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Yolanda Blanco: Tercera es la vencedora


Por: Helena Ramos

Poeta, periodista cultural, investigadora y crítica literaria


Tercera es la vencedora
Edición 459 del 14 al 20 de Marzo del 2005

La palabra “institucionalización” es demasiado larga y circunspecta para sonar poética. Es apropiada para informes o discursos pero suena fuera de lugar cuando se habla del arte. Sin embargo, creo pertinente celebrar la institucionalización del Concurso Nacional de Poesía Escrita por Mujeres “Mariana Sansón”, que fue creado en 2002 por la Asociación Nicaragüense de Escritoras (Anide), con el objetivo de alentar la producción literaria de autoras nicas.
Los certámenes literarios no son para consagrar ni para establecer jerarquías; su propósito es limitado y práctico: contribuir a la divulgación de las obras y dar a las artistas un cierto estímulo moral y material, el cual no altera en absoluto la esencia creativa de la poesía.

Hasta la fecha, el premio que lleva el nombre de la poeta leonesa Mariana Sansón (1918-2002) fue otorgado a tres libros, de los cuales dos ya fueron publicados bajo el sello editorial de Anide. En 2003, lo obtuvo Si yo fuera una organillera, de Carola Brantome (San Rafael del Sur, 1961); en 2004, Poemas de lo humano cotidiano, de Ana Ilce Gómez (Masaya, 1945); y este año, De lo urbano y lo sagrado de Yolanda Blanco (Managua, 1954). O sea, han sido distinguidas varias promociones (no hablo de “generaciones” porque creo que este término no debería aplicarse con ligereza, pues en el arte no basta nacer en fechas cercanas para formar parte de la misma generación, se precisan afinidades más sutiles).

Brevísima semblanza

Yolanda Blanco -poeta, cantautora, traductora y promotora cultural- no es novata en el ámbito literario: debutó en 1971 en la revista Taller, editada por la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-León). Es una autora fecunda (al menos, según los parámetros nacionales): ha publicado Así cuando la lluvia (León: Editorial Hospicio, 1974), Cerámica Sol (León: separata de Cuadernos Universitarios, Editorial Universitaria, UNAN-León, 1977), Penqueo en Nicaragua (Managua: Editorial Unión, 1981) y Aposentos (Caracas: ConTextos del PEN Club de Venezuela, 1985).

Desde 1985 reside en los Estados Unidos y se dedica a la elaboración de programas para la educación bilingüe. En 1996 creó Dariana (www.dariana.com), portal electrónico de poesía nicaragüense, que surgió como “un homenaje permanente a Darío y un espacio para exponer a los demás poetas nicas, valiéndose de las virtudes de megadifusión y del alcance de la Red”. No sería yo si no añadiera que las escritoras estamos bien representadas en esta parcela de ciberespacio.

Unidad en la diversidad

De lo urbano y lo sagrado, libro ganador del Concurso “Mariana Sansón” de 2005, permitirá al público apreciar en conjunto poemas creados a lo largo de casi 30 años. Aunque varios de ellos aparecieron ya en revistas y suplementos culturales, no es lo mismo leer escritos dispersos que un poemario bien estructurado.

En especial, uno organizado de manera tan interesante, pues el orden da unidad y particular significación a textos muy variados temática y estilísticamente.

La primera parte, “Cerámicas indias”, data de los 70 y tiene similitudes con la obra temprana de la autora, agrupada en Así cuando la lluvia y Cerámica sol. La característica esencial de todos estos textos -tanto publicados hace tres decenios como incluidos en el nuevo poemario- es una entrañable comunión con la naturaleza.

Son versos escritos con buen dominio del oficio; no parecen extemporáneos sino que constituyen una especie de retorno simbólico: una mirada de Yolanda Blanco actual hacia ella misma en el pasado.

Sigue “Serenata con luna”: extenso y polifónico poema fechado en 1999. La tercera parte, “En la cola del supermercado”, conformada por composiciones poéticas de reciente escritura, está concebida como una respuesta ante los problemas más acuciantes de la actualidad, pues Blanco cree en la capacidad de las artistas de “‘corregir’ la realidad circundante, de ordenarla en un espacio donde un yo colectivo -el nicaragüense en particular, el ser humano en general- se reconociera”. Hace frente tanto a los pavores de la guerra como al horror de la cotidiana indiferencia, aquella que sólo sabe consumir.

Asciende la espiral…

La sección “De lo urbano y lo sagrado”, que le da nombre al libro, comprende textos muy disímiles: algunos extensos, de aliento liro-épico, otros breves, que, sin ceñirse a la métrica tradicional de los haikús, recuerdan la poesía oriental con su esencial profundidad contemplativa. Y también evocan los versos tempranos de la propia Yolanda, aquellos que inauguran el poemario. Se cierra el círculo, o mejor dicho, asciende la espiral… La semejanza temática y conceptual de ambos conjuntos de poemas, combinada con una sutil diferencia estilística, da al libro una unidad muy dinámica.

Es como la alegría espontánea y desbordante de una joven comparada con una alegría madura, tal vez menos explosiva pero más firme y sabia, de una mujer (hablo en femenino no sólo porque la autora es mujer, sino porque se sabe mujer y sabe, según dijo Francisco J. Peñas-Bermejo, profesor de la Universidad de Dayton, Ohio, “originar el discurso poético desde una dimensión simbólica femenina”).

Contrapropuestas

Además del premio único, el jurado otorgó dos menciones a poemarios opuestos en sus estilos y temas pero unidos tanto por la calidad literaria como por la conciencia de género.

En Monstruo entre las piernas y otras escritoras antropomorfas María del Carmen Pérez Cuadra (Jinotepe, 1971) rebate los estereotipos sexistas -al igual que ciertos clisés de la retórica feminista- usando el registro de los recursos del feísmo.

En Azul casi añil, Marianela Corriols (Estelí, 1965), la hablante lírica -muy lírica por cierto- construye una contrapropuesta del “deber ser” femenino. Es amorosa, delicada, entregada… mas un “casi” -firme, filosísimo- la separa definitivamente del modelo tradicional. Amando no se pierde a sí misma. Es un verdadero signo de los tiempos.


Yolanda Blanco

En la cola del supermercado

Agarre un tomate.
Sopese su redondez
y el mundo en diminuto que sostiene el rojo de su hilo.

Agarre una lechuga.
Alce el milagro de la multiplicación de sus hojas
cuando una a una lave
y eche en el cuenco,
en los rituales de la cocina.

Nunca conceda un pensamiento,
un “gracias”
a todos los espaldarrotas
a los espaldamojadas
que los han sembrado, aporcado y recogido
antes de iluminar su mesa.

Jamás proteste por que éstos reciban sueldo
y condiciones de trabajo justos.

¿Que el trabajo de la tierra es sagrado...?
¿Que eso dicen que decían...?

No se me inmute.
Ya lo espera la caja registradora.

*******

rozas
la hoja de begonia
y es la luna llena
la que tocas.

*******

se apaga el verano
igual que los pájaros;
ya viene tostando el otoño.
ahora son grillos los que hablan.

se acalla mi casa
se envuelve de mantas;
instalo un leño en mi alma.
ahora es el tiempo que aguarda. 20 marzo 2005