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Yolanda Elizabeth Rossman Tejada: Lágrimas sobre el musgo


Por: Helena Ramos

Poeta, periodista cultural, crítica e investigadora literaria


Lágrimas sobre el musgo
Lágrimas sobre el musgo –un poemario brevísimo pero denso e intenso– es la ópera prima de Yolanda Rossman Tejada, que, sin ser precisamente novel –puesto que escribe desde los años 80– empezó a publicar recientemente. El libro está dividido, a manera de tríptico, en las siguientes partes: “Danny”, “Eros de abril” y “Roots”.

La primera, que incluye los textos más bisoños –lo cual no les impide incorporarse al conjunto de una manera orgánica– nos vuelve a traer vivencias, sentimientos y lenguaje marcados por los fervores de la década sandinista; también refleja poéticamente, fusionando lo personal y lo político, la prolongada elaboración del duelo por un hermano muerto en combate.

“Eros de abril” es una especie de crónica amatoria y carnal, desde las aventuras hurtando un receso de la posta –otro signo de los tiempos en que se encrespó la juventud de Yolanda– hasta un himno lúdico a la mismidad femenil señaladamente erótica, en ocasiones con reminiscencias un tanto irónicas.
El tercer ciclo está engalanado con un epígrafe de “Love Poem” (“Poema de amor”) de June Beer (1935-1986) –fundacional artista costeña cuya dimensión de literata Rossman está reivindicando– y ejemplifica en festivos, sencillos, exuberantes versos la naturaleza alquímica del Nicaribe como crisol y amalgama.
El sugestivo título Lágrimas sobre el musgo alude, según explicó la autora, a las lágrimas que ella derramó sobre el verde olivo del uniforme al saber que su hermano Daniel había caído en una emboscada.

Sin embargo, los contenidos del libro permiten también otras lecturas; por ejemplo, en el poema “Triángulo” la hablante lírica se refiere a una “forma geométrica / cubierta de musgo y rocío”, así que ambas imágenes –una arraigada en nuestra historia reciente, otra, en el ámbito simbólico donde el vello púbico con frecuencia es asemejado a la suave capa vegetal– forman un todo dual en el cual se integran, se complementan.

Asimismo podemos hallar en el título la presencia intertextual proveniente del poema de Gioconda Belli “Furias para danzar”, incluido en De la costilla de Eva (1986): “He andado veredas de todas suertes / y he sorbido y sudado la vida que me dieran. (...) He conocido muertes / y las he amado cubiertas de musgo y lágrimas”. La coincidencia bien puede obedecer a que las poetas tienen afinidades conceptuales y temáticas, izando ambas la bandera de la plenitud vital y de reivindicaciones de género.

Reseña del libro publicada en www.caratula.net. Revista virtual originada en Managua, Nicaragua. 14 febrero 2009