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+ Irma Prego: Irma Prego


Por: Anacristina Rossi

narradora costarricense


Una breve semblanza de la escritora nicaragüense, quien recidió desde 1956 en Costa Rica y aquí escribió su obra punzante, sin perder su nicaragüidad. Irma falleció a mediados de octubre y Áncora le rinde homenaje a su talento inolvidable

Su lengua mordaz aún llena mi casa de verdades terribles. Irma no tenía pelos en la lengua ni en la pluma. A Irma no le interesaba quedar bien con el mundo. Hombres y mujeres, pasados por el jocoso tamiz de su crítica, emergíamos como lo que tan a menudo somos: mediocres peleles.

En sus cuentos fue una implacable viviseccionadora de los cadáveres matrimoniales, una aguda observadora del sadomasoquismo en general y de las relaciones de poder en particular. Tal vez por eso sus cuentos no fueron demasiado populares. Y tal vez por eso no tuvo las exequias sonadas que como excelente escritora le hubieran correspondido.

Irma estaba en las antípodas de lo patriarcal. Irma estaba en las antípodas de las costarricenses virtudes de callar la verdad -que no es lo mismo que mentir-, negar los errores, vivir en la apariencia y ocultar los conflictos. Conversar con ella era una delicia, una fiesta tremenda, y el clímax llegaba cuando la amiga que tenía al lado, en este caso yo, le gritaba exasperada que tenía que comprarse una computadora, que no era posible que siguiera escribiendo solamente a mano y dependiendo de su abnegada secretaria.

Irma fue una amiga leal, constante, corpórea, en las antípodas de la buena amiga costarricense que tal vez una quiere pero por alguna razón raramente ve -"estoy enredadísima" "dejémoslo para el mes que viene"-, amistad "agua chacha" tras la que a veces se esconde el no poder decir que no hay interés, o la creencia de que siempre después habrá tiempo. Irma no permitía la amistad "agua chacha"; cuando una la llamaba respondía con un "voy para allá" sin formalidad ni remilgos. La ceremonia riquísima era su llegada. Recuerdo verla pasar por mi puerta ejercitando su verba jocosa, fina, inagotable, en las manos una canasta de mimbre llena de delicias nicaragüenses: arroces, sus manuscritos, poemas inéditos de la Gioconda.

Cuando tenía que describir a Irma yo usaba la frase "una fuerza de la naturaleza", traduciendo literal la frase "une force de la nature", que se aplica a la gente como los elementos: incontenible, vital. Tal vez por eso en mis recuerdos Irma no se enferma, ni siquiera fuma.

Fue la idiosincrasia tica o esa imagen de fuerza o la mezcla de ambas lo que me llevó a portarme como amiga "agua chacha" cuando salí del país y perdimos el contacto, y a mi regreso no la pude localizar y en lugar de insistir, desistí, con la excusa de "qué pena molestar a los hijos" o aquello aún más terrible de "ya tendremos tiempo".

No había tiempo, y algo me alertó pero no supe ver: acomodando unos libros en mi biblioteca una hoja perdida me cayó entre las manos. Era una amarillosa hoja de periódico con uno de los más hermosos poemas de amor y desamor que jamás se han escrito: "La puesta en el sepulcro", de Carlos Martínez Rivas. En esa hoja, al principio de los versos, Martínez Rivas ponía: "Y desde entonces, todavía, siempre, a Irma Prego". Para terminar, el autor declaraba: "Esta, definitiva y en adelante única versión fiel y autorizada por el autor". Y firmaba.

La hoja no había caído de ningún libro, de ninguna parte. Había llegado flotando desde el pasado. "La puesta en el sepulcro". "A Irma Prego." Era para pensar. Pero desatendí la urgencia y no pasé de recordarla y amarla y tenerla presente y escribir en la agenda que tenía que buscarla.

Demasiado tarde. A las pocas semanas estaba en el periódico su esquela mortuoria. Y entonces me cayó encima lo imperdonable de ser amiga "agua chacha" con alguien que realmente se quiere. Y las tardes felices que pasamos corrigiéndonos textos, discutiendo, peleándonos, conspirando, alentándonos, se me hicieron añicos.

Y he tratado de remendar los añicos para quedarme con la imagen de Irma llegando a mi casa un domingo con alguna delicia, con algún manuscrito, con alguna novedad, y después de comer echándose la siesta. Veo a mis dos hijas sentadas, formales y quietas, junto a su cama.

- Niñas, ¿qué están haciendo?

- Viendo a Irmita dormir.

LOS CUENTOS

Irma Prego hablaba como escribía y escribía como hablaba y muchos de sus cuentos tienen una rara perfección formal. Irma podía presentar y resolver una situación dramática en página y media. Ejemplos de ello son los cuentos Solo por un pelo o Discurso, de su libro Mensajes al más allá, donde el humor cierra con una carcajada trágica. El humor negro, vitriólico y agudo de los cuentos de Irma es único, inimitable. Las tramas serían especies de tragicomedias si no fueran tan absolutamente iguales a la vida. Es esa vida hiperíntima que las parejas ocultan la que Irma sabía muy bien detectar para exhibir en su aspecto más grotesco.

El ritmo narrativo de sus cuentos y de su discurso verbal era muy parecido: ágil, económico, irreverente. Usaba la repetición sin ser repetitiva, logrando más bien un estilo atropellado donde la acumulación de epítetos y calamidades no caía nunca en los manierismos del realismo mágico.

