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Colectiva: Poetas surgidos en las décadas 80, 90 y el nuevo milenio


Por: Juan Sobalvarro

Escritor nicaragüense


En esta ocasión vamos a hablar de los cambios fundamentales por los que ha pasado la poesía nicaragüense en los últimos treinta años. Es decir, haremos un rápido recuento de los poetas surgidos en las décadas de los 80, 90 y 2010. Para esto, es inevitable volver la mirada al modernismo y la vanguardia y valorar la incidencia que tuvieron en procesos posteriores a ellos.

Primero, vale anotar que la literatura nicaragüense moderna apenas tiene un siglo de desarrollo, si se toma como punto de partida al modernismo y a su máximo exponente Rubén Darío. Fue en 1888 que se editó por primera vez Azul. El dato es relevante, porque si se toma en cuenta que el modernismo fue el primer movimiento literario espontáneo de Hispanoamérica, también es un indicativo de que el desarrollo de toda la literatura hispanoamericana fue irregular. Por ejemplo, mientras en unos países surgían los movimientos de vanguardia, en otros aún estaban en boga los poetas modernistas.

Y, mientras a principios del Siglo XX, las vanguardias europeas y las emergentes vanguardias hispanoamericanas tenían como preocupación principal adaptarse y desarrollarse en el mundo moderno, reclamando la libertad creativa como forma de expresión y forma de vida, rompiendo con esto sus lazos con el mundo clásico; por su parte, la vanguardia nicaragüense se empeñó en consolidar un discurso nacionalista. Cosa que en Europa hicieron los románticos, los que se encargaron de definir y cerrar las identidades nacionales del viejo continente.

Escritores como Octavio Paz han establecido ciertas similitudes entre los románticos europeos y los modernistas hispanoamericanos: “El modernismo es un verdadero comienzo. Como el simbolismo francés, el movimiento de los hispanoamericanos simultáneamente fue una reacción contra la vaguedad y facilidad de los románticos y nuestro verdadero romanticismo”[1]. Pero lo cierto es que los modernistas no se centraron en definir nacionalidades, primero porque tenían que reafirmar la independencia de las repúblicas emergentes, que además eran muy inestables; segundo, porque sentían la necesidad de afirmarse como ciudadanos de occidente y ya no presentarse como seres subordinados de occidente. Por ambas cosas, el modernismo al final resultó ser un movimiento de autonomía lingüística, los modernistas se declararon en posesión de una cultura, pero sobre todo de un idioma.

Perfil de nacionalidad

De modo que, al menos para el caso nicaragüense, fue hasta que surgió el movimiento de Vanguardia que se empieza a diseñar desde la literatura un perfil de la identidad nacional. Un perfil arcaico condicionado por la posición socioeconómica de los vanguardistas que provenían de la oligarquía conservadora granadina.

Los vanguardistas basaron su definición en la idea de que el nicaragüense era producto del mestizaje. Con la palabra mestizaje ellos simplificaban la fusión del español con el indígena como un proceso totalizador. Es decir, quedaban fuera las comunidades indígenas originales sobrevivientes y los grupos culturales emergentes del encuentro entre negros, indígenas e ingleses.

Además del concepto de mestizaje, los vanguardistas utilizaron como elemento fundamental de su definición del nicaragüense la lengua hablada. En muchos casos recurrieron en su literatura al uso de modismos o regionalismos. De allí que fue el primer movimiento que tuvo inclinaciones a favor de una poesía coloquial. Como todo movimiento nacionalista, la vanguardia nicaragüense también tuvo preocupaciones políticas, las que para el caso se centraron en un interés por el poder político. En su momento, los vanguardistas se propusieron tener incidencia en los destinos políticos del país y en su trayectoria, el grupo manifestó simpatías por Sandino y el anti intervencionismo, y después por Somoza. Es así que la vanguardia dejó como legado a las posteriores generaciones poéticas, una poesía que hacía uso del lenguaje hablado, que tenía referentes del realismo y la narración, como las descripciones detalladas y el uso de nombres. Y que tomaba elementos del folclor. Además, son los vanguardistas quienes promueven la idea de que la poesía es parte de la identidad del nicaragüense.

