critica_literaria


+ Vidaluz Meneses: Raíces que rompen el tiesto:Transgresión y espacio poétcio en la obra de Vidaluz Meneses


Por: Pilar Moyano

College, Schenectady, N.Y., USA


Raíces que rompen el tiesto:Transgresión y espacio poétcio en la obra de Vidaluz Meneses
Desde la publicación en 1975 de su primer poemario, Llama guardada, la obra de Vidaluz Meneses coincide con una época de profundos cambios políticos, sociales y culturales en la Nicaragua de las últimas tres décadas, que incluyen asímismo un esfuerzo revisionista en lo que a la mujer y su papel en esa sociedad se refiere. La poesía de Vidaluz Meneses, de una forma y lenguaje de exquisita perfección es también, en gran parte, un interrogante: ¿qué es ser mujer? Un número importante de sus poemas constituye una indagación, en poesía, sobre la tensión que la mujer experimenta ante los imperativos que le impone la sociedad. Con respecto a la disyuntiva que existe entre sociedad y autorepresentación por parte de la mujer escritora, la poeta misma ha dicho lo siguiente en un estudio titulado “La mujer nicaraguense en el arte y la cultura”:

En resumidas cuentas, el primer logro que se debe tomar en cuenta es la decisión de la mujer para expresarse. Esta primera expresión que con frecuencia es producto inconsciente del entusiasmo, de determinadas condiciones o de un primer estímulo, se convierte en una fuerza transformadora en la medida que las mujeres nos hacemos dueñas de nosotras mismas, nos identificamos como dice la antropóloga mexicana, Marcela Legarde, como sujetos históricos y no simples productos de la naturaleza, instintivas y nacidas para otros. En la medida que la mujer desarrolla su potencial creador en todos los estadios de la sociedad, se hace dueña de su propio espacio, transgrede, pero transforma. (19)2

Yo diría que en este sentido, y no obstante a la reservas que la poeta expresara en otro momento y lugar con respecto al feminismo de sociedades capitalistas,3 Vidaluz Meneses estaría de acuerdo con aquellas críticas que afirman que las estructuras sociales no pueden separarse de las estructuras linguísticas y la poesía, como subversión de los códigos y clichés de la lengua ordinaria, es necesaria para la transformación social. Con mi ensayo pues, y a partir del estudio y poemas citados de Vidaluz Meneses, haré algunas observaciones generales sobre el rol de la mujer escritora en Nicaragua, ahora que la Historia parece estar alejándola de movimientos y experimentos revolucionarios a la vez que la enfrenta a nuevos desafios y/o oportunidades en este milenio que comienza.Y dado que coloco mis observaciones sobre la poesía de Vidaluz dentro del marco teórico que proponen estas críticas, es importante sintetizar, si bien muy sucintamente dado los límites de este trabajo, la polémica que el feminismo ha ido desarrollando durante las últimas decádas en torno a la significación de la representación de la mujer en la literatura, y por consiguiente, en torno a la noción de género.

Recordemos que por “género” se entiende una construcción simbólica que contiene el conjunto de atributos socioculturales asignados a las personas a partir del sexo. El papel o rol de género se forma con el conjunto de normas que dictan la sociedad y la cultura sobre lo que tiene que ser el comportamiento femenino o masculino de la persona; un “deber ser” organizado a partir del lenguaje, los códigos culturales, los ritos y mitos sociales y las representaciones colectivas (De Barbieri, 1996; Belluci, 1992). Este papel o rol es internalizado por la persona a través de las relaciones de parentesco, la economía y la política, mediante los dispositivos de la familia, las instituciones de salud, las instituciones educativas, el mercado de trabajo, las instituciones políticas y culturales y los medios de comunicación. Aunque en su aplicación directa hay variaciones de acuerdo a la cultura, a la clase social, al grupo étnico y hasta el nivel generacional de la persona, se mantiene prácticamente en todas partes una división binaria básica que corresponde a la división sexual del trabajo más primitiva: las mujeres tienen a las criaturas y por lo tanto las cuidan, luego entonces, lo femenino es lo maternal, lo doméstico, contrapuesto con lo masculino, que es lo público. Así sucede que, como señala Joan W. Scott (289-292), el género es un elemento constitutivo de las relaciones sociales basadas en las diferencias y oposiciones que distinguen a los sexos y también una forma primaria de relaciones significantes de poder. Es el campo primario dentro del cual o por medio del cual se articula el poder en las sociedades patriarcales contemporáneas. Por todo esto, los estudios de género tienen como uno de sus principales objetivos desconstruir las injusticias e inequidades que este (des)orden de carácter patriarcal produce e instituye entre las personas.

