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Rosario Aguilar: Rosario Aguilar: subversiva y serena


Por: Helena Ramos

Poeta, periodista, crítica literaria


Rosario Aguilar: subversiva y serena
Rosario Aguilar (León, 29 de enero de 1938) es tal vez la narradora más persistente de la literatura nicaragüense. Debutó en los años 60 y desde entonces ha publicado 10 títulos. Trabaja conforme a su ritmo interior, sin estar sujeta a compromisos con casas editoriales. Suele permanecer un tanto apartada de los círculos literarios, pero tampoco los rehuye. En su trato personal, ella es sosegada, afable, candorosa, y su cálida serenidad contrasta con los destinos despeñados y estremecedores de sus protagonistas.

En Nicaragua los orígenes de una persona suelen incidir mucho en su identidad. Rosario es oriunda de León, una de las ciudades más antiguas de Nicaragua, fundada en 1524, que todavía conserva un remoto, vehemente, legendario encanto colonial; ciudad de poetas y de fantasmas, de Purísimas sin igual, de espantos, de calores, de glorias pasadas, de iglesias y olvidos y de una persistente, añeja aristocracia local, a la cual Rosario Aguilar pertenece por nacimiento, sin compartir con ella ni lugares comunes, ni preferencias.

Historia familiar

Es la tercera de cinco hermanos (tres varones y dos mujeres), nacidos del matrimonio entre Soledad Oyanguren y López de Aréchaga (1902-1995) y Mariano Fiallos Gil (1907-1964). Soledad era de ascendencia vasca; su familia se estableció en Nicaragua apenas en 1921. Alegre y serena, práctica y entrañable, amaba la poesía, la música, el canto -y ella misma tenía una voz muy bella. Su influencia anímica (para no abusar de la palabra "espiritual") ha sido decisiva para Rosario. Uno de los libros de la autora -Soledad: tú eres el enlace- tiene como base la biografía de su madre.

El doctor Mariano Fiallos -llamado con frecuencia el Magnífico Rector- eximio intelectual y político liberal de signo progresista, es conocido antes que nada como prócer de la autonomía universitaria, labor que opaca -pero no desmerece- su aporte a la narrativa nacional.

Los Fiallos-Oyanguren vivieron en León hasta 1943, año en que la familia se trasladó a Managua, porque Mariano fue nombrado Viceministro, y luego, Ministro de Instrucción Pública. En la capital Rosario asistió al Colegio La Asunción, donde compartía el pupitre con otra futura escritora, Mercedes Gordillo.

En el 45 tuvieron que regresar a León "a vivir de las fincas", ya que el padre de Rosario renunció a su cargo en protesta por la reelección de Anastasio Somoza García (1896-1956). En 1947 Mariano Fiallos fue designado Embajador de Nicaragua en Guatemala por el efímero presidente de la República Leonardo Argüello (1875-1947), quien, siendo al inicio una creatura de Somoza, se le rebeló y fue depuesto después de tan sólo 27 días de mandato. Como consecuencia, el doctor Fiallos se quedó sin cargo, sin sueldo y sin posibilidad de volver a Nicaragua.

Pese a las vicisitudes, Rosario recuerda aquellos tiempos como "muy felices": "¡Alegres paseos por toda Guatemala! ¡Paisajes románticos entre pinos y montañas!" En uno de esos paseos escuchó por primera vez la historia de Doña Beatriz de la Cueva (¿?-1541), esposa de Don Pedro de Alvarado (1485-1541), que luego se convirtió en una de las protagonistas de su novela La niña blanca y los pájaros sin pies. "Fue el personaje que escribí primero, monté toda la novela alrededor de Doña Beatriz."

Durante su residencia en Guatemala Rosario estudió en el Colegio Belga-Guatemalteco y pasó bien. En 1950 doña Soledad con sus cuatro hijos menores obtuvo el permiso de Somoza para regresar a León. La finca propiedad de la familia "estaba en el suelo". El sacerdote Benito Oyanguren (1890-1960), hermano mayor de doña Soledad, le ayudó a "sobrellevar el exilio de su marido y la pobreza de esos días. Con él fue al Colegio de La Asunción y al de los Hermanos Cristianos –donde Benito era capellán y profesor–, a explicar la situación, por lo que en ambos colegios, ese año, tuvieron a los niños gratis".

Los Fiallos-Oyanguren "habían regresado con un extraño acento entre guatemalteco y español, y en los colegios de Nicaragua los otros niños les decían "los españolitos". Cuando ellos se quejaban a su madre, ella les decía que eso no tenía importancia.

"Soledad llevó sus hermosos y elegantes sombreros de embajadora a un zapatero de Zaragoza para que les hiciera zapatos a los niños. Eran unos zapatos de diversos colores –material para sombreros que no se usaba para zapatos– por lo que las demás personas los quedaban viendo cuando iban a misa los domingos o a pasear por el parque, lo que no inmutó en absoluto a la madre." Quizás, fue entonces cuando Rosario empezó a aprender a no hacer caso al qué dirán y seguir en sus trece con una dignidad muy serena, silenciosa, inquebrantable.

La juventud

"Desde pequeña yo escribía a todos mis parientes cartas muy largas, donde contaba cosas muy dramatizadas. Como a los 16 años dispuse que iba a ser escritora." Su padre, aunque "un poquito preocupado" por la decisión de su hija, no intentó disuadirla sino que le recomendó leer todo lo que había en dos monumentales bibliotecas: la suya y la del padre Benito Oyanguren. Como Rosario era, según la definición paterna, "formalita y hacendosa", devoró una increíble cantidad de libros: "autores modernos, clásicos, mediocres, excelentes, buenos, malos."