Es así que caben afirmaciones posteriores, como la de Julio Valle Castillo, que en la antología El siglo de la poesía en Nicaragua, afirma que: “La poesía fundó Nicaragua y la dotó de lengua y libertad expresiva. La poesía es uno de los elementos claves, sino la clave en la constitución de su nacionalidad, de su identidad: es su memoria, su texto sagrado y su habla cotidiana, su conciencia y su inconsciente colectivo, su cultura, sino el óptimo producto cultural”[2].

Podría afirmarse que este proceso de construcción de una identidad nacional y de compromiso con los destinos políticos del país, alcanza su madurez literaria, y especialmente en la poesía, con la elaboración teórica del llamado exteriorismo. Exteriorismo fue el concepto que José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal idearon para caracterizar lo que ellos consideraban era la poesía nicaragüense. En la definición del exteriorismo fue fundamental el prólogo de Ernesto Cardenal para la antología Poesía nicaragüense compilada por él mismo (Primera Edición: Editorial Lohle, Buenos Aires, 1971). Decía que: “El exteriorismo es la poesía creada con las imágenes del mundo exterior, el mundo que vemos y palpamos, y que es, por lo general, el mundo específico de la poesía. El exteriorismo es la poesía objetiva: narrativa y anecdótica, hecha con los elementos de la vida real y con cosas concretas, con nombres propios y detalles precisos y datos exactos y cifras y hechos y dichos”[3].

Podemos notar que todas las anteriores, son las características de la literatura realista. Vale subrayar que el exteriorismo es continuidad de la etapa nacionalista por la que pasaron los vanguardistas, en la que establecieron el modelo del nicaragüense como un producto del mestizaje entre españoles e indígenas, se nutrieron del habla nicaragüense y de las tradiciones, se interesaron en la política primero como simpatizantes de Somoza García y luego como críticos de la dinastía, además se manifestaron contra la presencia estadounidense en Nicaragua. Como heredero de estas preocupaciones, el exteriorismo se proponía también como una poesía de compromiso político, específicamente antisomocista y antiimperialista. Así lo definía Cardenal en el prólogo ya citado: “El antologista es de los que creen que la literatura sola, la literatura por la literatura, no sirve para nada. La literatura debe prestar un servicio. Debe estar ?como todo lo demás en el universo? al servicio del hombre. Por lo mismo, la poesía también debe de ser política. Aunque no propaganda política, sino poesía política”.[4]

Si bien el concepto de poesía exteriorista sirvió para definir a una parte de la poesía escrita por nicaragüenses, habría que decir con justicia que otra buena parte de la poesía escrita por nicaragüenses se sale del canon. Es de ahí que desde la vanguardia hasta la década del 80 se mantuvo la costumbre de contraponer de manera espontánea los términos exteriorismo e interiorismo. Refiriéndose con interiorismo a una poesía lírica, es decir, una poesía que habla del individuo, sus sentimientos, sus emociones, su visión individual. El término interiorismo también señalaba negativamente el carácter subjetivo de la poesía, ya que se consideraba que la exteriorista era una poesía objetiva, y la más idónea en el contexto político en el que se demandaba el compromiso de los intelectuales a favor de la lucha antisomocista y luego de la revolución. El término interiorismo también hacía referencia al uso asiduo de metáforas y simbolismos, elementos literarios de los que prescindió Ernesto Cardenal en la constitución teórica del exteriorismo, modelo que puso en auge por medio de los talleres de poesía que impulsó durante la década del 80, durante su ejercicio como Ministro de Cultura.

De modo que se puede decir, que la poesía nicaragüense desde la vanguardia hasta la década del 80, se ocupó de los grandes temas nacionales, tales como: la identidad del nicaragüense, la construcción de una nacionalidad, el antiimperialismo, el antisomocismo, la revolución, las libertades públicas y la democracia. Para Valle Castillo, este proceso nacionalista iniciado con la vanguardia, se cierra en la década del 80 con la revolución Sandinista. Es al menos este criterio con el que confecciona la antología El siglo de la poesía en Nicaragua. En la que afirma: “Bien puede hablarse de una tradición poética nacional, continua, vigorosa y nueva (…). De aquí que, en este tránsito del siglo XX al XXI, se hiciera urgente y necesario confeccionar una antología, que abarcara el tiempo que esta poesía irrumpió, se desarrolló, definió sus características y configuró sus aportes, o sea, un siglo, desde 1880 hasta 1980. De aquí el título: El siglo de la poesía en Nicaragua”[5].

