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Vidaluz Meneses: Algunos textos claves en la evolución poética de Vidaluz Meneses


Por: Margarita López Miranda

Crítica literaria, catedrática y poeta nicaragüense


Algunos textos claves en la evolución poética de Vidaluz Meneses
El objetivo de este ensayo es iniciar un acercamiento a la producción literaria de Vidaluz Meneses que nos lleve a un análisis y valoración posteriores más abarcadores y rigurosos. El interés en la obra de la poeta nicaragüense resulta de un reconocimiento a la calidad humana y estética de su palabra, al hecho de ser miembro de una generación de escritoras de especial significación en el devenir de las letras de Nicaragua, la generación de los 60 y 70, y a mi particular simpatía no sólo por sus versos sino por todo lo que ella es y representa: una personalidad carismática, profundamente humana y armoniosa, cristiana esencial, revolucionaria, mujer con clara conciencia de su género.

Todos estos atributos de su persona y estas características de su quehacer se vuelcan en su arte. Ella misma, en diversas oportunidades, verbalmente y por escrito, ha declarado: “La poesía es mi forma de aprehender el mundo y ya he dicho en otras ocasiones, que no puedo separar mi fe cristiana, de la poesía y de la revolución (entendida ésta en su sentido más amplio), como el anhelo de contribuir a la transformación de la realidad hacia una sociedad más justa”. (“Reflexión sobre la literatura nicaragüense del siglo XX”, en Xilotl. Revista nicaragüense de teología. Una perspectiva del siglo XX, núm. 25, año 13, julio 2000)

Algunos críticos y comentaristas autorizados refrendan y amplían el juicio de la escritora. Álvaro Urtecho, poeta y crítico, valora: “experiencia de mujer apasionada, como todas las auténticas poetas de nuestra América, sensible a los tremendos problemas sociales, políticos de su tiempo y resguardadora también del misterio insondable y las revelaciones que hacen crecer la llama –¡la llama eterna de la poesía!– más allá de fechas y lugares, más allá de los actos y los hombres, más allá de la historia, más allá de la propia ceniza”. (Prólogo a Llama en el aire. Managua: Editorial Nueva Nicaragua, 1991)

La doctora Nydia Palacios, crítica y académica, señala desde una perspectiva de género: “La poeta siente una necesidad de desenmascarar las fuerzas negativas de una sociedad opresora, que programa a la mujer... (…) Canta el amor en todas sus manifestaciones: amor al hombre, a los padres, a los hijos, a Nicaragua, a los desposeídos, que convierten a la poeta en una intérprete de la realidad política-social de nuestro país”. (Palacios, Voces femeninas en la narrativa de Rosario Aguilar. Managua: Editorial Ciencias Sociales-INIES, 1998)

Daisy Zamora, poeta y compañera generacional de Vidaluz, opina: “Este ejercer la poesía de la acción o poesía en la acción, Vidaluz Meneses lo identifica con la construcción del “nuevo país”, de la nueva sociedad”. (Zamora, La mujer nicaragüense en la poesía. Antología. Managua: Editorial Nueva Nicaragua, 1992)

En una extensa entrevista que le hiciera Margaret Randall, Meneses aseveraba que la poesía era la crónica fiel de su experiencia de vida. (Randall, Las hijas de Sandino. Una historia abierta. Managua: Anamá Ediciones, 1999)

Con este tipo de sustentaciones y desde nuestra propia observación, deseamos confirmar las interrelaciones del tema y motivos principales que se dan en algunos textos claves ubicados a lo largo del desarrollo poético de Vidaluz. En otras palabras, ver cómo la experiencia de vida se vuelve acción creadora y la creación verbal se alimenta y se identifica con la acción vital. Texto y contexto en fusión y coherencia permanente.

