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Conny Palacios: Escribir para vivir: El verso existencialista de Conny Palacios


Por: Rick Mc Callister, Ph.D.

Catedrático Delaware State University.


Escribir para vivir: El verso existencialista de Conny Palacios
La poesía de Conny Palacios es un profundo viaje emocionante que le lleva al lector a la alegría, a la desesperación, a la traición y a la fe. Es precisa en su técnica y siempre acierta en su puntería. Sus versos demuestran que se ha empapado de muy bien las influencias de los poetas maestros de los siglos diecinieve y veinte. Su combinación de emoción y finura técnica recuerda a Octavio Paz, Pablo Antonio Cuadra, Ana Ajmátova, Irina Tsvetaeva y Czeslaw Milosz.

Sus primeros dos poemarios, Exorcismo del absurdo y Percepción fractal [1999 A, B] aparecieron como secciones de un solo libro. Como explica la breve narrativa [1999B: 26-27], los dos libros están informados por la añoranza de Calipso por Ulises cuando la dejó abandonada. Son poemas de una belleza extraordinaria y de una sencillez directa y engañadora. Es una brillantez, sin embargo, que zozobra.

. . . . Después de la partida de Ulises recorrí enloquecida mi isla, interrogando a los astros, increpando a los dioses por la crueldad de mi sino, pero no obtuve respuesta. Y yo obsesa por tanta angustia, decidí buscarlo en las islas cercanas para ofrecerlo la inmortalidad si se quedaba conmigo. Así pues un día, arribé a su playa empujada por los vientos, con los pies descalzos, con mi vestido de algas, con mi canasta rebosante de poesía y un hondo naufragio detenido en mis pupilas. . . . El resto ya lo saben. [1999B: 26-7].

Aquí es preciso notar que la llegada de Ulises transformó a Calipso, en términos existencialistas, de un ser en-sí (un objeto) en un ser para-sí (un ser consciente). En su isla había un ritmo eterno y divino de tejer y cocinar. No existía ni la agricultura ni la procreación, ya que no había hombres. Tampoco existía el cambio social ni la cultura, sólo la naturaleza; era una utopía [Foley 94]. Como no vivía en el tiempo, Calipso carecía de consciencia humana hasta la llegada de Ulises. Ulises le despertó el deseo, este hueco de la nada que hay que llenar con su propia carne [Sartre 1999: 84]; el motor universal de la creación y la creación de lo deseable [Sartre 1995: 53]. Calipso, como diosa, era demasiado perfecta. No era una bruja de los cuentos de hadas (Märchen-Mädchen) como Circe, sino completamente benéfica [Austin 78]. Y en esto estaba su tragedia. Su inocencia era su harmatía, su falla mortal, de acuerdo a las normas de la tragedia griega. Los inocentes demuestran la posibilidad de evitar o ignorar cualquier conexión con el mundo; sobre todo las responsibilidades y las de este mundo [Sartre 1995: 53-4].
Su poder de transformar convirtió a Ulises en un hombre en pleno control de su mente. Ya no tenía que estar a la defensiva contra los monstruos como Polifemo. La palabra, en vez de ser una arma contra sus enemigos, se hizo un medio de comunicación entre dos seres, para intercambiar los pensamientos. Con Calipso, Ulises logró una harmonía sicológica [Austin 78]. Ulises, sin embargo, rechazó la utopía, al llegar a la conclusión de que su hijo Telémaco nunca alcanzaría ni la madurez ni su patrimonio sin la presencia de su padre [Foley 95]. Calipso, nombre que viene de kaluptes, no lo pudo esconder de su naturaleza humana [Segal 33]. Esconde en el sentido de estar velada (o núbil, de nube), como una novia inocente.
Ulises rechazó la inmortalidad y el ciclo sin fin de placer que le ofreció Calipso por ser una monotonía que equivalía a la muerte [Lord 98]. No le bastaba la seguridad y la satisfacción del olvido; su meta era kleos [Dommock 107].

Ei mén k? aûthi méno:n Tró:o:n polis amphimákho:mai
ó:leto mén moi nóstos, atàr kléos áphthiton estai
ei dé ken oíkad? híko:mai phíle:n es patrída gaîan,
ó:letó moi kléos esthlón, epí de:ròn dé moi aiò:n
éssetai, oudé ké m? ó:ka télos thanátoio kikheín
[Ilíade IX 412-16 cit. Nagy 123]

Si quedo acá y lucho en el sitio de lo troyanos
mi regreso a la patria está destruido, pero mi fama nunca morirá
pero si regreso a la tierra amada de mis antepasados,
entonces mi fama genuina estará destruida, pero tendré una vida larga,
y mi final en la muerte no me alcanzará rápido.