Rediseño y alejamiento del canon

Pero la década del 80 no es sólo la culminación de este proceso, sino también el inicio de un nuevo periodo. En la década del 80 surgen poetas que escriben poesía dentro del canon exteriorista y a la vez, empiezan a desarrollar una poesía con recursos líricos. Esto no indica que poetas de décadas anteriores no lo hayan hecho, pero durante el auge del exteriorismo que concluyó con los Talleres de Poesía, la producción poética de algunos escritores de la década del 80, vino a ser una modesta recuperación de esos valores literarios que habían sido desplazados. Es necesario tener en cuenta, que muchos de los poetas surgidos en la década del 80, publican su primer poemario hasta la segunda mitad de la década del 90.

Sin embargo es válido anotar que la década del 80 dio la bienvenida a poetas como:
William Valle Picón (1958): se inició en los talleres de poesía del Ministerio de Cultura en los años 80. Ha publicado el libro de poemas Paraíso de las vidas Frustradas (1995).

Manuel Martínez nacido en Managua en 1955, su producción literaria además poesía incluye cuento, novela y crónicas. Su primer poemario Tiempo, lugares y sueños fue finalista del Premio Latinoamericano de Poesía Rubén Darío, convocado por el Instituto de Cultura en 1986. Otros poemarios suyos son: Engranajes del tiempo (1997), Canción para Eva (2001).

Carlos Castro Jo (1960) ha publicado Al margen de lo visible (2001) e Insomnios y soliloquios (2009).

Erick Aguirre (1961): en su haber se incluyen crítica literaria, novela y poesía. Sus libros de poesía publicados son: Pasado meridiano (1995) y Conversación con las sombras (2000). Con el libro de poemas La vida que se ama, obtuvo el Premio Internacional de Poesía Rubén Darío 2009, convocado por el Instituto Nicaragüense de Cultura. Pasado meridiano es quizá el libro que mejor refleja esa transición entre auge y declive revolucionario, entre poesía realista y lírica; además, el paso de la juventud a la edad de madurez.

Félix Navarrete (1964) aunque debutó como poeta en la década del 80, su primer poemario Placeres del Ocio fue publicado en 2004. Una colección de poemas algunos en prosa, la mayoría en verso libre, que hablan de la vida personal del autor, el amor, las pequeñas tragedias cotidianas, imágenes cinematográfica a ratos de viajes realizados, donde el ojo humano enriquece la realidad y la personaliza.

Emilio Zambrana (1963) ha publicado Crepúsculo y precipicio (2008).

Linda Wong Valle (1958), es poeta y narradora. Entre sus publicaciones figuran: Del alma al tálamo (1979). Temblor (1991). Postre (1998). Besos (1999). Emociones (2003).

Gustavo Adolfo Páez (1954-2003): los libros de poesía que publicó son: El límite del tiempo (1997); Sueño, luego existo, (2001).

Marianela Corriols (1965), en la década del 80 participó en los grupos literarios Apante de Matagalpa y Perfil de León. Su poesía incluye libros como: Mujer Luna (1995), Conversaciones Elementales (1995), Geometría de la mujer. Antología poética 1985-2005 (2006); y La ciudad infinita (2010).

Carlos Calero 1953. En los años ochenta trabajó en los Talleres de Poesía en el Ministerio de Cultura y en su momento llegó a ser el coordinador de esos talleres. Pero contrario a lo que se podría esperar y a lo que se predicaba en los talleres de poesía, la obra de Calero está llena de profundas abstracciones y metáforas que la acercan más al lirismo que a la poesía de compromiso político. Su primer libro de poesía fue El humano oficio (2000). Le continuaron La costumbre del reflejo (2006); Paradojas de la mandíbula (2007); y Cornisas del asombro (2008).

Pedro Xavier Solís (1963): su obra incluye ensayo y cuento. En poesía tiene publicado Oyanka: el nuevo camino (1986) y Poemas del éxodo (1992). Ariel Montoya (1964): sus libros de poesía son: Silueta en fuga (1989) y Perfil de la hoguera (2001).

