de quien la escribe” (102-103). La voz de Ernesto, “verborrea” en boca del sujeto que narra el relato, constituye huellas de los discursos previos de don Fito. Se convierten en rastros del temor a la noche en la espera del próximo día donde: “hay una armonía de la civilización que es universal, todo es multidisciplinario y forma parte de ese engranaje que mueve el siglo y el milenio nuevo” (107). En definitiva, se nota que la angustia existencial y el encerramiento voluntario de Ernesto van paralelos a los síntomas experimentados por otros personajes de la novela.

Con la adquisición de una computadora de segunda mano, Ernesto se adhiere al conocimiento de “los novísimos inventos” (109). Expresa el personaje en tono enfático: “Bueno, voy a entrar al nuevo milenio en poder de una computadora 100MHz y 1.9 gigabites” (110), para proceder de esta manera a la escritura de toda su producción literaria. A cambio de mantener la interlocución discursiva, don Fito interviene en el reto que la globalización brinda: “trajiste el progreso a tu casa; aquí te vas a dar cuenta y a comunicarte con el mundo si instalás el Internet” (111). De nuevo, el personaje hace alusión a la condición global que afecta al planeta por medio de la tecnología.

A diferencia de don Fito y Ernesto que representan la alta cultura, Dominga, la dueña de la casa de éste último, se asocia con las capas populares. Por ende, a la condición letrada de estos dos personajes se contrapone la visión del mundo de la Munda, nombre con que se conoce a esta mujer en la obra. Con gran sentido del humor carnavalesco, se obvia la completa ignorancia de Dominga que se contenta porque “hace música la chochada” (110). Sin embargo, siente temor de electrocutarse por los cables de la computadora: ese “montón de chorizos que tiene me va a dar dolor de cabeza a la hora de limpiar” (110). Lo carnavalesco se resalta aquí precisamente mediante el referente “chorizos” que en la cultura baja se mancomuna con la comida. No es sorprendente aseverar que la comida, o la escasez de ésta, es abundante en la novela. Aunque los personajes son figuras de ficción, comen o dejan de hacerlo, el ejemplo de don Fito, como los seres vivientes.

Al contraponer personajes de dos culturas opuestas, la autora saca a relucir las ventajas y las desventajas risibles de la tecnología. Junto a ésta, se alza la voz de la literatura puesto que Ernesto acaba de completar el borrador de su novela y el manuscrito está listo para su publicación, en manos del primer mecenas que aparezca. Dada la naturaleza chistosa de la Munda, otro artificio innato del ámbito popular, don Fito no reacciona hacia el discurso del vulgo. Por el contrario, le lleva la corriente a la voz de la cultura popular con el desdén que lo caracteriza. En síntesis, el escenario local de la obra (la Catedral, León, etc.) engarza lo nacional (indígenas, Nicaragua) y lo global (Rubén Darío, diálogo multidisciplinario, pobreza, riqueza).

Para resumir, El sueño del ángel no pretende fantasear con el consenso para Nicaragua ni para el resto de Nuestra América, más bien lo contrario. Su impactante discurso contestatario exterioriza y promueve la globalización, referente preciso y concreto que sobrepasa los límites nacionales de la escritura. Por momentos, nos coloca alelados en las alas del ángel en su exilio imaginario y fantasmagórico en búsqueda del cielo “donde no hay dolor ni sufrimiento” (87), y que se comunica con el lector dentro de su propio proceso onírico y su ministerio celestial. Mientras que este ángel termina su exilio imaginario en el último capítulo de la obra (135), don Fito sigue oscilando entre la periferia y el centro del texto, una vez que ya ha pronunciado lo escribible, decible y escuchable en la obra. A pesar de sus “peroratas” quijotescas, plantea repetidamente con seriedad discursiva un enfrentamiento al nuevo milenio.

Agreguemos por último que la presencia de don Fito parte de la acción globalizadora en este discurso involucrado y altamente comprometido que consiste en programar y rescatar y la dimensión cultural y literaria que representa una sociedad generadora de amplios indicadores históricos. Todo ello en nuestra literatura hispanoamericana actual, bien sea postcolonial o tercermundista, es cuestión temática que Gloria Elena Espinosa de Tercero maneja con destreza indiscutible en El sueño del ángel.

Bibliografía
Amoretti Hurtado, María y Jorge Chen Sham. "De plumas y ángeles: presentación al alimón". Suplemento "Artes y Letras". 15 de diciembre del 2001: 1, 4.
Chen Sham, Jorge. "Tradición genérica del sueño: las visiones en El sueño del ángel”. El Pez y la Serpiente 47 (2002): 1-9.
De Benoist, Alain. “Confronting Globalization” . Telos 108 (Summer 96): 117-38.
Dirlik, Arif. "The Postcolonial Aura: Third World Criticism in the Age of Global Capitalism". Critical Inquiry 20: 1 (Autumn 1993): 329-56.
Espinoza de Tercero, Gloria Elena. El sueño del ángel. Managua: Ediciones Distribuidora Cultural, 2003.
Jameson, Frederick. “Globalization and Political Strategy”. New Left Review (2000): 49-68.
Lyotard, Jean-François. La condition çpostmoderne. París: Minuit, 1979.
McLuham, Marshall y B. R. Powers. La aldea global. Madrid: Gedisa, 1989.
Palacios Vivas, Nydia. "Locura y exilio en El sueño del ángel de Gloria Elena Espinoza de Tercero". Lengua 26 (marzo 2003): 188- 98.
Medina Núñez, Ignacio. “Entre la globalización y la mundialización de Latinoamérica”. Globalización, educación y cultura: un reto para América Latina. Coord. José Manuel Juárez Núnez. México: Universidad Autónoma Metropolitana, 2000. 23-38.
Sosnowski, Saúl. “Voces y diferencias: un espacio compartido para las letras americanas”. América Latina. Un espacio cultural en el mundo globalizado. Coord. Manuel Antonio Garritón. Santa Fé de Bogotá: Tercer Mundo Editores, 1999. 156-73.
Spivak, Gayatri Chakravorty. “Can the Subaltern Speak?”. Colonial Discourse and Postcolonial Theory. Eds. Patrick Williams y Laura Crisman. New York: Columbia UP, 1994. 66-111.
Tabori, Paul. The Anatomy of Exile. London: Harrap, 1972. 28 julio 2006