critica_literaria


Ana Ilce Gómez: Los poemas cotidianos de Ana Ilce


Por: Henry Petrie

Poeta, Narrador.


Los poemas cotidianos de Ana Ilce
¿Qué se ha dicho o escrito acerca de Ana Ilce Gómez (Masaya, 1945)? Veamos: “Se desdobla. Se ve. Y una mitad de ella es materia. Y otra mitad es su forma” (Pablo Antonio Cuadra). Juan Chow, ese poeta incisivo también apuntó: “Por la concisión brillante de sus pensamientos, crea piezas memorables” y más adelante de su ensayo acerca de la generación de los sesenta, clava el siguiente puntillazo: “Cuando apareció en la palestra nacional, alarmó mucho a sus contemporáneas, quienes de entrada convirtieron el inteligente oficio de la sensibilidad poética, en un reducto áspero que hizo del movimiento literario de las nacientes poetisas, una trinchera de la guerra de los sexos” (La Paja en el Ojo, p. 27). Más reciente, Julio Valle-Castillo confirma: “Acaso la más sensible… se expresa con el dolor de la condición humana, el vertiginoso paso del tiempo que encorva a la esbelta muchacha y el silencio resignado (El Siglo de la Poesía en Nicaragua, Tomo III, p. 61).

Y aún hay mucho que decir y escribir acerca de esta exquisita poeta, que desde el silencio ha esculpido palabras, versos, poemas, construido dos libros que se ubican como referentes ineludibles de la poesía nicaragüense: Las Ceremonias del Silencio (1975) y Poemas de lo Humano Cotidiano (ANIDE, 2004), premio único del Concurso Nacional de Poesía escrita por mujeres “Mariana Sansón”.

Para Ana Ilce, la poesía ha sido su vehículo primordial para expresar lo que ha “sentido, deseado, querido…” Según sus palabras, la creación, la vida, la felicidad y el espacio-tiempo han sido los temas que la han obsesionado. Se trata de una mujer que poetiza lo vivido, su hondura está abrazada por el reducto creador, sin ínfulas ni pretensiones de farándula. Eleva su sensibilidad poética al oficio de vivir, desentrañando su intimidad con ventana abierta a las manifestaciones sociales de su tiempo.

Según Vidaluz Meneses, en Poemas de lo Humano Cotidiano, Ana Ilce es “mucho más autoafirmada y asertiva”, que se presenta con “una alegría madura, sobria, que consuela y alumbra nuestra oscuridad esencial”. El libro está construido por un total de treinta y cuadro poemas, que en general, hacen gala de la esencia y significado de ser mujer, del transcurrir de éstas por la vida y de sus arrebatos en la historia, encarnando poesía, desnudándose en sus realidades: “Estréchame contra la pared y dime/ si has visto brillo más infinito/ que el de mis ojos” (Desátame, p. 19). Una mujer intensa que canta “Toda la brevedad convertida en eternidad/ a través de esta larga y recurrente noche/ de insomnio” (Máscara del Insomnio, p. 27).

En siete de sus poemas encuentro lo más representativo de este sentimiento, de esta voz elevada con fuerza pero también suave, como deseando penetrar en los tuétanos más duros y en las almas más leves. Extraigo de cada uno de ellos algunos versos o estrofas para brindar una idea de la poesía que es indispensable leer y estudiar:

En Mujeres con Guitarra (p. 13) se expresa la reivindicación de su género: “Mujeres que le devolvieron al mundo/ la embestida,/ que se inmolaron o tuvieron que matar/ para seguir viviendo,/ esas que en la hora más oscura/ roturaron el campo con sus uñas/ para que vos y yo pasemos”. Y en Ama del Día (p. 83) la poeta se asume todas las mujeres, sus voces, sus historias y existencias cuando dice: “De ustedes vengo. De las fuertes,/ las vírgenes, las grávidas,/ las que pagaron caro, las esclavas”, porque “La voz de ustedes es mi voz,/ mujeres lejanas/ mujeres de mi tiempo/ por ustedes canto y brillo como la más/ simple de todas las estrellas”.

En La muerte No Es Una Mujer (p. 15) nos presenta la otra cara de la moneda porque siendo ellas dadoras de vida cómo al mismo tiempo se han de asociar a la muerte, y nos dice: “La muerte es un hombre que galopa/ entre las noches que columpia el insomnio./ Es un varón disfrazado de oscura damisela./ Tiene unas rosas en las manos/ y un cordel para colmar el cuello”. Más que una bandera feminista, nos entrega el contraste del estigma, el mito y la leyenda, poniendo a la muerte “como un perro fiel” a lamer sus pies. El poder asumido desde su propia condición de ser, de mujer rotunda.

Ser o No Ser (p. 35) contiene una crítica social incitando a la rebeldía de la mujer en su rol tradicional impuesto por la sociedad patriarcal y el machismo: “Vivir./ Ser o no ser no es el problema/ sino planchar la ropa/ atizar el fogón/ escribir unos tiernos y antiguos poemas/ mirarse en el espejo el otro rostro del rostro/ descubrirse lobo triste por las noches/ por las mañanas mujer cuerda”. Y luego, “Esgrime tus cuchillos argumento/ empuña tus espadas yo no quiero/ atrévete de una vez sueña tu sueño…”

Cancerberos (p. 57) es un poema que me gusta muchísimo porque hiere al amante narciso: “Es cierto, estuve enamorada de ti/ pero no más de lo que tú estabas de ti./ Pozo de olvido/ altar de sombra/ eres el rival que más temí”. Y lo vinculo a Ítaca (p. 63), otro poema que nos da en la testa de manera sabrosa: “He tejido esta tela/ y la he destejido mil veces/ esperándote./ Si tú lo merecieras/ si tú me merecieras/ por esperarte agotaría/ todos los telares de la tierra”.

Y no pudo faltar la referencia acerca de su generación, Años 60 (p. 67), elegía y esperanza, recuento y pormenor: “Lo que era revelación es ahora destino/ Lo que era eterno es ahora un pretérito perdido/ No somos más la generación privilegiada/ deslumbrada por sus luchas y sus himnos”. Pero más adelante, a pesar de todo lo contraído y consumado, “… a pesar de la maleza/ que abatió nuestros símbolos,/ tengo aún la certeza de que no todo/ se ha perdido”.
Ana Ilce es un ejemplo del oficio poético, paciente y dedicada, que en silencio esculpe el poema y se encuentra ella misma, también se niega, confrontando máscaras e insomnios, lamiendo sus pieles mudadas y aguardando un tiempo enigma que sólo puede ser en ella, con voz y canto ajeno a toda pose grandilocuente.

La Prensa Literaria. Diario La Prensa. Managua, Nic. Sábado, 28 de abril 2006 28 abril 2006