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María del Carmen Pérez Cuadra: El knock out de Pérez Cuadra


Por: Eunice Shade

Poeta y periodista


El knock out de Pérez Cuadra
"Los lectores son sedes del imperio del lenguaje, pero tienen la libertad de conectar el texto con sistemas de sentido y no hacer caso de la intención del autor". Raman Selden.

Por su edad, formación o tímida irrupción en el mundillo literario nacional María del Carmen Pérez Cuadra podría ubicarse en la generación de escritores de los años noventa. Por publicación podría ser de la presente generación. Aunque yo prefiero pensar que pertenecerá a los noventa y a las generaciones posteriores. Ella es poeta, narradora, crítica, escritora. Hace aproximadamente un año se realizó una presentación de libros en Galería Añil. Uno de los libros era Sin Luz Artificial de la autoría de María del Carmen. Es un libro de cuentos, historias cortas o narraciones, el nombre es lo de menos. Abrí al azar sus páginas y me tope con epígrafes de Fito Páez, Marea Roja, Bob Dylan. Detalle que de primas a primeras parece no importar, pero que a mí en lo personal me despertó la curiosidad respecto al libro. Para quiénes conocen la verdadera función del epígrafe y a su vez saben valorarlo, recordarán que éste además puede ser un gancho para atrapar lectores. ¿Fito Páez? Que aunque es más viejo que nosotros (hablo de ciertos jóvenes de mi generación) lo sentimos tan cerca, nos sentimos tan identificados con su música, ya no digamos con sus letras.

De Fito pasé a los cuentos de María del Carmen y como decimos en buena jerga "me los leí de un tirón". Entiendo que una de las características de un buen libro es que no podemos despegarlo de nuestras manos porque es tan bueno que queremos leerlo todo en un instante. Así me sucedió con Sin Luz Artificial. Como escritora joven sentí que la literatura de María del Carmen era lo que estaba buscando. Necesitaba encontrar a una escritora nicaragüense conectada con nuestra, o mejor dicho con mi forma de ver el mundo, y que técnicamente satisficiera mis necesidades como lectora. Y la encontré. Sus veintidós cuentos poseen las cualidades de limpieza, ritmo, unidad y precisión. El knock out de Perez Cuadra, como diría el conocido de Julio Cortázar, es efectivo. Escribía el cronopio: "Un escritor argentino, muy amigo del boxeo, me decía que en ese combate que se entabla entre un texto apasionante y su lector, la novela gana siempre por puntos, mientras que el cuento debe ganar por knock out. Es cierto, en la medida en que la novela acumula progresivamente sus efectos en el lector, mientras que un buen cuento es incisivo, mordiente, sin cuartel desde las primeras frases (…) porque el buen cuentista es un boxeador muy astuto, y muchos de sus golpes iniciales pueden parecer poco eficaces, cuando en realidad, están minando ya las resistencias más sólidas del adversario". Y así fueron quedando minadas mis resistencias cuando leía Sin Luz Artificial.

Otro atributo de la pluma de Pérez Cuadra es lo que Mario Vargas Llosa, en Cartas a un Joven Novelista, denomina "el nivel de realidad", que si bien es cierto lo refiere a la novela, perfectamente se puede ajustar a los cuentos de Pérez Cuadra.

Registra el peruano: "Lo importante es saber que en toda novela hay un punto de vista espacial, otro temporal y otro de nivel de realidad, y que, aunque muchas veces no sea muy notorio, los tres son esencialmente autónomos (...) y que de la manera como ellos se armonizan y combinan resulta aquella coherencia interna que es el poder de persuasión de una novela. Esa capacidad de persuadirnos de su "verdad", de su "autenticidad", de su "sinceridad", no viene nunca de su parecido o identidad con el mundo real en el que estamos los lectores. Viene exclusivamente de su propio ser, hecho de palabras (...) quiere decir que hay en su texto un ajuste tan perfecto, una fusión tan cabal del tema, el estilo, los puntos de vista, que el lector, al leerla, quedará tan sugestionado y absorbido por lo que ella le cuenta, que olvidará por completo la manera cómo se lo cuenta y tendrá la sensación de que aquella novela (...) es la vida misma manifestándose a través de unos personajes y unos hechos que le parecen nada menos que la realidad encarnada, la vida leída".

El nivel de realidad en las narraciones de Sin Luz Artificial es alarmante. El poder de persuasión mencionado por Vargas Llosa me recordó a Sergio Ramírez cuando cavila en El Viejo Arte de Mentir acerca de la credibilidad de lo que se cuenta, porque persuade aquella historia que es creíble. Lograr credibilidad es un desafío de todo escritor. Cito a Ramírez: "No olvidemos que el lector precisa de credibilidad y nosotros, como escritores, tenemos que dársela en la narración (...) Si fallamos en esa primera oferta de credibilidad, que depende de la versosimilitud (el símil de lo verdadero), estaremos derrumbando desde el primer momento el edificio donde ambos tenemos que vivir, escritor, lector".
Las narraciones de Pérez Cuadra están sostenidas, entre otros, sobre el pilar de la credibilidad.