Sobre todo a partir de la década del 90, las clasificaciones generacionales divididas por la cronología empiezan a ser menos válidas y más confusas, especialmente porque en los 90 surge una serie de poetas tardíos, mientras que otros suelen ser situados unas veces en los 80 y otras en los 90. Al final este modo de clasificación lo único que marca es la fecha de aparición de determinados poetas, pero marcada más por su surgimiento en publicaciones periódicas que por la publicación de un primer libro. Sin embargo hay un grupo de poetas que por su primer libro publicado pueden ser situados en los 90, tal es el caso de:

Karla Sánchez (1958) con poemarios como El Árbol que crece en el centro de la sala (1995), A luz más cierta (1999) y Estancia habitual (2008). Además tiene publicada una novela. En algún momento escribió Álvaro Urtecho de su poesía lo siguiente: “las sensaciones transmitidas por la poesía de Karla Sánchez son tan físicas y fisiológicas que constituyen algo así como una radiografía en donde no sólo podemos observar los diversos fragmentos de la materia desgarrada y en carne viva, sino al propio espíritu como en realidad es: etéreo, en fuga, en lo inasible, en la oquedad permanente: una ausencia que revela siempre una presencia”[6].

Juan Carlos Vílchez (1952): Autor de los poemarios: Viaje y círculo (1992), Bestias de papel (1995), Versiones del Fénix (1999) y Zona de perturbaciones (2002). Álvaro Urtecho definió su poesía así: “Definitivamente que Vílchez es un poeta de las edades originarias, de las aguas primordiales que se mueven en la formación y evolución de los astros y planetas: aguas que se convierten en océanos y ríos, en vientres fecundos, en magmas de erupciones escandalosas, líquidos seminales y oquedades aullantes”[7].

Nicasio Urbina (1958): catedrático, poeta, narrador y crítico. Tiene publicado Sintaxis de un signo (1994). De su primer libro de poesías escribió Edwin Sánchez: “Es un libro evidente de la propia naturaleza del autor, concebido, podríamos decir entre el verbo y la metáfora, el decir y la imagen”[8].

Blanca Castellón (1958): en poesía cuenta con los libros Ama del espíritu (1995), Flotaciones (1999), Orilla opuesta (2000) y Los juegos de Elisa (2005). De su poesía opinó Gioconda Belli: “una poesía que no trata de explicar el mundo, si no que más bien parte de aceptar lo inexplicable como un hecho inevitable de la existencia; un hecho poético además. La poeta es entonces observadora que sólo confía en aprehender la irrealidad y hacer con ella un lenguaje que le permita respirar”[9].

Isolda Hurtado (1957): Silencio de alas (1999), Florece el naranjo (2002) y Poemas (2004), Brisa y júbilo (2007)son los poemarios que ha publicado. De su poesía afirma Fanor Téllez: “se puede señalar en ella la tendencia a privilegiar el ritmo y la música que la aleja del tono conversacional y prosaico y le permite redondear en textos breves la unidad del poema, como unidad emotiva”[10].

María Amada Rivas (1956). Ha publicado Emergiendo (1995), Sola, mientras tanto (2003) y Líquido (2007).

Ninfa Farrach (1958) ha publicado Con el tiempo en silencio (1983).

Milagros Terán (1963), entre sus poemarios están Las luces en la sien (1993), Plaza de los Comunes (2001) y Sol lascivo (2007).

Por al menos una parte de su poesía, todos estos poetas pueden ser situados dentro de una línea poética lírica, cada uno con una voz y estilo particulares.

Década del 90: 400 Elefantes

Pero cabe destacar, que la década del noventa también tuvo una serie de poetas jóvenes debutantes, que surgieron como agrupación y que luego evolucionaron en la edición de una revista. Fue este el caso del grupo Imagen y posteriormente el de 400 Elefantes. Dos ejes que marcaron la década completa.

La década del 90 fue la del fin de la guerra fría. Lo que para Nicaragua fue particularmente significativo, ya que significó el fin de una guerra civil que había sido auspiciada por las potencias. La década del 90, además, fue la de la expansión de la revolución tecnológica y la de la globalización. La expansión de la revolución tecnológica significó la introducción de dos elementos de importante efecto masivo, uno fue la popularidad que lograron las computadoras unipersonales y el otro fue la internet. Dos cosas que modificaron el ritmo de la comunicación y la escritura.

