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Martine Dreyfus: La casa de la piedra bocona. Presentación en El Ateneo de Madrid


Por: Fernando García Vicente

Catedrádico de Derecho, Universidad de Zaragoza. Fiscal y Justicia de Aragón


La casa de la piedra bocona. Presentación en El Ateneo de Madrid
Quiero comenzar mostrando mi satisfacción y agradecimiento por haber sido invitado a participar en este acto que celebramos en el Ateneo, cuya dilatada y prestigiosa trayectoria es ampliamente conocida por todos. Así como por estar con tan ilustres compañías, especialmente la del señor Embajador de Nicaragua, país entrañable y todavía más querido después de leer la novela de Martine. Si algo he aprendido en los viajes a Hispanoamérica es que no se puede entender ten España sin conocer las tierras hermanas del otro lado del Atlántico, que lo que diferencia a nuestro país dentro de Europa son los vínculos que tenemos con todo el mundo hispánico.

Si estoy hoy aquí no es porque sea crítico literario, profesor, jurista o Justicia de Aragón, sino por algo especial que me une al matrimonio Aisa - Dreyfus y que les voy a contar brevemente: Un verano en Dublín, a los dieciocho años, conocí a Martina, una chica simpática, con un original acento y forma de hablar; tenía el encanto de lo nuevo porque era nicaragüense y, además, se llamaba Dreyfus, lo que le daba algo de misterioso.

Un día me invitaron a un "party" y le propuse que me acompañara, con idea de pasar un buen rato y no voy a negar que un poco también por impresionar a mis amigos, y para mi sorpresa aceptó. Allí le presente a Manolo, lo demás lo hicieron ellos y no se lo puedo contar con detalle; lo que yo he hecho ha sido acompañarles con la satisfacción de ver que las cosas les iban bien.

Participo en este acto encantado, pero con cierto respeto, porque se trata de un libro y todo lo que he aprendido a lo largo de la vida se lo debo a la experiencia personal y a los libros, porque todo está en los libros.

Los libros representan cosas distintas en cada momento de la vida, los de la niñez, los recuerdo con ternura, especialmente, antes de dormir cuando le pedía a mi padre que me leyera un cuento. Era el momento de soñar y aun más de alcanzar la felicidad, porque como dice el escritor y crítico de cine Eduardo Torres Dulce la felicidad es alcanzar un sueño.
En otra etapa de la vida representan el estudio, el esfuerzo, el sacrificio
asociado al afán de aprender. Muchas veces me ha tocado elegir entre pasar una
tarde estudiando, o con los amigos o una chica que me gustaba. Les voy a contar lo que decía Joaquín Calvo Sotelo, Académico de la Lengua, en su libro: cinco
historias de opositores y cinco historias mas...

Cuantos habrán enamorado a un chico o a una chica contándoles lo que poco antes habían leído en un libro. El peligro es que el discurso del autor se acabe, y uno no tenga más recursos... pero esa es otra historia, que también puede acabar bien si el otro pone algo de su parte, porque en el amor hay que ser algunas veces ciego, sordo o mudo para aparentar que se comparte lo que no hay.
El compromiso de presentar un libro es mayor cuando se conoce a autora y además está presente, porque como dice José Antonio Escudero, catedrático de Historia del Derecho y académico de las Reales Academias de la Historia y de Jurisprudencia, no es lo mismo hablar de Reyes, Ministros o Justicias, sin estar ellos delante que teniéndolos al lado. Además aquí sucede como en la lectura de una tesis doctoral, que el doctorando sabe del tema mucho más que el Tribunal y por eso, muchas veces, tiene la impresión de que están olvidando lo más importante, innovador o polémico de su tesis.

Lo hago con el pudor que hay que tener al acceder a esa parte escondida que todas las personas tenemos. Cuando uno escribe una novela desnuda su alma porque descubre ante otros como piensa y, a lo mejor, como le hubiera gustado ser. Hay quien atribuye a los demás lo que le gustaría hacer en una determinada situación. Recuerdo a un compañero de curso que cuando le contábamos lo que habíamos hecho en el viaje de estudios de la Facultad a Austria nos preguntaba: "Bueno pero también conoceríais a algunas chicas y seguro que iríais a cenar y bailar..." y es que eso es lo que a él le hubiera gustado hacer si hubiera estado en nuestro lugar. Además, cuando se conoce a la autora y su forma de pensar, en la lectura, en algunos momentos, se tiene la impresión de estar dialogando con ella.

