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Claribel Alegría: Una voz de miel y acero


Por: Helena Ramos

Poeta, periodista cultural, investigadora y crítica literaria


 Una voz de miel y acero
Según la Enciclopedia Británica, ella es "la voz más fundamental (major) de la literatura contemporánea de América Central". La autora ha cultivado poesía, novela y ensayo. También se destacó como traductora.

Su poesía -cristalina, lúcida, llana- y su límpida prosa expresan con notable dominio técnico una amplia gama de vivencias de una mujer cuya capacidad de amar no se limita a su entorno próximo sino que se convierte en una inquebrantable voluntad de soñar y de construir un mundo mejor para todas y todos. Digan lo que digan los escépticos, Claribel tiene el don de convocar pequeños portentos, como la aparición de una ballena en alta mar o de una vendedora de turrones en pleno maratón de poesía.

Nació en Estelí el 12 de mayo de 1924. Es hija de madre salvadoreña, exquisita y descollante Ana María Vides (1900-1982), a quien Claribel en uno de sus poemas llama "raíz-madre", y de padre nicaragüense –esteliano, para más señas- Daniel Alegría Rodríguez (1891-1965), médico de profesión. Aquél se opuso a la ocupación de la marina estadounidense, fue perseguido y se exilió en El Salvador cuando Clarita tenía apenas 9 meses de edad. Ella se considera a sí misma centroamericana: "Tengo Patria y Matria. Mi Patria es El Salvador y mi Matria, Nicaragua".

Creció en la ciudad de Santa Ana, y la poesía la marcó desde muy temprano. "Empecé a dictar poemas a mi mamá a los cinco años, antes de que supiera leer y escribir. Hacía poemas a las estrellas, a mis muñecas, y los dictaba a ella, yo era una muchacha muy petulante y decía: "Escríbalo, es una maravilla."
La escritora cree que la represión política desatada en 1932 por el dictador Maximiliano Hernández Martínez (1882-1966), ha sido un acontecimiento decisivo para su vida.

Tuve un golpe en mi infancia,
que jamás se destiñe;
fue el año pling del 32:
la matanza de Izalco.

La casa de la familia Alegría-Vides era frecuentada por los intelectuales más conspicuos de su tiempo. Cuando la niña apenas tenía seis años de edad, el ensayista y político mexicano José Vasconcelos (1882-1959) llegó a visitar a don Daniel Alegría y de paso, inventó un nuevo nombre para la futura literata. "Empezamos a conversar y le recité "Margarita, está linda la mar". Él me manifestó que si yo ya me sabía los versos de Rubén Darío, iba a ser poeta. "Es cierto –me dijo– que Clara Isabel Alegría es un nombre muy hermoso, pero en la poesía te va a quedar más lindo Claribel Alegría." Ese día les anuncié a mis padres que me iba a llamar Claribel."

La muchacha sentía un vivo interés por las letras y otras disciplinas humanitarias, afición que fue fomentada por sus padres de. Sin embargo, no le fue fácil tomar el camino de la escritura: "En aquel entonces, en El Salvador se burlaban de las muchachas poetas. Yo les prohibí a mis padres que dijeran que yo escribía poesía, para que no me vieran como a un bicho raro. Si no, casi todas mis amigas me hubieran quedado viendo aterradas y no hubieran sabido cómo conversar conmigo, y los hombres hubieran dicho que yo era una pedante". Escribía a escondidas y, víctima del androcentismo, pensaba: "Si yo fuera hombre, podría hacer mucho más, podría, por lo menos, no estar en este tremendo secreto".

Te recuerdo bien a esa edad
escribías poemas almibarados
sentías horror por la violencia
enseñabas a leer
a los niños del barrio.