A principios de la década del 90 surgió el grupo Imagen (Imposible Agrupación de Escritores Nocivos). Un núcleo de poetas universitarios que con cierto humor se insinuaba como irreverente. La trascendencia del grupo es que fue el primero que manifestó, quizá de manera casual, lo que sería el rasgo dominante en el surgimiento de los nuevos poetas y de la poesía hasta el día de hoy: la diversidad.

Diversidad, en este caso, quiere decir que los poetas emergentes no se adhieren a una tradición literaria específica, sino diversa. Igual no se adhieren a una escuela literaria, ni nueva, ni vieja, ni tienen como referente apremiante la poesía que se está escribiendo en un país o continente determinado, sino que tratan de alimentarse de toda la literatura que les sea posible.

Imagen estuvo integrado por Carola Brantome, Tania Montenegro, Marta Leonor González, el salvadoreño Otoniel Guevara y Frances Daly Montenegro, entre otros. De ellos, Tania Montenegro y Frances Daly Montenegro han publicado sólo en revistas y antologías, el resto tiene libros publicados. Otoniel Guevara regresó a su país donde ha publicado profusamente. El grupo se dispersó en 1993.

De los integrantes de Imagen destacan Carola Brantome (1961), con poemarios como: Más serio que un semáforo (1995), Marea convocada (1999) y Si yo fuera una organillera (2003). Una poesía comprimida por el rigor y llena de simbolismos en la que se entrecruzan la sexualidad erótica, el tema amoroso y el sujeto lírico. Vale mencionar que aunque Brantome publicó desde muy joven, especialmente en La Prensa Literaria, fue una de las protagonistas en el ambiente poético emergente de los 90.

Tania Montenegro (1969) no ha publicado libro. El trabajo poético de Montenegro forma parte de las antologías Poesía de fin de siglo Nicaragua-Costa Rica (2001); Cruce de poesía Nicaragua-El Salvador (2006); y la edición bilingüe inglés-español, Ruben’s Orphans (2001). Asimismo sus poemas figuran en revistas y suplementos literarios, entre ellos 400 Elefantes y Artefacto. Su poesía destaca por el uso de un lenguaje no convencional, con juegos de palabras que reelaboran su significado a través de repeticiones y contrastes. Su poesía es menos convencional por su contenido que cuestiona y pone en duda los roles sexuales y sociales preestablecidos. Respecto a generaciones anteriores es un más allá en la lucha por los espacios de la sexualidad.

Frances Daly Montenegro (1968) no tiene publicado libro de poesía, sin embargo su poesía integra las antologías Poesía de fin de siglo Nicaragua-Costa Rica (2001); y la edición bilingüe inglés-español, Ruben’s Orphans (2001). Asimismo sus poemas figuran en revistas y suplementos literarios, entre ellos 400 Elefantes y Artefacto. Cabe destacar que la poesía de Montenegro podría calificarse como la primera poesía sexual en Nicaragua, no se trata del tradicional erotismo que hace fortuna en sutilezas y simbolismos como frutas o paisajes, sino sexo al que se hace referencia con cierta literalidad y en un tono de orgiástica comedia con marcado énfasis homosexual, con el probable propósito de escandalizar y trivializar, es decir, al final la poesía de Montenegro deja claro que el sexo no tiene nada de escandaloso.

Marta Leonor González (1972), con poemarios como Huérfana embravecida (1999) y La casa de fuego (2009) se estableció tempranamente como una poeta de marcado expresionismo. Desde Huérfana embravecida, en la que se conjuga la furia con una estética de lo feo, que llega a tener por momentos rasgos de oscura sensualidad, hasta La casa de fuego en la que pone en crisis el concepto convencional de familia promovido como eje incuestionable de la sociedad puritana, la voz de González se establece con un tenso dramatismo.

Una vez disuelto el grupo Imagen, surge en 1995 la revista 400 Elefantes, fundada por Marta Leonor González, Juan Sobalvarro y Carola Brantome quien participó en la revista hasta la segunda edición. 400 Elefantes además de servir como espacio de lanzamiento de la nueva poesía, era también una revista de discusión que proponía quemar los viejos esquemas en la producción e interpretación de la literatura.