Este no es un libro de viajes; es el libro de una persona que ha viajado mucho, o dicho con más precisión que ha vivido en muchos sitios e inevitable y sutilmente se notan ciertas preferencias por Nicaragua y la ciudad de Granada que en la novela tienen un papel relevante, entran ganas de ir a verlas, de conocer in situ el verde esmeralda del mar, el sol luminoso, o Managua que "sin ser bonita tenía su gracia y se veía el palpitar de sus gentes"; aquí también se cumple esa regla de que cuando se tiene arraigo en un sitio siempre se tiende a volver, y que en un mundo globalizado el tener arraigo es muy importante. Se aprecia también cierta debilidad por Francia, de donde proceden los Dreyfus y donde se formó su leyenda, en la que se cruzan, con cierto misterio, la política francesa e internacional, el espionaje, el pueblo judío y su largo peregrinar que tanto han influido en la historia de esta familia. También tiene su lugar Nueva York, donde han vivido Jorge y su mujer, tan importantes en la vida de Manuel y Martina, y los Países Nórdicos donde, creo recordar, residió una de sus hermanas.. Aparece, aunque poco, Valladolid y mucho más los campos de Castilla descritos en ocho líneas de una forma bonita, y se nota que les gusta el vino blanco de Rueda. Aragón aparece al final cuando la autora introduce el Moncayo para dejar en él las cenizas dé un muerto. La presencia más importante de Manuel está en la dedicatoria.
No es su primer libro, es el tercero, y eso se aprecia, así como que ha dedicado tiempo escribirlo. El lenguaje es rico y utiliza muchas palabras nicaragüenses. Está muy elaborado, tiene un estilo literario muy cuidado y directo.

Narra la vida de unos personajes sencillos, pero llenos de vida y con gran cantidad de matices. Potencia lo bello que hay en las cosas que nos rodean día a día en un aroma, en un sabor, en un detalle, dice: "Esa belleza que sólo se puede percibir cuando se tiene sensibilidad y tiempo para recrearse en ella". La autora utiliza a menudo la expresión "muchachita linda", quizás es porque le gustan las personas bonitas dentro del deseo de buscar lo bueno de la vida. En esa línea su estilo es comedido no cuenta las cosas de una forma desgarradora; podría recrearse más en la situación del marido que abusa de la mujer, de la hija y de la pobre niña que trabaja en la casa y sin embargo sólo cuenta lo justo, por ejemplo cuando dice: "Alba con su cuerpo quebrado era como una muñeca rota" "Quiso esconderse en alguna parte donde no le encontrara el dolor, pero eso es imposible".

Hay pinceladas del realismo mágico de García Márquez, porque da mucha importancia al misterio, los espíritus, maldiciones, gigantes, hadas, castigos, premoniciones, vuelos hacia lo desconocido o a todo lo sobrenatural porque no se puede controlar. Parece que desde el escudo hasta la última estancia de la casa de la Piedra- Bocona están impregnados de ellos.
Pero el libro también contiene un relato de actualidad, hecho como una crónica periodística. Así, narra la situación de Nicaragua o el 11 de septiembre. Llama la atención la capacidad que tiene Martine para detener el relato en un momento, casi en seco, recreándose en los más pequeños detalles y a continuación acelerar al máximo contando en cuatro líneas media vida de uno de los personajes o el porqué de cosas complejas; por ejemplo cuando narra que uno de sus personajes con cincuenta años se separa porque descubrió que su mujer nunca le quiso y que lo único que pretendió de él fue rascar todo lo que pudo.

