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Vidaluz Meneses: Prólogo a "Llama en el aire"


Por: Álvaro Urtecho

Poeta nic., crítico literario


Prólogo a
Entre las poetas o mujeres que escriben poesía en Nicaragua, Vidaluz Meneses (1944) destaca por su permanente tono lírico y su mundo especialmente caluroso e íntimo. Mundo de intimidad, inteligencia y ternura atravesado por las llamas de la pasión y la experiencia humana. Preocupada por la efectividad de la expresión poética, por el anhelo (siempre insaciado) de construir el poema certero y acabado. Vidaluz nos ha demostrado, a través de sus constantes entregas poéticas, que la sensualidad femenina no está reñida con la inteligencia, que un buen poema no se logra a base de pura efusividad confesional, que el desbordamiento de los sentidos, el grito de los ovarios, la puesta en escena de la feminidad desgarrrada y resentida, no bastan para configurar ese espacio inefable y siempre inasible que llamamos poema. De ahí su búsqueda de la precisión, su percepción inteligente de la palabra y, por supuesto, su rechazo al verbalismo exhibicionista y narcisista que caracteriza a muchas de las mujeres que escriben poesía en nuestro país y en el resto del mundo.

Ya en su primer libro (Llama guardada, 1975) observaba esa apetencia saludable por la forma breve, por las estrofas concentradas y dispuestas para hacer efectiva la ironía elegante y aguda, envuelta en un velo de aparente inocencia. Una ironía que no llegaba nunca a la mordacidad, el sarcasmo o la burla; una ironía discreta como su persona, como la persona de Vidaluz Meneses que siempre ha trabajado la poesía en un recatado silencio, sin manifestaciones ni proclamas inoportunas, siempre atenta a los requerimientos de su corazón y a la perentoria necesidad de desenmascarar las fuerzas negativas de la mentira y la alienación, la falsa moral de la burguesía castradora y paternalista, el mecanismo de compraventa de las instituciones opresoras enemigas de la libertad, la belleza y la imaginación. Así revelando un precoz espíritu epigramático, decía:

No en la plácida rutina del tejido / a la que adecuadamente estáis llegando / ni en la recomendable revisión de vuestras vidas / ni en el ejemplo, ni en el consejo sabio,

Ni en la sana costumbre de ir enterrando / uno a uno los rencores / sino certeramente, como finos estiletes / váis en la carne de vuestros amigos. (Escarnio)

Esa preocupación por esclarecer el sentido de la relaciones humanos es algo permanente en su obra poética, algo connatural a su personal visión del mundo. Poesía de análisis e introspección psicológica que ha enriquecido desde la perspectiva femenina(pienso también en Ana Ilce y la Daisy Zamora de En limpio se escribe la vida), los caminos abiertos por Ernesto Mejía Sánchez y Carlos Martínez Rivas en la década de los cuarenta. En esa entrega primeriza (en donde hay más aciertos que desaciertos, más atisbos de renovación poética que las consabidas impericias de un primer libro) había un innegable prurito de exorcisar, no sólo los fantasmas amenazantes de la sociedad tradicional criolla sino los paraísos artificiales del american way of life, el espectro alienante de la vida mecanizada y las oficinas burocráticas, la irrupción de la monotonía y la inautenticidad.

Esta tarde que habla del tedio/ de las máquinas en la oficina y de las secretarias, / yo maquinalmente tecleando (casi otra máquina) ("Es la vida")

Todos los días hacés inventario del tiempo / La ruta rutinaria /El saludo oficinesco/ Y el tableteo de la máquina de escribir / Como una metralleta domesticada
("Todos los días")

Inautenticidad frente a la cual se rebela y le hace refugiarse en el poema:

No escucharé la radio que me recuerda / el tiempo de los relojes / haré mi día sin horas / porque hay que resolverlo todo / y he salido temprano en busca de un canto.

O le hace descubrir la cabeza blanca de Alfonso Cortés como una "luna nueva"

Su segundo libro (El aire que me llama, 1982) revela el impacto de la revolución sandinista, conmoción social que entra de lleno a inscribirse (como en Rosario Murillo,Gioconda Belli y la citada Daisy Zamora) en un ámbito temático, redefiniendo el espacio de la subjetividad individual, confrontándola con la difícil experiencia colectiva. Desde ese momento, la poesía de Vidaluz Meneses no ha dejado de percibir, con un tono convincente y a veces dramático el entramado dialéctico de esta dualidad tormentosa: el sujeto frente a la Historia, las sutiles relaciones de la subjetividad irreductible frente a los reclamos de un proyecto humanista liberador. La poeta se identifica plenamente con su pueblo, con los trabajadores sudorosos que reclaman un mundo digno y justo:

Yo les pediría que ajustaran / sus máquinas IBM / sus sistemas Fortrand IV / y sus computadoras / a la medida de nuestro pueblo ("A los técnicos").

La experiencia de una sociedad estremecida por la Revolución es percibida como una transformación orgánica de la naturaleza y la vida entera:

Esta es la tierra recobrada/ donde ahora entonamos nuevos cantos/ me despierta una lluvia nocturna / Que habla de renovaciones / de la nueva hierba \que crece / verde, dándole fondo de esperanza a cada gota que cae ("La tierra recobrada")

"En el costado más frágil" y "Con las mismas manos" forman la tercera y cuarta sección del libro, incluyendo un considerable número de poemas escritos entre 1985 y 1990, período de madurez de la poeta, tanto en el plano estilístico o literario como en el ético e ideológico. Es el ciclo de los poemas reflexivos, textos que se distinguen por una mayor interiorización del mundo externo, interiorización expresada con una más honda sobriedad que excluye recursos teóricos utilizados anteriormente. "Mirando su fotografía", con un epígrafe de Mejía Sánchez, es uno de los más bellos poemas de Vidaluz, dedicado a su nieta recién nacida en el extranjero. Ësa mujer", dedicado a Rosario Castellanos, exaltación de la soberanía femenina, la mujer " que avanza iluminada / bajo el sol de su terca certidumbre, / la agónica, la siempreviva / la que muere y renace cada mañana / arrebatada en la cauda luminosa de un astro".

Y por sobre todo, el amor, el amor particular, concreto, histórico, perecedero por histórico y humano; el amor de la pareja, la exaltación de los pronombres: tú y yo, yo y tú situados en el mundo, enfrentados al mundo, nacidos y disueltos en la propia llama, sujetos a las epifanías y transfiguraciones de la historia persona y a los cambios de las estaciones:

Cierro los ojos y evoco el camino umbroso / una que otra pisada haciendo crujir la tarde /sobre la tostada de azafrán /Piedras que se erigen sobre el sueño. /Tu mano larga con su temblor antiguo / alcanzando mi hombro…….
Las distintas habitaciones de la pareja / el amor y el desamor que han ido de la mano / La vida y la muerte omnipresente entre dos.
("Paseo en otoño")

Agradecemos a Vidaluz Meneses la preparación de esta antología que nos dará una perspectiva correcta de su obra, una ocasión de valorar, con detenimiento y emoción, las diferentes etapas de la su experiencia creadora; una experiencia de mujer apasionada, como todas las auténticas poetas de nuestra América, sensible a los tremendos problemas sociales y políticos de su tiempo y resguardadora también del misterio insondable y las revelaciones que hacer crecer la llama -la llama eterna de la poesía! Más allá de las fechas y lugares, más allá de los actos y los hombres, más allá de la historia, más allá de la propia ceniza.

Managua, abril 1991 27 junio 2006