En 1954 la joven se bachilleró en el Colegio La Asunción de León y aquel mismo año viajó a los EE.UU., donde ingresó a Finishing School St. Mary of the Pines (Chatawa, Mississipi) para estudiar idiomas, historia y cultura. Luego vivió un año en Dallas, con la familia de su hermano mayor Mariano Fiallos Oyanguren. "Fui adquiriendo habilidades de secretaria bilingüe estudiando y practicando por mi cuenta. Tomé cursos libres aquí y allá: mecanografía, taquigrafía, contabilidad, etc."

En 1956 retornó a Nicaragua y en 1958 se casó con Iván Aguilar Cassar, empresario leonés. "Nos enamoramos cuando éramos estudiantes de secundaria, yo tenía unos 13 años y él, 16. Iván se bachilleró y se fue del país, yo también estuve fuera, nuestros regresos coincidieron y nos volvimos a gustar. Ambos somos muy independientes y determinados, pero el amor es un arte, hay que practicarlo, es de cada día un ceder, no ceder, es una disciplina y ha funcionado." Tienen cinco hijos: Iván, Piedad, Leonel, Yolanda y Ximena. Rosario suele mencionar el hecho que había escrito sus novelas con todos sus vástagos "brincando al lado".

Durante unos 20 años -hasta 1992- trabajó en la Tenería BATAAN S.A., propiedad de su marido, en cargos administrativos y de asistencia social. De 1970 a 1974 hizo cursos libres de historia de la cultura y del arte en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-León).

La obra

Escribió su primera novela, Primavera sonámbula, en 1963. Como escritora, ha sido "descubierta" y presentada por el Frente Ventana (un grupo artístico de orientación izquierdista, fundado en 1960 por Fernando Gordillo (1941-1967) y Sergio Ramírez Marcado (nacido en 1942). Este último prologó Primavera sonámbula.

En 1966 su novela Aquel mar sin fondo ni playa obtuvo el segundo premio en el ramo de novela en los Juegos Florales de Quetzaltenango.

Los escritos de Rosario Aguilar siempre son dramáticos, con finales abruptos y abiertos, muy distintos de su calmosa experiencia personal. Rosario explica esta aparente contradicción de la siguiente manera: "No encuentro mejor medio para conocer el dolor humano que la vida diaria en Nicaragua. No hablo de terremotos, maremotos, inundaciones, erupciones volcánicas, desastres que lo hacen más intenso, sino de lo cotidiano. Si una va a una clínica, al hospital, a una farmacia, allí están latentes el dolor y la desesperación. En los mercados, terminales de buses, semáforos, se mira palpable la lucha por sobrevivir, aunque sea un día más, una semana más."

Rosario no tuvo participación directa en la lucha antisomocista (otros miembros de su familia sí), pero la obra de ella evidencia su criterio político. Y, aun con toda la simpatía que sentía por el Frente Sandinista de Liberación Nacional, fue capaz de percibir y reflejar en sus libros (El Guerrillero, 7 relatos sobre el amor y la guerra) las tendencias autoritarias y machistas que se patentizaban dentro del partido.

En 1985 se marchó con su familia a Costa Rica porque el ambiente en Nicaragua se había vuelto muy tenso. Retornó en 1990.

Reconocimientos

Reside en León. Pese a su imagen "hogareña", es una viajera consumada. Ha visitado todos los países de Centroamérica, México, Estados Unidos, Canadá, Brasil, Gran Bretaña, Alemania, Francia, Suiza, Italia y España. Ha impartido conferencias y realizado lecturas de su obra en diversas universidades, tanto nacionales como extranjeras.

Fue designada por la Comisión 2000 Ciudadana del Siglo de León. En julio de 1999 ingresó a la Academia Nicaragüense de la Lengua como miembro de número. Es la primera mujer que accede a este honor. En el 2001 obtuvo VI Premio Internacional de Literatura Latinoamericana y del Caribe Gabriela Mistral. El 27 de abril del 2001 la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-León) le confirió el doctorado honoris causa (es apenas la tercera mujer que recibe este honor: la primera ha sido Josefa Toledo de Aguerri). Es integrante de la Asociación Nicaragüense de Escritoras (ANIDE).

Feminismo sin proclamas

Rosario no suele definir a sí misma como feminista, asociando esta palabra con una militancia partidaria y programática. Sin embargo, la situación y las vivencias de las mujeres es un tema permanente de su narrativa. La filóloga estadounidense Ann Gonzalez señala que Aguilar "demuestra una aguda percepción de las fuertes relaciones (de poder) que definen las experiencias de las mujeres" y afirma que la ficción de Aguilar sí es feminista, con lo cual estoy totalmente de acuerdo.

En su ensayo Las mujeres de mi país/Introducción a la ficción feminista de Rosario Aguilar, Ann Gonzalez dice sobre la escritora: "Ella trata de una forma natural, los temas más controversiales: el control de la natalidad, el aborto, el deseo de no tener hijos, el ceder a un hijo, y la terrible soledad de las mujeres cuando toman decisiones socialmente inaceptables, como el rechazo a la maternidad. El hecho que Aguilar mencione estos temas en un país donde el aborto es ilegal, la Iglesia se opone al control natal, y de la mujer se espera que sea madre (casada o no), constituye un poco menos que un acto subversivo".

Tomado del Semanario 7 Días. Edición 457 del 21 al 27 de febrero del 2005. Managua, Nicaragua. 27 junio 2006