La experiencia humanística, revolucionaria, la experiencia de ser mujer y de ser poeta son los temas y motivos principales de donde brota esta poesía. A partir de tales ejes temáticos se conforma el tejido de relaciones intertextuales que alimentan la polivalencia semántica del lenguaje poético. Por eso la poeta con mucha razón ha dicho: “Mi poesía es mi vida”. (Entrevista con Teófilo Cabestrero en Revolucionarios por el Evangelio. Testimonio de 15 cristianos en el Gobierno Revolucionario de Nicaragua. Bilbao, España: Editorial Desdée de Brouwer, S.A., 1983)

Hemos escogido textos a manera de muestra, de cada una de las etapas de su producción poética, o sea, tomando en cuenta los poemarios publicados. El criterio es entonces cronológico básicamente, además de temático. Sin embargo no es estricto, pues hay interpolación en la datación de algunos poemas. Así encontramos textos del segundo libro escritos en los primeros años de la etapa inicial. Por lo demás, una característica de esta escritora, que la crítica ya ha valorado, es su precoz madurez, su capacidad reflexiva desde el inicio. Rasgo que comparte con otras poetas de su generación: Ana Ilce Gómez, Michèle Najlis, de los años 60; Gioconda Belli y Daisy Zamora de los 70. Refiriéndose a ellas Sergio Ramírez dice: “Pueden presentar obras de juventud que son obras de madurez”. (Cita de Ramírez en artículo de Vidaluz Meneses, Xilotl, op. cit.). Poemas de los 60 correspondientes a su primer poemario, por ejemplo, “Cuando yo me casé” (1967), escrito por una poeta veinteañera, es en su moderna factura y trascendencia semántica, uno de los casos. Contiene algunas de las temáticas permanentes en la poética de la autora: la conciencia de ser mujer, la religión en perspectiva crítica.

No se trata, entonces, de ver cómo va alcanzando visiones y temas cada vez más profundos, más amplios, más universales. Ya están ahí, en su experiencia interna y social, en su ser espiritual, en su conciencia de mujer, sólo varían en relación con cada circunstancia de su vivir. Se adecuan a la calistenia de las formas y procedimientos lingüísticos en el proceso creador de la autora. De ahí que en la etapa actual, en su poesía más reciente, la experimentación verbal es un rasgo llamativo. Meneses, ya con pleno dominio del oficio, juega con lo musical, con lo pictórico y con los intertextos extraídos de distintos ámbitos: la literatura, el arte, la religión, la familia, la naturaleza, la política, la cultura popular, el feminismo, la herencia grecolatina, etc.

En relación con esa reconocida madurez, Vidaluz recordaba en una de nuestras pláticas lo que le dijo el poeta José Coronel Urtecho: “Como ya te dijistes la verdad a vos misma, ya se la podés decir a todo el mundo”.
Selección de textos

Publicación Período Texto
I Etapa Llama guardada(1975) 1965-1974 “Cuando yo me casé”Ref: “Recuento”“Tríptico de la muerte”Ref: “In extremis”
II Etapa El aire que me llama(1982) 1967-1982 “Madre”Ref: “La tía Adelina”“En el nuevo país”“Última postal a mi padre, general Meneses”
III Etapa Llama en el aire(1990) (1982-1990) “Mayaya la June Beer”“Esa mujer”“Muro de lamentaciones”
IV Etapa Todo es igual y distinto(2002)Variedad temáticaExperimentaciónReafirmación del yo femeninoMaduración reflexiva (1990-2001) “Canción de cuna de mayo” “Interrogantes”

El cuadro precedente contiene los textos poéticos seleccionados, a manera de muestra, de la evolución estética-ideológica que ha tenido la poesía de Vidaluz Meneses. Visualizamos cuatro etapas. En cada una de ellas se toma en cuenta la publicación (libro), período a que corresponde (años) y textos ejemplificados. La abreviatura ref. indica el poema-referencia, o sea, el que ofrece una especial analogía con algunos de los textos escogidos. Por lo general, son aquellos que pertenecen a otra de las etapas y cuya temática y estructura formal se relacionan con el anterior.

