critica_literaria


Isolda Rodríguez Rosales: Me queda la palabra


Por: Rosario Aguilar

Novelista nicaragüense


Me queda la palabra
Narra los momentos felices y tristes de la vida de su autora Isolda Rodríguez Rosales, entrelazándolos con los acontecimientos políticos que se llevan a cabo en Nicaragua, y su participación junto a Paul Tiffer, su esposo, en ellos.
Mientras tanto en la vida familiar muere una de sus hermanas, su madre, su padre. Isolda llora. Pero el relato sigue, es obligación de toda narradora seguir contando. Nacen sus dos hijos y en su vida hay momentos de plenitud, de regocijo, pero la historia se detiene, queda en suspenso, cuando a inicios del año 2007 muere su amado Paul. Y ella nos transmite su dolor de mujer. Al volver al hogar sin él lo encuentra vacío. La casa silenciosa y fría. Los adornos, los libros, las paredes, incluso sus joyas, ya sin ningún significado. Hasta su voz se ha acallado. Pero como en tantas clases que ha dictado, se dicta así misma que le queda la palabra, que es a través de ella que puede sobrevivir este gran dolor. Y comienza a narrar la historia de su amor con una prosa serena y fluida. ¡Cómo amó, cómo la amaron! Sus memorias son como un río de aguas mansas que con serenidad se desplazan por los afluentes de su alma adolorida hasta dejarla en paz consigo misma. Porque la vida es así. Tiene que seguir. Igual que los ríos, igual que los relatos... igual.

Reseña sobre el libro del mismo nombre. 14 julio 2008