Además, integraron la revista en lo que podría considerarse una primera etapa: Luis Enrique Duarte, Frances Daly Montenegro y el escritor Leonel Delgado. En una segunda etapa figuraron los poetas Ezequiel D’León Masís y Abelardo Baldizón, dos poetas que formarían parte de una promoción siguiente y que sin duda contribuyeron en reforzar el carácter irreverente que la revista tuvo desde su inicio.

Por su parte, Juan Sobalvarro (1966), tiene publicado además de cuento, testimonio y artículos literarios, el poemario Unánime (1999), una colección que toca temas como: la individualidad, la guerra, la urbe tercermundista y el mundillo literario.

Luis Enrique Duarte (1975), que sería el de menor edad en la generación del 90 ha publicado Es un clamor que aclara (2009), una colección de poemas desoladores que con calibrado ritmo desnudan el fracaso, los desencuentros, la artificialidad del mundo contemporáneo y sus ilusiones virtuales.

Aunque Héctor Avellán (1973) no integró 400 Elefantes, surgió en el mismo contexto y en relación con los integrantes de la revista. Su poesía hasta el momento registra dos libros publicados: Las ciruelas que guardé en la hielera (2000) y La mala uva (2003). Podría decirse que su poesía retoma los elementos de la poesía objetiva de Ernesto Cardenal, pero parcialmente. Avellán utiliza con frecuencia un lenguaje literal, con el mínimo de palabras, pero esa aparente objetividad la cierra con elementos emocionales y con metáforas que se inclinan a una subjetividad interior, con lo que logra darle otra dimensión al lenguaje objetivo y le desentraña nuevos sentidos a cosas convencionales.

Otro poeta que permanece inédito y que también está incluido en las antologías Poesía de fin de siglo Nicaragua-Costa Rica (2001), Cruce de poesía Nicaragua-El Salvador (2006) y la edición bilingüe inglés-español, Ruben’s Orphans (2001) es Serdán Zelaya (1965). Su poesía de carácter simbolista habla de la reconstrucción de la esperanza y el mundo por medio de las cosas sencillas. Es quizá la poesía más optimista y conciliatoria surgida en los 90, lo que la hace muy particular.

En los 90 también despuntan poetas como Esthela Calderón (1970). Sus poemarios se distinguen con títulos como Soledad (2002), Amor y Conciencia (2004) y Soplo de corriente vital -poemas etno-botánicos (2008). Moisés Elías Fuentes (1972) ha publicado De tantas vidas posibles (2009).

Henry A. Petrie (1961). Poeta, narrador y ensayista. Ha publicado los poemarios Alma navegante (1995), Penacho de ilusiones (1997) y Urbanidad Marginal (2009). Su poesía va y viene entre la exterioridad y la interioridad como dos fuerzas tensas, muchas veces en discordia. El tono a veces exaltado de su poesía acusa esa tensión que se llena de símbolos telúricos.

Edgar Escobar Barba (1954). Aunque su trayectoria juvenil la desarrolló en México, se insertó en la escena literaria nacional en la década del 90, fundando talleres y grupos literarios. Es un escritor multifacético, en poesía ha publicado Cántaros (2002) e Intimidades nocturnas / Más que vago peregrino (2003).

María del Carmen Pérez Cuadra (1971), tiene publicado un libro de narraciones. Su poemario Diálogo entre Naturaleza Muerta y Naturaleza Viva más algunas respuestas pornoeroticidas: recibió una mención del I Concurso Nacional de Poesía Escrita por Mujeres Mariana Sansón, 2003. En 2005 recibió una mención en el Primer Concurso Nacional de Poesía Escrita por Mujeres Mariana Sansón por el poemario Monstruo entre las piernas y otras escrituras antropomorfas. Su poesía permanece dispersa en revistas y antologías, una de ellas Cruce de poesía Nicaragua-El Salvador (2006).

Helena Ramos (1960), que se ha perfilado también como crítica y es autora de los poemarios Río de sangre será mi nombre (2003) y Polychromos (2006).

Helen Dixon (1958), quien ha publicado Vuelo sobre el abismo / Flight over the abyss (2003) y Olympia /Olimpia (2008). Rhanfis Silva (1975) ha publicado Existen días en que el mundo se cae (2000).

En los 90 también debutaron poetas como Danilo López (1954), con Antología de Tarde (1991), Return to Guatemala (1992), Dead Souls (1994), 18 Poems (1996), Génesis y otras fantasías (1996) y God, Woman & Country (2000).