Sus cuentos más cortos son joyas de suspenso, sorprende la maestría del cierre en pocas líneas, escueto y devastador. Un ejemplo es El tonto, en Mensajes al más allá.

LEIT MOTIF

Si bien Irma escribió sobre variados temas: hacía cortes transversales en las vidas como en: Almuerzo en Managua, En honor de lo justo, Pobre mi mamá -Mensajes al más allá-; creaba al suspenso alrededor de la corrupción, la política, la estafa, como en Cuello blanco, El discurso, El general sátiro -Mensajes al más allá-, su leit motif fueron las relaciones entre hombres y mujeres. Dirigía su lente crítico y su observación a las perennes obsesiones de nuestro tiempo. En los hombres: la ambición de poder, dinero y conquista. En las mujeres, la búsqueda del hombre amado -siempre acompañada de su corolario: la desilusión, el esfuerzo, el hastío- y la búsqueda de la libertad.

Si todo en nuestra sociedad: las canciones, la literatura, el cine, el radio, la propaganda, la televisión e internet, nos lava el cerebro con la idealización del pacto patriarcal entre hombres y mujeres -llámese amor, noviazgo, cortejo, matrimonio, sexo sin preámbulos o simple flirteo-, la literatura de Irma cumple una función totalmente opuesta. Irma toma el bisturí y corta a través de esos mitos, juegos, promesas e idealizaciones para mostrar su vacío, su imposibilidad, su aburrición, su idiotez, su podredumbre. Nadie, salvo Irma, habla de ese aire cerrado en que tiende a terminar el vivir a dos, y de cómo las mujeres, a pesar de los pesares, lo seguimos buscando, como un ternerito que va dócil al matadero.

Pero no, no es una satanización del matrimonio o de la vida en familia, no. Lo que Irma señala es la gran mentira burguesa, o la gran mentira patriarcal: que el matrimonio es la única manera de vivir feliz.

Explicaba hace poco un médico chino que estaba en Roma dando unas conferencias, que cuando dos personas viven juntas íntimamente, se les forma, cerca del plexo solar, un remanso de energía estancada. Uno de los métodos curativos de ese doctor era deshacer en las parejas ese bolsón inmóvil, así como la acupuntura restablece el flujo del chi vital. Ese bolsón de energía estancada genera agresividad, morosidad, tristeza.

¿Y qué mujer no ha sentido, más allá del amor que pueda sentir por su pareja, la euforia y la sensación liberante que viene al alejarse un tiempo y hacer su vida y luchar por cosas propias?

Irma es la observadora de esa trampa en que se convierte el matrimonio, por más alternativo que a veces parezca. Irma es la observadora del infierno en que se puede convertir la familia. Si sus personajes a menudo son grotescos, no es por estilo literario: es porque la vida, la convivencia constante, el poder o el ocio los vuelven así.

En sus cuentos se describen sin complacencia esas víctimas verdugos que somos las mujeres, en especial esa mujer tan idealizada: la esposa mimada, la que se dedica a criar hijos y no gana su propio sustento. Llama a esas mujeres que no trabajan "parásitos sociales". Las parásitas sociales de Irma sufren a más no poder, quisieran ser libres, ganarse la vida, pero para casi todas es ya demasiado tarde. Y se me viene a la cabeza una frase del libro de Jorge Volpi, que dice que el carácter agresivo de las mujeres mimadas no es "más que una forma de ocultar su imposibilidad para resolver los problemas de la vida diaria". De eso sufren las esposas de los cuentos de Irma: de imposibilidad para resolver los problemas diarios, desde el más básico, la subsistencia. Los hombres tratan a su manera, generalmente patana, de salirse del círculo. Las mujeres tratan, con mayor o menor éxito, de construirse un mundo propio -por ejemplo en El contrabandito -Mensajes al más allá-. Las viudas y las divorciadas tienen un horizonte más amplio, como por ejemplo en Me van a matar o Agonice con elegancia -de su último libro Agonice con elegancia- pero siempre limitado por su pasado, por la estructura social o por ellas mismas.

Habrá quienes digan que ya la cosa no es así, que las mujeres hemos conquistado independencia, autoestima, terreno. Tal vez en ciertos sectores. Pero el problema es que no podemos medir los cambios en esa zona gris que retrata Irma: la violencia íntima, psíquica, despersonalizante.¿Habremos cambiado las parejas en la manera de tratarnos, de vernos día a día?

La dinámica sadomasoquista que Irma saca del armario con su facundia vitriólica para airearla, comentarla y tratar de sanar, no es solamente un problema de mujeres ociosas y burgueses patanes. Es algo mucho más profundo que se da en todos los estratos. Las formas cambian, pero la dificultad del vivir a dos, o del vivir en familia, sigue estando allí. Lo muestran las estadísticas: en Costa Rica, en 1999, dos mujeres al mes murieron asesinadas por sus maridos. La diferencia es que en las clases sociales en que se mueven los personajes de Irma hay mecanismos que protegen del pasaje al acto.

El malestar del vivir a dos es algo de siempre, al menos en nuestro mundo patriarcal. Y en estas épocas globalizadas donde el horizonte es consumir, y consumir pareja eliminando muchas veces las redes sutiles que contienen la brutalidad -piensen en algunos vídeo clips, por favor- los cuentos de la talentosa Irma Prego siguen vigentes.

Fecha válida de publicacion: 19 Noviembre del 2000. Publicado en ÁNCORA suplemento Cultural de La Nación. San José, Costa Rica. 19 noviembre 2005


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