La novela tiene una serie de personajes cuya forma de ser o de pensar se asemeja a la de otra mucha gente. Actúan de forma sencilla y con pragmatismo ante dificultades muchas veces insuperables y con las que tienen que convivir. Hay frases, como la de Mauricio que hacen pensar: "la muerte es algo real, pero el saberla, a fecha fija cambia la perspectiva, hace que ya no sea la muerte sino tu muerte". Pero en otros casos más optimistas como en esa conversación en el que una chica le dice a otras: "Yo nunca he tenido novio porque los hombres son muy raros - y la otra le contesta - en eso de raros tienes razón, pero son necesarios, y todas sonrieron maliciosamente".

La casa no es sólo una estructura o un lugar de cobijo, es un personaje mas de la novela dando la impresión de que en cada momento, vive, duerme, siente, respira, se hace melancólica o sufre con la muerte y se ilumina con el canto de los pájaros y con los gritos y la sonrisa de los niños. Tiene una atracción especial, por eso, incluso cuando suceden tragedias, nadie quiere abandonarla porque como dicen: "esa era su casa". Es el vínculo que une a los personajes. En Aragón también es así, por eso la historia de las familias y del mismo Aragón sólo se entiende conociendo la de las casas que la componen. Todavía hoy hay importantes, médicos, abogados o rectores de Universidad que en su pueblo los reconocen mas por pertenecer a tal o cual casa que por lo que son o por su apellido, por eso dicen es de la casa de los "Antoñicos" o de los "Herreros".

Es una novela en la que están presentes los cinco sentidos. La vista, al describir los paisajes, cafetales, atardeceres, puestas de sol y el mar del trópico con la arena ardiente y el agua tibia, o los macizos de flores. Se escucha en la casa y su jardín, como en la canción, el sonido del silencio o la falta de ruido de las tórridas tardes y noches del trópico; el del piano, el estruendo de las óperas, el trinar de los pájaros o el gemido de las sirenas del 11 S. o el sonido de las "hojas doradas cuando caen y el viento las arrastra de un lado para otro"; o el del violín que tocaba su madre o el de los pasos de su padre o los suspiros de amor de las noches de verano. Se huelen los aceites aromáticos de las mujeres, las estancias y las lámparas; el del café o el del pan fresco o el de las frutas tropicales. Es fácil imaginar el sabor dulzón de los platos hechos con pocos medios, o el de las frutas como el plátano frito y los guacamoles o él más lujoso de las langostas con salsa rosada adornada con perejil y frutas dulces. En algún momento se dice se amaban "saboreándose como quien cata un buen vino". El tacto está presente en las escenas de amor. Cuenta de unos amantes que: "su único deseo era sentir el calor y el roce de su piel" o "sabes mi amor, yo todas las noches te cincelo con mis manos o mi boca". Aunque hoy, lo normal es que los protagonistas de estas escenas sean personas jóvenes, en esta obra también se presta atención a las personas que teniendo mas experiencia más que edad, conservan la ilusión por vivir con la mente y con el cuerpo. Dice la autora que "La edad le permitía controlar su pasión saboreando el ritmo de su amante hasta que ella le pidió, le suplicó el éxtasis" Pero también hay muchas caricias hechas con ternura de una madre a su hijo o a su niña y al revés; o del Chino con su tío Pancho. El amor, algunas veces el rechazo, es otra de las constantes del libro porque es lo que une o separa.

Es un libro que se debe leer despacio, para sacarle todo el partido, porque está lleno de sensibilidad, porque un libro es como un amigo que te acompaña en la vida incluso cuando está en la biblioteca de casa. Ha venido conmigo casi un mes y he viajado con él desde Zaragoza a Chile.

Para terminar quiero destacar de este libro su optimismo. Las palabras claves son nacer, volver a vivir, soñar. La vida siempre se puede volver a empezar. Para eso hace falta valentía especialmente en las mujeres, que son las verdaderas protagonistas y es que este es el libro de lo que pasa dentro de una casa y de una familia y en esa esfera el papel de la mujer es siempre él más relevante. Les invito y animo a leerla.

Presentación en el Ateneo de Madrid.

Escrito en Zaragoza,España, 23 de septiembre de 2004. 27 septiembre 2010