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Gema Santamaría: Antídoto para una mujer trágica: ese amor insobornable por las causas perdidas


Por: Alfredo Trejos Ortiz

Poeta costarricense


Antídoto para una mujer trágica: ese amor insobornable por las causas perdidas
Los poemas de derrota casi siempre cuentan una derrota injusta. En el mejor de los casos, una derrota que sufrimos por descuido o por azar. En el peor, por una infamia negociada a nuestras espaldas.

Gabriel Albiac, en su lectura de la ática revolucionaria, advertía como herencias de las luchas del 68 a ese “insobornable amor por las causas perdidas”, y a esa “lúcida conciencia de la superioridad estática de la derrota”. Esas herencias tuvieron también un beneficiario en la creación artística.

Las inmerecidas derrotas que Gema Santamaría describe en Antídoto para una mujer
trágica fundan un privilegiado misterio creativo. Sabia en su sinceridad y en su llaneza, obstinada en la no postergación de sus ritos, Gema activa una secuencia de poderosas imágenes que sorprenden por su robustez y al mismo tiempo por su atiempamiento y constancia.

Así mismo, los riesgos expresivos tomados en este poemario tienen la particularidad de que antes de conmover, impulsan una verdad tajante, un golpe de la verdad más amarga. No hay espacio en él entonces para las cómodas invocaciones de los viejos poetas “de pastelería” que viven de recetas cargadas de miel y leche. Antídoto para una mujer trágica es un libro franco y resuelto, sin escándalos ni distracciones, que asume disciplinadamente el timbre de su voz y apunta en la dirección más provechosa: la de los crueles combates urbanos, la de la mala pata, la del invierno callejero, la de la palabra discreta pero bien iluminada.

Se percibe no más en su superficie el convencimiento con el que trata sus asuntos. Se apropia con toda honradez de sus asuntos. Sala de espera, el poema con el que abre, es quizá el mejor ejemplo de esto. La precisión y el convencimiento con los que ataca de forma descarnada ese limbo de lo monótono plagado de pérdidas y mutilaciones, acusan una lectura en letra viva, alterada, casi envilecida. Esa es la poesía que urge.

Y es que urge una poesía inconveniente. Una poesía que nos limpie de sacramentos
excesivos. Una poesía que no pierda el filo con los choques, con el mal uso. Gen
Santamaría propone con Antídoto para tan mujer trágica una poesía enfrentada con
sus propios orígenes, es decir, con sus motivaciones y hasta con sus afectos, a los que no dé tregua porque no la merecen.

Parece cosa seria, pero no lo es tanto. Hay también espacio para una íntima
celebración en la que no falta un genuino deseo de reconciliarse con tanta cosa atroz y repetida. Una promesa de alivio. Un pulso de buen humor muy espaciado. En otras palabras, se sabe que el poemario sí llegó tener su media libra de comedia, aunque la incógnita de si alguna vez realmente la quiso persiste.

Antídoto para una mujer trágica, como todo buen libro, más que un libro es un sitio. Ir a esta obra es conocer un vigor y una decisión a todas luces curativos. En su creación hay la holgada sencillez cotidiana y transparente que siempre ha de rehusar fórmulas y señoriales destinatarios. En su evidente reposo cumple, queda y vive libre.

Cartago, Costa Rica 26 julio 2007