Con esta pequeña selección pretendemos acercarnos al universo temático-ideológico y estilístico que representa la obra de Meneses. Así hemos escogido poemas que no son los únicos –hay muchos otros, yo diría que casi todos, tal es la condensación de esta poesía–, que nos dan una clave, una llave, para facilitarnos el acceso a los aposentos humanos y espirituales de esta mujer-poeta. En cada etapa creativa hemos procurado agrupar textos representativos de temas y motivos permanentes y trascendentes en la cosmovisión de Vidaluz: la mujer y su identidad, la familia, rebeldía y crítica social, el humanismo trasparentado en cristianismo beligerante, el anhelo de transformación y espiritualización individual y comunitaria, la correspondencia entre anhelo vital y anhelo poético, es decir, paralelismo y coherencia entre proyecto de vida y proyecto estético. Lo uno implica lo otro y esto es así cotidianamente, como algo natural. La poeta declara en uno de los poemas autodefinitorios de su primer libro Llama guardada: “El día se tiene que resolver/y yo amanezco persiguiendo un canto”. (“Yo amanezco persiguiendo un canto”, 1971) Muchos textos combinan más de un tema o motivo y así lo refleja la muestra seleccionada. Por ejemplo: la mujer y la religión (“Cuando yo me casé”); el debate o conflicto entre lo familiar, los afectos en ese ámbito, el humanitarismo cristiano y la toma de posición política que significa en este caso la opción revolucionaria (“Última postal a mi padre, general Meneses”).

Como un primer avance del trabajo en proceso vinculado con la selección de textos ya referida, comentaremos brevemente estas dos piezas estética e ideológicamente muy significativas. En cada una de ellas se da un perfecto balance entre los niveles semántico-ideológicos (tema, motivos, símbolos, figuras literarias) y el de las estructuras formales y estilísticas (formas y composición estrófica, tipo de sintaxis, formas retóricas, recursos poéticos). Quizá ese balance adecuado contribuye al efecto emocional y a la positiva recepción que tiene en los lectores. Son poemas antologizados y contienen algunas de las temáticas permanentes a que hemos aludido.

“Cuando yo me casé”

Este breve poema de estrofas condensadas logra una ironía “efectiva, elegante, aguda”, en un estilo discreto como lo es la persona misma de Vidaluz (véase prólogo de Álvaro Urtecho). Combinando un lenguaje coloquial (ver Zamora) con citas litúrgicas del sacramento del matrimonio, frases de Monseñor “que sea hacendosa como Marta,/prudente como Raquel,/de larga vida y prolífera como Sarah”, la poeta reelabora el motivo del paradigma tradicional de la mujer esposa y madre de un nuevo hogar. La reelaboración tiene como procedimiento el intertexto, que integra los Salmos bíblicos referidos a mujeres legendarias y tradicionalmente ejemplares. A partir de esa integración, el yo poético, identificado con la mujer de nuestros días y nuestra sociedad, reflexiona, reacciona y plantea sutilmente su protesta. En la negación que hace de sí misma frente a los modelos femeninos ancestrales: “Y heme aquí tenue sombra de Marta/ (…) callando la protesta fútil “silenciosa Raquel”, se da un soterrado contraste, una latente oposición. Mujer y tradición/mandato bíblico y autodefinición/sociedad alienante, opresora de la mujer, conciencia de ese proceso, constituyen el entramado semántico-ideológico que surge desde la intimidad de la voz lírica que de esta manera, según Nydia Palacios, “subversiona y reconstruye los mitos bíblicos y manifiesta la necesidad de construir una imagen propia, un autorretrato, redefinirse más allá de lo patriarcal”. (Palacios, op. cit.)
El tiempo verbal del inicio, construido en pasado: “Cuando yo me casé”, cambia en la tercera y última estrofa, por el presente: “Y heme aquí”. Este cambio establece un paralelo de oposición que remarca la ruptura semántica-ideológica y da cuenta del paso del tiempo que afecta, desgasta a la mujer y la pone frente a la encrucijada que le ha sido señalada por la historia.