Creo, en términos generales, que no existiría un ama de casa, una lesbiana o un homosexual contemporáneo, dentro del contexto nacional, que no sentiría una íntima conexión con las historias relacionadas a los temas de la condición femenina o gay que trabaja Pérez Cuadra. Y que sugiere con dominio textual, porque nuestra escritora no es de las que entrega todo al lector. Después de recortar el pedazo de realidad y grabarlo en la página, Pérez Cuadra insinúa, conduce al lector a un proceso de reflexión o cuestionamientos acerca de las situaciones que condicionan y justifican a sus personajes. Esa reflexión es post-textual, si me permiten la construcción, el pedazo de realidad (recortado por Pérez Cuadra) trasciende las fronteras de la página y vuelvo a Cortázar en sus teorizaciones sobre el cuento cuando al establecer la relación entre novela-cine y cuento-fotografía, expresa al respecto: "La idea que trasciende espiritualmente el campo abarcado por la cámara (…) Es decir que el fotógrafo o el cuentista se ven precisados a escoger y limitar una imagen o un acaecimiento que sean significativos, que no solamente valgan por sí mismos, sino que sean capaces de actuar en el espectador o en el lector como una especie de apertura, de fermento que proyecta la inteligencia y la sensibilidad hacia algo que va mucho más allá de la anécdota visual o literaria contenidas en la foto o en el cuento". Y yo, como lectora, me pregunto acerca de la omisión o "la sabiduría del silencio" de la ama de casa del cuento Sin Luz Artificial con las manos manchadas de sangre o de silencio. O de las intenciones, y lo que sucederá después, que el director del colegio (del cuento La Poeta), sitúa la vista "en el encajito blanco que se salía debajo de la falda cuadriculada, recogida, de una de las niñas", por citar algunos ejemplos. Explota en mi cabeza "ese después" que adrede María del Carmen Pérez Cuadra me sugiere.

Si hay otra cualidad en la narrativa de Pérez Cuadra es el tono. No haré reparos en el narrador, sino en el tono que utiliza la cuentista jinotepina porque me parece, en este caso, más relevante. Es bitonal. Mi lectura es que Pérez Cuadra consigue integrar dos tonos generales, dos posibilidades de lectura. La primera, digamos, que sería la que un lector ingenuo tomaría como única. La segunda, y es la que más me impresiona, es la lectura de la tonalidad burlesca, irónica que proyecta quien narra estas historias, quien narra no es Pérez Cuadra, obviamente.
Al leer historias de copetudas de clase alta deseando ser infieles como en el cuento El Amor Talvez, o enamoradas tradicionales como en Mayo, las Ostras y el Mar pensando: "Con vos me siento segura, sálvame del mundo, de todo lo malo de mi misma", no puedo evitar percibir la burla de lo cursi, que también podría ser un homenaje (más o menos como el que hace Quentin Tarantino a las películas de acción en Kill Bill, sólo que Pérez Cuadra lo hace con el tema rosa o corintelladezco, que por cierto es el estilo típico e inconsciente de las aspirantes a escritoras o escritoras engañadas de la oligarquía nicaragüense). No puedo evitar percibir el discurso feminista elaborado con agudeza, tejido finamente con madeja de burla, de sarcasmo, y del cual Pérez Cuadra es maestra indiscutible. No tengo la autoridad de una Carmen Naranjo, de un Julio Ortega o de un Sergio Ramírez para pontificar pero sospecho que delante de un texto de María del Carmen Pérez Cuadra me encuentro delante de una escritora mayor. En mi humilde opinión no conozco obras de escritores, surgidos a partir de los noventa, con que sienta proximidad literaria en cuanto a visión, en cuanto a intereses literarios, con la excepción, claro, de Héctor Avellán.

A María del Carmen la siento más cerca de mí, más de este tiempo. Es una creadora literaria con propiedad sobre las jergas y las actitudes actuales de los jóvenes nicas, de los gay, de las amas de casa, sigue el consejo que Ernest Hemingway ofrece a los escritores: "La jerga que adoptes debe ser reciente, de lo contrario no sirve". Sus cuentos saben a rock de hoy, a presente. Cumple con aquello que Octavio Paz señala en El Signo y el Garabato, y que tanto me agrada recordar: "El poeta dice lo que el tiempo dice, incluso cuando lo contradice".
La verdad es que me siento orgullosa de que ella sea nicaragüense. También quiero aclarar que no es mi amiga, que no la conocía hasta hace unas semanas y que digo esto con la imparcialidad de un juez ideal. Que me siento "knockeada" por sus textos, que recomiendo que la lean (le doy cinco estrellas) y que espero que la cultura de este país en un futuro llegue a estar en sus manos, porque estoy segura que jamás dejaría pasar por alto a un escritor falaz y esnobista. Aunque una voz interior me dice que Pérez Cuadra no aceptaría un cargo institucional porque ella es escritora de tiempo completo.

Es una lastima que existan envidias y rivalidades que no permitan que se difunda su obra. Es una injusticia con los lectores exigentes. Algunos siempre nos quejamos de que nos hubiera gustado conocer en vida a Kafka, a James Joyce. Verlos aunque sea de larguito. Pero que triste es darse cuenta que cuando existe un autor o autora de calidad en carne viva los egoístas que tienen secuestrada la cultura no permiten que éste se conozca, excepto cuando está a punto de morir o peor aún cuando ya está muerto, y eso si les cae bien y no representa un atentado a sus intereses. Yo tuve la fortuna de conocer y leer a María del Carmen Pérez Cuadra, que está viva, y quería compartirla con ustedes. Me hago completamente responsable.

Publicado en El Nuevo Diario; 2005. 9 julio 2005