En este actitud, Ulises era inauténtico, demostraba la mauvaise foi (la mala fe) por haberse sometido a la voluntad de los demás en vez de ejercer su propia voluntad, aprovecharse de la libertad. De este modo, Ulises era una especie de cobarde o hipócrita, buscaba esconder su libertad de sí mismo a través de invocar el destino y la gloria. Nuestras vidas no dependen de un destino a priori, sino que son contingentes [Sartre 1999: 46]. La vida auténtica consiste en estar (para-sí), no en ser (en-sí).

Calipso, una diosa que no envejecía, que no procreaba, que no conocía la humanidad ni la auto-consciencia, se humanizó con la llegada de Ulises. Pero también fue castigada por agente civilizadora, igual a Prometeo y a Eva. Fue liberada de su existencia de ser en-sí, pero no hay escape de la libertad. Como indica Sartre, es un huis clos, un callejón sin salida. Ulises catalizó a Calipso, pero su nostalgia lo deshumanizó a sí mismo. Ulises buscaba el dominio, el poder, el patriarcado y el tiempo sobre el amor, la stasis, la dependencia y la inmortalidad. Calipso le enseñó a Ulises a dialogar, pero Ulises lo convirtió en una dialéctica para escapar. Para Ulises, Ogigia, la isla de Calipso, congelaba el espacio y el tiempo. Pasaron años pero nada cambiaba. Para él, su esposa Penélope era un fantasma del pasado que usurpaba el futuro hacia el tiempo épico, mediatizándolo como un pasado revivido. De nuevo, Ulises demostró su falta de autenticidad por vivir pour-les-autres (para-otros).

Según la Odisea, Ulises quería salir [V: 153 cit. Stanford 252 n10]. Sin embargo, se acostaba con ella todas las noches [Stanford 49], o sea en un acto de ironía, de mala fe o de hipocresía. Calipso nunca expresó amargura o ira, sólo desdén cuando Ulises rechazó su oferta de la inmortalidad. Sólo se enojó con los dioses de Olimpio por su envidia y su maldad cuando le mandaron a soltar a Ulises. Le recordó que su vida sería mucho mejor con ella en Ogigia que con Penélope en Itaca [Stanford 49]; quizás lo hizo en un presagio de los poemas narrativas de Dante Alighieri, Giovanni Pascoli y Nikos Kazantzakis ?los que muestran a un Ulises tan aburrido con su patria que la abandona en búsqueda de nuevas aventuras. Parece que sabía que tarde o temprano, regresaría. Ultimo viaggio, de Pascoli, es la obra más relevante, ya que después de 10 años de aburrimiento con Penélope, Ulises trató de regresar a Ogigia pero naufragó en el arrecife de las Sirenas y llegó a Ogigia muerto:

alla Nasconditrice solitaria,
all?isola deserta che frondeggia
nell?ombelico dell?eterno mare
. . . . . . . . . . . . . . . .
ed ella avvolse l?uomo nella nube dei suoi capelli; ed ululò sul flutto
sterile, dove non l?udia nessuno.
-Non esser mai! non esser mai! più nulla,
ma meno morte, che non esser più!- [Stanford 207]

a la Escondadora solitaria,
a la isla desierta que resalta
del ombligo del eterno mar
. . . . . . . . . . . . . . . .
y ella envolvió al hombre en la nube de sus cabellos; y ululó sobre la marea
estéril, donde no la oía nadie.
-¡Qué no fuera nunca! Qué no fuera nunca! nada más,
pero menos muerto, ¡qué no fuera más!

Para Calipso el mejor destino del hombre es la aniquilación [Stanford 207].
La voz de Calipso canta de un amor que desgarra, dejando el alma en pedazos. Como Prometeo sufrió el castigo de tener el hígado devorado por un águila diariamente por haber traído el fuego a los hombres, en [1999A: 11] Calipso tiene que pagar por haberle entregado el amor a Ulises. En vez de un águila, Calipso espera un zopilote, el que come carroña y putrefacción, asociado con los deshechos en vez de la gloria. Su corazón está muerto.

VIVO . . .
en espera del buitre
que en abrazo espasmódico
picoteará mi corazón.

Vivir es sufrir y, en este poema, Calipso sufre en mayúscula. En vez de labios y manos, recibe picotazos y garras. Es, a la vez, una expresión de náusea; la correspondencia física del cogito [Warnock 98]. Todas las emociones y todos los sentimientos son modos de aprehensión del mundo. [Warnock 99]. El contacto con lo corporal es ambiguo y viscoso (visqueux). La viscosidad es símbolo de un anti-valor de todo lo que aborrecemos y de lo que no podemos escapar. Produce náusea [Warnock 104]. Como parodia de Descartes, el existencialista diría ().
, un poema que sólo lleva un número que indica su primacia tanto como su soledad, comienza con un epígrafe de José Ortega y Gasset, . Así que este patrón existencialista arraigado en dasein sirve de aviso para informar los dos volúmenes:

La realidad
es un vacío
que me aterra.
Sus ásperas columnas
son sombras movedizas.

