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Nydia Palacios: Por el camino de Nydia


Por: Auxiliadora Rosales

periodista cultural del Diario La Prensa


Por el camino de Nydia
Nydia Palacios es una de las pocas intelectuales destacadas del país, doctora en literatura latinoamericana, que no cree en literatura femenina, ni masculina, simplemente en una buena pluma.

A pesar de todo, sabe que a lo largo de la historia ha sido difícil para una mujer ingresar en el mundo de las letras, habitado y regido por hombres.

Palacios considera que Nicaragua cuenta con notables narradoras y poetisas, pero se enfrentan a dos grandes barreras difíciles de saltar: la falta de promoción a sus trabajos y a una crítica objetiva.

Pese a todo avizora un buen futuro para la literatura femenina nicaragüense, ya que cada vez más se traducen, lo que para ella legitima la calidad de sus creaciones.

–¿Cómo ha sido el camino que han tenido que recorrer las escritoras?

–Ha sido muy difícil. A tal grado que en siglos anteriores las editoriales se negaban a publicar obras de mujeres.

Varias de ellas tuvieron que recurrir a los seudónimos masculinos. Aurora Dupán escribió bajo el nombre de George Sand, Cecilia Fol de Faber firmó como Fernán Caballero y otras se autocensuraban.

El voto femenino logrado por las inglesas y en Hispanoamérica por las argentinas, en el siglo XX, fue un factor decisivo para lograr derechos como el divorcio, la libre asociación, la oportunidad de ocupar puestos públicos, etc. La primera asociación de mujeres se reunió en Buenos Aires en 1910. Una pionera en este campo fue Alfonsina Storni, poeta beligerante.

–¿Por qué se supone que es difícil para una mujer escribir?

–Cuando escribe una mujer suponen que es un melodrama o un tema sentimentaloide y que sólo escriben desde su interioridad de mujer. Esto le parece cursi y la crítica es implacable.

Necesitamos una crítica que sepa valorar con objetividad, con imparcialidad una obra.

El problema es que la crítica no se ejerce como se debiera, porque sólo quieren oír elogios que se dicen por simpatía, por temor a perder la amistad, o no dicen nada, que es peor. Pasan inadvertidas, como que no merecen un renglón. Son muy escasas las mujeres premiadas.

Yo personalmente no creo en los premios. Darío y Borges, dos gigantes de la literatura hispanoamericana nunca recibieron el Nobel.

–¿Puede competir la literatura femenina con la de los hombres?

–Para mí la competencia de los sexos no debe existir. Quiero hacer énfasis en lo siguiente: no comparto ese adjetivo de “escritura femenina”. Escribir un buen soneto o una buena novela o cuento nada tiene que ver con el sexo.

Esto es muy peligroso y en el pasado siglo XX hubo escritoras como María Luisa Bombal, chilena (La última niebla 1935), que sufrió mucho por la libre expresión de su erotismo.

A Clorinda Matto de Turner, peruana, le fue peor, porque la excomulgaron por escribir en Aves sin nido contra el celibato de los sacerdotes y atacó a las autoridades civiles y militares; le quemaron su imprenta y no le quedó más remedio que exiliarse en Venezuela.

Si lo erótico o cualquier otra tema tabú lo escribe un hombre, nada pasa, pero si lo hace una mujer, la tildan de indecente, pornográfica, ardiente, y otras frases más duras todavía.

En mi opinión la creación literaria o es de calidad o no lo es. Comparto el criterio de la puertorriqueña Rosario Ferré, quien afirma que la buena escritura es como la buena comida, para preparar un plato lo que se necesita es saber qué ingredientes son necesarios y en qué cantidad.

–¿Qué elementos sobresalen de la escritura femenina con respecto a la escrita por hombres?

El tema del amor, la maternidad, un feminismo soterrado o abierto. Las discriminaciones que han sufrido, su condición de seres marginados y la necesidad de expresar sobre sus vivencias. También la creación poética como doloroso parto.

–¿Cuáles son las escritoras más destacadas?

–Creo que además de las arriba mencionadas hay escritoras con obras exitosas como Cristina PeriRossi, Ángeles Mastretta, Rosa Montero, Marcela Serrano, Josefina Leiva, Clarice Lipistor, Rosario Ferre, Luisa Valenzuela y muchas otras que se me escapan.

De Nicaragua, por ejemplo, sobresale Gioconda Belli. Hablan por ella las traducciones y los millones de copias que se han vendido de sus poemarios y sus novelas, en el extranjero. Ella se promociona y eso es lo que le hace falta a las demás escritoras de nuestro país. Cuesta mucho publicar un libro, ya no digamos la propaganda y difusión en otros países.

Nicaragua cuenta con notables novelistas como Rosario Aguilar, con cuarenta años de escribir novelas cortas. Es la primera gran novelista que surge en Nicaragua en 1964. Con la última La promesante, obtuvo el premio Gabriela Mistral, ganado en París en 1991. Se le ha traducido al inglés, al alemán y al francés. Además, en los congresos de literatura centroamericana se escriben ponencias sobre su obra.

También son objeto de estudio las excelentes poetas de la década de los sesenta y setenta como Michelle Najlis que encabeza la lista. Le siguen Vidaluz Meneses, Ana Ilce Gómez, Christian Santos, Daysi Zamora, Isolda Hurtado, Blanca Castellón, Yolanda Blanco, etc.

Y entre las narradoras sobresalen Gloria Elena Espinoza, Milagros Palma, Marisela Quintana, Mercedes Gordillo, María Gallo, Gloria Gabuardi, Cony Palacios, y otras más que están cultivando una escritura de calidad.

–¿Hacia dónde va y cuáles son las perspectivas de la literatura en Nicaragua?

–La escritura de mujeres tiene un buen futuro, cada vez más se traducen lo que legitima la calidad de sus creaciones. A nivel de Hispanoamérica las escritoras se imponen. Eso se observa en los congresos. Yo he asistido a muchos y gran parte de las ponencias son dedicadas a las mujeres escritoras. Veo buenos augurios. Cada día más mujeres publican y eso es buena señal.

La Prensa, Revista. Managua. 14 de Octubre de 2003. 27 junio 2006