A esta actividad de crítica y superación feminista de dicho (des)orden se le ha calificado de “contracultura.” Es esta una actividad sustancialmente transgresora que comienza por reconocer la falsa neutralidad o falsa igualdad entre los sexos impuesta en prácticamente todo el mundo y que considera absolutamente necesario incluir en la vida política y cultural las voces de las mujeres, pues, como muy bien indica Anne Phillips (70), cualquier sistema de representación que excluye consistentemente las voces de las mujeres no es sólo injusto sino que no se puede tomar siquiera como representación. Por ello, un objetivo político decisivo de los estudios de género es apoderar a las mujeres, a fin de equipararlas a los varones, y dado que tal apoderamiento vuelve necesario el cambio de normas, creencias, mentalidades, usos y costumbres y prácticas sociales.

La mujer nicaraguense en general y la escritora en particular llevan ya varias décadas involucradas en esta actividad “contracultural” a que se refieren las críticas feministas europeas o estadounidenses arriba citadas. Es indudable que el impulso inicial que las propulsara en algunos aspectos incluso más allá de los adelantos alcanzados por las mujeres de estos otros países, fue debido al proceso revolucionario. Como ha sido señalado en numerosos estudios, entre ellos el de Clara Murguialday, Nicaragua, revolución y feminismo, si bien es cierto que muchas de las promesas que el sandinismo hiciera a las nicaraguenses no llegaron a materializarse, es imposible descartar el profundo efecto que la experiencia revolucionara tuviera sobre éstas. Como ha indicado también Greg Dawes, los logros para la mujer consiguidos por aquellos años ponían en vigor leyes evidentemente feministas en su programa de liberación nacional, que incluían la igualdad sexual y racial, igual paga e iguales beneficios de salud, prohibición de la prostitución, anuncios sexistas, etc. (110) Testimonio y evidencia del impacto que estos eventos y reformas ejercieron sobre la mujer nicaraguense los encontramos también en un poema de Vidaluz Menes titulado “Compañera,” escrito en 1981, poco después del triunfo de la revolución y que se publica también en El aire que me llama:

Sacudís con firmeza las cadenas
y su atronadora caída
no te estremece.
Vas al encuentro
de tu destino infinito de persona.
Hacés propio tu nombre
y lo sembrás como bandera
en territorio liberado.
Ya nada te detiene.
Ya vos misma reconocés
tu propio paso.
Dueña de tu camino.
Consciente de la porción de historia
que te corresponde, Compañera. (66)

Vidaluz Meneses ha elaborado sobre la transcendencia que han tenido estos años históricos sobre las mujeres de su país, en su artículo antes citado y haciendo las siguientes observaciones:

La mujer nicaraguense ya dio sus primeros pasos y se encuentra al inicio de un periodo histórico y socioeconómico para América Latina que amenaza con provocar su involución; no obstante ya podemos hablar de raíces afianzadas en el arte y la cultura. Detenernos sería como pretender encerrar en una macetera un árbol de chilamate cuyas raíces terminarían por romper el tiesto. (19)

Detengámonos en la poderesa imagen de este árbol de chilamate. Vidaluz Meneses nos dice que, en el arte y la cultura, los logros alcanzados por las mujeres nicaraguenses no solo se mantienen en pie sino que además continuan extendiendo su profunda influencia, sus raíces, aun cuando una mirada superficial no siempre pueda percatarse de ello. Tal influencia sigue extendiéndose aunque sea en una dimensión subterránea pero, es tal su fuerza, que ya nunca jamás permitirá ser encerrada en el espacio de lo puramente tradicional y doméstico de la macetera, so pena de rebelarse y destruir tan limitado territorio. Al especificar que estas raíces están afianzadas en el arte y la cultura Vidaluz Meneses nos indica que la escritora o artista nicaraguense en general, reconoce el importantísimo papel que le corresponde en la continuación de este proceso transgresor de aquellas convenciones socio-culturales que han impedido a la mujer el definirse a sí misma como sujeto social y literario. El inbuir en la tradición patriarcal con nuevos significados no será para estas mujeres, sin embargo, tarea gratuita; sus poemas, por ejemplo, son frecuentemente testimonio del alto precio que conlleva la transgresión.

Entre los poemas a que me refiero se encuentra uno inédito de Vidaluz Meneses, “Estamos vivas,” dedicado “a Daisy y Michelle” (Daisy Zamora y Michelle Najlis), quienes junto con aquélla y una larga lista de otras poetas, forman parte de una generación extraordinaria de mujeres escritoras nicaraguenses, conocidas mundialmente por la calidad de su obra literaria (por la que han recibido prestigiosos premios tanto en su país como en el exterior) y respetadas por su activismo político durante la Revolución Sandinista. Hay que puntualizar que, si bien la poesía que producen estas escritoras por aquellos años ha recibido bastante atención por parte de la crítica literaria, la evolución posterior de su obra, a partir de la derrota del sandinismo y en lo que respecta tanto a su valor individual como en conjunto, no hay recibido aún de los críticos la atención que merece. Este trabajo solo pretende ofrecer algunos ejemplos de tal evolución en la obra de Vidaluz Meneses, una de las poetas más admiradas y queridas de esta generación, con miras a que pueda servir de estímulo para estudios más completos en el futuro.

