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+ Vidaluz Meneses: Vidaluz Meneses: “La poesía es la denuncia y la buena nueva”


Por: Helena Ramos

Periodista cultural, poeta, investigadora literaria


Vidaluz Meneses: “La poesía es la denuncia y la buena nueva”
Esta poeta y activista cívica, nacida en Matagalpa en 1944, no tuvo un despertar literario súbito sino paulatino. Recuerda que su interés por la escritura surgió mientras estudiaba en el Colegio Ramona Rizo, regido por doña Lucidia Mantilla (1916-1995), lideresa conservadora, gran oradora y amante de la literatura.

“Ella nos estimulaba a las alumnas a escribir composiciones literarias. Luego, de 14 años llegué a vivir a Managua; en ese tiempo se acostumbraba formar academias para promover la creación literaria y entonces, la del Colegio La Asunción llevaba el nombre de Azarías H. Pallais (1884-1954) y teníamos intercambio con los grupos de otros colegios. Así fui conociendo a otros muchachos y muchachas que escribían… Creo que es oportuno mencionar que en Nicaragua ha habido una tradición muy hermosa de que los escritores mayores estimulen a los menores, trasladen el oficio, los guíen, etcétera. En eso desempeñó un papel importantísimo Pablo Antonio Cuadra. Pienso que varias mujeres que surgimos como escritoras en los 60 y 70 debemos en gran parte el estímulo y la divulgación de nuestra poesía a Pablo Antonio”.

Los padres de Vidaluz, Vida Robleto Valle y el general Edmundo Meneses Cantarero, no trataron de convencer a la joven que dejara la poesía. “Recuerdo que mi papá me leía La cabeza del rabí, de Rubén Darío (1867-1916) que a él le gustaba mucho, y a mi mamá también le agradaba la lectura; además, ella proviene de la misma familia de Darío, mi bisabuela se llamaba Josefa Somoza Sarmiento y me entronca con dos apellidos por distintas razones célebres en Nicaragua”.
No comparte el criterio de que un buen poema es como una onza de chocolate: suave, blando, exquisito, pequeño: “Si alguien considera un poema como un chocolate es porque tal vez es algo tan agradable al paladar, que se le deshace entre la lengua, esa es la sensación que siente en el espíritu y en su alma cuando lee un poema, pero hay muchas formas de vivir y sentir la poesía. Alguien que la compara con el chocolate ha de ser muy sensual; por mi parte he definido la poesía como una forma de espiritualidad, para mí escribir y leer un poema es entrar en una íntima comunión con el alma de otra persona”.

“Escribo más cuando estoy triste o en contradicción con algo”

Para ella, la melancolía alimenta la poesía más que la armonía: “La alegría te hace reír, te hace comunicarte con los demás y te saca el mundo exterior, mientras que la tristeza te hace concentrarte en vos misma y entonces, nace el poema. Escribo más cuando estoy triste o en contradicción con algo”.
La poeta cree en la inspiración más no la mitifica: “Es cierto que el espíritu tiene que estar presente en determinado momento especial, pero creo que un poema es como un parto, pero para que haya parto debe haber embarazo. Por ejemplo, Última postal a mi padre general Meneses, uno de mis poemas que más me han traducido y divulgado, habla de la contradicción política entre él y yo, porque yo opté por la revolución y él tenía otras posiciones, pero en medio de todo esto estaba el amor de los dos; entonces, siento que a ese poema lo tuve dentro de mí unos cuatro años, del 78 al 81, y lo escribí como en siete minutos. Pero hubo mucho trabajo interno previo”.

No es una autora prolífera, en parte porque otros intereses demandan su atención: “No siempre escribo los poemas que ando dentro de mí, porque tengo otra pasión, además de la poesía: a mí me interesa siempre el compromiso social, me he interesado mucho en trabajar por mi país, por la sociedad. Entonces, a veces me saturo de demasiada información prosaica, por así decirlo, y no le doy a la poesía el espacio espiritual que ella necesita”.

Percibe entre la poesía y la prosa una diferencia enorme: “La narrativa es intencional, vos te sentás con el propósito de escribir. La poesía necesita la combinación de esa chispa, de ese momento mágico para surgir… Por lo menos, así ha sido mi experiencia personal”.

Trabajo de orfebre

Muchos jóvenes incursionan en la escritura bajo el lema “Escribo lo que siento” y creen que la sinceridad es suficiente para crear. Vidaluz Meneses advirtió que con eso no basta: “Obviamente, primero es el sentimiento, esa chispa, esa inspiración, ese impacto, algo que te conmueve o que te remueve algo internamente, pero después viene el oficio. Una vez que capturaste el poema, el resto es como el trabajo de orfebre cuando tiene una piedra preciosa entre las manos y debe pulirla para darle forma. Hace falta trabajar la palabra para que se impregne de esa fuerza que va a transmitir tu sentimiento a los demás”.

También señaló que la poesía es demandante y rara vez perdona a aquellos que la abandonan: “Alguien dijo que si le das la espalda a la poesía, la poesía también te da la espalda y ya no volvés a escribir nunca. Auque hayas nacido con el don, si no cultivás ni desarrollás, se te acaba”.

De la generación de sus tutores, en especial Ernesto Cardenal, y de todos los poetas nicaragüenses, aprendió y asumió el “compromiso con su realidad”: “Los poetas siempre han desempeñado el papel de profetas. Por un lado, han denunciado la injusticia, casi no hay ninguno que no se haya comprometido con el cambio y la transformación social de nuestro pueblo, y por otro lado, han anunciado la buena nueva”.

Revista 7 Días/ Edición 514. Managua, Nicaragua. 4 marzo 2007