En las postrimerías de su adolescencia había superado la timidez y comenzó a publicar en el Repertorio Americano de Costa Rica. A los 18 años –no sin haber luchado antes por su derecho a la educación superior– obtuvo una beca para estudiar Filosofía y Letras en la Universidad de Loyola de Nueva Orleáns, EE.UU. Al darse cuenta de que el poeta español Juan Ramón Jiménez (1881-1958) residía en Washington, le escribió una carta llena de admiración, que fue contestada, para mayor sorpresa de la remitente. Resultó que Jiménez solía leer el Repertorio Americano, se acordó de Claribel -más por su singular nombre que por la calidad de sus poemas, todavía muy pueriles- y se mostró interesado en su formación literaria. Le consiguió el puesto de traductora en la Unión Panamericana, para que en 1944 ella pudiera mudarse a la capital estadounidense e ingresar a la Universidad de George Washington. "Estuve estudiando con él en su casa, iba tres veces por semana durante tres años, de 1944 a 1947. Él era muy estricto conmigo, terriblemente estricto. (...) A veces yo me desesperaba y llegaba llorando a la pensión donde vivía."

Sin embargo, fue Juan Ramón Jiménez quien preparó para la publicación el primer libro de Claribel, Anillo de silencio, que vio la luz en 1948, con el prólogo sumamente elogioso de José Vasconcelos (a quién debió haberle caído en gracia que su profecía de hace años se haya cumplido). Eran poemas purísimos, transparentes, de una luminosidad depurada, ensimismada y desierta.
En 1948 Claribel se licenció en Filosofía y Letras. Un año antes de la graduación, después de tres meses de fulminante noviazgo, se casó con el diplomático, periodista y escritor norteamericano Darwin Flakoll. A partir de 1951 han viajado por todo el mundo (o casi). La familia ha vivido en EE.UU., México, Chile, Uruguay, Argentina, Francia y España.

Aun en condiciones óptimas, con un esposo amante y solidario y sin graves problemas económicos, la maternidad había demandado de Claribel una entrega muy profunda, que de alguna manera afectó su creatividad: "Cuando empecé a tener hijos, ella [una gitana que desde la niñez se le aparecía en sueños y le dictaba poemas] desapareció por muchos años y antes de irse me dijo: "Te has puesto boba, sólo de niños hablas, no me interesas más".

La escritora revela que el ascendiente de Bud -con quien escribió en coautoría varias obras- le ayudó a adquirir mayor conciencia social. El despertar comenzó en 1955. Otra influencia fundamental ha sido la revolución cubana de 1959. Desde los 60 Claribel Alegría se perfiló como una escritora claramente de izquierdas (los cambios geopolíticos acontecidos a partir de los años 90 no la hicieron cambiar de criterio).

Fue amiga de Pablo Neruda (1904-1973), Julio Cortázar (1914-1984), Juan Rulfo (1918-1986), Roque Dalton (1935-1975) y otros prestigiosos escritores latinoamericanos.

En 1964 su novela Cenizas de Izalco, escrita en colaboración con Bud Flakoll, resultó finalista del Premio Biblioteca Breve de Seix Barral (Barcelona, España). En 1978 Claribel ganó el premio Casa de las Américas por su poemario Sobrevivo. A partir de septiembre de 1979, la familia Flakoll-Alegría residió en Managua. Después de la muerte de Bud en el 95, Craribel tradujo la narrativa de éste y en 1996 la publicó bajo el título Sea Wolf/Lobo de Mar.

Claribel se considera feminista ("¡Claro que me siento feminista! (...) Yo quiero igualdad de derechos, igualdad de oportunidades"), sin tener mayor acercamiento al feminismo teórico o al movimiento de mujeres. Es presidenta honoraria de la Asociación Nicaragüense de Escritoras (ANIDE).
Sus escritos han sido incluidos en más 50 antologías de poesía y unas 14 de prosa. Su obra está parcialmente traducida al alemán, árabe, danés, francés, japonés, holandés, inglés, italiano, noruego, polaco, portugués, ruso, sueco y vietnamita.

El octogésimo aniversario de Claribel fue celebrado muy emotivamente por los gremios literarios de Nicaragua y El Salvador con sendos homenajes y reconocimientos. El Gobierno de Francia la nombró Caballero -¿no debería de ser, en este caso, "Dama"?- de Artes y Letras, distinción reservada para las figuras cimeras del ámbito cultural.

7 Días. Edición 443 del 11 al 17 de Octubre del 2004 17 octubre 2004