En el poema “Estamos vivas,” Vidaluz Meneses hace también homenaje a otras poetas y escritoras, antecesoras a su generación y pertenecientes a diferentes países, quienes les precedieron en este optar igualmente por la escritura como instrumento de destrucción y recreación de mitos y roles impuestos sobre ellas, pero quienes, por el contrario, no lograron sobrevivir las consecuencias de su transgresión. El poema, que sirve para comparar y enfatizar similitudes y diferencias entre aquellas escritoras precursoras y las de su generación, dice así:

Vivas estamos sobre su memoria!
La osadía intelectual de la adoradora
de la Diosa Blanca, Virginia Woolf
preparando el rito, la palabra mágica.
Visionaria, Profetisa del andrógino
Ordenador del caos
Sólo en sus manuscritos la armonía,
bajo el bombardeo a su casa en Taviostodk Square.
Ella escribiendo:
“Gotas de sudor en la frente
de la señorita Trobe”,
presagio de su propio fin:
“Todo está consumado.
La vejez es el camino natural
hacia la muerte”,
y se sumergió con serenidad
en las apacibles aguas del Ouse.

II

Pronto se rompió el sueño de Silvia Plath.
Apresada en lo doméstico
aturdida entre la libertad y el desamparo,
expuesta como bebé desangrado
para ser arrastrada por el mar.
El alma columpiada: Eros o Tanatos
hasta sucumbir
el día preparado con el rigor de un orfebre:
Cuando de rodillas metió su cabeza rubia
En el horno de la estufa de gas.

III

Alfonsina, apasionada,
consciente que ningún canto
sería más alto que su propia
vida de mujer,
se defendió con torrentes de carcajadas
que la llevaron hasta el llanto
y amó hasta la consumación de sus días.
Tanto fuego sólo las olas del Mar de Plata
Pudieron aplacar.

IV

Vivas estamos sobre su memoria,
Inolvidables hermanas que nos precedieron.
Nosotras, Poetas, criaturas agónicas, sobrevivientes:
Triunfalmente vivas estamos, sobre su memoria.

Mucho se ha escrito y podría escribirse aun sobre las circunstancias que llevaron a escritoras de la talla de Woolf, Plath y Storni a tan trágico fin. Frecuentemente se suele hacer incapié en la tristeza o la amargura que hubo de conducirlas a la autodestrucción. Rosario Ferré, por ejemplo, reflexionando en Sitio a Eros sobre la vida y obra de estas escritoras, cita al respecto a la escritora norteamericana Erica Jong:

Emily Dickinson, Las Bronte, Virginia Woolf, Carson... Flannery O’Connor criando pavos reales y con su madre. Sylvia Plath metiendo la cabeza en un horno ya mítico. Georgia O’Keefe sola en el desierto, presunta sobreviviente. ¡Qué grupo! Severas, suicidas, extrañas. ¿Dónde estaba la Chaucer femenina? Una sola que combinarse el juego, el gozo y el amor con el talento. (Ferré 9)