La realidad
tiene un rostro informe
de multitud
y
sus clavos
laceran
mis entrañas.

El vacío que menciona consiste en el deseo, el que nunca se llenará. Lo contrasta con imágenes de la multitud, un recuerdo de que vivimos en un mundo de sufrimiento y soledad que nos azota a todas horas, como el zopilote del poema anterior. El Dasein, (del alemán Daß-sein o Da-sein , como se sabe, es (Anwesenheit) que está consciente de sí y busca sus orígenes. Por tanto, se opone al was-sein o la simple existencia [Heidegger 1992: 48-9]. Por lo hondo de su sufrimiento y la sinestesia entre el dolor síquico y físico, el poema nos recuerda de Delmira Agustini. Como indica Jean-Paul Sartre, como seres conscientes vivimos para-sí (pour-soi) [Warnock 42]. El ser para-sí (pour-soi) tiene una laguna: le hace falta algo para llenarla (o completarse). La consciencia es un vacío u hoquedad, una laguna entre el pensamiento y el objeto del pensamiento. La laguna consiste en la libertad --el poder de afirmir lo verídico o negar lo falso del objeto; lo que es la esencia de la consciencia [Warnock 43]. Esta laguna en el corazón de la consciencia es una falta de posibilidades cumplidas y siempre quedará insatisfecha mientras un ser tenga consciencia [Warnock 45]. Señala Martin Heidegger que sólo en los momentos de terror y en la certidumbre de la muerte podemos darnos cuenta de que vivir auténticamente y ser vienen de reconocer nuestra inautenticidad [Thody & Read 60]. En confrontar la angustia que es fruto de su propia libertad, Calipso demuestra una valentía poco común [Warnock 51].

Poemas como [1999A: 16] exploran la embriaguez del amor, la transformación serpentina, la rendición por completo a un estado más básico:

Y mis oídos se afinan
mis manos se adelgazan,
el corazón enmudece.
Y espero . . .
sobre mí,
tu sombra proyectándose.

El amor es una fusión, o más bien fundición, de seres, como se ve en [1999A: 32]:

el ángel tutelar del cosmos
. . . . . . . . . . . .
nos guía por caminos de silencio,
y nos adhiere su luz y transparencia.

Con el amor dejamos de vivir para-sí y comenzamos a vivir para-otros (pour-les-autres). Sacrificamos nuestra voluntad por la de los otros. Hacemos todos los cambios necesarios para mantener ese amor. Subordinamos nuestros órganos de sensación a la palabra del otro.

De este modo, el otro se hace un mediador indispensable entre el mundo y yo. Mi apariencia ante el otro me da vergüenza. Para el otro soy un ser en-sí; para mí mismo, soy un ser para-sí. Estos aspectos combinan para formar un ser para-otros [Sartre cit. Warnock 66].
Mi cuerpo es mi contacto con el mundo. Constituye mi contingencia. . . . El cuerpo no es una pantalla entre nosotros y las cosas, manifiesta sólo la individualidad y la contingencia de nuestra relación a las cosas instrumentales [Sartre cit. Warnock 81].

En el amor se encarna la totalidad del ser para-otros:
El amor es un conflicto. La libertad del otro es la fundación de mi ser. Pero como existo a través de la libertad del otro, carezco de seguridad. Estoy en peligro en esta libertad. Moldea mi ser y me hace ser, me otorga valores y me los quita; y mi ser recibe de ella un escape pasivo y perpetuo de sí mismo. Irresponsable y fuera del alcance, esta libertad proteica en la que me he metido me puede enfrentar en mil maneras distintas de ser. Mi proyecto de recuperar mi ser sólo se puede realizar si tomo esta libertad, y si la reduzco a una libertad sujeta a mi libertad. [Sartre cit. Warnock 84].
¿Por qué quisiera expropiar al otro, si no fuera preciso que el otro me hace ser? Pero esto implica precisamente un cierto modo de apropiación: es la libertad del otro como tal, que queremos tomar [Sartre cit. Warnock 85].
El amante no desea poseer a la amada como se posee una cosa; demanda un tipo especial de apropiación. Quiere poseer la libertad como libertad. Por el otro lado, el amante no se satisface con la forma superior de la libertad que es un enfrentamiento libre y voluntario [Sartre cit. Warnock 85].

Esta lucha en la que abarcan los amantes, cada uno para poseer la libertad de la otra, y a la vez ser libremente amado, es, por supuesto, sin esperanzas [Warnock 85]. Es basada en la idea contradictoria de que uno puede ser libre y esclavo a la misma vez [Warnock 86]. Puede llegar a tres distintos patrones de comportamiento: el masoquismo, la indiferencia, el sadismo [Warnock 86].