“Recuento”

A una distancia de 16 años, el poema “Recuento”, del libro Llama en el aire (tercera etapa), bajo el epígrafe “Matamos lo que amamos” de Rosario Castellanos, reconstruye y evoca, evalúa para el presente la contradictoria experiencia matrimonial, la sublimación del mandato tradicional expresado en el poema “Cuando yo me casé”. El amor no ha desaparecido, ha cambiado de interlocutor. Pero la mujer, la del siglo XX, ya vive otro tiempo, más allá de la ingenuidad anterior, del “inútil devenir”, ya no ofreciéndose desamparada como “cordero rumbo a la piedra del sacrificio”. Ahora es el tiempo del “sereno recuento de lo destruido”. Autodefinición, búsqueda de la libertad amorosa. Mediante simbólicas imágenes, esta poesía, inscrita, según el crítico Álvaro Urtecho, dentro de las líneas de introspección psicológica, continúa, desde su perspectiva feminista, los caminos abiertos por Ernesto Mejía Sánchez y Carlos Martínez Rivas (ver Urtecho).
El remate del poema, de condensada reflexividad y emoción, como es característico en muchos textos de Vidaluz, es un exorcismo a los fantasmas amenazantes de la sociedad tradicional (ver Urtecho), a la cual el yo lírico, la mujer presente, ya no está dispuesta a hacer más concesiones. De esa manera, “entre los despojos” del pasado, también se puede ofrecer un “intacto corazón”.

Este poema recoge, además de la vivencia personal, el aliento lírico y la experiencia humana, intensa y contradictoria, expresada por Castellanos en el texto “Destino”:

Matamos lo que amamos. Lo demás
No ha estado vivo nunca.
Ninguno está tan cerca. A ningún otro hiere
Un olvido, una ausencia, a veces menos.
Matamos lo que amamos.

Con raíces en fuentes como la voz de esta excepcional poeta mexicana, Meneses ofrece una visión humana en dos tiempos vivenciales, pasado y presente amoroso de una mujer que avanza reafirmándose como ser femenino y como persona. A diferencia de quien considera su maestra en el arte literario, la escritora nicaragüense convierte la contundencia pasional y expresiva de aquélla, en una dialéctica vital y amorosa, cuyos polos contrarios: amor-desamor; ilusión-desencanto; traición-ruptura, se suavizan e integran transformados en una nueva experiencia, en la vida presente. Ahí reside la serenidad y frescura de su verso, versos intactos, a pesar de los quebrantos, versos cimentados en la esperanza y en la fe. Así concluye: “¿Cómo no salir maltrecha/y ofrecerte entre los despojos/un intacto corazón?”

“Última postal a mi padre, general Meneses”

En un pequeño escrito titulado “Corazón en pampa”, mínima autobiografía de la autora, la frase final es una firme declaración: “Una vez dije que no podría separar la revolución, la fe y la poesía”. Sigo pensando igual, porque el centro de todo es el Amor”. La palabra amor en este caso está puesta con mayúscula. Se alude seguramente al gran amor universal, integral, identificado con la vida misma, el amor proveniente de la fuente primigenia que es Dios, en el que cree esta poeta, mujer y cristiana renovada. En el poema dedicado a su padre, es el amor, manifestado en forma dolorosamente compasiva, consciente de la inevitable ruptura entre afecto e historia, la vivencia central de donde surge la escritura poética.

En diversas declaraciones Vidaluz ha contado el trágico episodio de la muerte de su padre, suceso público y comentado en su momento. Salman Rushdie en su libro La sonrisa del Jaguar. Un viaje a Nicaragua (Managua: Editorial Vanguardia, 1989) lo resume así: “El padre de Vidaluz Meneses había sido general de la Guardia Nacional de Somoza y el Ejército Guerrillero de los Pobres lo mató en Guatemala en 1978”. Afirma: “Su conmovedor poema... la muestra como una escritora cuya obra ha sido enriquecida y también realizada con más dolor, debido a las circunstancias familiares” (Rushdie, op. cit.). La misma poeta en una de las entrevistas que le hiciera Margaret Randall habla de su propia ambigüedad, surgida de su cosmovisión cristiana: “Jamás he podido odiar al enemigo, pero siento un profundo pesar porque alguien a quien yo amé mucho no compartió mis ideales. Y eso, creo, es el hilo central de mi obra... (se refiere al poema). Y sin embargo sé que con ese poema yo desilusioné a muchos amigos... Quizá el poema les parezca débil. Pero yo creo que la poesía tiene que ser auténtica”. (Randall, op. cit.)