La respuesta, como sabemos, se suficientemente obvia. De un modo u otro, todas estas escritoras mujeres respondían al conflicto personal, público, o a ambos, que les ocasionó la temeridad de ser, en sus diferentes sociedades, las pioneras que cuestionaran o desafíaran los supuestos de la tradición patriarcal. El poema de Vidaluz Meneses, comprendiendo este hecho y consciente de la deuda que se les debe, les rinde con su poema un conmovedor homenaje. Portavoz de su generación, Vidaluz nos dice que ellas, “Poetas, criaturas agónicas,” han podido “sobrevivir” gracias a los esfuerzos y sacrificios de las primeras. Pero va aún más lejo, el poema se cierra con un entusiasta verso final: “Triunfalmente vivas estamos, sobre su memoria.” El tono es de este último verso es definitivamente optimista; Vidaluz Meneses nos asegura que tanto en la vida como en las letras y no obstante a los múltiples obstáculos que han tenido que superar, las mujeres escritoras de su generación están “triunfalmente” vivas. Es decir, no se ha tratado meramente de “sobrevivir” sino de que, en la batalla contra una tradición que menosprecia y margina el discurso de las mujeres escritoras y que ha mantenido roles represivos para la mujer en general, ellas, como implica el término “triunfar,” han resultado vencedoras. Indiscutiblemente, nosotros, los participantes en congresos internacionales sobre literatura centroamericana, sea en los países de esta región o en Europa o Estados Unidos, sabemos lo muy cierto que es este aserto. Hemos sido testigos en estas reuniones de la admiración que provocan las lecturas de sus obras y las ponencias y diálogos a que éstas dan lugar tanto en dichos congresos como en revistas y libros de crítica literaria. Hemos sido testigos, igualmente, de cómo en el salón de clase de otras latitudes, nuestros estudiantes, chicos y chicas por igual (muchos con unos conocimientos limitados del español y con el diccionario a cuestas), leen con entusiasmo los poemas de estas centroamericanas, los analizan entre sí, escriben trabajos y tesis. Recuerdo que durante una conversación con Daisy Zamora (también en Managua y en 1994), ésta me decía que sentía que ellas eran las mujeres de la transición, que a pesar del progreso conseguido sentía que su generación estaba baldada por una historia de la que no se podían liberar totalmente, que lo que estaban intentado era que “...nuestras hijas lleven menos lastre que nosotras.” Pues yo me atrevería a decirle hoy a Vidaluz Meneses y a estas otras poetas, apoyándome en la experiencia que describo con mis propios estudiantes, que su influencia sobre esa generación más joven sobrepasa ya los límites de un país o región, que las escritoras nicaraguenses viven, efectivamente, triunfal y universalmente. Las raíces del chilamate han hecho añicos la macetera y ya no habrá forma de recomponerla o de contener al árbol.
NOTAS

1 Este artículo se leyó durante el Noveno Congreso Internacional de Literatura Centroamericana (28 de febrero al 2 de marzo de 2001 en Belize City, Belize) en un panel dedicado a la obra poética de Vidaluz Meneses.

2 Conocí a Vidaluz Meneses en 1994 cuando, después de recibir mi “tenure” o cátedra de una universidad norteamericana y con una pequeña beca para hacer investigación, me presenté en Managua, sin otro contacto o referencia que el entusiasmo que, desde que empezara a leer a Rubén Darío en una escuela de un pueblito de Andalucía, siempre me inspiró esta otra mágica tierra de poetas que nunca se cansan de cantarles a la belleza y a las utopías. Vidaluz, con esa gentileza y generosidad que todos sabemos la caracterizan, me invitó a su oficina de Decana de Humanidades de la Universidad Centroamericana y, pacientemente contestó mis preguntas sobre la literatura y los acontecimientos socio-políticos de su país, y sobre un tema que siempre me ha interesado de forma particular, el de la mujer nicaraguense y su escritura. Vidaluz me proporcionó asímismo algunos libros y otros escritos suyos, entre ellos un estudio inédito aun, creo, titulado: “La mujer nicaraguense en el arte y la cultura” y unos poemas asímismo inéditos. Quiero agradecerle a Vidaluz que fuese ella una de las primeras poetas que, desde entonces, me inspirara y motivara a profundizar con más ahinco en el estudio de la poesía centroamericana.

3 Veáse la entrevista que Teófilo Cabestrero le hace a la poeta en 1983.
BIBLIOGRAFIA

Bellucci, Mabel. “De los estudios de la mujer a los estudios de género: han recorredio un
largo camino...” Las mujeres en la imaginación colectiva. Una historia de
descriminación y resistencias. Buenos Aires: Paidos, 1992.

Cabestrero, Teófilo. Revolucionarios por el evangelio. Testimonio de 15 cristianos
En el Gobierno Revolucionario de Nicaragua. Editorial Desclée de Brower, S.A.,
1983.

Dawes, Greg. Aesthetics and Revolution. Nicaraguan Poetry 1979-1990. Minneapolis
London: U. of Minnesota P., 1993.

De Barbieri, Teresita. “Certezas y malos entendidos sobre la categoría de género.”
Estudios Básicos de Derechos Humanos. Tomo IV, Instituto Interamericano de Derechos Humanos, 1996.

Ferré, Rosario. Sitio a Eros. México: Joaquín Mortiz, 1986.

Meneses, Vidaluz. “La mujer nicaraguense en el arte y la cultura – Inventario preliminar. Septiembre de 1993 (Inédito).

------- Llama guardada. Managua: 1975.

------- El aire que me llama. Managua: 1983.

Murguialday, Clara. Nicaragua, revolución y feminismo (1977-89). Madrid: Editorial
Revolución, 1990.

Phillips, Anne. Traducción: Isabel Vericat. Género y teoría democrática. México:
UNAM, 1996.

Scott, Joan W. “El género: una categoría útil para el análisis histórico.” El género: la
construcción cultural de la diferencia sexual. México: UNAM, 1996.

27 junio 2006