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Adelaida Díaz: Trovadora de dulces misterios


Por: Helena Ramos

Poeta, periodista cultural, investigadora literaria


Trovadora de dulces misterios
Es una artista nada típica para este milenio: dulce, naïf y cristalina, dueña de una capacidad en extremo inusual –especialmente viviendo en plena postmodernidad tercermundista– de preservar a través de las edades y las adversidades una visión límpida, candorosa, apenas opacada por la pátina de la nostalgia. Su sencillez deja percibir un hálito de benigno misterio.

Nació en Boaco en 1962 y se dedica a la escritura desde los diez años de edad. El primer género que ensayó fue el epistolario: escribía cartas de amor para personas que requerían esta clase de servicios; luego llegó el turno a los poemas…

En 1983 obtuvo el segundo lugar en el certamen de poesía llevado a cabo dentro del marco de la III Campaña Nacional de Bibliotecas Carlos Fonseca, impulsada por la Biblioteca Pública Fernando Buitrago de Boaco. Aquel mismo año debutó en Ventana, suplemento del diario Barricada; luego dejó de publicar hasta el año 2000, cuando reapareció, con muy buen suceso, en el Nuevo Amanecer Cultural.

A inicios de los 80 era dirigente sindical y laboraba en la Central Sandinista de Trabajadores. En 1982 pasó a trabajar al Centro Popular de Cultura de Boaco como promotora artística. En el 83-84 fungió como directora del Centro Popular de Cultura de Camoapa; en 1984 era directora de Pedernal, una revista literaria de Juigalpa, V Región, de la cual sólo aparecieron dos ediciones.

En 1985 renunció a su trabajo en el Ministerio de Cultura y se dedicó a la fotografía, con el fin de costear sus estudios superiores. Niñas, niños y perritos pequineses son sus modelos predilectos.

Está convencida de que la lucha por la equidad de género es justa y necesaria, porque la discriminación de las mujeres sigue siendo el pan nuestro de todos los días; se considera una firme aliada del feminismo. Tiene razones personales muy profundas para pensar de esta manera: su largo silencio literario obedeció al hecho de que a su compañero de vida no le agradaba que ella fuera poeta, lo cual generó en Adelaida un grave conflicto interno que le costó mucho superar.

Además de la literatura, Díaz tiene otra vocación igual de fuerte: la Medicina. Se graduó como médica general y naturo-ortopática en la Universidad Popular de Nicaragua (UPONIC) y está ejerciendo la profesión en su ciudad natal.

Allí nací yo

Nací bajo el canto
y con el canto de los pájaros
en mí
en aquel campo verde
oloroso a mandarinas
a mangos maduros
con aire dulce
como la caña de azúcar
que mi padre tenía
sembrada
allí nací yo
tiernita como los pipianes
delicada como los pollitos
de la gallina búlica
allí crecí yo
con el canto de los pocoyos
por la noche
bajo la mirada de los monos
jugando en los chilamates
en el río
donde los peces
me rozaban el cuerpo
cuando me bañaba
en el campo
que me dio ternura
crecieron mis senos
duritos pero tiernos
y dulces como las naranjas
allí donde mi vientre
adquirió el perfume de las
flores silvestres
que llamaba a las mariposas
y las abejitas osadas
solicitaban
miel
la miel de mi amor
la que guardé para vos amor


De canela y miel

La hija de la vecina,
la muchacha de ojos
color de infusión de canela y miel,
la que esconde
las piernas flacas
bajo la falda larga,
como el coral negro
bajo la pesada agua del mar
se esconde.
Ésa de cabello crespo
como los pastizales.
Esa que se cubre la boca
cuando ríe.
La que tiene voz hermosa,
pero no canta.
Se casa mañana.


Quién lo cuenta

Quién cuenta los diferentes
sabores que la manzana tiene
los pasos que dio para llegar
los cuántos sueños inventados
las veces que amó
los distintos besos que le dieron
los tantos que quiso dar.
Quién cuenta
cuántas veces
el caracol se resbala
de la lamosa y paciente piedra
y al fin
sube
y luego con gran rapidez
cae.
Quién lo cuenta.
Quién cuenta las tantas noches
que ha dormido solo
y los temores que lo vencieron
y los pocos que venció
y los cuántos y cuántas
muchachas y muchachos
por la misma calle
durante siglos pasan.
Quién lo cuenta.


Cuando venías de España

Las flores de caña de azúcar
parecían lago tendido
sobre lo verde de sus matas.
El sol al esconderse
rompía las anaranjadas cintas de nubes.
Los árboles, como madres
gigantes preocupadas,
esperaban el regreso de sus pájaros.
La anona se abría blanca
de tanto calor del día.
El río seguía tendido
sobre las piedras
como haciéndoles al amor
como besándolas largamente.
Y todavía vos allá
y todavía yo aquí.


Finiquito

Cuando yo
haya finiquitado
la cuenta de mi vida,
le escribiré
a la Reina de las Muertes.
No temeré
si me envía
la de negro
o la de rojo,
o la de nacarado,
dulce y suave
como las nubes,
o la de perfumada gardenia
o envíe la del disfraz
que asusta a los viejos
y sorprende a los jóvenes;
aunque venga
la que perdió su piel
y sus huesos cantan
como cortinas de bambú.
No temeré.
Al fin y al cabo
ya será mía
mi vida.

Managua, Nicaragua. 7 Días... 19 julio 2006