Confirmamos el sentimiento amoroso como “hilo central”, vivencia específica del poema. La relación y su implicancia contradictoria, entre ese amor, iluminado por la fe cristiana, la revolución sandinista a la que se sumó Vidaluz y la poesía, quehacer trascendente de su vida, son las fuerzas que dan especial impulso a este modélico universo de palabras.

Daisy Zamora clasifica el texto dentro de los “poemas de planteamiento” que tratan de definir “las relaciones que esperamos tener las mujeres en una sociedad revolucionaria, tanto en aspectos sexuales y amorosos como en el ambiente familiar y social”. Observa entre las connotaciones de “Última postal...” un juicio sentimental y otro, histórico, rotundo y severo, como sólo se puede escribir después del triunfo de la revolución. (Zamora, op. cit.)

A nuestro parecer, hay una estructura bien balanceada derivada de la perfecta alternancia o paralelismo entre la perspectiva individual y sentimental con que aborda el tema: el indudable afecto filial, el reconocimiento al padre y abuelo, no exento de compasión cristiana, que se expresa en palabras sobrias y mediante motivos especialmente expresivos de la ternura e intimidad familiar.

Así manifiesta: “Debiste haber cumplido años hoy/y ya no estas, para tu bien”. El motivo del cumpleaños y la sentencia benévola son elementos que suavizan la rotundidad de la inevitable separación histórica.

Los versos siguientes dan cuenta de ese debate personal entre el afecto y la valoración de lo patriarcal y la conciencia objetiva de la ruptura histórica y política con su progenitor. Debate cuyo resultado ya conoce porque se trata de su adherencia a ese otro amor: la causa revolucionaria del pueblo nicaragüense: “Guardo tus palabras/y tu postrera ansiedad por mi destino,/porque la historia no te permitió/vislumbrar este momento,/mucho menos comprenderlo”.

El 8º verso es el fiel de la balanza, mas no su inclinación: “El juicio ya fue dado”. Se refiere a la historia, no a ella, la hija. Las siguientes imágenes valorativas así lo confirman: “Te cuento que conservo para mí sola/tu amor generoso./Tu mano en la cuchara/dándole el último desayuno al nieto,/haciendo más ligera/la pesada atmósfera de la despedida”.

El remate del poema es un logro literario y a la vez, en nuestra opinión, podría significar una frase paradigmática dentro del canon de la creatividad y escritura de género correspondiente a la etapa post-feminista definida por algunas teóricas reconocidas: Jean Franco , Rosario Ferré, Lucía Guerra. Según ellas, es en esta etapa cuando se da en las mujeres la conciencia de adquisición plena de los derechos, la total igualdad con el varón.

En el poema que comentamos, el yo lírico habla a su interlocutor, su padre, en un lenguaje de igual a igual: “Cada uno a su lado,/como dos caballeros antiguos y nobles/abrazándose, antes del duelo final, fatal”. Ella, la hija, ha madurado, crecido, ha tomado posición en la historia, actúa, decide. Por eso la imagen de los “dos caballeros antiguos y nobles”, imagen medieval. Abrazo y duelo a la vez. Amor y ruptura. Fatalidad por la separación inevitable, no en el afecto, que es el mismo, sino en el ámbito intelectual, social, político.

Al final, el título, que alude a una postal, a un mensaje amistoso, implica una comunicación, se corresponde con el abrazo del duelo, con la nobleza de una despedida caballeresca, que no niega las causas contrarias por las que cada uno de los contendientes amorosos ha optado. De ahí que la poeta guarda las palabras del padre para sí misma, en el hueco más íntimo de su tesoro familiar, en su alma escindida entre esas dos fuerzas de potentes rayos: el del amor filial y cristiano y el de la vocación social y revolucionaria.

Presentado en CILCA, San José, Costa Rica 2003. 27 junio 2006