María Lourdes Centeno (1932). Pintora, actriz, autora del poemario Vertical en el silencio (2003).

Mercedes Gordillo (1938) ha publicado cuento, novela y el libro de poemas en prosa Una mujer con sombrero (1999).

Yolanda Rossman (1961) con dos poemarios publicados Lágrimas sobre el musgo (2008) y Nocturnidad del trópico (2010). Ninozka Chacón (1947). Poeta, narradora que ha publicado Perfume de luna (2003) y Rostros (2008).

Porfirio García Romano (1958) ha publicado Primera carta esencial (1997).

Además los poetas leoneses Juan Centeno (1957). Médico. Ha publicado el libro Amorexia. Poemas y cuentos de fin de siglo (1998). Enrique Langrand (1963). Pertenece al grupo literario Fragua de León. Ha publicado Emociones desaprensivas (2008). Jaime Buitrago Gil (1953). Miembro fundador del Grupo Fragua. Ha publicado Con las botas puestas (1980). Denis Pichardo (1954). Ha publicado Otoños (2009).

En 1991 se formó en León el grupo Espjo, fundado por Marcia Ondina Mantilla (1966), Juan Bautista Paiz (1956) y Alberto Juárez (1964). La poesía de los tres se encuentra dispersa en distintas publicaciones periódicas y antologías. Además editaron la antología del grupo ESPJO Poesía (1997), en la que también incluyeron a Michelle Mimo (1953).

El nuevo milenio

A finales de los 90 surge una segunda promoción de poetas. Algunos se acogieron a grupos y otros continuaron individualmente. El grupo más notable fue el que se reunió en la revista Literatosis que surgió en 1999 y estuvo integrada inicialmente por Chrisnel Sánchez, Francisco Ruiz Udiel, Missael Duarte y Ulises Huete, entre otros. En una segunda etapa se integrarían Rodrigo Peñalba, José Adiak Montoya, Eunice Shade (Eunice López) y William Grigsby Vergara, entre otros.

Tanto Peñalba como Sánchez se perfilaron como narradores. Una vez disuelto Literatosis surgió Marca Acme liderado por Peñalba y Shade con el espacio literario y cultural más importante en internet para esta promoción de poetas.
Los libros de Francisco Ruiz Udiel (1977-2010) son Alguien me ve llorar en un sueño (2005) y Memorias del agua (2011).

Ulises Huete (1978). Poemas suyos han sido publicados en Muestra de Poesía joven de Nicaragua, Retrato de Poeta con Joven Errante (2005), Memoria I Festival Internacional de Poesía de Granada (2006), Poetas, pequeños Dioses (2006) y Cruce de poesía (2006). En 2005 ganó el Primer Lugar de Poesía del certamen universitario Carlos Martínez Rivas de la Unan-Managua.

Misael Duarte (1977) ha publicado Líricos instantes (2006) y Lienzos de la otredad (2010).

José Adiak Montoya (1987) ha publicado Eclipse: Prosa & Poesía (2007). También ha publicado una novela.

Eunice Shade (1980) tiene publicado un libro de cuentos y el poemario Escaleras abajo (2008).

William Grigsby Vergara (1985) perteneció al equipo de Marca Acme, ha publicado Versos al Óleo (2008) y Canciones para Stephanie (2010).

Otros poetas surgidos de la misma promoción son:

Douglas Téllez (1971), ha publicado Inscripciones en una pipa sagrada para los muros del Empire State y otros poemas (2003).

Daniel Ulloa (1973) ha publicado In púribus (2001).

Jazmina Caballero (1977) ha publicado Epicrisis (2007).

Andira Watson (1977) ha publicado Más Excelsa que Eva (2002) y En casa de Ana los árboles no tienen culpa (2009).

Gabriel Moreno Salmerón (1978) ha publicado No alcanza la vida (2007).

Yaoska Tijerino (1979) ha publicado Treinta veces Isha (2010).

Gema Santamaría (1979) ha publicado Piel de Poesía (2002), Antídoto para una mujer trágica (2007) y Transversa (2009).

Emila Persola-Martín Mulligan (1979) ha publicado Poemas rojos y amarillos (2009).

