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Martha Cecilia Ruíz: La importancia de llamarse Matilda o el filo de las palabras


Por: Marianela Corriols

poeta nicaragüense


La importancia de llamarse Matilda o el filo de las palabras
No sé exactamente en qué circunstancias, el ilustre Carlos Martínez Rivas (CMR) le dijo una vez a Martha Cecilia Ruiz: ─Vos no te deberías llamar Martha, te deberías llamar Matilda─. En qué Matilda estaría pensando Carlos ya no lo sabremos y solo podemos especular sobre sus razones para renombrar a Martha Cecilia con un nombre distinto al que le fue dado por sus padres. Matilde proviene del germánico Matilde y significa fuerte o poderosa en el combate, siendo este nombre muy popular antes del siglo XV. Pero también Matilde es Mafalda en portugués e italiano y ya sabemos todo lo que puede decir Mafalda. Y es así que hoy edito e introduzco los cuentos de Martha-Matilda.

Cuando leí el título de la obra, Familia de Cuchillos, lo primero que vino a mi mente fue el filoso envés de las palabras, y cuando fui leyendo cada uno de los cuentos, resultaba evidente que había filo por todos lados. Un filo cotidiano que encontramos en las vidas de todas las mujeres, las niñas, las adolescentes, las jóvenes, las adultas, las ancianas. Un filo que huele a revuelo, a crítica, a ironía, a sangre, a amor, a desamor, a vida y a muerte. Los microrrelatos, relatos breves y cuentos se han ido ordenando in crescendo, disparando poco a poco su carga de palabras. Los une la temática de los roles y las inequidades de género que afectan principalmente a las mujeres, con su gran carga de violencia.

En ellos, a rato asoma la nota periodística, a ratos la veta poética, como en el exquisito Pájaro de Cenizas, pero sobre todo salta sobre nosotros una narradora irónica que no sabemos si se burla o sangra por las múltiples heridas que la vida infringe a sus personajes, que aunque quisiéramos pensar que son productos de la imaginación, sabemos que son reales. Basta leer o ver las notas rojas de los medios de comunicación de hoy en día para tener una dosis más que suficiente de la realidad, difícil de creer, cuando esta supera con creces la ficción. Encontramos la ironía sangrienta de la despechada en Accidente, la vida desesperanzada de la adolescente abusada en Cuerpos Perdidos; la doble moral religiosa en El Rito. El recurso de animalizarse está presente en La Maestra de Circo, Desde el Cautiverio y Liwa Mairin Tara, permitiendo que los personajes expresen su ferocidad, su libertad o prisión.

Martha-Matilda le da permiso a sus monstruos íntimos, como en La Pequeña niña Ogra, de ser ilimitadamente transgresores. Pero es en las relaciones de pareja donde se expresa con más fuerza la crítica feroz a los roles de género: El Manual de la Buena Esposa; las relaciones mal avenidas que terminan en amores mortales en El Velorio, Cromos y Brutalidad; las infidelidades y traiciones en Dela Vida en Redes 2, Inglés para Principiantes y Rompecabezas; el abandono de la pareja en Tres Minutos y Doce Segundos; la trangeneridad en Sueño y Memoria; y la rufianada en De la vida en Redes.

El Canto Decembrino para Jóvenes Doncellas y sus Amantísimos Pretendientes es un relato épico a la indiferencia masculina ante la entrega de la mujer.
En la ausencia de las Bases, la mujer deambula entre el suicidio y la locura; en El Biombo, las mujeres vulnerables se encargan de impartir justicia de propia mano; y el legado doloroso de la guerra, se refleja en El Silencio.
En cuanto a los cuentos largos, Familia de Cuchillos nos ofrece un final inesperado; Desnudos con Leica nos lleva a un viaje surreal, y las Memorias del Club chino de Bluefields…hay que leerlas.

En este primer libreo de cuentos, aparece la fuerte Martha-Matilda, vislumbrada por Carlos Martínez Rivas, con una espada desenvainada e irónica apuntando a todos los flancos débiles de la doble moral, la inequidad y la violencia de género.

Nos estremecemos al pensar que, en algún universo paralelo, ella pudiera no haber escrito estos cuentos.

2 marzo 2017