Después de un amor tan cálido, la separación es abismal. [1999A: 46]: y [1999A: 47] son poemas gemelos que atestiguan el carácter épico de su amor. El primero enseña que mientras el amor es breve, la añoranza es eterna:
y en la pira del dolor
mis sueños atados,
arden
sin consumirse.

Una vez abierta, el hueco que es el deseo nunca cerrará. Seguirá castigada hasta que llegue un héroe para liberarla o hasta la muerte. Como la salamandra mítica, las llamas no la matan, sólo sirven para bañarla en pasión. El verbo aparece solo para enfatizar este hecho.
En el último poema de los dos vemos el ciclo de la luna como hoz desgarradora y espejo burlón del amor perdido. Para toda mujer, el ciclo de la luna termina en sangre. Su luz es un vigil frío y estéril que acecha a los vivos. Su patrona, Artemisa o Diana, es una cazadora casta, enemiga de la procreación.

Tu ausencia
es
presencia rota,
crespúsculo que se desgaja,
luna que se consolida.

El aislamiento de enfatiza la equivalencia entre y , conceptos normalmente en oposición pero aquí formando una dialéctica que termina en síntesis en la forma de una cicatriz síquica.

Percepción fractal sigue la misma pauta apasionante de Exorcismo del absurdo pero agrega un tono más filosófico que empieza con el primer poema, el ars poética [1999B: 9]. El hecho de sufrir nos recuerda que estamos vivos. Enfrentar lo doloroso de la libertad es un acto de autenticidad. El uso de paralelismo bíblico resuena como una campana.

Escribo versos . . .
Para eternizar los momentos
que le dan cuerpo a la vida,
aquéllos que nos queman,
aquéllos que nos hieren.

[1999B: 11] nos enseña que lo existencial es objetivista, que uno puede ver con el corazón y así dejar un récord de lo observado. Consciente de su autenticidad, Calipso puede mirarse en el espejo y ver su pureza en sus propios ojos. Hay una gloria en enfrentar la verdad, aceptar la libertad contingente en vez de renegarla, enmascararla y huir. La que sigue su propio camino es más heroica que el protagonista épico que se subordina a lo que dirán, sea en la boca de los chismosos o en las páginas de Homero.

Me es suficiente
entrar descalza
al corazón de mi pupila.
Silencioso templo donde invoco
el resplandor dorado,
que un día
vi temblar
en la ingrimitud
del paisaje blanco.

La única cura de tanto sufrimiento es el descanzo eterno, como vemos en [1999B: 80]:

Caronte, amigo,
estoy cansada . . .
de tanto sostener la tierra
con la yema de mis dedos,
. . . . . . . . . . . .
Estoy presta . . .
Ven con tus remeros . . .
Quiero cruzar el ancho río . . .

Caronte representa el único escape del callejón sin salida que es la libertad sufriente de la existencia. La única cura de la ale:theia (la verdad o des-cubrimiento) es el Lethe, el río del olvido o cubrimiento donde se bañan las almas de los difuntos. Calipso, en Ultimo viaggio de Pascoli, ya había declarado que este escape es el mejor destino del hombre. La libertad está estrictamente identificada con la aniquilación. El único ser libre es el que se aniquila [Sartre 1999: 65]. En eso, Calipso se mostró más auténtica que Ulises. Quiso cumplir su deseo hasta el final, en vez de someterse a una voluntad ajena o volver a su estado anterior de vivir en-sí. La única libertad es la que está consciente de sí misma como libre de cualquier suposición. La libertad no está ligada a ningún principio de identidad [Sartre 1995: 16].

Estos volúmenes gemelos de Palacios forman una investigación de la condición humana de acuerdo a la existencialista, una apocalipsis en su sentido original de apo-kalupsis , tomando en cuenta de que Calipso en griego significa . Su introducción a la humanidad y siguiente transformación de en-sí a para-sí le quita la vela de inocencia. Es un proceso de ale:theia y homoio:mata [Heidegger 1992: 401], que juntos forman muthos [Heidegger 1968: 10], que nos hace sentir la angustia de la ninfa. Esta re-velación a través de la mente --el agujero que deja entrar la verdad [Ortega y Gasset 22], nos hace extrañar la vela de inocencia y temer la verdad. Como indicó el poeta japonés Isa [Ortega y Gasset 252]:

Tsuyunoyo wa
tsuyunoyo nagara
sari nagara [Isa cit. Henderson 131].

Puro rocío
un mundo de rocío
y todavía . . . . [Isa cit. Ortega y Gasset 252].

Obras consultadas

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7 julio 2006