Irving Cordero (1979) ha publicado Los portales del limbo (2005) y Muerte de mis muertes (2009).

Abelardo Baldizón (1980) ha publicado Del matadero (2000).

Jimmy Javier Obando (1981) ha publicado el poemario Naufragio de mis Ilusiones (2009).
Rafael Mitre (1981): su poesía ha sido antologada en Cruce de poesía Nicaragua-El Salvador (2006) y en Poetas, pequeños Dioses (2006).
Álvaro Vergara (1982) ha publicado Conflagración Caribe (2008).
Víctor Ruiz (1982) ha publicado La vigilia perpetua (2008), su poesía ha sido incluida en las antologías Cruce de poesía (2006) y Novísimos (2006).

Alejandra Sequeira (1982) ha publicado Quien me espera no existe (2006).

Ezequiel D´León Masís (1983) ha publicado Trasgo (2000) y La escritura vigilante (2005).

Ana Gabriela Padilla (1984) tiene inéditos dos libros de poesía: Noctívagos. Con la selección Aedes y otros poemas, obtuvo el segundo lugar, en el certamen interuniversitario Carlos Martinez Rivas de la Unan-Managua.

Hanzel Lacayo (1984) ha publicado Discrepancias (2001) y Días de ira (2008).

William Grigsby Vergara (1985) ha publicado Versos al óleo (2008) y Canciones para Stephanie (2010).

Gloria Palacios (1986) ha publicado el libro de cuentos y poemas en prosa La mujer andante (2010).

Carlos Fonseca Grigsby (1988) ha publicado Una oscuridad brillando en la claridad que la claridad no logra comprender (2007).

Mario Martz (1988) ha publicado Viaje al reino de los tristes (2010).

De los poetas surgidos en el periodo que se extiende desde finales de la década del 90 hasta el presente vale, destacar a algunos de ellos:

Gema Santamaría, una poeta que se ha desarrollado básicamente en México y que ha evolucionado hasta lograr un estilo en el que el ritmo es primordial, y por medio de simbolismos y metáforas logra establecer la complejidad de su ser mujer.

Ezequiel D’León Masís se ha exhibido como un poeta preciso en la forma y el ritmo, agudo en ideas y sorprendente en sus referencias textuales.

Francisco Ruiz Udiel con su lirismo angustiado y eficaz para su tiempo. Un lirismo en el que se funden la tristeza, la desesperación, la ternura y a veces la rabia.

Alejandra Sequeira, que en su primer libro se decanta por la brevedad y la sencillez del lenguaje, pero puntuado por certeros símbolos, graduado con pocas y meticulosas metáforas y con cierres certeros y sin divagaciones.

Y por último, Carlos Fonseca Grigsby, quien logra ahondar con la suficiente carga de recursos literarios en temas que parecen triviales y agotados, como la soledad o el amor redimensionados con imaginación, en una poesía que fluye con naturaleza.


Notas
[1] Octavio Paz, Cuadrivio. Editorial Joaquín Mortiz, S.A. 1969. México. Pág. 28.
[2] Julio Valle Castillo. El siglo de la poesía en Nicaragua. Fundación Uno. Colección Cultural de Centro América, 2005. Tomo II. P. 11
[3] Cardenal, Ernesto. Poesía nicaragüense. Editorial Nueva Nicaragua (1986). Pág. VIII.
[4] Idem.
[5] Julio Valle Castillo. El siglo de la poesía en Nicaragua. Fundación Uno. Colección Cultural de Centro América, 2005. Tomo III. Pag.14.
[6] El Nuevo Diario. Nuevo Amanecer cultural. Sábado 16 de Enero de 1999. Managua, Nicaragua
[7] Bolsa de Noticias. Jueves 28 de Junio del 2001-ED. N° 2,6494 Año XXVI
[8] El Nuevo Diario. Viernes 17 de Agosto de 2001. Managua, Nicaragua
[9] El Nuevo Amanecer Cultural, El Nuevo Diario. Managua. 11 noviembre 2000
[10] El Nuevo Amanecer Cultural, El Nuevo Diario. 27 de Mayo, 2000.


Publicado en: http://www.foronicaraguensedecultura.org/2011/07/16/4412/

Managua, Nicaragua http://www.foronicaraguensedecultura.org/2011/07/16/4412/ 16 julio 2011