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Andira Watson: Entre el amor, la libertad y la muerte


Por: Helena Ramos

Poeta, periodista, crítica literaria


Entre el amor, la libertad y la muerte
Suele esperarse que una escritora costeña –de nacimiento u origen – debe necesariamente emprender alguna especie de literatura vernácula (léase folklórica, con sabor a coco y al son de palo de mayo u otro baile típico).

Andira Watson (Bilwi, 1977) –de raíces afrocaribeñas, mískitas, leonesas y granadinas– no se ajusta a este patrón. Explora temas universales: amor, muerte, soledad, búsqueda de sí misma. Escribe poemas desde la edad de 13 años. Debutó en 1998 en la página cultural del diario La Tribuna, bajo el seudónimo de Carmen Luna. En el 2002 publicó el primer poemario, Más excelsa que Eva. Sus textos mejor logrados se sitúan en dos polos: el amor –festivo, anhelante, vulnerable, evidenciando los altibajos del proceso de la lucha por el empoderamiento personal– y la muerte, percibida como un fenómeno ontológico e íntimo a la vez.

Watson estudió actuación teatral en la Escuela Nacional de Teatro Pilar Aguirre y en 1995 recibió, en calidad de la mejor alumna, el Premio a la Excelencia, otorgado por el Instituto Nicaragüense de Cultura. En 1994, junto con otros artistas jóvenes, fundó el grupo teatral Pili –llamado así en honor a Pilar Aguirre (1913-1997), inolvidable actriz nicaragüense– y actuó en 6 producciones teatrales (entre éstas figuran las obras maestras como La zapatera prodigiosa de Federico García Lorca, Seis personajes en busca de autor de Luigi Pirandello y La Mandrágora de Niccolò Macchiavelli).

Forma parte de la comisión ad hoc para la proyección de la Escuela Nacional de Teatro y del grupo teatral DANTE, conformado en marzo del 2001.
Lo cortés no quita lo valiente, y la vocación artística no está reñida con la excelencia profesional. Andira Watson es licenciada en Diplomacia y Relaciones Internacionales por la Universidad Americana (UAM) de Managua. Estudia una maestría en Relaciones Internacionales en la UCA.

Carmen Luna

Quiero llamarme Carmen Luna
y dejar caer mis cabellos largamente
con la parsimonia de un atardecer
convirtiéndose en noche;
oler a flor silvestre que por sencilla
a nada huele.

Pues la mezcla de polvo, sol y agua
no hace la misma gracia a una simple flor de campo
que a una sofisticada creación de la naturaleza,
tan perfecta
que resulta artificiosa siempre.

Quiero llamarme Carmen Luna y ser simple y llanamente Carmen Luna.
La Carmen roja
y la luna fría.
La luna blanca como hostia y la Carmen ¡brava!
Pero ser a fin de cuentas
simple y llanamente
Carmen Luna.


Más excelsa que Eva

Más excelsa que Eva
yo soy
Eso dice
Eso dijeron sus labios

El consuelo y el halago
más bello y más amado
que a mis oídos jamás llegaron

Excelsa
suprema
¡mejor
que Eva yo soy!
Eso dice
Eso dijeron sus manos

Enjugando mis lágrimas
él me besó
en
el
alma
¿Te han besado ahí alguna vez?

Excelsa
fue la sensación
–me perdonó en nombre de Dios–.


Pequeño conflicto

¿Cómo será cuando llegue?
¿Cómo sentiré el cuerpo?
¿Qué pensaré en ese justo instante?
–Me desvaneceré como en un orgasmo hasta desaparecer–
con el único dolor de dejar lo que amo...
(donde pones tu tesoro ahí está también tu corazón).
¿Cómo tendré las manos en ese trance?
...en la tirantez escénica de mi muerte...
–menos mal que aún no lo sé–.


Memoria de mí

A un año de mi muerte me esconderé
entre las sombras
envuelta en luz
pasaré desapercibida con certeza

Un año hace que la vida se encargó
de limar mis asperezas
y me dejó estas marcas que hoy
ves en mi rostro

Hace un año exacto mi cuerpo yacía en el pavimento
manando sangre a borbollones
y mis ojos sólo veían oscuridad sin miedo
mis oídos percibían la enajenación de diluirse
en los umbrales del cansancio eterno
Muy lejos estaban los curiosos
–un cuadro repleto de ojos parpadeantes–
mirando a mi madre en su dolor

La campanilla del teléfono en mi inconsciente
y los aplausos que nunca recibí después
–tenía una presentación pero taparon todos los espejos para mí–

Morí
Tres días después me lavaban el pelo
Tres mujeres
me quitaban la sangre
Tres cubos de sangre, agua y jabón
salieron de mí

y aún no se quitaba toda

Aún tengo un dolor sui géneris
el hospital
una boleta
que en un rubro decía
entró: vivo salió:___
¡y con qué tranquilidad!

Mi padre
me besó en la frente surcada de millones de glóbulos rojos
moribundos

Después
me cosieron la cara
la boca
y me vendaron
y me bañaron
y me dieron de comer y de beber

Y nadie se olvidó de mí
a no ser yo misma...

(Más excelsa que Eva)


Morir en vida

Tengo una soledad ontológica
una soledad de todos los días
una soledad de muerte

Pues muero

Yo muero en cada amor
que se va y me olvida
en cada hombre que solo se alimenta
en cada perro que deambula sediento
abriéndose paso entre las calles colmadas de basura
en los pájaros citadinos que conocen los semáforos
y en los cabellos amarillos de los niños con hambre

Tengo una soledad ontológica
de pies polvorientos
y sed de lucha
y anhelo de paz
que no es sólo ausencia de guerra

Tengo una soledad de todos los días
que sabe martillarme
que me dice:

“Has nacido sola y sola abandonarás tu cuerpo
cuando una luz a tu cuerpo venga a herirle”

¡Es soledad en vida!
…Yo muero en cada amor
que se va y me olvida
muero en mi soledad ontológica


Presencia

Te dejaré la música de mi ausencia,
para que mi presencia
se aprehenda los silencios que sobren después de las melodías.
Dejaré el ritmo y el armónico reloj acompasado
para que te colmen de mí,
porque siempre inundaré de susurros lo que oigas,
para que la palabra
sea en verdad lo último de mí que pierdas.
Éste será mi poder frente a la muerte.

Managua, Nicaragua. 7 Días Año 9. No. 446 del 15 al 21 nov. 2004. 19 noviembre 2004